ᴅɪ́ᴀ 17 ↦ ᴀʙʀᴀᴢᴏs ʏ ᴀᴄᴜʀʀᴜᴄᴏs
Ania sufría muchísimo del frío. Los inviernos para ella eran tan crueles, que era normal verla cubierta de capas y capas de ropa, metida debajo de varias mantas y si era posible, con una bolsa de agua caliente, mejor.
Nath por otro lado, pasaba mucho calor y, es que normalmente su temperatura corporal era tan cálida que no sentía el frío. Era por eso que en verano solía dormir en boxers, pero en invierno, solo con una camiseta finita y un short estaba bien.
Pero era consciente de lo mucho que su novia la pasaba mal en las temporadas de frío. Veía como sus manos se ponían tan heladas que le dolían los dedos al moverlos, o como su piel se ponía tan traslúcida que se le notaban las venas, dándole a su piel un aspecto azulado o violáceo.
Volvía de hacer las compras cuando la encontró en el sofá, con su pijama de lana y tapada hasta la barbilla por una gruesa manta. Se sacó la chaqueta, dejándola colgada en el perchero de la entrada; se dirigió a su habitación para cambiarse, se colocó una camiseta y un pantalón de chándal, antes de acercarse al rollito de tela que era su chica en ese momento.
–¿Sigues con frío? –pregunto colocándose en cuclillas a su lado. Ella solo asintió, evitando moverse lo más posible–. ¿Quieres un abrazo?
La joven empujó las mantas de una patada y abrió los brazos hacia él, en una muda súplica. El rubio sintió tanta ternura de solo ver su expresión entre angustiada y emocionada, por lo que no dudó un segundo en meterse bajo las mantas con ella.
Y sí, tal vez dentro de media hora tendría tanto calor que su camiseta se pegaría a su piel por el sudor, pero no importaba, al menos Ania estaría cálida.
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