⁰¹: ᵁⁿ ᵐᵃˡ ᶜᵒᵐⁱᵉⁿᶻᵒ.
"Hide my head, I wanna drown my sorrow
No tomorrow, no tomorrow
And I find it kind of funny, I find it kind of sad
The dreams in which I'm dying are the best I've ever had
I find it hard to tell you, I find it hard to take
When people run in circles it's a very, very
Mad world"
Mad world de Gary Jules.
El camino hacia la nueva vida de Lilith resultó ser más largo y aburrido de lo que ella esperaba. Pues el pueblo en donde ahora viviría sólo era un par de casas coloridas que seguían un ritmo similar con sus habitantes que parecían ser una copia de todos, pues entre todos se parecían que no había algo que los destacara como personas. Ya que tantos los vestuarios como las sonrisas de los habitantes eran las mismas, siendo tan robóticos y tan falsos, que ya Lilith podía suponer lo difícil que sería su vida en ese lugar.
Últimamente Lilith tenía una perspectiva de la vida tan cruda y cruel, que ya no era aquella chiquilla risueña que todos conocieron en un pasado. Ahora, para ella, todo a su alrededor era una basura, como lo era también su hermanastra Laila que permanecía malhumorada e insatisfecha ante la nueva vida que tendrían, pero pese a ese descontento, aun así, cantaba con un poco de alegría la canción que se reproducía en la radio, mientras se encontraba sentada en el asiento del copiloto, acompañando al señor Williams que manejaba y conversaba, dando a conocer los puntos que lo habían atraído aquí. Pero prácticamente repetía lo mismo cada vez, sólo que de una forma distinta. Ya que tanto el señor Williams como las dos adolescentes que se encontraban ahí, no estaban satisfechas con el cambio. Pues todos sabían que no había nada bello en el lugar, todo era tan monótono, y mientras más se acercaban a la casa, más desagradable se ponía la situación.
Los vecinos no dejaban de seguir el carro de mudanzas, molestando completamente a la familia. Sin embargo, ellos trataban de ignorar aquella incomodidad de cualquier manera, y para Lilith la mejor era observar el exterior del lugar —ignorando a los vecinos—, y, en eso, en sus ojos apareció algo que le llamó completamente la atención. Pues detrás de ella había la sombra de un majestuoso castillo que se escondía entre el lugar.
Sin dudarlo demasiado, Lilith Anne abrió de su ventana y asomó su cabeza para mirarlo con atención y verificar que era una estructura real. Sin embargo, aquel asombro se desvaneció cuando las miradas juzgadoras de las vecinas aparecieron y ella decidió esconderse en el carro.
El señor Williams seguía hablando de lo bello que era el lugar y Laila seguía cantando canciones sin cesar.
El padre de ambas aclaró que ya todos los muebles estaban acomodados y que la mudanza ya no sería tan complicada; también aclaró que las habitaciones ya estaban predeterminadas para cada quien, para que no hubiera peleas, cosa que molesto a Laila provocando que volviera al típico discurso de "yo soy tu hija" que tanto comenzaba a desesperar a Lilith. Porque un detalle que había olvidado mencionar era que, Lilith no tenía ni un parentesco directo con los Williams. Pues bien, Lilith tenía un padre que, cuando ella era una niña, él murió a causa de un infarto.
Durante la mayor parte de la vida de la castaña ella permaneció con su madre, hasta que hace dos años, su mamá conoció al señor Arthur Williams, con el cual se emparejó y casó. Por desgracia, la vida era muy cruel y las peores batallas les llegaban a las personas más buenas, y hace tan sólo un mes la madre de Lilith había muerto a causa de un terrible cáncer de mama que consumió de su vida tan rápido, ante la tardada detección de esa enfermedad. Dejando a una Lilith huérfana, con su padrastro y su hermanastra.
De hecho, por lo mismo estaba sucediendo está mudanza. Ya que la castaña había entrado a una terrible depresión que al señor Arthur le preocupaba, por ende, él creyó prudente huir de la ciudad Linterson para mudarse aquí, en dónde, quizá ante la frescura del lugar, Lilith podría sentirse mejor.
Por otra parte, el señor Williams sólo tenía a su hija Laila como familia directa. Él hace años había tenido a su mujer, pero por cosas del destino, se divorciaron y él quedó con la custodia de la pelirroja. Además de eso, su ex esposa no mostró nunca interés por su hija y por ende ellos nunca la ven, aún así, ni Arthur ni Laila hablan mal de ella, sino la recuerdan con aprecio y esperan en lo profundo de su corazón, que la razón que haya provocado sus acciones, no haya sido las peores.
Pero pese a que ambos parecían una familia bella, Laila no lo era tanto. Como desde pequeña ella había sido la única mujer en la vida de Arthur, claramente con la aparición de las dos nuevas integrantes de la familia, Laila tuvo demasiados celos y hoy en día aún los tiene, sólo que ahora se enfocan a Lilith provocando una peor convivencia en la familia.
Por ende, eso se convirtió en otra razón por la que el señor Arthur decidió mudarse, esperando que, al vivir en ese pueblo, sus dos hijas adolescentes tuvieran una mejor relación. Pues él esperaba ansiosamente obtener el cariño de sus hijas y tener una familia unida, después de todo.
Cuando el carro se detuvo en frente de la casa, las adolescentes bajaron y miraron su nuevo hogar. Lilith tenía en sus manos las cenizas de su madre, pues desde que le entregaron ese cofre, ella no se había separado de él en ningún segundo.
Laila corrió a la casa en busca de su habitación, mientras el señor Williams hablaba con los de la mudanza y Lilith contemplaba atenta su nuevo hogar.
La casa era un poco pequeña a comparación a la que tenían en Linterson, pero se miraba acogedora. La sala de estar era de un color rojo intenso. Y había unas escaleras en el lugar que transportaban a las habitaciones de la segunda planta.
En está planta había tres puertas, una para cada uno de la familia y en su habitación había tanto un enorme ropero como también un baño privado. Cada puerta tenía un letrero con los nombres y Lilith ingresó a la puerta que decía su nombre con una pequeña sonrisa. Esa habitación era más grande que la anterior que tenía, y ya había en ella una cama y un peinador con un espejo grande.
Lilith se sentía a gusto y se sentó por ende en la cama, sosteniendo con fuerza las cenizas de su madre provocando que la tristeza una vez más la acompañara. De verdad, la castaña extrañaba a su madre y no evitó el comenzar a llorar. La tristeza últimamente era la peor aliada de la adolescente y, por ende, en un bolso que ella llevaba en su hombro, sacó una navaja y también una caja de tinte de cabello color verde como también un cuaderno y unos colores.
Lilith amaba dibujar y pintar, por ende, en el camino hizo varios dibujos; el tinte de cabello lo tenía en su mochila por un reto que había hecho con su madre, pero no pudieron cumplir por la muerte de ella y la navaja... por la depresión. Y sin dudarlo más, Lilith agarró la navaja con desesperación y la pasó por su cuello estando a punto de cortar de su piel. Ella ya no quería vivir y no le importaba morir degollada, pero antes de hacer una imprudencia, movió su mano un poco y comenzó a cortar de su cabello con desesperación e imprecisión.
Al terminó del mismo, no pudo evitar mirar de sus muñecas y querer hacer algo imprudente, pero antes de hacerlo un ángel de la guardia abrió la puerta y la detuvo.
El señor Williams se acercó a ella y la abrazo con fuerza mientras sus lágrimas salían y salían sin parar de sus ojos. Después, el hombre se apartó de ella y miró las cortadas que la mujer hace días se había hecho, y sintió tanta impotencia que quería llorar.
—¿En qué estabas pensando?
El señor Williams estaba tan desesperado que no evitó darle un beso en la frente de la adolescente sintiéndose un total fracaso y el peor ser del mundo ante no haber sido más atento de las señales.
—Oh, mi pequeña —susurró el hombre, para después, una vez más darle un abrazo a Lilith, acariciando lo que quedaba de su cabello con ternura—. ¿Te encuentras bien? —cuestionó en un susurro—. ¿Qué sucede, tesoro?
—No quiero estar aquí —susurró ella sorbiendo sus mocos y limpiando su rostro de las lágrimas.
—¿Quieres volver a....?
—No —soltó—. No quiero estar aquí en general, ya no me queda nada.
—Estoy yo —aclaró limpiando las lágrimas de Lilith—. Esta Laila, ambos te queremos.
—No creo que Laila me quiera —confesó ella pasando su mano por debajo de su nariz, tratando de eliminar los mocos que comenzaban a salir.
—Pero yo lo hago.
Las palabras tan sinceras del señor hicieron llorar más a la adolescente, haciéndola sentir tan mal por sus actos y Arthur sólo se dignó a consolarla.
—Sé que la pérdida de tu madre no ha sido fácil y sé que tal vez nosotros seamos unos completos desconocidos para ti —comenzó a decir el hombre apartándose de ella con ternura—. Pero yo amaba a tu madre, yo sabía sobre ella y su pasado. Sé que sufriste cuando murió tu padre y sé cómo te has de sentir ahora...
—¿Por qué me dejó sola? —cuestionó Lilith, tomándolo por sorpresa y dejándolo en silencio por unos minutos, pero después, él reaccionó y habló.
—Ella siempre estará contigo, como yo lo estaré —confesó limpiando una lágrima que comenzaba a bajar por el rostro de Lilith—. Te cuidaré como si fueras mi hija.
Las lágrimas comenzaron a salir de los ojos de Lilith y Arthur se encargó de consolarla. Después de unos minutos, ella dejó de sollozar y su padrastro le limpió los restos de lágrimas, sintiéndose satisfecho que ella estuviera en paz.
—¿Estás mejor?
Lilith sólo asintió, aun sintiéndose desanimada.
—Ahora debo de verme como un desastre —aclaró la adolescente tratando de calmar el ambiente, mientras miraba su cabello en el suelo.
—No es así —dijo el hombre con voz pacífica—. Te lo puedo emparejar.
Y dicho esto, Arthur se levantó y se colocó en la espalda de la mujer y con ayuda de la navaja, comenzó a cortarle el cabello a su hijastra, tratando de hacer lo mejor para que ella quedara guapa.
Él tenía un poco de noción, ya que él al hacerse cargo de su hija desde temprana edad, tuvo que aprender de peinados y cortes de cabello, así que, con precaución, dio lo mejor de sí para dejar a su pequeña con un buen aspecto. Y al terminó de su arte, decidió cuestionar a Lilith mientras ella se miraba en el espejo.
—¿Te gusta?
—Me encanta —confesó con una enorme sonrisa—. Pero creo que hace falta algo más.
—¿Algo más? —cuestionó con confusión el hombre.
El cabello de Lilith se miraba muy bien. El flequillo corto junto con su cabello, la hacía relucir, pero ella creía adecuado agregar aquel tinte de cabello verde que guardaba desde hace días en sus pertenencias.
—Mi mamá prometió...
—El cabello verde, ¿verdad? —mencionó con tristeza y ella asintió de la misma forma—. Yo estuve ahí, no lo olvides.
El hombre sonrió y ella también, pues era claro que ambos se compartían su dolor.
—Podría pintármelo a su honor —soltó Lilith dándole una sonrisa al hombre.
—Ella no le gustaba mucho la idea, pero siempre quise saber cómo se miraría —confesó con una risa burlona—. No es necesario que lo hagas, probablemente sufras burlas en la escuela. Y más al ser la chica nueva.
—Quiero hacerlo —mencionó sosteniendo la caja con fuerza—. Además, ya soy adulta y no creo que mis compañeros sean unos inmaduros.
El hombre le sonrió, colocándose las gafas que tenía colgando en el medio de su camisa para comenzar a leer el instructivo de la caja. La mirada del hombre permanecía en las letras mostrando una cara de confusión mientras iba leyendo, hasta que apartó su vista de las letras y le sonrió a su hija.
—Es hora de hacerlo.
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Después de ese cambio de estilo, Lilith se bañó y al terminó de ello, se cambió y se colocó un simple pantalón negro y una sudadera negra con gorro y una blusa debajo de la sudadera de color verde. Después se dirigió a la cocina, dispuesta a cenar. El recibimiento de su padre hizo que la mujer se sintiera cómoda con su aspecto, pero cuando en la cocina Lilith se encontró con Laila, aquella confianza que la chica había obtenido, se desvaneció ante las crueles palabras de la pelirroja.
—¿Desde cuándo decidiste ser payaso? —cuestionó con burla.
Lilith bufó y huyó del escenario para dirigirse al comedor, en dónde Arthur reprendió a su hija.
—Guarda silencio, Laila —demandó el hombre mientras la familia se sentaba en la mesa para comer pizza con coca cola—. Ella es tu hermana y debes de respetar su cambio de look.
Después de ese escenario, la familia se dispuso a consumir sus alimentos en total silencio. Cada uno pensando en cosas diferentes, pero todo se resumía a la nueva manera en que vivían y cómo debían enfrentarse a esas situaciones. Sin embargo, nadie se animaba a hablar, hasta que el señor Williams decidió tomar la delantera y ser la voz de la razón.
—Quiero compartirles algo a ambas —soltó—. Sé que está mudanza ha sido muy drástica para todos nosotros, pero aun así la creí adecuada —aclaró acariciando su barba—. No se preocupen por mi trabajo, que ya fue resuelto cuando encontré este pueblo, trabajaré en una empresa en donde la mayoría trabaja; es sencilla y pagan bien.
—Genial —soltó Laila rodando los ojos mientras que Lilith lo miraba atento, sin creer lo listo que era el señor Arthur.
—Por otro lado, ya arreglé el asunto de su educación. Laila ya te inscribí en tu escuela, y de igual forma a ti, Lilith —soltó mirándolas a ambas con una sonrisa—. El pueblo es maravilloso, aunque no lo crean y tiene muchas historias. Es... interesante.
—Hubiera sido genial seguir en la ciudad —soltó con fastidio la rojiza.
—Era necesario el cambio —justificó papá con seriedad.
—Por mi parte, no —dijo Laila mirando a su hermanastra con fastidio—. Yo no tenía malos recuerdos y no lloraba en las noches como otras.
—Silencio, Laila.
Claramente, aquel comentario incómodo a Lilith, pero ella no dijo nada. Solamente que Laila en ocasiones no sabía cuándo cerrar la boca.
—Al menos ya la llorona da risa por su vestimenta de payaso —soltó con burla la rojiza.
—¡Laila, por favor, guarda silencio! —gritó Arthur levantándose de su asiento con furia—. Sé que nunca se terminaron de agradar, pero son hermanas y...
—Ella es hija de otras personas —soltó la pelirroja levantándose de su asiento—. La única unión que tenemos a ella es que es hija de tu ex mujer, podíamos dejarla sola...
—¡Es tu hermana, carajo! —volvió a alzar la voz el hombre provocando que el silencio invadiera.
La tensión era latente y Lilith no evitó sentirse tan culpable, que decidió huir.
—Disculpen.
Dicho esto, la mujer se levantó de su asiento y caminó hacia la puerta principal de su casa, para salir, explorar y tomar un poco de aire. En el proceso de eso, no pudo evitar mirar aquellas ruinas del castillo abandonado que había llamado su atención desde que llegó. Por desgracia, había unos tres niños en bicicleta cada uno, que al ver a la mujer se acercaron a ella con curiosidad ante su extraño cabello y decidieron molestarla un poco.
—No deberías ver la casa embrujada —soltó uno de los niños, acercándose a la joven.
—¿Casa embrujada? —cuestionó Lilith sin entender.
—Sí, en ese castillo vive un monstruo y por eso está embrujada —aclaró un niño rubio que miraba las llantas de su bicicleta.
Eso provocó que Lilith riera, ante la incredibilidad de los niños.
—No existen los monstruos, niños.
—Pero sí las brujas —soltó uno de los niños y las risas no tardaron en llegar mientras los pequeños huían en sus bicicletas.
Lo que no sabían es que ese comentario había dañado tanto a Lilith, que su depresión e inseguridad aumentó, haciéndola sentir tan vacía.
Nota: Una pequeña (GRANDE) introducción de Lilith, sobre su pasado, la gente que la rodea y primeras impresiones ♡ A diferencia de la película, no voy a poner de inmediato la aparición de Edward, me tomare un poquito el tiempo para que conozcan a Lilith y los demás personajes para después mostrar a Edward. Siendo sincera, amo mucho a este personaje que he inventado♡♡♡
Entre cuchillas, Mad-ClepGirl (Dianessa)🐧
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