No había día en que Lia no notase la presencia de cierto niño en el parque.
Siempre se preguntaba qué era lo que le ocurría.
Pues siempre tenía su mirada baja y con una expresión de tristez en su rostro.
—Hermana— jalo de su camisa.
—¿Que pasa nena?
—¿Puedo ir con ese niño?— apuntó al pequeño sentado en la banca.
—Ten cuidado.
—¡Si!
—Lia, Lia— la detuvo. —Se ve algo triste, toma, llévale un globo.
—Gracias hermana— sonrió.
Lia tomó el globo en sus manos y caminó en dirección al pequeño.
Lo miro unos segundos y después tomó asiento a un lado de él.
—Hola, yo soy Lia— le extendió la mano.
El pequeño levantó su vista y con algo de desconfianza aceptó su saludo.
—Yo me llamo Seung Min.
—Seung Min— dijo. —Es un bonito nombre— sonrió. —¿Puedo llamarte Minnie?
El niño se sorprendió, pero asintió levemente.
—Toma Minnie, te traje un globo— se lo extendió.
—G...gracias.
—Te ayudó— Lia se acercó a la muñeca del pequeño y comenzó a amarar el globo en ella. —Listo— rió. —Así no podrá irse volando.
Seung Min sonrió levemente.
—¿Por que estabas triste?, si tú sonrisa en muy bonita.
—Nadie quería juntarse conmigo para jugar— volvió a bajar la mirada.
—Esos niños son unos tontos— se cruzó de brazos. —No les hagas caso, yo jugaré contigo.
—¿De verdad?
—Si, vamos— Lia lo tomó de la mano y ambos fueron a la zona de juegos.
—Vamos, hay que subir a los columpios— dijo alegre y jalando al pequeño.
Ambos comenzaron a columpiarse, divirtiese y riéndose en el proceso.
—Debemos subirnos a ese— Seung Min apuntó al sube y baja.
—¿Crees que podamos alcanzarlo?
—Debemos intentarlo.
Ambos se tomaron de la mano y se dirigieron a ese juego.
—Vamos Lia, si se puede— la pequeña batallo un poco en subir pero cuando por fin lo logro, Seung Min grito emocionado.
Así se pasaron toda la tarde, divirtiéndose y jugando sin tener cansancio alguno.
—Mucha gracias Lia— el pequeño le sonrió. —Nadie había echo algo así por mi— susurró. —Gracias por hacerme sentir especial.
—No me agradezcas— sonrío. —Siempre le observé con esa expresión triste... prométeme que no volverás a estar triste.
—Te lo prometo— ambos se dieron un abrazo y se despidieron.
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Desde ese día Seung Min no volvió a estar triste.
Lia cada día le regalaba un nuevo globo y después de eso pasaba sus tardes con él.
Todos los niños siempre lo hacían sentir mal, pero aquel día Lia lo hizo sentir especial.
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💏
Gracias por leer
Espero le haya gustado ✨💕
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