Capítulo 12


- ¿Encontraron algo? -. Jean se acercó a nosotros en cuanto nos vio salir de aquellas ruinas. Diluc se cruzó de brazos con una mirada seria. Venti se nos acercó o más específico, se apego a mi persona y hablo en susurro en mi oído.

- ¿Paso algo?

Asentí, dándole la afirmación de su duda. Pero luego lo miré de reojo, notando que no había ninguna mirada de preocupación o sorpresa, confirmando que él ya sabía sobre lo que nos encontraríamos en esas ruinas.

- Encontramos una lágrima de Stormterror.

- ¿Una lágrima?

Jean cambió su postura a una pensativa. Diluc continuo hablando, ahora mirando al bardo con una mirada penetrante, cómo si de alguna forma supiera que sacaría información de él. Pero Venti miraba a otro punto tratando de esquivar aquella mirada depredadora.

- También nos encontramos con una ilusión de los once heraldos - dijo Diluc -
Trataba de una mesa con doce asientos, siendo uno de ellos más grande que el resto.

Pude sentir a Venti tensarse a mi lado y su atención fue dirigida al pelirrojo quién no dejo de mirarlo. Escuché un glup a mi lado, era Venti quién trago saliva. Suspiré y caminé hacia las casas de Aguaclara.

- Lo importante ahora es salvar a Dvalin, ya investigaremos sobre eso después - hable mirando sobre mi hombro al resto. Venti tomo aquella iniciativa para escapar de la mirada depredadora, Jean asintió sin pensarlo mucho y Diluc no dijo nada, sabía que teníamos una misión más importante. Aether por otra parte, no dijo nada al igual que Diluc, pero en sus ojos había curiosidad.

- Tenemos que encontrar otra de las lágrimas para poder reparar la Lira.

Esta vez, fuimos Aether y yo quienes miramos a Venti con ganas de quererle pegar. Más, me contuve al recordar el favor reciente que le hice al salvarlo de Diluc. Con una sonrisa socarrona, asentí. Tomaría está oportunidad para sacar más información de Venti acerca del futuro que vendría a nosotros y en caso de que no funcionará mi plan, le comparia vino.

- Muy bien, está vez nos encargaremos los tres - dije guiñandole un ojo a Paimon para que siguiera mi plan. Quién solo movió su cabecita.

- ¡Así es! ¡Nosotros nos encargaremos! - La pequeña hada sonrió y aplaudió con alegría, nuestro rubio solo suspiró.

- Podrán encontrar la última lágrima en la guarida del señor de los lobos.

Mi festejo paró al escuchar la información. Mi expresión fue incrédula, no más bien como el de una tonta a la que le habían visto la cara. El señor de los lobos, mi más grande rival dentro del juego, era el enemigo que más me costaba y al que solo una vez lo pude derrotar. Saber que tendría que ir por una lágrima en aquella guarida, me ponía los pelos de punta. Aquel lobo era demasiado fuerte, aún si es un espíritu, no deja de ser fuerte.

Cómo un flashback, mi mente recordó los tantos intentos que llegué hacer para vencer al señor de los lobos. Cada frustración, cada enojo, cada grosería, y cada lágrima, lo recordaba como si fuese ayer. De nuevo miré a Venti y el me miró a mí, una sonrisa divertida se formó en sus labios, ese bardo de pacotilla parecía divertirse conmigo. Chasque mi lengua en desaprobación.

- ¿Una lágrima con el señor de los lobos? - Diluc miró con recelo al Arconte. El bardo asintió y río con su típica risa despreocupada -. ¿Cómo es que sabes que está ahí y no en otro lugar?

Esta vez Venti se quedó callado ante la pregunta que hizo Diluc. Luego el pelirrojo nos miro a Aether y a mí, pero su total atención se la dio al rubio. De alguna forma parecía que no quería hablar conmigo.

¿Será...?

Negué moviendo mi cabeza de un lado a otro. El señor de la noche había descubierto mi identidad y sabía que tenía muchas preguntas acerca de eso. Supongo, es normal que no me hable y me haga la ley del hielo.

- Nos veremos en el Viñedo del Amanecer. Esta por anochecer y escuché que no tienen donde quedarse a pasar la noche aún, pueden quedarse ahí, si quieren -. Ofreció con amabilidad. Paimon aplaudió alegremente y acepto la oferta, aunque Aether termino suspirando por la decisión de la pequeña hada y yo, no podía decir mucho.

- Agradecemos su invitación, Sr. Diluc.

- No es nada.

Al poco tiempo, los tres agitamos nuestras manos de un lado a otro para despedirnos del trio que dejaríamos atrás. Al salir de Aguaclara, retomamos nuestro camino para ir al reino de los lobos, el camino que decidimos tomar fue el mismo que elegimos para ir al viñedo del amanecer. Caminábamos en silencio, siendo nuestros pasos el único sonido.

- Agatha.

- ¿Qué sucede?

- Quería disculparme contigo por mi actuar en la mañana -Aether me miró con arrepentimiento, llevo una de sus manos a su pecho y sonrió con cariño -. Ha decir verdad, eres la única que se ha ofrecido en ayudarme a encontrar a mi hermana además de Paimon - giro su rostro en dirección al cielo y continúo hablando -. Nos fácil para mí vivir en este mundo sin mi hermana, porqué desde que ella se fue, también perdí mi hogar - me miro de nuevo está vez, con tristeza -. El saber que tú venías de otro mundo, me alegro bastante. Esto puede sonar egoísta o cruel, pero verte sola y perdida, hizo que un sentimiento muy grande creciera en mi de forma que quería convertirme en tu único apoyo...

Reí con tristeza. Escuchar a mi rubio favorito me hizo volver a probar aquel dolor que no quería sentir. Su sufrimiento era algo que no quería volver a sentir, lo dije, ya no me gustaba pertenecer aquí. En un lugar donde vería miles de historias tristes y grandes muertes que quizás, marcarían mi vida. Sueno cobarde, pero es la verdad, el sistema ha sido cruel conmigo desde un inicio, comenzado por traerme aquí.

- Por eso te pedí que fueras mi hermana, para recuperar mi hogar y volverme tu único apoyo.

Sus palabras terminaron al llegar al final del camino. El viento sopló contra nosotros y movió nuestros cabellos con un silencio nostálgico. Ni los pájaros, ni las ranas o el resto de animales se escuchaban, solo el viento. Aether me miró en la espera de alguna respuesta hacia sus palabras, pero en realidad yo no sabía que decirle, una vez más me sentía bloqueada por la cobardía.

Sé que ahora soy Bonanus.

Lo sé, me quedo claro cuando ella me mostró el pasado.

Aún así, para mí, seguía siendo Agatha la chica que venía de otro mundo.

Esta realidad para mí continuaba siendo una fantasía que desaparecería en un abrir y cerrar de ojos. Nada, absolutamente nada, era real para mí. Suspiré, miré el cielo y levanté una de mis manos, dejando que un pequeño gorrión azul se colocó sobre mi muñeca.

- Tu hogar eres tú mismo, Aether - mencioné mientras acariciaba a la pequeña ave -. Sin importar a dónde vayas, siempre dejaras un pequeño nido donde puedas llamar hogar. En ese nido tu decidirás quién queda o quién se va - miré al gorrión ascender, luego miré al rubio con una sonrisa calida-. Tu hermana se ha ido dejando su nido atrás, pero ella regresará cuando ambos sean capaces de separar la verdad de las mentiras.

- ¿Qué quieres decir, Agatha? - frunció su ceño.

- No puedo decírtelo, por qué la respuesta la tienes tú - dije, luego sonreí de oreja a oreja -. En todo caso, acepto tus disculpas y acepto formar parte de tu hogar. Así que si algún día decides irte de este mundo cuando encuentres a tu hermana, no olvides llevarme también.

- Agatha... Prometo jamás dejarte atrás.

- ¿Lo prometes con el meñique? - pregunté riéndome.

- Está bien, por el meñique.

Si con el meñique prometes, lo mantienes toda la vida. Si la promesa rompieres, al hielo te arrojaría. Tu lengua se congelaría, ¡y nunca más mentirías!

Ambos juntamos a nuestros meñiques para darle el cierre nuestra promesa.

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