Capítulo 18
Inosuke guía a Tanjiro a la residencia, al parecer el terreno de los Hashibira era bastante amplio, su casa al estilo japonés era bastante elegante a decir verdad.
-Bienvenido Tanjiro- aquella mujer azabache y ojos esmeraldas saludó al pelirrojo con una gentil sonrisa -Mi nombre es Kotoha, soy la madre de Inosuke, es un placer conocerte-
-Gracias Kotoha-sama, por recibirme en su hogar, es muy lindo y acogedor- dijo Tanjiro en voz un poco baja.
Kotoha era la viva imagen de Inosuke, sin duda los genes femeninos pegaban fuerte en algunos casos.
-No es necesaria tanta formalidad Tanjiro-kun, con Kotoha está bien-
-Está bien Kotoha-san-
La mujer tomó de la mano a Tanjiro para llevarlo hasta su habitación. El cuarto era bastante amplio e iluminado, la cama era moderna así que no tendría que sacar y guardar el futón. Tanjiro tenía un ligero gusto por la iluminación de las habitaciones, por lo que era agradable hospedarse en la residencia Hashibira.
-Gracias Kotoha-san, es muy lindo de su parte-
-No tienes que agradecérmelo, me gusta hacer que te sientas felíz- dijo la azabache acariciando los cabellos pelirrojos de Tanjiro -Por cierto en un momento estará lista la cena, te llamaré para que vengas a comer-
La azabache abandonó la habitación dejando a Tanjiro solo, el pelirrojo se dirigió a la ventana observando el pequeño estanque que había en medio de la casa, habían alrededor de 15 peces koi dentro del estanque.
Era una bonita vista, sin embargo Tanjiro se siente triste y sólo. El omega necesita de su alfa, extraña su calor y compañía.
-Llegaron a tiempo chicos, ¿quién es ésta omega?- preguntó Tsutako.
-Ella es Nezuko, la pudimos encontrar en uno de los prostíbulos para gente de categoría en Italia- dijo Sabito sentando a Nezuko en el sofá de la sala para que estuviera más cómoda -Por cierto, Giyu fue directo a la residencia de los Shinobis Hashibira, así que estará bien-
Nezuko no decía nada al respecto, tenía el mismo estado de Tanjiro cuando llegó a las manos de Giyu. La azabache tenía una mirada sin brillo, su cuerpo estaba demasiado débil como para pararse por sí misma, y con varias cicatrices en su cuerpo.
-Tranquila Nezuko-san- Habló Tsutako acariciando los cabellos de la omega, su débil cuerpo temblaba -Todo está bien ahora, te llevaremos con tu hermano muy pronto-
-Onii-chan... Tanjiro...-
-Sí, Tanjiro estará feliz de verte-
Nezuko rompió en llanto, tenía tantas emociones en ese momento que había colapsado. Los hermanos Tomioka presentes abrazaron a la omega tranquilizadola, ese era el primer gesto amable que había recibido después de tanto tiempo.
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-¿Quiénes son ustedes?- Sabito estaba observando a los dos personajes frente a él.
Era un hombre azabache de ojos azules acompañado de una mujer peli blanca de ojos color verde jade.
-Venimos de parte del clan Kibutsuji a arrebatarles lo más preciado que tengan- dijo el hombre azabache recargando su ametralladora -Y yo seré tu oponente-
-Eres injusto Hakuji- habló la peli blanca -Yo quería jugar con él-
-Encárgate del omega que está en el techo-
-Cómo digas- la oji jade salió desapercibida del escenario, dejando a Sabito y Hakuji solos para comenzar la pelea.
El peli melocotón sonrió ladino llendo directo hasta el azabache con su pistola, Hakuji admitía que era rápido, pero ni se iba a dejar vencer de una pobre pistola. Comenzó a disparar varias veces con su ametralladora, pero más que intentara herir a Sabito no lo conseguía.
Mientras tanto Inosuke intenta atacar a la peli blanca con sus katanas, pero ningún sólo ataque logra alcanzarla.
-Eres bueno, no podría esperar menos de un Hashibira- dijo aquella mujer sacando sus cuchillos -Es hora de dejar de jugar, iré en serio-
-¿Y tú crees que estaba atacando en serio?, no me subestimes, hija de perra-
-Cerdo-
-Ubres de vaca-
Ambos corrieron hacia el contrario, ambos eran bastante flexibles para esquivar los ataques, podían contraatacar enseguida, sin duda estaban al mismo nivel, pero ninguno iba a quedarse conforme con un empate.
La peli blanca no tuvo más opción que lanzar una pequeña granada cegadora. Inosuke logró salir de allí de un gran salto esquivando el humo.
Aquella oji jade se había esfumado, tenía que encontrarla y acabar con ella, hasta que sintió su cuello siendo apretado por unas finas manos.
-N-No pue-do re-respirar- el azabache intentaba todo lo posible por quitarse a la peli blanca de encima.
Las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos esmeraldas, se sentía patético perder ante un conejillo de indias de Muzan, y era peor ya que era un miembro de los mejores Shinobis del mundo.
Pensó que ese sería su final, hasta que se escuchó un fuerte disparo, de un momento a otro la peliblanda soltó al azabache y ésta comenzó a quejarse del dolor.
-Oye, se supone que no debes jugar con trampas, señorita Ume-
La peli blanca tenía su hombro herido y la sangre no dejaba de caer.
Por otro lado el causante del disparo fue gracias a Sanemi, quien había llegado justo a tiempo para salvar al azabache de su muerte.
Inosuke observa al peli blanco, sus ojos esmeraldas se centraron en ese alfa de cabellos puntiagudos y blancos, sus grandes ojos color púrpura pálido, las cicatrices que cubría su cuerpo y cara, sus músculos bien marcados y tonificados. Su corazón estaba comenzando a agotarse, y sus mejillas se estaban volviendo de un lindo color rojo.
-Si te gusta jugar sucio juega conmigo, señorita- habló Sanemi acercándose a lentos pasos hasta Ume.
No quería que alguien como Sanemi la derrotara así, por lo que huyó del lugar dejando a Sanemi y a Inosuke solos en el techo.
El alfa cargó a Inosuke en brazos, éste se había puesto algo incómodo.
-La próxima tienes que ponerte más alerta, a los Kibutsuji les gusta jugar sucio, recuerda eso- Sanemi examinaba las pequeñas heridas de Inosuke.
El azabache tragó grueso, ya estaba seguro de lo que le pasaba, del porqué sus latidos eran tan rápidos de repente.
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-¡Tanjiro!- Giyu abrazó con fuerza a su omega.
-Giyu...- Tanjiro estaba feliz de tener a su alfa de vuelta -Pensé que no volverías- el pelirrojo tomó una de las manos del azabache para llevarla a su vientre abultado -Te estuvimos esperando, mi alfa-
La mano de Giyu acariciaba con gusto el vientre de su amado omega.
-Estoy de vuelta mis amores...-
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