Capítulo 5

- ¿Hay algo que me quieras decir, Aether?

Miré de reojo al rubio de ojos dorados a mi derecha. Su expresión no era la mejor, tenía el ceño fruncido y un rostro serio, desde que regresamos de Levantaviento su mirada era distinta. No tarde mucho en deducir que me quería decir algo, supuse también que sería por mi 'identidad'. Un suspiro salió de su boca y ahora su expresión era más tranquila, como si se hubiera quitado un peso de encima.

- Solo estoy sorprendido de que seas un Adeptus - susurro mirando el hermoso cielo despejado, luego me miro con una sonrisa pequeña. Asentí con compresión a sus palabras, entendía lo que sentía y yo me sentiría de la misma manera en su lugar.

- No estoy segura de eso - el rubio de ojos dorados me miro confuso, con la mirada al frente, mire la espalda del Arconte que iba caminando con total libertad-. En realidad soy la reencarnación de Bonanus, una de los Yaksha que peleó en la Guerra de los Arconte hace 2000 años.

- ¿Eso quiere decir que eres de otro mundo? - de nuevo asentí, sus ojos se abrieron con sorpresa ante la confesión y está vez quien miró el cielo fui yo.

- Vengo de un mundo sin magia o visiones, sólo tecnología avanzada.

- Increíble.

Sonreír con honestidad, es increíble también para mí venir de otro mundo y llegar a un mundo en el que creí que era inexistente. No fue tan difícil asimilarlo, por más sorprendida que estuviera no lo fue, me fue fácil adaptarme a esta realidad.

- ¿Tu máscara representa algo? - nuevamente pregunto el rubio, miraba la máscara aquella máscara de dos rostros y cuernos color zafiro, la cual tenía amarrada en mi cintura.

- Solo que soy una Yaksha, una bestia iluminada - respondí en base a lo que conocía sobre los Yaksha -: aunque en realidad soy una especie de bestia marina.

- Ya veo, con razón tienes una corona de caracolas en la frente - dijo. Abrí los ojos sorprendida y de inmediato baje hacia lago sindra para mirar mi reflejo.

En efecto, las marcas de Bonanus que tenía en su frente y mejillas, ahora las tenía yo, incluyendo aquella pequeña corona de caracolas y perlas. Además de eso y mi cabello que era más largo y más zafiro, no había otro cambios. Suspire con pesadez, está apariencia era un problema.

- ¿Estas bien, Bonanus?

Mi cuerpo se entremecio al escuchar aquel nombre salir del Arconte tomador. Gire sobre mis talones y lo miré, tenía su rostro relajado, no tenía ninguna expresión que mostrará preocupación, sólo había tranquilidad y libertad en esa mirada. Intenté hablar, pero las palabras parecían que no querían salir de mi boca por alguna razón.

- Puedo cantarte una melodía, si así lo quieres - sonrió con emoción. Eso fue suficiente para mi corazón se sintiera más calmado y pudiera corresponder su sonrisa.

- Estoy bien, Venti. Solo que regresar me preocupa, no se cómo se lo tomara Alatus o Morax.

El bardo río suavemente, no se burlaba de mis palabras. Al contrario, su mirada transmitía la comprensión de la situación y como dije, la libertad. Era sorprendente como aquel bardo podía tranquilizante con una sola mirada o una sola sonrisa.

- No tienes que temer, quizás Alatus llore y sería tierno verlo llorar, pero estará feliz - dice con una mano en su barbilla y en una pose pensativa - ... En cuanto a Morax, seguramente ya sabe sobre tu regreso y te estará esperando.

Entrecerré los ojos con sospecha, luego recordé que este Arconte bardo como el Arconte sin dinero, sabían más de lo que incluso yo podría saber de este mundo. Venti tenía razón, no tenía que preocuparme de más, era seguro que muchos ya sabrían de mi, al menos como Agatha y no precisamente como Bonanus. Por última vez mire a Venti y asentí a sus palabras, hasta que la duda llegó a mi corazón y no me detuve en preguntar.

- Barbatos - mi voz se torno sería mientras cruzaba mis brazos - Tu que lo ves y sabes todo, incluyendo cada nombre de tu gente, ¿Sabes la verdadera identidad de la princesa del abismo?

Venti me miro con seriedad, una seriedad que nunca había visto ni en el juego. Por un segundo, mi corazón temió al poder del Arconte, más aquel temor desapareció cuando el bardo suavizó su mirada y asintió a mis palabras, dándome una afirmación a mi pregunta. No me sorprendí, sabía que él ya sabía algo como todos los Arconte que restaban.

- No es una descendida como el viajero - abrí los ojos con asombro. Sabía que Lumine sería sospechosa desde el principio, pero que no fuera una descendida, eso lo hacia más sospechoso.

- ¿Qué más sabes de ella? - pregunte cuando voltee a verlo de nuevo. Venti nego con un movimiento de su cabeza.

- No sé nada más que eso, quizás Morax pueda darte más información - dijo.

- No, él no dirá nada si tiene un contrato - murmuré recordando las últimas palabras que tuvieron Aether y Zhongli en el juego. Ir a Liyue no ayudaría mucho, pero ese es el camino del viajero.

- Tienes razón, sus contratos son demasiado importantes para él.

Suspiré frustrada, no había más opción que ir. De todos modos era necesario si mi rubio favorito quiere ir a la nación de la eternidad, en dónde más problemas más grandes habría. Sentí un par de palmaditas sobre mi hombro, Venti sonreía con ánimo y apoyo.

- Bien, primero salvemos a Dvalin y después veré el camino que tomara Aether.

Eso dije, pero al momento de llegar la hora de salvarlo. No creí que las misiones que cumplí en el juego, fuesen realmente difíciles. Hacer encargos pequeños, correr de aquí para allá se volvía agotador y eso que apenas había comenzado. En este mundo seguía teniendo mi mismas fuerzas casi nulas.

Aether, Paimon y yo nos encontrábamos haciendo un par de encargo mientras llegaba la hora de vernos con Jean. Al menos de entre las misiones que teníamos, no tuvimos que robar la Liara, si no que con el apoyo de Jean la pudimos tener y no habría que pelear con ningún fatui.

- Tienes una gran resistencia, Aether - hablé mientras recogía algunas manzanas caídas. El encargo era de Sara, teníamos que recoger al rededor de 10 manzanas y 10 Solsettias.

- Es por el entrenamiento que tuve desde niño - respondió con una risa suave. Ante tal respuesta, mi curiosidad fue alimentada.

- ¿Eras acaso un aprendiz de un dios o algo?

- En realidad, no recuerdo. Cuando caí en este mundo, viví de pesadillas, lo que me llevo a perder parte de mis recuerdos e incluyendo todo lo que vivi hace años - respondió mirando el cielo con nostalgia. Con un sonido de mi boca, mire el cielo azul sobre nosotros.

Si lo pensaba, Aether cayó en Khaenri'ah, no sé sabe el tiempo exacto. Pero sí me baso en los recuerdos del viajero dentro del juego, puede que haya sido testigo de su caída. Sobre Lumine, tomando como base las conversaciones de Dainsleif, puede que este mundo la haya registrando como parte de Teyvat después de un tiempo viajando. Y quizás durante esos viajes, al igual que su gemelo, ella vió algo de este mundo que la llevo a convertirse en la princesa del abismo.

No estoy totalmente segura. Este mundo está lleno de acertijos, misterios y sobre todo de mentiras. Puede que cuando el viaje de Aether llegué a su final, si llega a ver lo mismo que su hermana vio en este mundo, entonces podría suceder que una fuerzas con su hermana. Además Celestia no me da buena espina, siento que en algún momento tendremos que enfrentarnos a ellos.

Observando cada lado, busque con mis ojos a Paimon solo para asegurarme que no se encontrará cerca. Para mí suerte, estaba jugando con una ardilla.

- Quizás lo que vaya a preguntarte no te vaya a gustar, pero me gustaría que lo tengas en mente para el futuro.

Con la confusión reflejada en sus ojos, me miro paciente, esperando mis preguntas.

- ¿Qué es?

- Si Paimon, no... Si Celestia fuera el enemigo final y Paimon fuese una guía enviada por ellos, ¿Estarías dispuesto a luchar contra ellos?

- ¿Por qué Paimon sería mi enemiga? - pregunto mirándome con más atención.

- Pescaste a Paimon tan solo dos meses, pero durante ese tiempo te demostró que puede volar, ¿No?.

- ¿Como es que...?

- Además, tiene conocimientos que superan a los tuyos y a los míos - el rubio asintió aún confundido, suspiré para tranquilizar mi mente -. A lo que quiero llegar, es que incluso la comida de emergencia, la persona en la que más confías te puede traicionar y tú debes tener cuidado con eso.

- Incluso si Paimon me traiciona, no la abandonaré - musitó con firmeza. Sonreí con honestidad, sabía que esto sucedería.

- Bien, solo tenlo en cuenta, Aether.

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