Capítulo 14
Tras escuchar el gong, me dirigí al comedor para desayunar un poco.
"No sé si el señor Rogers habrá hecho un desayuno completo después de lo que le ha ocurrido a su mujer"
Pero nada más entra en la habitación, vi que la mesa estaba repleta de comida.
"Está claro que la muerte de su esposa no le ha afectado lo más mínimo"
Nada más sentarme al lado del juez, observé que todos estaban demasiado tranquilos.
-¿Ninguno de ustedes ha movido las figuras?- pregunté sin poder evitarlo.
-No- negaron todos sin apartar la mirada de sus platos.
-¿Tampoco usted, doctor?- cuestioné dirigiéndome al hombre que hacía un rato me había llamado histérica.
-No- dijo calmado.
-¿Cómo murió la señora Rogers?- quise saber.
-No tengo ni la más remota idea- contestó.
"¿Un médico que no sabe de qué murió aquella mujer? Esto no tiene ningún sentido"
-¿Le dio algún medicamento?
-Un tranquilizante.
-¿Cuánta cantidad le dio?
-Señorita Maywood, le pedí esta mañana que no se dejara llevar por un comportamiento histérico.
"Y usted es el mayor cretino que he conocido en mi vida"
-Es el poema- susurré-. El poema decía: Un soldadito se ahogó y otro se quedó dormido. Alguien las ha cogido.
-A lo mejor fue usted, señorita Myawood- acusó el doctor-. A usted le gusta llamar la atención.
-Yo no he tocado las figuras ni tampoco me gusta llamar la atención- le siseé con odio.
-¿Podemos limitarnos a desayunar?- pidió Philip con calma haciendo que eldoctor y yo dejáramos de discutir.
"Los hombres como él no tienen remedio"
De repente, el señor Rogers abrió la puerta para traernos más alimentos.
-Mis condolencias, señor Rogers- dije.
-Gracias, señorita Maywood- respondió mostrándome una pequeña sonrisa no tan sincera.
-Si- afirmó la señora Brent-. Ha sido una terrible noticia lo que le ha ocurrido a la señora Rogers.
"Cada vez que pretendo ser educada, esta mujer quiere ser la protagonista"
-Era una magnífica cocinera- puntualizó la señora Brent antes de dirigir su vista hacia los huevos que había traído el señor Rogers-. ¿El huevo está pasado por agua a los cuatro minutos como le pedí?
Todos los presentes nos quedamos mirando a la señora Brent como si hubiera dicho la mayor blasfemia del mundo.
-Sí, señora- afirmó el señor Rogers con seriedad por la falta de tacto de aquella mujer.
-Mis condolencias, señor Rogers- dijo esta vez el señor Blore-. ¿Cuándo espera que llegue el señor Narracot a la isla?
-A media o a última hora de la mañana, señor- señaló-. No suele ser muy puntual.
Entonces, sin ninguna educación, la señora Brent comenzó a cascar su huevo provocando un molesto ruido.
-¿Eso es todo?- preguntó queriendo marcharse.
-Una cosa, Rogers- pedí antes de que se fuera- ¿Usted a movido las figuras?
-No, señorita- negó esperando que alguno le pidiera algo más.
-No necesitamos nada más, Rogers- concluyó el juez-. Puede retirarse.
-Tony Marston no pudo morir por un poco de estimulante- recalqué en cuanto el señor Rogers abandonó la estancia-. Y la señora Rogers pudo haber tomado una cantidad elevada de tranquilizantes. ¿Por qué ha traído su maletín, doctor? Se supone que ha venido para descansar y no para trabajar.
-En realidad sí que he venido a trabajar- me contestó enfadado-. Mi intención era que mi estancia fuera lo más discreta posible por petición del señor Owen.
-¿Por qué?- cuestionó esta vez Philip.
-Según la carta que recibí del señor Owen, su esposa sufre de neurosis obsesiva y pensó que al ser experto en transtornos mentales en mujeres podría atenderla- explicó fijando su mirada hacia él.
-¿Entonces ya no es cirujano, doctor?- le volvió a preguntar en tono burlón.
-¡Lo que está claro es que la gente muere porque siempre hay alguien que está dispuesto a hacer daño!-grité alterada.
-¿Quiere registrar mi maletín, señorita Maywood?- me cuestionó sin creerse que pudiera hacer algo así.
-Si es para ver que no tiene ningún veneno a su alcance, por supuesto- sentencié.
-¡No se atreverá!
-¿Qué les parece si lo hago?- preguntó el señor Blore.
-No pienso consentir que me registren como a un sucio criminal- se negó el doctor ofendido.
-¿Y qué tal si va también el general?- preguntó la señora Brent sin dejar de comer-. Es un hombre honorable.
-Vale- accedió el doctor al ver que todos los presentes le mirábamos fijamente-. Pero también deberían registrar la maleta del juez.
"¿Qué?"
-Ya sé de qué me suena su cara- dijo-. El doctor que tiene su clínica debajo de la mía en Harley Street es especialista en cáncer, por lo tanto, si alguien puede tener calmantes fuertes para matar a alguien es el juez.
El anciano no desmintió nada de lo que acababa de decir el doctor, pero al ver que todos esperábamos una explicación por su parte, decidió hacerlo.
-Es verdad que he tenido problemas de salud, pero por suerte la enfermedad ha remitido.
-Doctor, es usted muy cruel- contesté con dureza.
-Usted lo ha provocado- recriminó.
-¿Vamos, general?- cuestionó el señor Blore con impaciencia por cerrar el asunto.
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