Capítulo 6
Cuando me disponía a subir al bote, el señor Lombard me ofreció la mano para que la sostuviera y así evitar tropezarme, pero nada más tocarla noté cómo una corriente eléctrica me recorría el cuerpo.
-¡Esperen, falto yo!- gritó una voz masculina que se iba acercando.
Nada más sentarme en el bote justo en frente del señor Lombard, apareció un hombre que llevaba bigote como el señor Davies, pero en su lugar era más grueso y pelirrojo.
-¿Es usted el doctor Armstrong?- cuestionó el señor Narracot.
-Si, así es- afirmó antes de subir al bote sin saludar.
"Un grupo muy variopinto"
En cuanto el señor Narracot encendió el motor, no pude evitar sujetarme al borde, y es que el agua aún me ponía muy nerviosa.
A medida que nos íbamos alejando de la costa, mi mente empezó a recordar aquel suceso que llevaba años atormentándome. Sentía que perdía el aliento.
-¿Se encuentra bien, señorita Maywood?- preguntó el juez sentado a mi derecha.
-Tiendo a marearme cuando voy en barco- mentí.
-No se preocupe señorita- dijo esta vez el general intentando tranquilizarme-. Ya estamos llegando.
Tenía razón, delante nuestro había una isla y en el punto más alto había una casa enorme.
Nada más pisar tierra firme, el señor Narracot nos indicó que debíamos escalar un poco, pero antes de dar el primer paso, una voz nos saludó desde lo alto de uno de los acantilados.
-Bienvenidos a Soldier Island- llamó un hombre con una mujer justo a su lado. Vestían con un uniforme típico del servicio doméstico.
"Deben de ser el mayordomo y la cocinera"
Al llegar hasta ellos, el mayordomo nos sonrió mientras la mujer no levantaba la mirada del suelo.
-Soy el señor Rogers- se presentó antes de dirigir su mirada hacia la mujer-. Y esta es mi esposa.
-Es un placer- saludé con educación.
Después de que el resto de los invitados se presentaran, el señor y la señora Rogers cogieron algunas de las maletas que portábamos salvo las del doctor Armstrong y el juez Wargrave, ya que estas las llevaba el señor Narracot.
Ahora que veía la casa de cerca me fijé que era de estilo moderno con elementos de arte griego, con la fachada blanca y estaba formada por dos plantas.
-¿Hay algún problema?- escuché la voz del doctor.
Al girarme, me fijé en que el señor Narracot había dejado en el suelo las maletas y se daba la vuelta hacia la playa.
-Esto es lo más lejos que me pueden llevar mis pies- explicó sin dar más explicaciones.
Entonces, el doctor recogió su equipaje muy malhumorado mientras el juez le pedía al señor Davies que recogiera el suyo antes de que este pudiera escaquearse.
Estaba a punto de seguir la comitiva cuando me percaté de que el señor Narracot miraba cómo avanzábamos hacia la casa.
"Nos mira como si nunca más volviéramos a verle"
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