II

ZERO NO TSUKAIMA FOREVER

II

Las noches como aquella siempre le dejaban un sabor agridulce, como si el viento de aquel balcón que se encontraba afuera de su recámara en la escuela, la persiguiera, mientras recordaba el día en que tras el sueño de perder a su amado y habiéndose despertado sola en la cama salió en su búsqueda y al verlo sintió aquel inmenso alivio, luego de haberlo llorado tanto al ver apagarse la flor del amor que lo representaba, mientras ella se encontraba en aquel bote volador.

Esa noche tenía aquella misma sensación, ahora sin balcón y habiendo acostado a su pequeña para el descanso, se encontraba a las afueras de su casa en la tierra de Orniéres de la que eran dueños por mandato de la reina y en la que empezaba a sentirse rechazada. Parecía sentir que era su deber velar porque todas aquellas habladurías de los aldeanos no se cumplieran, esa noche su esposo no se encontraba en casa, por lo que sería ella la única capaz de defender a los suyos.

La varita se sostenía sobre su mano mientras su mirada rosada evidenciaba su vigilancia al cubrir la zona de un lado a otro.

Cuando su mirada se detuvo en lo que parecía un caballo a la distancia, a esas horas de la noche empezaba a dudar de sus sentidos, podría ser que lo que se aproximaba estuviera dentro de su imaginación como muchas veces antes, entraba en escenarios mentales donde compartía con su esposo por el enorme deseo que tenía de verlo y yacer junto a él, quizás... estaba sucediéndole lo mismo y definitivamente no podía sucumbir.

La criatura se aproximaba cada vez más y en el temor de no poder detenerlo dejó escapar el conjuro característico de supervivencia y ataque.

—¡Explotion!

El rayo alcanzó al jinete del caballo y lo derribó, no podía solo desentenderse, por lo que tragó saliva y tomando la lámpara de aceite se acercó sigilosa, pero con la curiosidad a punto de tomarla por completo.

Tal vez un poco más preocupada de lo que esperaba, al ver que la persona que derribó no se movía.

—Se... ¡¿Se encuentra bien?!

Gritó espantada de pensar que por su culpa aquel hombre hubiera acabo inmóvil, pero al no recibir respuesta acercó la lampara al rostro de la persona tumbada sobre la hierba envuelto en aquella capa negra, que le hizo parecer una sombra.

—Sonará... extraño... -Se escuchó risueña la voz del hombre, una voz que enseguida la alertó de saberla conocida.

—¿Sai...to?...

—Lo... necesitaba... -en medio del sonrojo y la sonrisa minina que le apareció en el rostro, volteó en otra dirección.

—Pe...perdóname... ¡Pero es que tú!

—Creo que hasta tiene sabor... el rayo de Louise...

—¿El qué?... -sonrió nerviosa, tal vez... su poder se había incrementado al punto de realizar un efecto ralentizador cerebral con la descarga eléctrica...

Los ojos del Chevalier parecían dos espirales al cabo de algunos segundos, tras haber perdido la conciencia después de su encuentro con su esposa.

—Saito... -susurró al verlo inconsciente por su culpa. —Saitoooo...

¿En qué momento había pasado de la preocupación por cuidar de su hogar a encontrarse en plena planicie cuidando a su amado en la oscuridad?

La luz del candil no iba a soportar demasiado y la helada climática parecía solo disminuir poco a poco la temperatura.

Era difícil de pensar que en más de alguna vez ella sola hubiera salido a esas horas nocturnas y corrido sin rumbo presa de sus emociones, ahora todo parecía tan distante... tan imposible de hacer sin él, que tenerlo, aunque sea en ese estado la tranquilizaba. Habían aprendido a ser un equipo indestructible por lo que de ninguna manera podía darse por vencida.

El símbolo de su amor había nacido de su vientre al igual que ese segundo lo haría, por lo que se acurrucó a su lado y se tumbó a mirar las estrellas, sin notas que él la veía a ella, hasta que pasados unos segundos pareció sentirlo y volteó hacia su amado familiar.

—No hay duda de que mi Louise se ve cada día más hermosa.

—¡Saito! -Intentó levantarse, pero la detuvo tomándola de la mano, por lo que cesó en su intento.

—Te has vuelto muy fuerte... esa explosión casi me incineró... de no ser porque cargo conmigo el amuleto de salamandra, estoy seguro de que ya no estaría aquí tomándote la mano.

—¿Amuleto de Salamandra? ¡No me digas que te lo dio Kirche! -Intentó levantarse nuevamente, pero el Caballero fue más rápido y la retuvo contra el pasto, contemplando la palidez púrpura de su rostro bajo la luna, al situarse sobre su esposa.

—No puede ser que a estas alturas sigas celosa de cualquiera de ellas...

—¡¿Celosa?!

—Sí... celosa. -La profundidad de su mirada se divisaba aún en aquella oscuridad que poco a poco de disipaba con el dilatar de sus pupilas, lo que la hizo enmudecer.

—Gouf...

El ladrido suave que profirió su amado la llevó al nerviosismo extremo, tenía ya tiempo sin hablar de él o referirse a él como un perro, en un principio aceptaba que había sido despectiva y soberbia con él... pero pensar ahora que su fidelidad era comparable a la de la nobleza canina le daba ternura.

—Si... si le haces como perrito no respondo...

Por su comentario empezó a olfatearla mientras su amada se retorcía entre risas.

Hasta que el alumbrar del reflejo de una rama de luz la alertó.

—¡Saito, alguien viene!

—No hagas caso...

—¡Te digo que alguien viene!

Le parecía imposible resistirse a su contacto por lo que solo cerró los ojos con fuerza a sabiendas que estaban por ser encontrados en una posición bochornosa.

—¿Ves?... nadie se acercó... solo fue alguien que salió de la casa por leña... -explicó el Chevalier al ver la llama alejándose en otra dirección.

—Tal vez suene terrible lo que voy a decir, pero...

—Es raro en ti que des ese tipo de advertencias... -se sentó, ayudándole a hacer lo mismo a su esposa.

—Es solo que entiendo que todos somos una familia... las chicas han pasado por mucho con nosotros... pero, Saito...

—Quisieras un lugar solo para nosotros... -la miró dulce. -Es natural, yo también me siento así... a veces pienso en cómo rayos he soportado tanto el tener que asegurar el decoro ante los demás, cuando lo único que deseo es estar contigo... -Tomó la mano de su esposa, quien suspiró al escucharlo.

—Es... justamente eso... te quiero para mí... -bajó la mirada al sentirse tremendamente egoísta, pero a la vez sabedora que el amor de él es únicamente de ella la lleva a tener a convicción de poder reclamarlo como suyo.

—Sabes que soy para ti... únicamente para ti, Louise...

—Sé que me quieres... aquí tengo una prueba de eso... -se llevó una mano al vientre, la cual fue alcanzada por su marido.

—Querer se queda demasiado corto... yo te amo... te amo tanto que no sé qué sería de mí si te perdiera una vez más... solo recordar esos días donde te creía....

No se atrevió a mencionar la palabra alusiva a su partida de este mundo, al ser demasiado terrible de recordar.

—Entonces vámonos de aquí... dejemos Orniéres atrás... inventemos un nuevo rumbo solo para nosotros cuatro...

Lo habían hablado días atrás, el pueblo se estaba levantando poco a poco en contra de la magia y los rumores de que en aquella mansión habitaban seres poderosos, no hacía más que empeorar la situación al ser vistos cual monstruos... si por esas habladurías algo llegara a pasarse a Louise, a Rose... o al bebé...

—Tienes razón...

—¿En verdad lo crees?...

—Solo pienso que si tú... una noble de tu nivel... piensa en abandonar su tierra, es porque hay motivos muy fuertes, Louise y yo... como tu esposo, tu protector... y tu familiar... voy a estar contigo y apoyarte donde sea y cuando sea...

—Saito... yo dejé de ser una noble el día en que necesité de mi gente y no recibí más de rechazo... ¡Nos cazaron como animales!

—Aunque lo digas... estoy seguro de que la nobleza que corre por tu sangre no morirá con eso ni con nada... porque es lo que eres... la mujer que se entrega al peligro solo el mandamiento de su nobleza... y por el que yo estoy dispuesto a morir si fuera necesario... no por el mandamiento en sí, sino por lo importante que es para ti... Porque ser noble no es solo una posición social, Louise... es hacer lo que tú haces... reconocer tu lugar en el mundo y las obligaciones que con él vienen... ser el escudo de tu pueblo.

—Cuando lo dices así... pareciera que huyo de lo que debo hacer...

—No me refería a que debas inmolarte cada vez... hay ocasiones en que tu poder es necesario y hay cosas en que solo tú puedes hacer... como la maga del vacío... o como Emeryderes... y hay otras en que, aunque duela, solo debes dejar que las cosas pasen, porque no puedes controlar el destino del mundo y menos en tu estado... o con una niña de brazos a cuestas, seré yo el egoísta ahora pero no quiero perder a mi esposa o que mis hijos crezcan sin madre...

—Saito...

—Por eso voy a tomarte de aquí y llevarte lejos.

Los ojos azules del Chevalier parecían ligeramente purpurinos por la luz lunar, lo que le hacía ver aún más atractivo a los ojos de su mujer.

—Ya hemos ido hasta el otro mundo... no veo por qué otro pueblo deba ser difícil...

Pronunció suave y entrecerrando los ojos al verlo acercarse, para recibir su abrazo y beso cálido.

El sol del día siguiente se levantó con la noticia que los Hiraga habían desaparecido de la mansión de Orniéres.

A pesar de que el enorme poder del vacío había sido el causante de varias tribulaciones, también había resultado en la salvación de la misma magia y aquella joven de larga cabellera rosa durazno junto a su plebeyo familiar serían recordados por los años y generaciones contarían la historia de como una maga sin poder invocó a Gandarf desde otro mundo donde solo había una luna... convirtiéndolo en su familiar y eterno amor... para siempre.

FIN

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OMG casi lloro escribiendo estas cortas palabras. Tenía muchos años releyendo y releyendo para ver si algún día me animaba a escribir algo, pero la idea de darle un cierre me parece más entera, por lo que pues, hasta aquí.

Gracias a todos los que con los años siempre se pasaron por la historia de After F dándole amor.

¡Lo agradezco mucho!

Hasta siempre.

Sakura.

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