Capítulo 2
El viaje a Londres fue bastante tranquilo pues al ser verano, la gente prefería abandonar las ciudades para así viajar a la costa.
Nada más llegar a la estación de King's Cross, corrí para pedir un taxi que me llevara al Soho y por suerte pude encontrar rápidamente el despacho del señor Norris antes de que comenzara a llover.
-El señor Morris le atenderá enseguida- informó su secretaria mientras me invitaba a entrar en la oficina.
Al entrar en el despacho estuve a punto de acercarme para abrir la ventana ya que el ambiente estaba muy cargado y hacía mucho calor, pero decidí que lo mejor sería sentarme detrás de la mesa.
-¿Desea que le prepare un té, señorita Maywood?- preguntó la secretaria.
Aunque tenía un poco de sed mi estómago no iba a ser capaz de retener nada hasta saber quién era esa tal señora Owen.
-No. gracias- respondí amablemente a lo que la chica se colocó en su mesa para empezar a rellenar documentos con su máquina de escribir.
No tuve que esperar mucho para conocer al señor Morris, pues en cuanto se abrió la puerta de la oficina sin antes llamar, apareció un hombre sudoroso y con ligero sobrepeso.
-Ah, usted debe de ser la señorita Maywood, ¿no?- cuestionó ofreciéndome la mano, la cual a pesar de estar sudorosa la acepté para no parecer maleducada- Encantado, soy el señor Isaac Morris.
-Igualmente- respondí con ligero nerviosismo.
-Siéntese, por favor- pidió el hombre antes de dar la vuelta al escritorio y sentarse en su sillón de cuero-. Como ya le escribí en la carta, la señora Owen ha pedido sus servicios como secretaria.
-Pero no entiendo como es que esa mujer me conoce- respondí intentando esclarecer el asunto-. Yo no conozco a ninguna señora Owen.
Desde siempre, cuando había un asunto, por minúsculo que fuera, que no entendiera tendía a ponerme nerviosa hasta tal punto, que sentía que me faltaba el aire.
-Lo importante, señorita Maywood, es que la señora Owen sí que la conoce a usted- señaló el hombre intentando tranquilizarme-. Por lo que veo en su currículum, es usted profesora, ¿verdad?
-Sí- confirmé-. Profesora de literatura.
-Por lo que tengo entendido, a las profesoras se les da muy bien la organización y al enseñar literatura no creo que tenga problemas con la taquigrafía y es que la señora Owen espera muchos invitados- explicó.
-Si aceptara el trabajo, ¿en qué lugar sería?
-En la costa de Devon, Soldier Island- respondió.
Al oír aquello, sentí que estaba empezando a marearme, por lo que en cuanto el señor Morris se percató de mi estado le pidió a su secretaria que me consiguiera un vaso de agua, a lo que obedeció inmediatamente.
-¿Se encuentra bien?- preguntó preocupado.
-Si...me he mareado un poco- dije abanicándome con la mano.
De repente, la secretaria apareció con un vaso de agua y en cuanto me lo ofreció me bebí todo el contenido de un trago y se lo devolví.
-¿Soldier Island es una isla?- pregunté intentando recuperar el hilo de la conversación.
-Señorita, el término Island corresponde a isla- contestó intentando parecer gracioso-. Sería un trabajo muy bien pagado y si a la señora Owen queda satisfecha con el resulta, quizá pueda convertirse en un puesto permanente.
No cabía duda de que aquel hombre era muy insistente. Sí que es verdad que me vendría bien un poco de dinero extra, pero temía que mis pesadillas volvieran a aparecer una vez estuviera cerca de la costa y es que el mar no me había traído más que dolor y muerte.
Miré al señor Morris, quien sin darme cuenta, había abierto una pequeña caja y en su interior había varios billetes esperando a que los cogiera.
"Tampoco puedo vivir con miedo toda la vida"
-Acepto el trabajo- contesté a la vez que cogía el dinero.
-Ya verá señorita, no se arrepentirá de su elección- dijo el hombre con una sonrisa.
"Eso espero"
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