LUNA 11
Narrador omnisciente:
Había pensado que por la temporada se verían muy bien los jarrones que había echo para la casa, ya era primavera y había flores que ella quería para adornar el monasterio, había lirios, lavandas, girasoles, margaritas, grandes rosales y demás flores de colores vivos.
Se agachó recogiendo unas flores pequeñas, tanto como pequeños botones, en ese momento escuchó un ligero golpe hacia las flores, como si un cuchillo las hubiera arrancado de un solo golpe, al volverse ahí estaba Morro, quien había cortado muchas flores rápidamente, le sonrió y se las entrego.
— Gracias. — dijo con una sonrisa mientras el pelinegro se sentaba a su lado —. Ya me ahorraste mucho trabajo, yo me habría tardado mas.
— Deberías, usar tu espada. — sugirió —. Es útil, no solo para cortar cabezas, si no para cortar flores y ayudarte a ti.
— Ah, si. — dijo divertida —. Lo voy a pensar entonces, si es que en cuanto la use no se hace pedazos, por lo vieja que es.
— ¿Tiene muchos años, tu espada?. — preguntó
— Ah si, no mas que yo, pero mi espada me la dio la primogénita antes de entrar a las guerras, y mi báculo me lo dio en rey Oni. Digamos, que soy mejor con este último que con la espada.
— ¿Y de que lado estas?. — preguntó
— Del bien claro, yo siempre voy a tratar de hacer lo correcto. — respondió sin dudarlo —. Para eso vine a este mundo, ¿y qué hay de ti?.
Morro la miró un tanto sorprendido, jamas se había echó esa pregunta, a su edad el ya sabía a la perfección que estaba bien y que estaba mal, ya no era un niño indefenso y estúpido que no sabia diferenciar entre el blanco y el negro, y puede que antes el aya preferido tomar el gris, ni el uno ni el otro, pero con el pasar de los años se había echó de mente clara, fuerte y firme, poco o nada le haría cambiar de opinión con respecto a sus decisiones, con toda sinceridad, sin miedo a admitirlo se había enganchado y enamorado de la castaña que la acompañaba en este precisó momento, _________ era como una luz en su vida y en su camino, puede que sin ella el hubiera estado perdido desde hace mucho tiempo.
— Me iría a donde estas tu. — respondió también muy seguro —. Haría el bien al igual que tu, sin dudarlo.
Ella le miro también sorprendida, pero a la vez no, amaba la idea de que Morro fuera un buen chico, un joven fuerte que estaba dispuesto a seguirla, y que sin dudarlo ella también lo seguiría a el.
Se apoyo en su hombro y entrelazaron sus manos, mirando el tranquilo paisaje, sin que nadie los interrumpiera.
Muchos alumnos del Sensei y algunas personas que conocían a todos lo que conformaban el monasterio, se preguntaban como alguien como el estaba tan apegado a ella, lo entendían de ella hacía el, pues la castaña siempre fue una mujer muy amable que podía dar amor a quien quisiera, Morro tenía una personalidad mas distinta, ellos eran polos opuestos.
Pero muy en el fondo, Morro sabía la respuesta de tantas preguntas, y es que _________ siempre confió con el, se aferro tanto a ella que después el ya no pudo soltarla, era una joven también muy misteriosa, había algunas cosas que aun no sabia de ella, ignoraba todo aquello, pues todo lo que le importaba a el ya lo sabía, su pasado y sus sueños, que era lo que mas le interesaba, __________ era su pareja y nada le haría deshacerse de esa idea.
Al poco tiempo se separó de el y busco entre sus ropas un broche, Morro la miraba callado hasta que ella lo encontró, mantenía el puño cerrado, parecía pequeño.
Al abrir su mano había un pequeño nenúfar de plata, un pin que se colocaba en la ropa.
— Escuche en una tierra lejana, hace muchos años, que en las guerras eran los hombre quienes eran enviados al campo de batalla, para todo hombre es un honor morir en batalla, y mi raza no es ajena a esa creencia. — contó mientras le colocaba el broche —. Y quiénes esperaban al final de sus días eran las mujeres, antes que ellos se fueran para no volver jamas, las mujeres les regalaban el segundo botón de sus prendas.
— El segundo botón, ¿y por qué?. — preguntó el pelinegro
— Es el mas cercano al corazón, entonces ellas les acompañaban a la batalla, muchos no volvían y otros si, eso jamas lo sabremos — término casi de decir —. No es como que tu te iras, o yo me valla, pero quiero que lo tengas tu.
Morro miro el broche, el nenúfar era una flor de agua que crecía en los pantanos de color verde. Sonrió al tenerlo con el, jamas le habían regalado algo tan valioso, estaba seguro de que lo cuidaría con su vida.
— ¿Quién te lo dio?. — preguntó el
— Había dos en existencia, uno era mio y el otro le pertenecía a mi madre, antes de morir ella me lo dio, el mio lo perdí en la isla oscura, se me resbalo en un pozo de materia oscura y jama lo encontré. — explicó —. Pero al menos conserve el de ella, ahora yo te lo doy a ti.
— Gracias ....
Ambos se levantaron, debían irse ya para el monasterio, estaba oscurecido y después sería mas difícil regresar. Mientras caminaban, se encontraron con una enorme montaña, tenia unas escaleras en forma de caracol al rededor de toda la montaña, ya muy gastadas y apuntó de caerse.
Morro miro hacia arriba, tenía curiosidad de ver que había ahí, por otro lado _________ sabia bien que era, pero el menor insistió en ir, así que no se negó, llegaron de un solo salto gracias a Morro, estaba muy oscuro y solo había una puerta en el suelo, con jeroglíficos extraños.
— Esta es una tumba Serpentine. — dijo ella —. Hace no muchos años, fueron encerrados aquí, hay algunos puntos mas.
— Con el propósito de que jamas se junten de nuevo. — dedujo el pelinegro —. ¿No es así?.
— Es correcto, ningún Serpentine debe salir, en la última guerra Chen casi nos extermina junto con el general Arcturus. — dijo mientras salían del lugar —. Fueron enviados al reinó de los condenados, la verdad es mejor así, aun hay mucho males que por hay abundan, incluso en los otros reinos.
— ¿Tu sabes algo del reino oscuro? — preguntó un tanto intrigado
— La verdad no, Jian solo me dijo que era un reino mas aya de lo intangible, que era muy parecido al inframundo. — explicó —. Solamente acepta almas condenas, es como el purgatorio y solamente es posible entrar si estas muerto.
— ¿Y es posible viajar entre reinos?.
— Con dragones, solamente. — respondió; aunque también estaba el diamante, pero este último no lo mencionó —. Claro que deben ser dragones del primer reino, debido a que no se manifiestan espiritualmente, sino físicamente.
— Sabes muchas cosas entonces. — admiro mientras subían las escaleras del monasterio —. Es impresionante
— He visto y vivido muchas cosas, se mas cosas incluso que Wu, pero curiosamente su sabiduría sobre pasa la mía.
— El Sensei solo hace lo que le conviene. — dijo con seriedad —. No me importa, pero si quisiera saber que pasara con los hijos de Wu y Garmadon.
— Del más joven no sabemos nada, Misako se lo llevo y no dijo a donde iría, o que le haría. — dijo mirando la tensa neblina cubrir el monasterio —. Tu viste como Gaizka también desapareció, y creo tener teorías de quien lo pueda tener.
— Una venganza del gran tirano. — con duda miro a la castaña asentir —. La verdad no creo que así sea, justo ahora el niño debe a lo mucho tener diez años, dudo que el ....
— No pensemos en eso, Wu se pone mal en cuanto mencionamos su nombré, pero yo los voy a encontrar a los dos, todo estará bien. — aseguró —. Los voy a encontrar.
Al entrar fueron recibidos por todos los alumnos, quien hasta hace un momento estaban entrenando, Morro les miró con una pequeña sonrisa y todos le miraron atentos.
— Quiero que todas estas flores sean acomodadas en los jarrones verdes que hizo __________. — dijo entregándoles todas las flores a los pequeños —. Vallan, yo les haré de cenar.
Todos obedecieron casi de inmediato, la castaña sonrió y ambos entraron para preparar la cena, al parecer Wu no estaba, y tenían tiempo para preparar todo, eran al rededor de las siete de la noche y eran mas de diez alumnos, seguro todo saldría bien.
La menor de estatura cortaba las zanahoria y el pelinegro lavaba los tomates mientras masticaba un dulce de durazno que le había dado una de las niñas que más quería a Morro, estiro su brazo sobre el fregadero y mojo sin querer a _________ que estaba a su lado.
— ¿Lo hiciste a propósito verdad?. Preguntó limpiando el agua de su cara con su delantal azul
— ¿Y qué si así fuera?. — cuestionó divertido secando sus manos con una toalla —. Me quieres tanto, que no me harías nada.
— Te daré un sape para que me respetes. — dijo "molesta" —. El agua esta fría.
— Quiero ver que lo intentes. — amenazo
La castaña trató de empujarlo con ambos brazos colocándolos en las clavículas del mas alto, pero este fue mas rápido y la tomo de ambos brazos para atraerla hacia el, quedando frente a frente, la sostenía casi sin fuerza.
— Vez, te dije que no podías conmigo. — se burlo el pelinegro
— Para mi tranquilidad y tu infortuna te deje ganar. — sonrió divertida —. Es obvio que jamas me ganarías, Morro.
Morro simplemente asintió, pero estaban tan cerca uno del otro que era imposible no escuchar la respiración del uno y del otro, _________ bajo la mirada al suelo y se apenó en el momento que Morro acaricio su mejilla, y sin pensarlo dos veces junto sus labios con la chica. Sabia a el dulce de durazno que hasta un momento masticaba con tanta tranquilidad, estuvieron así por unos segundos mas hasta que ella se aparto, dejando confundido a el pelinegro.
— ¿Qué pasa?. — preguntó
— Podrían vernos, mejor hay que apurarnos. — sugirió dejando un corto beso en los labios del más alto mientras salia de la cocina al comedor
Morro asintió y la dejo seguir, después volvió a lo suyo mientras sonreía como un tonto sin que nadie lo viera.
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