ᴄᴀᴘÍᴛᴜʟᴏ ᴛʀᴇᴄᴇ: ʟᴀ ʀᴇᴘᴏʀᴛᴇʀᴀ ʏ ᴇʟ ᴄʜᴏᴄᴏʟᴀᴛᴇʀᴏ.
Malorie necesitaba de la ayuda de alguien, en especial la de Wonka. Ella anhelaba que Willy le llamará, que él se notificará con ella y le dijera que todo estaba bien; pero él no lo hacía. El chocolatero aún estaba hablando con sus oompa loompas, su padre y su consciencia para saber él cómo actuar ante esta situación.
Las noticias no paraban de hablar de mala manera de la reportera y el chocolatero, todos daban comentarios ofensivos provocando que Malorie se sintiera peor. De repente, comenzaron a tocar la puerta de la casa de Malorie, y ella corrió hacía ella esperando encontrar a Wonka con una solución ante estás graves noticias. Pero no era él. La persona que había tocado la puerta era Leonardo y eso enfureció a la mujer. Pues, para ella era muy curioso que él había estado enojado con ella, después, pasa un día entero con ella, conversan y le cuenta su vida y al día siguiente, todos hablan de la relación que Malorie y Willy tienen.
Para Malorie era claro que él había dicho algo, pero la realidad era otra. Pese a que los involucrados eran asiáticos, no era el mejor amigo de la mujer él que dio la noticia, sino la familia de él. Pero ella no lo sabía.
—¿Qué haces tú aquí? —cuestionó con molestia la mujer, sin importarle los cientos de ojos curiosos que había ahí.
El coreano estaba decaído; sabía la razón de la tristeza de su amiga y le dolía lo que había pasado.
—¡Oye! Sé que me equivoque, perdón —aclaró sin más, manteniendo un tono neutro. Tratando de que nadie escuchara lo que decía.
—Vete de aquí, chino —dijo empujando al hombre, pero él, ante el coraje, dejó la tristeza y se ofendió.
—¡Oye, no dejaré que me ofendes!
—¡Eres un hijo de puta! —declaró volviéndolo a empujar, pero no logró que se moviera ni un centímetro—. Yo te puedo decir lo que yo quiera.
Malorie siguió empujándolo, sin lograr nada. Sin importarle que estaba en público, que todos la miraban. Pero Leonardo era más precavido y con mucho cuidado tomó de las muñecas de la mujer y la arrastró hacia dentro de la casa. Con apoyo de su pie, cerró la puerta, dispuesto a arreglar los asuntos en la intimidad del hogar de Malorie.
—¡Bien! Hazlo, oféndeme. Sé que me lo merezco, sé que fui un mal amigo y hablé sin pensar, sin imaginar lo que dirían los demás. Soy consciente de eso.
Después de decir eso, cerró su boca haciendo una fina línea con sus labios mientras lentamente soltaba de las manos de su amiga y se apartaba de ella. Era claro que tenía eso desde hace rato, ya quería soltarlo, pero no lo había dejado hacerlo. Y, aunque al parecer, de verdad el hombre se arrepentía de sus actos, eso no solucionaba nada. Todo seguiría igual, por desgracia.
—Eso... no es suficiente, Leonardo —susurró Malorie con simpleza.
—Lo sé, Malette. Sé exactamente que me equivoque y no podré solucionar mi error —aclaró mirándola con tristeza—, pero no fui él único que se equivocó.
Malorie lo miró directamente a los ojos y entendió que también ella tenía parte de culpa. También estuvo mal haber hecho a un lado a un amigo tan fiel como Leonardo. Pese a la crueldad que había hecho la familia de Leonardo, lo habían hecho con justificación al verlo tan mal, y él estaba triste a causa de que Malorie nunca se tomó el tiempo de buscarlo. Y era momento de pedir perdón.
—Lo lamento.
Leonardo levantó la mirada y observó a la mujer sin poder creer sus palabras, hasta que, por fin, él le sonrió.
—Tranquila. Lo importante es que estaremos juntos.
—No. Perdón de verdad por ser así contigo y no pensar en tus sueños —dijo ella con las lágrimas bajando por sus mejillas—. Soy una pésima amiga.
Leonardo volvió a sonreír y se acercó a Malorie para limpiar sus lágrimas, manteniendo su enorme sonrisa.
—Yo también lo soy —aclaró—. Los dos somos malos amigos, pero haremos lo posible para salir adelante.
—¿Cómo fue...?
—Ya te lo había dicho —mencionó con tristeza apartándose de ella y escondiendo sus manos en los bolsillos de sus pantalones.
—Sí, lo recuerdo —susurró ella tratando de calmar el odio que comenzaba a sentir por la familia Rhee, porque, a pesar de que la habían perjudicado, siempre habían sido buenos con ella. Hasta ahora. Ya que era evidente que ya no iba a ser lo mismo entre esa familia y Malorie.
—Lo malo de todo esto, es que te metiste con Willy Wonka. Por cierto, ¿él cómo está? —preguntó Leonardo con curiosidad, yendo hacia la sala de estar y sentándose en el sofá, cosa que imitó Malorie.
—No lo sé.
Malorie y Leonardo se dignaron a mirar la televisión en silencio. Cada quien estaba inundado en su mente, cada uno tenía un lío en ella mientras la televisión no paraba de hablar de la vida de Malorie y la de Willy, creando cientos de historias en dónde el interés de ella era más que el amor.
—Sabes que un día tendrás qué enfrentarte a los reporteros, ¿verdad? —cuestionó el hombre.
Malorie estaba frustrada y cansada. Necesitaba a Willy y le dolía que él no la hubiera contactado aún. Sabía que él tenía muchos problemas con las demandas y ella estaba cansada de estar en el ojo público.
Leonardo notaba la preocupación de ella e intentaba alegrarla de cualquier manera.
—Si de algo sirve, he visto nuestro blog y has recibido muchos mensajes, tanto positivos como negativos, eso quiere decir qué están pendientes de lo que haces. Yo digo qué subas un vídeo aclarando lo que sucedió con Wonka —ofreció Leonardo—. Posiblemente salga en todos lados como tu reportaje escrito del chocolatero.
—Yo no quería ser conocida por esto...
Leonardo estaba un poco triste, creyó que su idea era buena, y lo era. Tiempo después la mujer no paró de pensar y decidió pensar más. Ella entendió entonces que no era mala idea hacer lo que dijo Leonardo, pero lo que ella quería era que fuera natural.
De un brincó, se levantó del sillón y se encaminó a su cuarto para arreglarse. Leonardo la siguió sin entender, pero al ver que ella estaba buscando ropa entre su ropero, salió de la habitación de la mujer mientras ella le indicaba que preparara las cosas. Leonardo entendió todo y se puso a trabajar mientras la mujer se arreglaba.
Cuando fue tiempo, la mujer salió de su habitación con un bonito vestido de flores azul y con un leve maquillaje. Su cabello se lo acomodó y se dirigió a la sala de su casa en dónde todo estaba puesto. La mujer se sentó en el sofá y respiró con lentitud, disfrutando de la acción de inhalar y exhalar.
—Sólo sé natural —susurró Leonardo y Malorie obedeció.
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"En este vídeo daré a conocer un poco de lo que hemos vivido el señor Wonka y yo.
Debo aclarar qué no soy una chica cualquiera que se metería con quien sea para ganar fama, mi deseo es ser famosa por ser reportera y dar lo mejor de mí, pero, por desgracia, ese sueño lentamente se..."
Malorie creyó que era mejor subir el vídeo sin descripción y borró la que tenía. Entonces subió el vídeo sin contexto mientras se limpiaba su maquillaje.
—Malette, ¿qué te parece sí vemos una película en la sala? —ofreció Leonardo—. Creo que lo necesitas, por cierto, ¿es definitivo que ya dejaras tu sueño de ser reportera? —preguntó el asiático con tristeza y ella asintió.
—Es lo mejor, Leonardo, ya no tengo nada qué hacer en esta ciudad —susurró—. Además, he decidido qué lo mejor es regresar a casa. Debo regresar con mi mamá, todavía tengo asuntos que resolver con ella que no se pueden con una simple llamada. Lo que tenía que hacer aquí... es mejor que me alejé por un tiempo —aclaró con tristeza—. Al menos, mientras todo esto se calme, no quiero que Wonka tenga más problemas por mí.
Y ambos comenzaron a derramar pequeñas lágrimas silenciosas.
—No puedes dejarme solo, Malette —susurró el asiático con tristeza, abrazándola con fuerza.
Malorie no paró de pensar, mientras abrazaba a su amigo. Fue entonces, que el pequeño celular de Malorie recibió un mensaje de texto. Fue entonces que la mujer tomó distancia de su amigo y checó el celular, leyendo aquel mensaje que el chocolatero le había mandado.
"Ambos perfectamente sabemos que cada que salgo en las noticias, no es por nada bueno, a pesar de eso, en esta ocasión, después de estar pensando mucho y sin comprender del todo como fuiste involucrada en esto. Entendí que esta es una oportunidad única para que una persona más se una a vivir en mi humilde fábrica.
Sé que esto puede ser demasiado inusual e inesperado, pero creo que es lo adecuado. Yo te metí en todo esto... así que esperó tu respuesta.
Por cierto, las ventanas estarán abiertas por sí quieres entrar como siempre."
Malorie se sentía satisfecha, pero el vídeo ya estaba publicado y varía gente lo había visto. Willy lo había puesto tan tarde su mensaje, además, ella ya no quería perjudicar más al hombre y sería peor sí ella accedía. Ya no quería estar en boca de todos y tenía pendientes con su madre; quizá era lo mejor. Dejar todo atrás y volver a sus orígenes.
En lo dulce de la vida, Mad-ClepGirl (Dianessa)🐧
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