11


"Regresamos con vida. Pero.."

Narumi se mantuvo con la mano a pocos centímetros de la perilla, aún divagando entre uno y otro pensamiento.

" ¿Podrá la Agencia pasar por alto a las 35 personas que mató? ¿Qué haré si no llegan a un acuerdo?"

Tomó un respiro. Giró la perilla de la puerta y la empujó para abrir.

--B-Buenos días...

Se detuvo en total confusión al ver a la mayoría de sus compañeros de trabajo rodeando a la chica, quien estaba sobre una de las sillas usando un bonito traje de mesera. 

--¿Y si das un giro?

Ella asintió ante la petición antes de realizarla.

--¡Qué linda!

Él se acercó tímidamente hacia una de las gemelas y le tocó ligeramente el hombro.

--... ¿Q-Qué hacen...?

--Bueno... Es que todo lo que Haruka-chan se pone, le queda hermoso.

No dudó en mostrar una sonrisa mientras volvía a tomar una foto de la pelinegra. Narumi se encogió un poco de hombros, dirigiendo su mirada al hombre de cabellos negros en el escritorio.

--N-No era eso... Shirogane-san...

El hombre lo miró, sin dejar de teclear aún. Negó ligeramente con la cabeza.

--... Lo intenté chaval.

Volvió a mirar a Kayano completamente preocupado.

--¿Estará bien?

La chica se quedó pensando unos segundos antes de volver a hablar. 

--Bueno, tal vez tengas razón y hay una ligera posibilidad de que sea una mala idea... ¿Crees que debamos dejarla en paz?

¿Acababa de decir "ligera posibilidad"?

--T-Todos están de acuerdo, pero... ¿N-No William-san e-es estricto con las reglas...?

--... Ah. ¿Era eso? No, no te preocupes por eso.

--¡Regresé!

La puerta de la Agencia se abrió para darle paso al albino, quien entró emocionado sosteniendo una caja y una bolsa de compras.

--La verdad, él es el más entusiasta al respecto.

--Compré los dulces que te dije. ¡Y les traje una sorpresa a todos!

Dejó la caja en el escritorio que estaba al lado de la silla de la chica para entregarle la bolsa de compras. 

--Ahora, todos acérquense. Hace un tiempo, le había pedido a Akasawa-san apoyo al preparar bocadillos para la Agencia. Para serles sincero, ambos teníamos previsto que más de una cosa podría salir mal, pero, ¿quién soy yo para evitar los desastres de Ren-Ren? ¡He aquí el resultado!

Quitó la tapa de la caja, revelando lo que parecía ser una pecera con algo dentro. Un color verdoso y aspecto grumoso que burbujeaba un poco. Incluso Shirogane se acercó para ver lo que sea que estuviese allí.

La Agencia se quedó en silencio hasta que Haruka se agachó un poco para tocar lo que sea que fuese. Apenas sintió el tacto, se movió un poco y empezó a burbujean.

--Pegajoso.

Lo que había sido silencio se convirtió en un completo escándalo al respecto.

--¡REN LE HIZO UN AMIGO A PAN NEVADO! 

Los ojos del pelilila brillaban con emoción mientras incluso se ponía a dar saltitos. Se acercaba de nuevo para él también palpear a la criatura.

El pequeño chico se cubrió la cara para disimular sus carcajadas ante lo que pasaba. Terminó cayendo al piso para luego tratar de levantarse y volver a caer en el intento. No le quitaba los ojos de encima a la criatura.

--¿Qué carajos es eso?

--Estoy igual de sorprendida... ¿Cómo le pasó algo así?

La rubia y la chica con uniforme escolar recién se acercaban a la cosa, intrigadas al respecto de cómo había sido posible que eso haya sucedido. 

El albino carraspeó.

--Muy bien, nuestro colega también dejó escrita una carta, si me permiten leerla: "William-san, teníamos razón. Bueno, aquí está lo que se supone que sería el almuerzo para hoy que preparé con bastante anticipación."

Hizo una pausa.

--Supondré que con 'hoy' se referiría a ayer o antier, aunque eso no dice más... En fin. "No tengo idea de lo que salió mal, pero igual pienso que puede ser un bonito nuevo integrante a la Agencia. Cuiden al takoyaki."

--... ¿Takoyaki...?

El menor dejó de reír mientras se levantaba y observaba de nuevo a la criatura, esta vez con una expresión diferente.

--... ¿Naru-kyun?

--¡¿E-Esa cosa era un bello pulpo...?!

Shirogane miró a William, quien ni siquiera pareció inmutarse mucho antes de sacar otra cosa a un lado de la pecera. 

--Ah, está algo mojado el papel, pero igual se puede leer: "Carta de disculpas al señor pulpo, por Ren Akasawa."

--¿C-Carta de disculpas...?

El albino puso la carta frente a él y no le tomó mucho tiempo leerla. Cubrió su boca, tratando de contener su risa de nuevo.

Realmente estaba triste por el pulpo convertido en eso pero, de haber estado Ren ahí, seguramente le hubiera bromeado con hacer una carta de disculpas para el pulpo. ¡Pero ya la había hecho, y con anticipación!

--"Narumi Maihara, tengo entendido que a ti te gustan los pulpos y la vida marina en general. En caso de que mi error hubiese sido intentar preparar takoyaki para todos ustedes, quisiera disculparme con el señor pulpo que ha pasado a una mejor vida muchísimo antes que cualquiera de nosotros. Hasta siento envidia. Lo siento, debió ser un acto realmente egoísta, cruel e inhumano de mi parte. A donde sea que tenga que ir, deseo profundamente que encuentre la absoluta paz con el mundo y consigo mismo. Confío en que algún día usted y yo podamos quedar en buenos términos, sin rencor alguno. Tal vez como mejores amigos en el más allá. Firmado: Ren Akasawa."

--Y-Yo no...

Volvió a reírse a carcajadas junto al albino aquella lectura en voz alta excesivamente dramatizada por parte del albino. 

Shirogane se acercó al albino y extendió su mano para que el contrario le entregase la carta. La revisó por algunos segundos antes de asentir.

--Bien redactada para ser él.

Una de las gemelas se encogió de hombros.

--A veces Ren es preocupante...

--Y que lo digas.

--¿Huh? Entonces un takoyaki. Me encantaría saber cómo lo logró... 

La rubia deslizó un dedo por la criatura mientras seguía sosteniendo una de sus extremidades, similares a tentáculos.

--¿M-Mikoun-san?

--Dime, Narumi... ¿Me dejarías abrirlo?

--¡N-NO!

Poco después la puerta volvió a abrirse. Ahí estaba el hombre pelirrojo. 

Todos hicieron silencio un momento mientras le daban los buenos días, pero la rubia dejó escapar una carcajada. 

--Lo siento, lo siento... 

El hombre también observó la criatura. Incluso si no era demasiado expresivo, notaron cómo sus ojos se abrían un poco y luego sus cejas se arqueaban ligeramente. Miró entonces a cada uno de los presentes, fijándose más en la chica que aún trataba de contener la risa. Al poco tiempo, asintió para sí mismo.

Ahora fijó su vista en la nueva visitante antes de volver a hablar en voz alta.

--¿Qué hay de la policía? 

--La Port Mafia ocultó su identidad, así que no saben quién es. 

--Pero será una fugitiva buscada.

La pelinegra había empezado a caminar hacia él. Aún mantenía su rostro casi tan inexpresivo como el de él, más no había rasgos de querer intimidarle. Incluso se veía un poco más decidida a convencerlo, ese pequeño brillo en los ojos lo decía todo.

--Permítame quedarme. 

--¿Estás segura? 

--H-Haruka... ¿Y-Y si te encuentran? D-Deberías ir más lejos...

--No. Él dijo que lo único que puedo hacer es matar a otros. Quiero probarle que está equivocado.

--¡Presidente! Y-Yo también se lo pido.

El menor hizo una reverencia para su petición frente al hombre, quien apenas lo miró un poco. La chica seguí a mirándole a los ojos.

--Por favor.

No hubo respuesta. La seguía mirando de la misma manera.

--Por... favor.

Casi podría jurar que tenía un aspecto aún más intimidante.

--Por... fa... vor.

Se le veía molesto, con el rostro ensombrecido. Los demás incluso se habían apartado un poco. Soltó un suspiro antes de volver a hablar. 

--Está bien. Te aceptaré como otra de mis protegidos.

.          .          .


--Fracturas en la mandíbula inferior, hueso frontal y vértebras dorsales. Daño en el ligamiento yugular. Ruptura de los músculos braquiales y femorales. Quemaduras de primer grado generalizadas. Por último está en coma. Bastante malherido, pero ese fue el precio por haber fallado durante su misión.

--Lo siento mucho. 

--Puede que no recupere el conocimiento.

--Pero...

--Ah, ¿Esperabas más de él, Oksana?

La joven castaña bajó brevemente la mirada al suelo. El aspecto del salón era completamente sombrío y las únicas velas sobre la larga mesa contribuían a ello, por no mencionar a la otra joven que también se encontraba allí, sentada al lado del jefe. La poca luz que les iluminaba apenas y dejaba ver sus ojos. 

Antes de que pudiera volver a hablar, el hombre continuó. 

--Por cierto, se están reuniendo los sobrevivientes de Karma Transit, el grupo que Haru atacó durante la operación. Creo que quieren vengarse de él.

--Pero...

--Oksana. A fin de cuentas, la mafia es un comercio que usa la violencia como moneda. Puede desear lo que sea y matar a quien sea. Las represalias en especie son unos asuntos de gastos y deudas.

--¿Está en deuda...? Señor, Haru consiguió mucho con sus misiones hasta ahora.

--... Ah, ¿De verdad? 

De nuevo aquel silencio incómodo. Ella contuvo un carraspeo. 

--Cierto, hicieron su esfuerzo. Aunque fallaron en atacar a la Agencia, en capturar al hombre tigre y hundieron un barco. Pero claro, cosas secundarias. 

--Pero Haru...

No se atrevió a terminar de hablar y agradeció no haberlo hecho en voz alta. Empezó a caminar hacia la puerta. 

--Bah, no esperaba mucho. Esa basura que se mueve sin acatar órdenes...

Se detuvo un breve momento, casi un par de segundos antes de continuar. Pareció haber relacionado algo. 

--Oh, espera... Sí podría servirme. Oksana, haz lo que veas conveniente. Aunque... Dime algo,¿has sentido alguna vez que estás hecha o eres totalmente apta para este tipo de trabajo?


.          .          .


Una vez terminó de enjuagarse la cara, la secó con el pañuelo blanco con un pequeño estampado de hojas de otoño en el borde. Se miró una vez más en el espejo frente a ella, aún sentía los ojos algo irritados o hasta secos. Talló un poco uno con el dorso de la mano. Por el tacto del pañuelo y su ligero esfuerzo secando su rostro, su piel pálida había enrojecido un poco. 

--Luzco terrible. 

Mientras se acomodaba el flequillo murmuró algunas cosas más para sí misma mientras se dirigía a abrir la puerta del salón de baño. Iba tan sumergida en sus pensamientos que ni siquiera reaccionó ante la persona que se arrojó hacia ella. Incluso se sobresaltó para cuando reaccionó, tambaleándose un poco mientras usaba la pared para apoyarse y no caerse por completo. 

--¿Nana...?

La chica no llevaba el cabello recogido en las coletas habituales, iba suelto. Llevaba un vestido ligero hasta la rodilla, medias negras tacones y hasta incluso un chaleco abotonado en un tono rosa pálido que contrastaba con el vestido. Al haberse retirado la mascarilla de siempre, su preocupación ya era visible por completo. Incluso sus ojos verdes parecían brillar poco más de lo habitual, reflejando total angustia al respecto. 

--¿Qué sucederá con él?

Suspiró. Movió un poco la cabeza, rendida. 

--Entonces ya lo sabes.

--Mi hermano...

--Nana, lo siento. 

--Las disculpas no son necesarias.

Los otros dos miembros de Black Lizard avanzaban por el pasillo. El albino se acercó a la chica más baja, mirando a los ojos a la castaña. 

--Nana ya es alguien que entiende cómo funciona todo esto. Al igual que nosotros, también ha tenido que realizar trabajos macabros. Principalmente degollar a los que el jefe ordena. 

La pelinaranja bajó un poco la mirada, seguramente prefiriendo que tuvieran esa clase de conversación en ese momento. 

--Yuri...

--¿Dicen que el jefe piensa exterminarme?

El castaño negó con la cabeza. 

--Ahora no, pero quien sabe de mañana. Si fuera tú, reconsideraría mi situación actual antes de que empiecen a llegar asesinos a mi puerta.

Su mandíbula se apretó un poco mientras Tsuguo continuaba hablando. 

--Tú y Hideki están bajo la supervisión directa del jefe, por eso seguimos sus órdenes, pero... ¿Sabes una cosa, Oksana? Hay rumores por aquí sobre que la mayoría de sus subordinados no los siguen porque respeten su autoridad. Ellos le temen a la habilidad de Hideki. Si Hideki continúa incapacitado... ¿Qué harás tú para motivar a otros a obedecerte? 

No dijo nada. Sabía que en parte había razón en las palabras de su compañero, pero incluso si tuviera algo que decir al respecto, tal vez no era el momento. Era cierto, debía reconsiderarlo todo. 

Se limitó a asentir con la cabeza antes de continuar caminando por el pasillo. Ya ni siquiera escuchó si alguno de ellos había dicho algo más. 


.           .          .


--Hideki-san, aunque se trate de ti, era un suicidio. Un edificio lleno de guardias, y no le diste órdenes de apoyo a tus subordinados.

--No entiendes. 

La explosión en el complejo hizo temblar los alrededores. 

--Era una señal. Una señal visible desde toda la ciudad. Una señal inmensa que verá el que se fue sin decir nada. El que se fue sin reconocer mis habilidades.

--Pero tengo el trabajo de ayudarte.

--No necesito tu ayuda. Ni de nadie.

Aún recuerda esa filosa mirada de aquella vez que aún le provocaba ciertos escalofríos. Y eso que él ni siquiera había alzado el tono de voz en aquella ocasión.

En cierta forma no se creía la situación en la que el rubio se encontraba en ese momento. Casi todo su cuerpo vendado, respirando a través de un tubo y había suero conectado a él. Después de esos años trabajando juntos, verlo así era una de las situaciones que menos se había imaginado, tal vez nunca lo había hecho. 

Se forzó a no tomar la mano de su inconsciente compañero, agachándose al lado de la camilla. Recordaba las palabras del jefe también. 

"¿Has sentido alguna vez que estás hecha para este tipo de trabajo?"

--Por supuesto que no. 

Murmuró para sí misma una vez más tras recordar la situación de aquel día y las muchas otras, el cómo las misiones habían empezado a complicarse. Buscaba causas para luego decepcionarse, dándose cuenta que solo estaba buscando otro culpable que no fuera ella. 

Ya era bastante tarde cuando tomó el teléfono para responder la llamada que había entrado. 

--¿Sí? Oksana Vorobiev... ¿Qué?

Ni siquiera se tomó el tiempo de responder a la persona del otro lado de la línea. En tan solo un par de minutos ya estaba fuera de casa, corriendo hacia los almacenes de la Port Mafia. 

Llenaba el bolso con todas las armas posibles, incluso acomodando algunas para darle espacio a otras. Guardó un par en sus bolsillos tras haberlas cargado. Apenas y le prestaba atención a lo que las tres personas aún presentes allí decían.

--Creí mencionar que deberías reconsiderarlo.

--No esperaba otra suicida aquí. Mira, lo secuestraron mercenarios extranjeros que la compañía de Karma Transit contrató. Están armados hasta los dientes y te superan en número.  

--Oksana-san... Seguro el jefe ordena una operación de rescate tarde o temprano. Realmente no le conviene perder a un subordinado como Haru. 

--El jefe no hará nada. 

Fue sorpresiva la forma en la que había alzado la voz. Nunca lo había hecho realmente más allá de su tono habitual.

--Ir como organización desataría conflictos en cadena con otras organizaciones del extranjero. No le conviene eso. Haru quedó desvinculado. El jefe dijo "has lo que veas conveniente". Y no pienso quedarme de brazos cruzados. 

Sabía lo que tenía que hacer. No necesitaba un plan, no necesitaba pensarlo. Se centraría en aquello por lo que había decidido actuar: la seguridad de su compañero. Esa era la prioridad, no importaba nada más. 

"Sabía que no era apta para este trabajo. Sabía que muchos de mis subordinados no me respetaban."

Se detuvo a la entrada del almacén, escondiéndose a uno de los lados de la puerta. Sus extremidades siempre se tensaban de esa manera antes de realizar cualquier misión, en espera de lo que fuese a suceder. Sacó el arma de su bolsillo y retiró el seguro. Sus manos temblaban un poco, así que las apretó más alrededor del arma para mantenerlas firmes.

"Dejar la Port Mafia no es fácil, pero tampoco es imposible. Ya nos quedó claro con él. Lo llegué a considerar muchas veces. Más de las que cualquiera imaginaría. Pero no la dejé."

En el interior del almacén se escuchó un pequeño sonido de metal golpeando el piso. Los soldados apenas pudieron reaccionar antes de la explosión. Los sobrevivientes empezaron a disparar contra la intrusa, quien también había empezado a disparar mientras corría hacia ellos, no fallando ni uno solo. No le importaba el vaciar las municiones de esa arma con tal de matarlos a todos. Usaba las cajas del lugar para cubrirse de los disparos, aunque se topó con la sorpresa de los mercenarios usando esas cajas desde un punto más alto. El mercenario al que le había disparado siguió vaciando su arma incluso cuando ya muerto había caído de espaldas.

Respiraba ya bastante agitada, todo había pasado apenas en cuestión de segundos. La adrenalina en el momento no le había permitido notar esa sensación cálida de la sangre en su pierna que alguno de los disparos le causó. Ahora ya dolía. 

"Había momentos donde Haru realmente me necesitaba y otras personas comenzaban a necesitarme en parte. Sé que no soy lo mejor en comparación a muchos otros miembros en la Port Mafia. No tengo una habilidad como la suya."

Era tal su decisión que ignoró el que su pierna seguramente se hubiera lastimado mucho más mientras corría y disparaba de nuevo contra los mercenarios. Sus armas salieron volando de sus manos por algunos de los disparos. Al final, uno impactó sobre su clavícula derecha, haciéndola perder el equilibrio por el dolor ya sumado al de su pierna. Ya había caído al suelo y los mercenarios se acercaban. Cubiertos completamente por gafas, uniformados y chalecos antibalas, uno de ellos le apuntó directamente con su arma.

"Al final, no la dejé porque... Son lo que me queda. Lo único que me queda."

Sus ojos se abrieron repentinamente tras escuchar el disparo, viendo cómo el mercenario caía al suelo. 

--¡Maten a todo el que no conozcan!

Sus tres compañeros habían llegado con varios subordinados, arremetiendo de inmediato contra los mercenarios enemigos. 

--¿Qué hacen aquí...?

La chica de cabellos naranjas le extendió la mano para poder levantarse, siendo después ayudada también por el castaño.

--Eres nuestra superior. Si nuestra superior se encuentra en peligro, tenemos la obligación de actuar. 

El albino alzó la mano tras acabar de disparar. 

--Terminamos aquí. ¿Está bien?

Asintió con cierta dificultad. Apenas la ayudaron a levantarse, ella se soltó, empezado a avanzar a pesar de la cojera que las heridas le habían ocasionado hasta otra de las puertas del lugar. Tiró de la perilla. Allí estaba la camilla del rubio.

--Hideki-san... 

Avanzó como pudo hasta donde él estaba. La expresión del rubio parecía cambiar de a poco, entonces abrió los ojos. 

--¿Oksana?

--Haru, estás sangrando...

Le extendió un pañuelo, pero él alzó un poco la mano en señal de que no lo acercara. Por primera vez, le pareció que aquellos ojos verdes no reflejaban la agresividad de siempre. Al contrario, en ese momento eran comparables con la superficie de un lago en calma. Tal vez él mismo sabía esto, así que ni siquiera le sorprendió que cerrase un poco los ojos antes de apartar la vista. 

--Perdón. 

"Dejar la Port Mafia es difícil, pero no imposible. Al final, tampoco la dejé porque..."

Sonrió un poco ante las palabras de su compañero. Así era él, así había sido siempre. 

--No te preocupes. Es mi trabajo. 

.          .          . 


Ryuuji había interceptado a Narumi apenas llegó a la Agencia ese día.

--Hoy te toca cuidar de Haruka, chaval. 

--¿E-Eh? Pero..

--La salvaste tú. Seguramente esté más en confianza de empezar a trabajar como compañera tuya. 

La campanilla de la puerta sonó. Habían dos personas allí: una joven y un ya conocido miembro de la policía por un par de detectives allí. 

--Disculpen. Somos de la policía. 

--Oh, buen trabajo. 

--¿Eh? ¡Nos volvemos a ver, Minoura-san! Akiyori, es él de quien te hablé el otro día, el de mi caso del subordinado que arrestaron. 

El hombre suspiró pesadamente antes de volver a hablar. 

--Hoy vine por otra cosa, detective. Tenemos un caso. 

Fue una charla muy breve entre los detectives y los policías, quienes apenas a los minutos de haber llegado ya estaban en la calle frente al edificio de la Agencia. 

El chico de cabellos lilas los miró por la ventana mientras balanceaba un poco sus pies algo distantes del suelo, pues la ventana era poco más alta para él y tenía que saltar y mantenerse allí. 

--Ah... Se fueron sin ni siquiera una taza de té ni pastel de fresas. 

--Mira el lado bueno, Akiyori, más para nosotros. Si te sirve de algo, aún nos alcanza para el fin de semana. 

--Lo sé, pero... Woah, los policías aquí deben mantenerse realmente ocupados. 

--¿En tu pueblo eran despreocupados, Aki?

--Bueno, los policías se encargaban de arreglar la bomba del pozo, rescatar a gatos en chimeneas... ¡Oh, también eran quienes probaban la primera sandía del año en agradecimiento!

--Cielos... ¿Y si alguien cometía un crimen?

--Oh, a esos los ataban y tiraban por un risco.

--¡¿E-Eh...?! P-Pero... A-Akihiko-san...

--Llámame Aki, por favor. 

--E-Entonces... ¿Vienes del campo?

--Sip. Fue hace dos meses que el presidente me reclutó, así que vine a la ciudad. Aquí he aprendido muchas cosas, es realmente divertido.

--O-Oh... ¿Qué has aprendido?

--Mis piercings. Nunca había visto nada igual allí, y cuando los vi en la ciudad, me parecieron geniales. ¡Mira!

Señaló su oreja, en la que había tres perforaciones. 

--Ah, también me sorprendió en general la gente. Parecen más distantes en la ciudad, pero sólo debes conocerlos un poco y es casi como si fueran tus amigos ya. 

Soltó una risita que reveló sus pequeños colmillos. 

--Y-Ya veo...

--Volviendo a lo de la policía... ¿Qué haremos con ese caso, Shirogane-san?

La chica se había deslizado en la silla de la oficina casi al lado del pelinegro. Él se inclinó un poco hacia atrás. 

--¿Lo del auto que estalló sin motivo aparente?

--Sí. Digo, si la policía nos pidió ayuda, debe ser difícil. 

--Ah, eso.. Chaval, ¿quieres intentarlo? Puedes aprender los trucos del oficio si acompañas a otro agente. Sé que podrás. 

Sonrió un poco.

--Claro. 

.          .          .


Realmente extraño. El auto completamente incinerado estaba clavado en aquella punta del edificio, casi diez metros sobre el suelo. 

--¿Qué se supone que pasó...?

--Se supone que iba transitando y luego salió volando hasta allí. El conductor murió al instante y no han logrado identificarlo. 

--¿P-Por qué no? ¿E-Es que n-no quedaron restos enteros...?

--No. Creo que se hizo papilla dentro del auto. 

Estaba sorprendido por la naturalidad con la que se tomaba Akihiko cada detalle (si podía llamarse así) ese caso sin pies ni cabeza... ¿De verdad era algo de todos los días?

--Veamos... William lo resolvería en un segundo. Pero no vino con nosotros. Entonces nosotros debemos empezar buscando información. ¡Ven conmigo, Naru-kyun!

El chico de cabellos lilas le tomó de la mano y ambos empezaron a caminar algunas calles abajo. 

--¿E-Exactamente a dónde...?

--Con gente que conozco. Seguro alguien sabe algo. 

Yokohamaboshi. Un bien conocido centro comercial allí, repleto de gente a esas horas del día, además de la temporada en la que se encontraba. ¿Era allí donde Akihiko encontraría información?

--Vaya, Aki. 

--Ah, Maeda-san. 

--Gracias por los girasoles del otro día, a los invitados les encantaron. 

--Puedo decir en casa que envíen más, tan solo dígamelo. No fue nada. 

--¡Oye, niño! ¿Recuerdas el huerto que te comenté? Hemos tenido problemas para drenar agua. 

--Seguramente el arado... ¡Lo veré mañana! ¿De acuerdo?

--¡Por supuesto! Muchas gracias. 

Y así hubieron muchísimas personas que saludaban o agradecían al pequeño pelilila apenas lo veían. Algunos incluso se quedaban conversando con él un rato antes de despedirse mientras él mantenía esa linda sonrisa en su cara. Apenas habían pasado unos minutos y Narumi ya estaba anonadado de lo popular que Akihiko era en la ciudad.

--Akihiko. ¿Estás trabajando?

Una figura realmente imponente se había acercado a ambos. Tendría toda la pinta de dirigir alguna organización peligrosa, tal vez incluso en ese momento Narumi podría creerse que ese hombre frente a ellos trabajaba para la Port Mafia o algo así. 

--Investigamos lo del auto que estalló. ¿Sabes algo?

--Bueno... En realidad... Rondan rumores...

Se agachó a la altura del chico tras haber mirado un par de veces a su alrededor. 

--No debería contarte, pero los jóvenes dicen que antes del incidente, los del callejón de la fábrica compraron montones de abono. 

--Abono...

--Creo que lo usaron para fabricar algo. 

--Seguramente abono nitrogenados, con eso se hacen bombas. Me ayudaste bastante, gracias.

--Sabes que haremos lo que sea por ti, Akihiko. No dejemos de ser amigos.

--Espero lo mismo,  de verdad, muchas gracias.

La forma en la que Akihiko Hiyori se desenvolvía hablando y conviviendo con las demás personas en la ciudad era realmente impresionante. Realmente tenía razón cuando mencionó que después de conocer a las personas a fondo, era como si de repente todos se volviesen amigos. 

--Oye, Naru-kyun, hablando de los del callejón de la fábrica.

--A-Ah, ¿Sí?

--Bueno, según recuerdo, la Sociedad Juvenil tiene una sala de reuniones allí. 

--¿La Sociedad Juvenil? Suena a una pandilla...

--Lo son. Me pregunto si son los autores de las bombas. 

--Oh... ¿Y a dónde vamos ahora?

--Vamos a preguntarles de frente ahora mismo, Naru-kyun.

--¡E-Espera! Aki, incluso si fueron ellos, dudo que lo admitan... ¿N-No es peligroso?

--Naru-kyun, la gente contesta con la verdad cuando les preguntas con sinceridad. Así funciona.

--¿A-Así funciona...?

El pequeño pelilila simplemente continuaba sonriendo. Narumi casi que se sentía nervioso por esa seguridad que tenía al respecto de preguntar directamente y una parte de él no estaba segura de si creerle o no... Pero esa sonrisa no era la sonrisa de alguien que mentía. Pasados unos minutos, supuso haberse calmado un poco y creyó haber sonreído él también.

--Jaja, entonces así funciona.

.          .          .

El detective más alto regresaba 

--Oye, Kayano. 

--¿Ah?

--¿No acompañaste a Narumi?

--Hoy no, dejé que Aki lo acompañara. Todos en la Agencia sabemos que Aki es muy competente para resolver casos, incluso si lleva apenas dos meses con nosotr-

--... ¿Fue Aki?

La joven rubia había aparecido por la puerta del consultorio. Tras unos segundos, sonrió. La chica de cabellos rosados continuó.

--Sí, fue Aki... Dijo que Narumi había aceptado ir con él. 

--Vaya, ¿Esos son los métodos de recolección de información que quieres que Narumi aprenda, Shirogane? Veamos... Recién un novato aunque bastante capaz, sí. Pero a veces algo ingenuo... Shirogane, ¿No crees que puede pensar que la metodología de Aki es el estándar de oro? Pero bueno más trabajo para mí... ¿Shirogane?

--Se fue...

.          .          . 


--¿Construyeron la bomba que hizo que el auto saliera volando?

--Qué gracioso. ¿Son policías?

--No, no. Somos miembros de la Agencia... ¡Oh! ¡Qué linda cadena! 

Narumi estaba asustado de lo terrible que había sido esa decisión, pero definitivamente le aterraba más el hecho de que Akihiko siguiera tan tranquilo. Si no tuviera tanto miedo al punto de haberse quedado totalmente quieto allí, seguramente ya hubiera sacado a Aki de ahí o habría salido él mismo. Empezaba a no agradarle esa metodología del chico.

--Yo también compré algunas hace un tiempo, se ven bien con la ropa. Aunque en el pueblo seguramente serviría muy bien cuando sales a pastorear vacas. 

--¡No me toques!

--¡¿Qué es lo que quieres?!

--Solo quería que me dijeran si lo que pasó con el auto fue obra suya. 

Hubo murmullos seguidos de algunas risas, pero el joven de cabellos lilas seguía con una expresión totalmente calma. 

--No sabemos nada al respecto, ¿Verdad?

--No, nada. 

--Ya veo. Disculpen las molestias, muchas gracias por su ayuda. 

Hizo una pequeña reverencia ante aquellas personas antes de darse la vuelta y dirigirse a la salida del lugar. Bueno, el otro detective no fue el único impresionado al respecto. 

--¡P-Pero Akihiko! ¡E-Está claro que mentían! ¡Pudieron usar la bomba para acabar con alguien de una pandilla rival!

--Dijeron que no sabían nada. 

--P-Pero...

--Sean vacas o personas, sea en el campo o en la ciudad, si eres sincero podrás comunicarte con el resto. Ese método nunca me ha fallado. 

--¿D-De verdad...?

--Sí.

--O-Okey... Te creo. 

--Aún así, ¿Quieres regresar? Tal vez tengas razón y debamos hablar un poco más con ellos. 

--Claro. 

--Aunque... ¿No quieres ir a comer algo? Muero de hambre, ¿qué te gustaría comer? No te preocupes, yo invito lo que quieras. 

Narumi sonrió de nuevo. Un día de trabajo con Aki era algo completamente nuevo para él y quién iba a decir que era todo tan tranquilo. De alguna manera, el mismo chico emanaba toda esa relajación suya y lo hacía sentirse él mismo tranquilo. 

Un par de vehículos cerraron ambos lados de la calle mientras los miembros de la pandilla que habían visitado con anterioridad los empezaban a rodear. 

--Sí, usamos la bomba para matar a un miembro de una pandilla rival. Y pensar que los investigadores privados nos descubrirían. Si se fueron sin interrogarnos, es porque encontraron pruebas concluyentes, ¿Verdad?

--¿Iban de camino a la policía? No lo permitiremos. 

--Jaja, ¡Me alegro que hayan venido a contarnos la verdad!

Nuevamente más de una persona presente se había quedado completamente en blanco tras aquella declaración del pelilila. 

--Sabía que comprenderían si era sincero. ¿Ves, Naru-kyun? Los culpables siempre confiesan de esta manera en mis casos.

--Y-Ya veo...

Un golpe con un tubo de metal del que apenas tuvo tiempo de apartarse, pero que impactó directamente en la cabeza del pelilila, haciéndolo caer al suelo. 

--Uno menos. 

"Aki... ¿Qué hiciste...? Estamos rodeados..."

Sus pies tambalearon un poco mientras retrocedía y los matones ya preparaban sus armas para ir contra él.

--Ay... fue un buen golpe... 

Los presentes se detuvieron en su conflicto mientras observaban incrédulos como el chico pelilila se ponía de pie poco a poco, sin ni un solo rasguño. Empezaba a caminar hacia uno de los vehículos que obstruían el paso, sin cambiar su expresión sonriente en ningún momento.

--No te preocupes por mí, Naru-kyun, son cosas que pasan. Por ejemplo, en el campo, las vacas no quieren hacerte caso si están de mal humor. Cuando eso sucede...

El chico había levantado el vehículo por encima de su cabeza con tan solo una mano. Ni siquiera se esforzaba en el agarre en realidad y con la misma facilidad lo arrojó contra los matones que los rodeaban. Mientras intentaban escapar, él ya había corrido hacia el otro lado realizando la misma acción con el otro vehículo. Para los que empezaban a escapar, arrancó una de las señales de tránsito y les golpeó con ella. 

"Inhabatible ante la lluvia, inhabatible ante el viento, ante el tubo de hierro, ante el cuchillo, ante el bate del metal. Con un cuerpo fuerte, sin ansias, con un temple inquebrantable y siempre sonriendo en silencio. Ese es el tipo de persona que quiero ser."

Después de un rato, Akihiko terminaba de arrastrar al último y lo acomodaba en pila sobre el resto, ya inconscientes. Narumi seguía contemplando aquel montón de delincuentes abatidos aún terminando de procesar todo lo que había ocurrido cuando una mano le extendió una florecilla silvestre amarilla. 

--Terminamos el trabajo, Naru-kyun. 

De nuevo esa dulce sonrisilla suya, aunque se notaba que estaba ligeramente cansado. Aunque no lo culpaba. Le correspondió sin dificultad aquella sonrisa mientras tomaba la flor que el contrario le extendía.

--Claro...

Solo siguió a Akihiko por el resto de la calle. 

.          .          .


--¡P-Pero Shirogane-san, n-no puedo trabajar con ese método!

Miraba con preocupación al hombre en la mesa frente a él, quien simplemente sonrió ligeramente para luego negar con la cabeza.

--Chaval, tú no usarás ese método.

--G-Gracias...

Casi podría llorar en ese momento y no tenía idea si como una reacción tardía a toda la montaña rusa de emociones que había sentido anteriormente o hasta de alivio.  La doctora le dio un par de palmaditas en la cabeza desde la mesa de al lado.

--Ah, te diste cuenta solo, felicitaciones. ¿Y ya conociste el poder de Aki también?

--Sí.. A-Algo así... Shirogane-san, Mikoun-san... ¿Q-Qué es e-exactamente el poder de Aki...?

--Aki tiene una fuerza superhumana, pero no es invencible. Sólo puede utilizarlo cuando tiene hambre.

--¡¿E-Eh?! ¿Y-Y cuando está satisfecho...?

Se levantó de su silla y se asomó a la otra mesa que compartían la doctora y el chico pelilila, quien estaba recargando su cabeza sobre sus brazos extendidos sobre la mesa para apartar su plato de arroz con res ya vacío. 

--Señorita Futuro, creo que ya comí suficiente... Gracias por la comida...

Soltó una pequeña risita antes de cerrar los ojos. 

Narumi miró a sus dos compañeros de trabajo, quienes simplemente sonreían mientras observaban a Akihiko. 

--Se duerme. 













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