Capítulo 27
- Paimon se pregunta ¿Por qué Agatha está corriendo de un lado a otro?
El hada seguía con la mirada a la Adeptus que corría de un lado a otro ayudando a las personas. Aether de igual manera la miraba y se preguntaba lo mismo, desde que regresaron de Levantaviento, la fémina había dicho que tomaría varios trabajos para juntar Moras suficientes antes de ir a Liyue.
Todo comenzó con una idea de la fémina: comprar ropa de cada nación. Según ella, quería disfrutar más de Teyvat desde otros ángulos y no solo en aventuras, quería probar todos los placeres gastronómicos de cada nación, sus tradiciones, cultura y más. No iba a desperdiciar las oportunidades que el mundo le había dado para después arrepentirse. Y bueno, el hecho de que la chica tomara tal decisión sobre los trabajos, fue por qué el sistema dijo que las Moras que se le han sido otorgadas en las recompensas, sólo serviría para que comprará en el sistema y no en Teyvat.
Dando como resultado la actual situación.
- ¿Deberíamos ayudarla? - preguntó Paimon casi babeando y sin quitar la mirada de su compañera que ahora ayudaba a Sara a preparar comida.
- Ella dijo que no necesitaba ayuda, por ahora - Aether sacudió su cabeza sin quitar la mirada de la fémina.
Agatha atendía a los pocos clientes que iban a comer, otras veces llevaba comida a domicilio. Se le notaba el cansancio ya acumulado, y es que desde su regreso, el trío no había descansado. El rubio y el hada se fueron a cumplir con encargos en el exterior mientras Agatha se ocupaba de los encargos en la ciudad, el viajero jamás pensó que los encargos en la ciudad se acumularán tras lo sucedido con Dvalin.
- Paimon quiere saber si ¿Dormiremos en la mansión del Maestro Diluc?
- Creo que mejor debemos acampar afuera, hemos molestado mucho al Sr. Diluc - exclamó el viajero con una mano sobre su barbilla. Lo cierto es que aún no había platicado con Agatha sobre ese asunto, desde que inicio su pequeño problema, no sabía si debían dormir en un hospedaje o a las afueras de la ciudad.
Sí solo estuvieran Paimon y él dormirían en un campamento.
- No han molestado a nadie, pueden quedarse en el Viñedo del Amanecer el tiempo que quieran - exclamó una voz a sus espaldas. Tanto el hada como el viajero saltaron sobre su lugar debido al susto, ambos giraron para encontrarse con el dueño de aquella fría voz.
- ¡Maestro Diluc!
- Buenas tardes.
El usuario de Pyro saludo con educación. Mantenía una postura elegante, como toda persona millonaria que Aether había visto en aquella nación. Agatha los miró a los lejos, ladeó su cabeza con curiosidad, se preguntaba de que hablaban ese trío.
- Sr. Diluc, agradecemos su hospitalidad - agradeció Aether con sinceridad. Una notable sonrisa pequeña se asomo por los labios del más alto y llevo su mirada a la fémina que trabajaba junto a Sara, luego miro de nuevo al rubio frente a él. Paimon que notó aquella mirada, sonrió a lo grande.
- ¡Paimon entiende! ¡Al señor Diluc le gusta Agatha! - exclamó la niña dando patadas en el aire con felicidad. Diluc abrió sus ojos con sorpresa y negó mientras cruzaba sus brazos con una tranquilidad que asusto al rubio.
¿No le gusta?. Pensó el rubio sin quitar su mirada del pelirrojo.
- Agatha es una dama hermosa, pero....- Pauso durante unos segundos provocando que el rubio frunciera el ceño con desconfianza - No la veo con otros ojos que no sean los de un hermano - confesó mirando los iris dorados. Aether tardo un rato para analizar sus palabras y asentir en comprensión, aunque no creyó que Diluc fuera a sentir tales sentimientos por su compañera a tan solo unos días de conocerse.
- ¿Are? - Paimon ladeó su cabecita con curiosidad - Paimon tiene la sensación de que Agatha es nuestro amuleto de la suerte.
Aether miro de reojo a su pequeña amiga con una gota de sudor cayendo de su frente, una risa nerviosa salió de su boca. Diluc por supuesto no dijo nada, sabía a qué se refería, pero en realidad no le importaba. La fémina que ahora salía de su trabajo, camino en dirección de sus compañeros y el pelirrojo que los acompañaba, alzó su mano cuando Paimon giro a verla, sus ojitos brillaron al verla con un plato en sus manos.
- ¡Paimon quiere!
Agatha ríe entre dientes y le entrega el plato a la pequeña hada, después de todo se lo dieron para ella.
- ¡Aether, Diluc!
Ambos chicos sonrieron, uno más que el otro.
- ¿Has terminado tu trabajo, Agatha? - Diluc fue el primero en robarse la atención de la fémina, está asintió energéticamente y mostró una bolsa marrón, dentro de ella había Moras.
- Sí, ahora podré darme el lujo de poder comprarle maravillas a Aether y Paimon en las naciones que visitemos - con alegría anuncio, contagiando a ambos chicos con su bonita sonrisa.
- Te veo muy feliz, Agatha.
La nombrada miro a su compañero de viajes, Diluc alzó una de sus cejas con curiosidad.
- ¿Cómo no estarlo? Logramos ayudar a Dvalin ¡Y he podido subirme en él!
El rubio negó riéndose, parecía una niña pequeña. No la culpaba, él de lo poco que recuerda, es que cuando inicio sus viajes junto a su hermana gemela, ambos compartieron la misma felicidad de ver nuevas maravillas de los mundos.
Agatha era claro que estaría feliz, aunque en su primera vida (Yaksha) conoció grandes cosas, no pudo disfrutar de ello en su tiempo. En su segunda vida (humana), en esa vida oscura, no tuvo la oportunidad de disfrutar las mayores grandezas del mundo. Y ahora en esta tercera vida donde tiene la oportunidad de emocionarse con pequeñas cosas, tenía que disfrutarlas.
Sabe que es egoísta querer disfrutar de Teyvat sabiendo que debe ayudar a Aether. Bueno eso es lo que muchas personas pensarían si estuvieran en su lugar. Pero ella sabe que la mejor forma para ayudar al viajero, es siendo una amiga sincera que le de consejos en base a su experiencia y no cambiar el punto de vista que Aether tiene sobre este mundo. Lo que significaba que apoyaría cada decisión que él tomara, incluso sí son malas decisiones.
¿Lo abandonaría? Claro que no, ella lo protegería con su vida.
- Por cierto, ¿de que hablaban? - preguntó mirándolos con curiosidad.
- ¡Que el maestro Diluc nos dejará quedarnos en su mansión! - gritó el hada, los iris rojizos miraron con una pizca de burla a Paimon. Aether sintió sus mejillas ruborizarse con vergüenza al ver el estado de su pequeña compañera quién estaba manchada de comida.
- Oye, Paimon - la nombrada se tenso al escuchar su nombre salir de los labios de la fémina:- Deberías limpiarte, porqué pareces un pequeño jabalí todo sucio.
- ¡Paimon no es un jabalí, Paimon es Paimon! - refunfuño el hada dando pataditas en el aire.
- Vayamos al Obsequio del Angel, hay habitaciones en el segundo piso - ordenó Diluc, que sin esperar alguna respuesta por parte del trío, camino en dirección al bar.
Los viajeros y el hada se miraron entre ellos, luego caminaron detrás del pelirrojo. Internamente agradecían al chico que los invitará -a su manera - al Obsequio del Angel. Durante su corto recorrido, algunas miradas fueron en su dirección, más ninguno presto atención, pues cada uno estaba en su mundo mientras seguían al Ragnvindr.
Diluc abrió la puerta para sus invitados.
- Adelante.
El trío entro en el lugar, sus miradas recorrieron el bar con atención. Hace algunos días que habían venido para una reunión, pero jamás prestaron tanta atención como lo hacían ahora. El lugar era grande, con una gran iluminación y el aroma del vino estaba impregnado en todo el lugar dándole su toque único. Al entrar se podía observar la barra de bebidas junto a unos taburetes altos, al lado izquierdo estaban algunas mesas con sillas y algunos ingredientes o utensilios para usar. Después estaban las escaleras que daban paso al segundo piso y el tercer piso, este último era bloqueado por una puerta de madera, la cual estaba cerrada con llave.
- Señor Diluc, viajeros, bienvenidos - Charles los recibió con amabilidad.
- Los llevaré arriba, no menciones que me encuentro aquí.
El hombre en la barra asintió y continuo haciendo su trabajo. El trío de viajeros siguió al dueño del bar al segundo piso, al llegar a este, el pelirrojo saco unas llaves de su saco, luego la introdujo en la cerradura. Tomo la manilla para abrir la puerta de madera que bloqueaba el camino hacia el tercer piso, cuando está se abrió, se apartó y con una señal les indicó que subieran. Tres pares de ojos enfocaron su vista en el lugar, en el tercer piso había dos puertas; una a la izquierda y otra a la derecha.
- Pueden usar esta habitación - dijo Diluc al abrir la puerta de la derecha, miró a las dos féminas quienes asintieron, no sin antes mirar a su compañero, luego entraron en la habitación. El pelirrojo cerró la puerta y pronto llevo su mirada al rubio:- Me gustaría hablar contigo, viajero.
- De acuerdo.
Ambos chicos entraron en la habitación restante que era usada como oficina de trabajo. Aether se quedó parado por unos segundos viendo como el pelirrojo tomaba asiento en el lugar del anfitrión, hasta que Diluc con un gesto le señalo una de las sillas frente al escritorio él también se sentó.
- ¿De que quieres hablar, Diluc? - preguntó el rubio con un semblante serio.
- El Mago del Abismo mencionó a una "princesa" rubia, de ojos dorados y que comparte un parecido contigo, también dijo que ambos son hermanos gemelos - los iris dorados miraron al pelirrojo pasmados, Ragnvindr quién notó su asombro termino suspirando:- Ya veo, tú no sabías nada. Pero puedo confirmar que esa "princesa" que menciono es tu hermana, ¿verdad?.
Aether miro sus manos sudorosas, su labio inferior tembló y por instinto para calmar aquello, mordió su labio.
- Yo, no puedo afirmarlo o negarlo, no sin antes verla con mis propios ojos - confesó. El pelirrojo recargo sus codos sobre su escritorio con ambas manos entrelazadas entre sí, lo observó por unos segundos hasta que estuvo convencido de que el chico no mentía.
- Bien, me basta con saber que no eres un enemigo - dijo con frialdad.
Ambos se miraron a los ojos como su buscarán leerse y saber más del otro. Agatha quién escuchaba a unos pasos de la habitación donde se encontraban, soltó un suspiro. Diluc sabía más de lo le hubiera gustado que supiera, no podía hacer nada contra eso, además los cambios cada día eran más notables, las línea de ley no tardarían en hacer de las suyas para que la historia vaya a su curso original.
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