Capítulo 29

¿Cómo se rompió la Lira Sagrada?. Fue lo que pensé en cuanto ví el estado de aquel instrumento.

Cuando Aether la saco de su mochila, esperaba ver la Lira en un estado mucho más sano que el actual. La lira sagrada ahora estaba rota de la misma forma que en la historia del juego. No recordaba haberla visto romperse o escucharla, pero extrañamente el no recordarlo, me inquietaba de alguna forma.

Aether, Paimon o Venti, ninguno parecía desconcertado por ver la lira rota, solo yo parecía estarlo. Me fue imposible no maldecir en todos y cada uno de los idiomas que sabía.

¿Habrán sido las líneas ley? Era una pregunta tonta porque estaba más que claro que los cambios los provocaron las línea ley. Suspiré, por primera vez me sentí derrotada ante las leyes de este mundo.

Bárbara abrió los ojos sorprendida, cayó de rodillas sobre el piso de mármol blanco de la iglesia y como en el juego, comenzó a rezarle al Arconte Anemo.

- Oh señor Barbatos, aunque expiara estos pecados durante toda mi vida ¡No sería suficiente! - Venti suspiró pesadamente al ver a su más devota seguidora lagrimear. Hice todo mi esfuerzo por no reírme de tal escena, pero fue imposible para mí, así que tuve que tapar mi boca para que nadie notará mi risa.

- Dame la Lira Sagrada.

Aether le entrego la Lira Sagrada a Venti, el Arconte en cubierto hizo flotar la lira con un ligera ventisca y con su poder reparo el instrumento. Cuando Bárbara vio la lira reparada, no dudo en abrazarla con fuerza y alejarla de nosotros.

- Aunque hayan podido reparar la Lira Sagrada, está será la última vez que la toquen - exclamó molesta. Los cuatro la vimos entrar en la zona privada de la iglesia, luego nuestras miradas pararon en el bardo.

- Oye bardo de pacotilla, ¿la Lira Sagrada estará bien? - pregunto Paimon mirándolo con sus ojitos entrecerrados.

La mirada que le dió Venti a nuestra amiga hada, sólo confirmo para nosotros que aquel truco de magia no duraría por mucho tiempo. Ninguno supo que decir incluso después de que se riera despreocupado, la verdad es que yo no recordaba si el bardo llegó a usarla en otra ocasión después de esta misión, solo recordaba que usaba la Lira que siempre llevaba consigo.

- ¿Les gustaría ir a tomar algo?

Preguntó mientras caminábamos detrás de él para salir de aquella iglesia. Le eche un vistazo solo por curiosidad, en mi vida humana nunca fui seguidora de un Dios, incluso hasta ahora y a pesar de tener a uno frente a mi ojos no me apetencia ser una. Aparte, no es que mi vida fuera de color rosa todo el tiempo, hubo un tiempo en que fui la persona más feliz del mundo, hasta que el rosa se tiñó de un color oscuro apagando la felicidad de mi vida como humana.

En ese entonces me pregunté: ¿dónde están los dioses cuando más los necesitas? Y hasta ahora no ha habido respuesta para esa pregunta. Debo admitir que la iglesia tiene una arquitectura bonita y elegante, los rayos del sol que entraban por las ventanas de cristales le daban una luz hermosa.

Aún así, no podía evitar mirar con desinterés.

El ambiente pronto se volvió pesado y supe quién había llegado. Los recaudadores Fatui rodearon a Aether y por instinto coloque a Paimon detrás de mi para no dejar que nadie la tocará, ella miraba preocupada la escena. Podía entenderla, en su lugar yo también me sentiría igual, pero no sabía si era por qué ahora soy una Yaksha que no podía sentir miedo alguno.

El sonido de los tacones de La Signora sonaron con elegancia, tras ello, un chasquido de sus dedos lanzó una ventisca de hielo contra Aether y Venti, este último uso su poder Anemo para proteger al viajero.

- Ara, ara, el rey de las ratas de Mondstdat en persona - pronunció la mujer con una voz burlesca. Observé a Venti quién trataba de quitar el hielo de sus piernas contra el poder de la Octava - Merodeando por las calles, buscando restos de comida... Debe ser una vergüenza que el pueblo te llame "Arconte" - Signora lo tomó de ambas mejillas con una de sus manos, alzó su rostro observando de un lado a otro en busca de la Gnosis.

- Más vale una rata, que un parásito invasor.

Siempre he pensado que a Venti le gusta comer peligro sin importar la situación. Signora frunció el ceño y golpeó a Venti en el rostro, Aether intento zafarse del agarre de los recaudadores, me ví con la intención de ir ayudarlo, más me contuve.

- ¿Te atreves a hablarme, bardo insolente? - el nombrado volvió a usar su poder Anemo e invoco un torbellino con la intención de romper aquel hielo que lo tenía capturado - Jaja mírate, el Arconte ausente de Mondstdat, te has vuelto insignificante.

- ¿Te estás burlando de mí? - la miró, luego sonrió con burla-. ¿Tomaste prestados los poderes de tu ama?.

El semblante de La Signora se hizo más pesado, usando su poder Cryo, golpeó al bardo con una ventisca de hielo, provocando que se alejará a causa del golpe. Fue rápida para actuar y no dudo en ir tras él para golpearlo y sacar la Gnosis de su interior, sin embargo, antes de que lo hiciera use un látigo de Hydro para detenerla. Al final Venti termino chocando con Aether y los recaudadores.

- Tu...

A veces cuando planeas algo, te sale otra cosa. Pensé al recordar que no me metería en esta escena.

Sonreí de lado por unos segundos hasta que ella decidió congelar mi látigo el cual tuve que soltar. Su semblante por un instante cambio a uno sorprendido, sorpresa que pronto desapareció y fue reemplazado por un ceño fruncido. La contemplé durante unos segundos, sí era una mujer hermosa, de belleza etérea que combinaba muy bien con sus ojos fríos y cabellos rubios cenizo.

¿Está es la Signora?

- Lamento arruinar tu plan, querida - dije sonriéndole mientras me acercaba a ella, la diferencia de alturas era notable-. Aunque no voy a impedirte que te lleves la Gnosis, no puedo permitir que lastimes al Arconte.

Ella rió burlesca.

- ¿Que hace una Adeptus en este lugar? ¿Acaso Morax ya te desechó y vienes a qué te den un hogar en esta estúpida nación?

No me permití borrar mi sonrisa, en cambio suspiré para calmarme y evitar tener que insultarla. Perder los estribos no era lo mío, y quería evitar el descontrol de la deuda karmica.

- Te equivocas - contesté, Signora alzó una de sus cejas y me miro curiosa casi preguntándome si mentía - No te haré perder tu tiempo, porque sé que no has venido a tomar el té. Si quieres la Gnosis, llévatela, más no toques al bardo ni al viajero.

- Tú no me das órdenes - dijo ella, la vi hacer señales en dirección a las Magas, sonreí aún más.

- No pretendo darte órdenes, Rosalyne - la llame con su nombre real, una mirada llena de odio cubrió sus ojos fríos. Observé a Venti y Aether quienes ya se encontraban más seguros, los recaudadores fueron vencidos con rapidez por ambos chicos.

Cuando Venti llevo su mirada en mi dirección, alcé mi mano en su dirección para pedir su Gnosis, su mirada fue confusa y vi preguntas en sus ojos. Me negué a darle una respuesta en ese momento e insistí en que me entregara la Gnosis.

- ¿Cómo sabes ese nombre?

Venti camino en nuestra dirección, miré como sacaba la Gnosis de su interior, está respaldecia con fuerza, su poder aún estaba intacto. El bardo me la entregó en las manos y una extraña energía recorrió cada hueso de mi cuerpo, fue una sensación extraña. Me esforcé por qué el dolor que sentí después en la cabeza no se notará.

- Conformate con la Gnosis por ahora, Rosalyne - dije al momento que tome una de sus frías manos para entregarle la Gnosis. Signora alejó su mano con rapidez y me miro con frialdad -. Estoy segura que nos volveremos a ver.

Un chasquido de lengua sonó, provenía de ella. Giró sobre sus talones no sin antes mirar al viajero, lo sé, ella sería la primera en contar sobre la llegada de Aether. Con pasos elegantes y moviendo sus caderas, abandono la iglesia de Mondstdat, los recaudadores y las Magas caminaron a sus espaldas. Tras perder a los Fatui de vista, giré para revisar el estado de mis compañeros.

Por suerte ambos estaban bien, por fin pude respirar más tranquilamente.

- ¿Cómo sabías que venía por Gnosis?

El primero y quién no dudo en preguntar fue el Arconte. Lo miré durante unos segundos, Aether y Paimon también esperaban una respuesta, sus ojos brillaban curiosos. Reí un poco, pero el dolor de cabeza que hace minutos atrás había sentido, volvió a hacerse presente, agarre mi cabeza con el intento de calmar el dolor que por suerte no duró mucho.

- Sólo lo noté cuando ella buscaba algo en tí.

Contesté alzando los hombros, Venti no parecía muy convencido. A pesar de eso, no insistió más y prefirió cambiar el tema. Aether miraba preocupado al bardo, lo observaba detalladamente como si buscará alguna herida, sonreí con cariño sin poder evitarlo.

- Está bien, no importa - murmuró rascando su nuca-. Vayamos al Obsequio del Angel para tomar algo

Mi compañero rubio negó con un gesto de cabeza mientras sonreía de lado.

- ¡Paimon quiere ir al restaurante de Sara! - gritó emocionada la más pequeña del grupo.

Negué de la misma manera que Aether, afortunadamente teníamos suficientes moras para pagar por aquel par de niños. Los tres caminamos en dirección al bar, al mismo tiempo en el que Paimon tomaba una bolsa de moras que le entrego el viajero y se fue al restaurante de Sara.

- Tendremos que hacer más encargos.

Susurró el rubio a mi lado. Asentí estando de acuerdo con su plan, también creía que sería necesario aceptar otros cuantos trabajos. Durante dos meses teníamos que hacer ahorros si queríamos estar bien al llegar a Liyue. Suspiré frustrada, ser aventurera tenía sus dificultades.

Capítulo nuevo, ¡listo!

Una vez más, les agradezco su apoyo a esta historia. Nos vemos en el próximo capítulo dentro de unos días.

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