4
En cuanto empezaba a recobrar consciencia de lo que había sucedido, se despertó casi de inmediato.Aterrado, miró a su alrededor, preguntándose dónde estaba. La camilla en la que reposaba no parecía ser de un hospital, ¿era acaso la agencia?
--Ya despertaste, chaval.
Miró al de cabellos oscuros, sentado en una silla al lado de él. Parecía estar anotando algo en su libreta.
--¿Sh-Shirogane-san...?
--Vaya momento eligieron para atacarnos.
Las imágenes que pasaban por su cabeza de nuevo le daban escalofríos. Recordaba a aquel hombre de ojos verdes que tanto miedo le había causado en ese momento. El sonido de los disparos, las chicas que lo habían intentado proteger...
"Es cierto..."
--¡Shirogane-san! ¿D-Dónde Kayano-san y Kirako-san?
¿Estarían muertas? Esperaba la peor noticia, a decir verdad; se sentía culpable al respecto.
--Tranquilo... Están bien.
--¿D-De verdad...?
--Sí. Creo que Kayano aún está en tratamiento con la doctora Mikoun en la habitación de al lado.
. . .
--¿Así que les dieron una paliza?
--¿Tú qué opinas?
La chica ahora llevaba el cabello suelto mientras estaba atada con grilletes en brazos y piernas a la camilla. Su cara indicaba que ya sabía qué ocurriría a continuación, pero parecía desganada aún así. La joven rubia con mechones lilas frente a ella seguía sonriendo mientras arrastraba un objeto metálico hacia la ella.
--¿Me matarás más? Mirai, llevo agonizando varios minutos desde que el dolor me hizo desmayarme y luego me hizo despertar de nuevo. Si vas a matarme, quiero morir rápido, por favor.
Dejó caer un poco su cabeza al frente. La rubia levantó el mentón de la chica.
--Hey... ¿No quieres divertirte acaso? Entiendo... Morir suena demasiado maravilloso ahora, ¿No crees?
Encendió la motosierra que llevaba en la mano mientras la acercaba de a poco.
--Veamos más de cerca...
La de cabellos rosa cobrizo sólo respiró hondo antes de cerrar los ojos.
. . .
Desde el otro lado de la puerta, sólo se escuchaba el ruido de la motosierra y algunos gritos contenidos; eran casi nada comparados con una risa que incluso allí resonaba.
El menor sintió un ligero escalofrío.
--¿T-Tratamiento...?
--No te preocupes, está en buenas manos. Por ahora, lo importante sobre ti.
--... ¿Q-Qué sucede conmigo?
--Verás, chaval... Me enteré que ofrecen 7,000 millones por tu cabeza en el mercado negro.
--¿7,000 millones...?
--Con razón la Port Mafia quiere capturarte.
--¿Qu-Qué haré? L-La Port Mafia puede a-atacar a la Agencia...
--Tranquilo. La Port Mafia es violenta, pero podríamos contenerla. Lo más probable es que vengan. En el peor de los casos...
--¿E-El peor de los casos...?
--No... El peor de los casos no va a suceder. No debe de... Sería horrible.
La forma en la que el hombre mencionó lo último y la expresión de su rostro, por más sereno que quisiera mantenerse, Narumi pudo notarlo intranquilo.
"La Agencia de verdad está en peligro... Es mi culpa."
--Tómate tu tiempo si piensas hacer algo.
Se levantó para dirigirse a la puerta.
El chico de ojos celestes se quedó pensando un momento, preguntándose qué debería hacer. ¿El problema era él? Definitivamente. La Port Mafia lo buscaría en la Agencia, atacarían a todo el que encontrasen.
Se levantó poco después.
. . .
El hombre tomó uno de sus cigarrillos, se lo llevó a la boca mientras acercaba el encendedor. Su ropa era demasiado formal para el lugar en el que se encontraba, incluso podía ser estoica: el abrigo y pantalón negros, la camisa blanca además de los zapatos perfectamente pulidos y la bufanda tan larga como el abrigo. Si bien todavía podía considerársele joven, las ojeras, palidez de su rostro y pómulos ligeramente hundidos ciertamente lo hacían parecer un poco mayor de lo que era, sin contar ese cabello castaño peinado hacia atrás, con un aspecto más bien opaco. Sus ojos podrían ser una mezcla entre un tono marrón claro con algunas pigmentaciones verdes que, más que darle color a su mirada, la oscurecían. Como si la única luz que sus ojos pudiesen tener fuera la de la llama del encendedor frente a su cigarrillo.
Escuchó los pasos de sus subordinados acercándose.
--Es hora.
Avanzaron por los almacenes hasta llegar a aquella puerta metálica frente a ellos.
--Apártense.
Caminó hasta la puerta, extendió una de sus manos con guantes blancos frente a él. Cerró los ojos mientras las numerosas letras que volaban alrededor del aura morada activaban su habilidad.
La puerta salió despedida hacia dentro de aquel almacén. Los trabajadores miraron sorprendidos a quienes entraban al lugar.
--Lamentamos interrumpir su trabajo, pero nosotros también estamos trabajando. No tardaremos mucho.
Sonrió un poco mientras observaba las caras de cada uno.
--Se rumorea que un grupo rebelde ha estado vendiendo cargamento de la Port Mafia en el mercado negro y se supone que operan aquí. Venimos en busca de evidencias. Si me permiten, examinaré el cargamento...
Uno de los hombres se lanzó contra el castaño, dispuesto a golpearle la cabeza con el tubo de acero en sus manos. Él extendió su mano de nuevo, usando su habilidad para detener aquel golpe.
--Ya encontramos una prueba.
Esta vez, el hombre que lo había intentado atacar salió despedido hacia atrás. Su cuerpo golpeó uno de los contenedores. Lo miraba aterrado, sin creer lo que había pasado.
--Oh, ¿tu primer encuentro con alguien con poderes? Es una pena...
Le sujetó el hombro mientras se veía esa luz morada una vez más. El hombre gritó mientras su cuerpo se elevaba un poco; empezaba a retorcerse. Sus extremidades se doblaban de forma dolorosa, los huesos se destrozaban. Al final, el cuerpo cayó en un charco de sangre.
El hombre castaño encendió otro cigarrillo, exhaló su humo antes de darle la espalda a los otros trabajadores para dirigirse a sus subordinados mientras salía del lugar.
--Mátenlos a todos.
. . .
--¿U-Una explosión...? ¿Qué pasó?
El menor se encaminó a la ciudad al ver el humo salir de aquel edificio cercano al puerto.
En cuanto llegó al lugar, no pudo evitar mostrar su horror ante la escena. La mayor parte del almacén estaba destruida, aún salían humaredas desde adentro, agujeros de balas por el lugar.
--Fue obra de Black Lizard. La división armada más peligrosa de la Port Mafia.
Aquellas palabras de los oficiales no tardaron en ser repetidas por los civiles que habían llegado alrededor de la escena.
Empezó a temblar.
"¿Black Lizard...? Si llegaran a atacar la Agencia..."
Recordó las palabras de Shirogane. "En el peor de los casos..." ¿Era ese el peor de los casos? La Port Mafia enviaría una división armada que prácticamente acabaría con la Agencia y cada uno de sus miembros.
--N-no...
. . .
El teléfono empezó a sonar.
Ella lo observó un momento antes de tomarlo.
--¿Sí? ¿Quién habla?
--S-Soy yo...
--¿Tigre...?
Él hombre de cabellos rubios frente a ella la miró.
--Dejaste la tarjeta, ¿No?
Ella asintió ligeramente mientras cubría un poco el micrófono del teléfono.
--¿Qué quieres?
--D-De-dejaré la Agencia. Iré solo... Intenten atraparme.
Aunque ya no tartamudeó, su voz sonaba más muerta que de costumbre. Ella lo notó de inmediato, a juzgar por la expresión de sus ojos.
El rubio simplemente sonrió ante esto.
--¿Quiere suspender la guerra contra la Agencia acaso?
La mujer castaña suspiró.
--Entiendo...
Colgó el teléfono fijo frente a ella. Su superior seguía mirándola, al parecer estaba complacido con la llamada.
--¿Quiere ir a buscarlo, Hideki-san?
El joven revisaba unos papeles con información de dos personas.
"Yuri Noboyuki"
"Tsuguo Ohara"
--Quiero que se quede solo en primer lugar... Contacta a Black Lizard.
Se levantó mientras su subordinada lo observaba. El se acercó a las rejas, cubrió su boca mientras tosía un poco.
--Quienes desean la muerte, muere. De igual modo mueren quienes no lo desean. La gente inútil no tiene derecho a respirar.
Su abrigo empezó a transformarse. Los filos alcanzaron tras aquellas rejas, se detuvieron en cuanto alcanzaron a tocar la nuca de la chica de cabellos negros que allí se encontraba.
. . .
El hombre castaño fumaba otro cigarrillo mientras esperaba junto a sus subordinados. Al poco tiempo escuchó pasos.
--Llegas tarde. Dos minutos tarde.
El chico de cabellos plateados sonrió. Llevaba una chaqueta verde sobre una camisa blanca y pantalones negros. Había una bandita sobre su nariz.
--Eres demasiado estricto, Ohara. Demasiado amargado, lo dices como si fueras la gran cosa. Ni siquiera pudiste elegir un lugar decente, qué pena... ¿Dónde está Nana? ¿No puede hacer nada sin su hermano?
--Ya está aquí. Detrás de ti.
La poca luz que entraba iluminó entonces a una tercera persona. Unos ojos verdes brillantes, tenía una mirada afilada y amenazante. El cabello naranja lo llevaba amarrado en una cola de caballo. Su rostro era cubierto por una mascarilla.
--La sabandija de siempre. Qué desagradable.
Bastó con que la persona recién llegada se moviera de frente y el albino de inmediato estaba siendo amenazado por un cuchillo en su garganta.
--¿Quieres pelear?
Los ojos de la chica lo decían todo.
--Basta. ¿Quieren ser reportados como muertos en combate?
--Tsk, como digas. No me arriesgo.
El hombre contestó la llamada de su teléfono.
--¿Qué requiere la presencia de los tres?
--Su objetivo es la oficina de la Agencia Armada de Detectives.
--¿No buscamos al chico tigre?
--La prioridad es que ya no tenga un lugar donde refugiarse o donde lo protejan. Hideki dejó estas indicaciones: Mátenlos a todos, pero quiere traer a dos personas como prisioneros: Akasawa y un tal Hiyori. Dice que lleva un sombrero de paja.
--¿Un chico del campo? Enterado.
Cortó la llamada.
No tardaron en encaminarse hacia el edificio de la Agencia.
Una vez llegaron a la puerta, observaron un momento.
--¿Ni siquiera hay guardias? Qué descuidados...
El albino seguía sonriendo. El hombre castaño chasqueó sus dedos a la vez que varios de sus subordinados tomaban posiciones mientras quitaban el seguro a sus armas.
El mayor puso su mano en la puerta frente a él mientras activaba su habilidad.
La puerta salió despedida hacia atrás. Los detectives que se encontraban dentro se fijaron en los mafiosos que habían llegado.
Shirogane se puso de pie.
--¿Quiénes son ustedes?
--Mis disculpas. No agendamos visita y ni siquiera tocamos a la puerta.
--¿Black Lizard?
--Espero que nos disculpen. Acabaremos dentro de poco.
Las armas apuntaron hacia ellos.
. . .
La camarera dejó la taza con delicadeza frente a la mesa de su cliente. Sin embargo, el castaño la siguió hasta la barra. Ella sonrió mientras se giraba a verlo.
--Escuché que las cosas se pusieron un poco complicadas para ustedes... Casi siento lástima por ti.
--Tus dulces palabras son tan conmovedoras como siempre.
--Así que la Mafia...
--Ya sabes cómo soy.
--Encantador, definitivamente.
--Deja eso, ¿no sueno todavía más atractivo tras haber adoptado un huérfano?
--Mucho.
Hizo una pausa y miró la taza de café depositada en la mesa no muy lejos de allí antes de volver a dirigirse a su cliente.
--Tantos ratos libres hacen todavía mayor tu deuda aquí, querido.
--Ah, ¿ya no soy bienvenido entonces?
--¿Sabes, Ren? Podría darte una mejor bienvenida con una buena propina...
--Si tú insistes...
El impacto de la palma de la mano de la mesera contra su mejilla lo hizo retroceder un poco.
--Nop. Primero tus deudas. Pierna abajo de la barra, por favor.
--Al menos por hoy.
--Al menos por hoy.
. . .
"Tenían razón... No pertenezco a ningún lugar."
El chico seguía caminando, siendo atormentado aún por aquellos pocos recuerdos del orfanato. ¿Cuánto tiempo podría pasar tratando de escapar antes de que lo atraparon?
El ruido de disparos lo sacó de sus pensamientos.
--¿D-Disparos? V-Vienen de...
Los civiles alarmados y los cristales que caían de las ventanas bajo el edificio le indicaron todo perfectamente.
El horror lo invadió. Retrocedió unos pasos, sus piernas temblaban.
--¡¿Por qué atacan la Agencia?!
Tomó fuerzas antes de empezar a correr hacia el lugar. No le importaron las numerosas veces que llegó a tropezar se en su carrera mientras subía las escaleras hasta el piso donde estaban las oficinas.
"¿Por qué...? De nuevo es mi culpa... Ahora todos... - "
La puerta estaba abierta. Ya no escuchaba nada. Eso empeoró las cosas para él.
--¡Alto!
Definitivamente, lo que menos esperaba era ver a los detectives aún vivos.
Aún más: Shirogane arrojando al suelo a uno de los comandantes, Akihiko pateando a unos subordinados mientras atrapa a su arma y se sentaba sobre los demás que habían quedado apilados, la doctora Mikoun pateando a alguien.
Aquel joven albino simplemente seguía sentado en el escritorio principal mientras seguía jugando con una botella, sin prestarle mucha atención a su alrededor.
--Bienvenido de vuelta, chaval. Ah, detesto los asaltos así, ni siquiera sé si tendremos presupuesto suficiente.
--Se excedieron con las metralletas... Shirogane, te toca a ti recorrer el vecindario. No lo olvides, obsequios y disculpas.
La rubia sonrió mientras el más alto parecía intranquilo.
--El peor de los casos...
--¿E-Era este...? ¿Está división está al nivel de las fuerzas especiales?
--Ryuuji-senpai, ¿Qué hacemos con ellos?
--Umm... Tíralos por la ventana, Akihiko.
--¡Okey~!
El de cabellos lilas sonreía mientras arrastraba a los numerosos mafiosos hacia la ventana, arrojándolos uno por uno, gritando "¡Lo siento!" cada que alguno caía.
--¿Nos ayudas a limpiar, chaval? Akasawa fue a perder el tiempo como siempre. Quiero que demuestres que un novato es más disciplinado que uno de sus superiores... ¿Estás llorando-
El menor de inmediato corrió a aferrarse al mayor, hundió la cara.
--¡N-NO!
--Ya, ya, tranquilo...
Le dio algunas palmadas en la cabeza para tranquilizarlo un poco.
--Ren tenía razón... Bebé tigre.
Ryuuji rio un poco. Narumi alzó la vista.
--¿B-Bebé tigre...?
--Dice que te recogió siendo un pequeño bebé tigre. Igual a un gatito.
--Pero-
--Narumi, no todos tuvimos la oportunidad de Akasawa, es un envidioso~
La rubia se acercó sonriendo también.
--¡No es justo! También soy alérgico al pelaje de los felinos... En ese caso... ¡Abrazaré a Naru-kyun ahora~!
El pelilia se lanzó a abrazarlo tal como dijo.
--¿N-Naru-kyun...?
--¡Sí! ¡Eres nuestro adorable bebé tigre Naru-kyun~!
No dijo nada más. Sus ojos volvían a llenarse de lágrimas mientras sus mejillas enrojecían por la vergüenza.
Los detectives parecían animados incluso. Vio a las gemelas acercarse poco después.
Mientras correspondía el abrazo de Akihiko, agradeció que cada uno de ellos siguiese vivo.
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