Capítulo 18
Cuando bajamos a cenar, Rogers nos sirvió una porción de carne que para mí me pareció muy poca.
"Anoche no comimos carne. Qué extraño"
Nadie habló, pues todos sospechaban de todos y ninguno quería hacer algo que le incriminase.
Tras la cena, nos dirigimos hacia nuestras respectivas habitaciones y yo no sólo cerré con llave sino que también decidí atrancar la puerta con una silla.
-Vamos, Kate, cariño despierta.
-No responde, querida. Hay que llevarla hasta el bote.
-¡Despierten!
-Hay que salvarla.
-Te queremos, hija.
-¡Despierten!
-¡Aaaaaaaaaaaah!
Me desperté del susto tanto por culpa de la pesadilla como de los gritos del doctor Amstrong y los golpes que le daba al gong.
Corrí a ponerme la bata y salir para ver qué ocurría y nada más abrir la puerta me encontré con Philip dirigiéndose hacia la cocina.
-¿Qué es los que ocurre?
-Ha pasado algo- dijo nervioso-. Voy a ver qué pasa.
-Voy contigo, espera.
Estuvo a punto de reprenderme hasta que con una mirada mía se percató de que no era buena idea decirme lo contrario.
-Vamos- ordenó.
Buscamos al doctor por la cocina pero no estaba hasta que vimos que una puerta estaba abierta.
"La leñera"
Entramos en el lugar hasta que divisamos a Amstrong.
-No he sido yo, lo juro- susurraba.
No entendíamos a qué se refería hasta que nos acercamos a él y miramos al suelo.
"Dios mío"
Era Rogers. Tenía un tajo en el estómago que se lo debían haber hecho con un hacha porque sus vísceras estaban por todas partes.
Olía a putrefacción y por culpa del olor no pude evitar darme la vuelta para vomitar a la vez que entraban el juez y la señora Brent, quienes al ver el cadáver intentaron contener el grito.
-Solo he bajado para pedirle un café y lo encontré así- explicó el doctor aún en shock.
-Lleva aquí toda la noche- señaló Philip examinando el cuerpo.
-Siete soldaditos cortaron leña- recitó el doctor-. Uno se cortó en dos y quedaron seis.
"Está matando como en el poema"
-Tiene usted razón, señorita Maywood- reconoció el hombre mirándome asustado-. Es el poema.
"¿Y ahora cuál es su explicación racional, doctor?"
-Pero está jodido- habló histérico-. Está realmente jodido porque seis soldaditos jugaron con una colmena, una abeja picó a uno y quedaron cinco, pero aquí no hay ninguna colmena y no hay abejas- dijo gritando.
BAM
Todo el mundo se quedó sin habla cuando vieron cómo le acababa de dar una bofetada al doctor para que se tranquilizara.
"¿Quién es el que está teniendo un comportamiento histérico ahora?"
-Vaya a vestirse- ordené con calma-. Todos subiremos a vestirnos y luego prepararé el café. ¿Me ayudará, señora Brent?
-Sí- dijo aún conmocionada por lo ocurrido.
Salí del lugar junto la señora Brent y el juez, pero justo al salir vimos cómo Blore se dirigía hacia donde estaban Philip y el doctor.
-Hay que envolverle para que no queden desparramadas sus tripas- oí a Philip.
No tardé en preparar el café y es que al ver que la señora Brent todavía seguía un poco afectada decidí prepararlo sola y llevarle una taza al salón.
-Aquí le traigo el café, señora Brent- le comuniqué en cuanto entré en sala, ya que estaba sentada a espaladas a la puerta con su bolso de tejer-. Se ha terminado la leche.
-Gracias, querida- me agradeció.
"Está realmente asustada"
-¿Usted cree que esa persona desconocida pretende matarnos a todos?
-Sí, señora Brent- no tenía sentido mentirle.
-Sabe, señorita Maywood. Si le soy sincera, pude haber evitado lo que le ocurrió a Beatrice Taylor y no me he dado cuenta hasta ahora de que mi comportamiento fue realmente cruel con ella.
-Aún puede remediarlo.
-Ya lo he hecho.
"¿Qué querrá decir con eso?"
-Oh, me he dejado el ovillo de lana en mi cuarto, ¿podría traérmelo, por favor?
-Si, claro.
Subí hasta la habitación de la señora Brent y en cuanto encontré el ovillo, el cual estaba encima de la cómoda bajé hasta el salón, pero antes de que pudiera dárselo, pasé por delante del comedor y me fijé en que no había seis figuras, sino cinco.
"Oh, no"
Me dirigí hacia donde se encontraba el gong y comencé a golpearlo para llamar a los demás y en cuanto todos se presentaron les conduje hacia el salón donde yacía el cuerpo sin vida de la señora Brent.
-Picada por una abeja- susurré a los presentes.
El doctor se equivocaba y es que alguien se colocó detrás de la señora Brent para clavarle una de sus agujas de tejer en el cuello.
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