Capítulo 32

¿Quién podría ser tan tonto como para espiar a los Fatui? Tendría que ser un verdadero idiota o muy valiente si lo hacía. Muchos saben que si te enfrentas a los Fatui, significa que ya has renunciado a tu vida por completo. Te quedas o renuncias, en ti está esa decisión.  Si decides lo primero, entonces tendrás que servir a uno de los Once Heraldos. Pero, si tú deseas lo segundo, despídete de tu vida porque nadie saldrá vivo.

Scaramouche era el claro ejemplo de que si decides irte, antes debes morir. Él no intentó irse, pero sí se hizo cargo de aquellos que si desearon irse. Les dio la libertad que ellos querían sin importarle si saldría o no manchado de las manos.

Por eso, muchos se preguntaban quién era el valiente que renunció a su vida.

— ¿Y bien? ¿Vas a responder o no?

Preguntó el Heraldo con una mirada penetrante, nadie lo miraba, nadie habló, ni se movieron, si no fuera porque necesitaban respirar, hace un buen tiempo que también dejarían de hacerlo. Pero con el ambiente tan tenso, ya sentían que se ahogaban. Todos tenían sus miradas puestas en el espía que se encontraba arrodillado bajo los pies del Sexto, debido a la mala cara que tenía en ese momento, una capa de sudor frío cubría las frentes de cada uno de ellos y el sonido de varios glups se escucharon en la sala cuando todos tragaron saliva.

Vaya que el tipo fue muy valiente al espiar a los Fatui, realmente se merecía un aplauso por su gran valentía. La verdad es que nadie quería estar en el lugar de ese sujeto, porque el hecho de que fuese el Sexto quién se encargará de él, eso ya era tocar las puertas del Abismo. Por supuesto que tenían motivos de temerle al baladista, él era conocido como el tipo de persona que te haría probar todos los castigos que haya en el mundo.

Si deseas tu libertad, te la dará de la peor forma posible.

Scaramouche soltó un chasquido de lengua, señal para todos que significaba su irritación. El traidor no quiso mirar, podía sentir la mirada que le estaba dando y la verdad que prefería morirse, que soportar esa tortura. Aunque en realidad al Sexto no le interesaba mucho la traición de un sirviente, ni siquiera estaba enojado, sólo irritado porque esa basura no hablaba. De hecho admiraba lo valiente que era, no muchos se atreverían a hacer lo que él hizo.

— ¿A quién le estás vendiendo información sobre los Fatui?

Repitió su pregunta inicial. Una línea de sangre fresca bajo por la comisuras de los labios del Fatui traidor, indicios de que se ha estado mordiendo para evitar hablar. Viktor deseaba que esto ya terminará, sentía que no sobreviviría un minuto más estando en aquella sala. Un suspiro profundo fue lo último que se escuchó por parte del baladista, con un gesto de su mano dio la siguiente órden.

— Vayan lo más lejos posible de la ciudad y asegúrense de que no quede rastro de él.

Un grupo de Fatui tomaron al chico para arrastrarlo a las afueras de la ciudad, luciendo lo más normales que fuese posible para que nadie sospechara al respecto. Aunque la mejor opción para desaparecer a alguien, es en Espinadragrón, un lugar que no muchos frecuentaban.

Scaramouche sobó sus sienes tratando de relajarse antes de mirar a su nuevo sirviente, quién de inmediato se inclino junto al resto de los sirvientes Fatui.

— Asegúrate de que cumplan con mi órden — ordenó mirándolo, lanzó una bolsa grande de tela a los pies de Viktor, no fue difícil adivinar que aquella bolsa contenía Moras—: Puedes largarte con tus compañeros a comer después de eso.

Dicho y hecho, el Heraldo abandono el Gran Hotel Goth. Durante un par de segundos, Viktor miró la bolsa de tela que contenía al rededor de 30 mil moras, para un sirviente Fatui que no recibía no menos de 10 mil moras, esa cantidad ya era grandiosa. Pero la cosa no es que Scaramouche trataba de ser generoso, en realidad sólo le dio una cantidad de dinero al azar, no sé preocupo si era mucho. Bueno Viktor no hizo más preguntas así mismo, pero si agradeció la generosidad de su nuevo amo y señor. En cuánto a éste amo y señor, decidió abandonar la ciudad para dar un recorrido por Mondstadt.

El viento sopla con suavidad, las hojas bailan y caen al agua, no se ahogan, el agua las deja flotar sobre el. El sonido de los peces que nadan llaman su atención, peces que él desconoce se acercan como si no sintieran miedo de su presencia. Sin embargo, cuando intenta acercar su dedo, los peces huyen en las profundidades del agua donde nadie los puede ver. Él solo suelta una risa burlesca.

Ve su reflejo en el agua, una expresión fría esconde lo que su corazón siente. Sus ojos sin vida no reflejan felicidad, tristeza o amor, él no tiene corazón con el que pueda sentir algo. Voces lejanas logra escuchar, detrás de unos árboles se esconde para no llamar la atención, frunce el ceño cuando siente dos energías oscuras, sin que ellos lo noten, él se limita a escucharlos.

— Comienzo a pensar que estos encargos son irónicos — escucha una voz femenina.

— ¡Paimon creé lo mismo! — exclama una voz infantil —: Pero pagan muy bien por ellas y necesitamos moras para comer.

Resulta que tras llegar a la ciudad, Katheryne les dio otro trabajo aparte del que Jean les había encargado. Ahora no solo tenían que vigilar a los Fatui, si no también hacer encargos diarios. Agatha sólo quería hacer una cosa y después descansar, igual que la pequeña hada.

— Sólo tú puedes decir eso, Paimon — dice aquella fémina con desinterés —. Pero debemos cuidar las moras, cuando vayamos a Liyue necesitaremos demasiadas.

— ¡Tienes razón, Agatha! Debemos cuidar las moras.

— Sí, por eso debemos dejar de comprar muchos platillos en el restaurante de Sara — sonríe de lado mientras mira de reojo a la pequeña hada.

— Sí, debemos dejar de com... ¡Oye!

El sonido armonioso de una risa risueña sonó a todo volumen en aquella área. Los dos chicos que caminaban más atrás de ellas, miraron en su dirección confusos. Mientras él miro la enorme sonrisa de aquella chica, una sonrisa viva y alegre. Agatha abrazo su estómago sin dejar de reírse, lágrimas provocadas por aquella risa, salieron de sus ojos.

— Por cierto, Agatha — la fémina hizo un sonido con su boca y puso atención a su pequeña compañera —. ¿Qué planes tienes con ese peluche?

Aquel chico de expresión fría, bajó su mirada hacia el dichoso peluche que mencionaba la hada. No sabía porqué la mención de un simple peluche llamaba su atención, pero no pudo evitarlo y miró. Sin embargo, lo que sus ojos encontraron fue algo que no esperaba ver más en sus largos años de vida, un peluche que creyó se había quemado ese día.

Aquellos ojos amatista sin brillo alguno, brillaron con tristeza a causa de aquel recuerdo que él enterró en lo más profundo de su ser. ¿Por qué ese peluche estaba en manos de una humana? No, ni siquiera aquellas dos eran humanas, podía sentir la divinidad en una de ellas.

¿Un dios? No, no lo era.

— Planeó cuidarlo, además me gusta, ¿No es un diseño bonito? — preguntó con una preciosa sonrisa. Paimon llevo sus manos a ambos lados de su cintura y sacudió su pequeña cabecita.

— Deberías lavarlo si planeas cuidarlo.

— Tienes razón, también voy a coserle ropa — murmuró mirando el pequeño peluche con cariño —. ¡Ya se! Cuando vayamos a Liyue pediré que le hagan ropa — exclamó emocionada.

— Agatha ya no eres una niña para jugar con muñecas — dijo Paimon, la fémina golpeo con suavidad la frente de la hada.

— Se le llama valorar, pequeña renacuaja.

— ¡Paimon no es un renacuajo! — grito molesta la hada —Pero, ¿Cuál será su nombre?

Agatha ríe entre dientes.

— ¿La renacuaja quiere saber que nombre tendrá mi bebé? — alzó una de sus cejas, Paimon cerro sus pequeñas manos en puños, la fémina sonrió victoriosa —. En realidad aún no se que nombre darle, mientras tanto lo llamaré 'Mao' será su apodo.

« ¿Mao? ¿Gato? », el chico frunció su ceño con molestia.

— ¿Por qué Mao?

— Su tío se llama Xiao, que significa 'pequeño'. No puedo ponerle el mismo nombre, además Mao es un bonito nombre si lo combinas con Xiao — Agatha comenzó a murmurar — Xiao Mao es como decir 'pequeño gato'

Y el creador de este peluche parece un gato, obviamente no puedo decirle eso. Pensó ella con pequeñas gotas de sudor en su frente.

— ¡Paimon pensará en otro nombre!

El par de ojos añiles dejaron de mirar a las dos féminas. Giro sobre sus talones para retomar su camino hacia su destino, dándole el permiso a su mente para que se llenará de ideas banales.

Agatha miró en aquella dirección que por un rato miro, pero no había nada que no fuera un vacío. Cómo toda curiosa que era, se alejó de sus compañeros y caminó hacia los árboles de abedul. Sin embargo, a solo unos pasos de cruzar los árboles, una voz traviesa y a la vez malvada sonó detrás de ella, provocando un ligero escalofrío en su espalda.

« Dime qué no es lo que creo » pensó sin mover un solo músculo, hasta que aquella misma voz sonó.

— ¡Tre ga ton ton ton, whoo! ¡Brink!

¡Mierda!

Cuando menos se dio cuenta, un ataque de hielo impacto contra ella causándole un herida en el brazo. Sí no fuera por qué se volteó lo suficiente para ver al Mago del Abismo, quizás ese ataque hubiera impactado en su pecho y no en su brazo.

— ¡¿Por qué tengo la mala suerte de encontrarme con ustedes, miserables gusanos?! — grito enojada.

Sin embargo, aquel Mago no parecía tener la mínima intención de dejarla en paz. En cuanto vio que ella se recuperaba, desapareció dispuesto a reaparecer más cerca de ella para atacarla. Por supuesto, Agatha ya lo había notado y no tardó en sacar su lanza para recibirlo, el problema era que el brazo que estaba herido era el diestro con el que ella se manejaba mejor. Observo su sangre caer al piso, suspiró con profundidad para relajarse.

— Muy bien, ya me...

Sus palabras callaron en el momento que un rayo violeta destruyó al mago frente a ella. Parpadeo un par de veces para comprobar que no había mirado mal lo sucedido. Y vaya que no miró mal, realmente había un rastro de violeta, observo a su alrededor con el intento de encontrar a su salvador o salvadora.

— Los humanos se vuelven inútiles incluso con una herida pequeña — exclamaron a su derecha.

Los iris oceanicos se abrieron uno por uno cuando conectaron con un par de ojos añiles, abrió y cerro su boca intentando decir algo, pero nada salía de ella. El chico frente a ella miró su brazo herido y luego al peluche que tenía colgando en su cintura.

Este chico era Scaramouche.

— ¿De dónde sacaste ese muñeco?.

Entonces Agatha reaccionó y gritó el nombre ajeno.

— ¡Scaramouche!




****

La mitad del capítulo se les dio a conocer en el capítulo 18, por si no recordaban. Naturalmente el plan de agregar la aparición de Scara en el último acto ya estaba confirmado, por eso deje ese pequeño pedazo en un anterior capítulo.

¡Finalmente aparece mi bebé! Lloraré. Ahora que me pongo a pensar, creo que realmente la protagonista tiene mala suerte, ¿será?.

Sólo espero no se vuelva inútil y dependa de otros, aunque no creo. Cómo saben, su poder crece poco a poco, además que aún hay algo que debe hacer para volverse una bomba, ya lo sabrán después.

En fin, espero que les haya gustado y lo hayan disfrutado sobre todo.

Muchas gracias a todos por leer.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top