35. Celo.

Antes de que les ayúdenme con mi teoría.

En mi mente loca las fans del YoonMin somos las que entramos al fandom antes del 2017-2018 y después de estas fechas los shipps cambiaron a Jikook/KookMin.

Siento que de 2017-2018 teníamos contenido YoonMin después hubo contenido Jikook.

Pónganme en que fecha se hicieron Armys.

El celo de Yoongi había llegado.

Y su cuerpo lo sabía antes que su mente.

Era medio día, a la mitad de la clase de historia, y apenas podía sostener el lápiz entre los dedos. El sudor le escurría por la frente, la piel le ardía, la ropa comenzaba a molestarle. Su respiración se volvía más pesada, su corazón latía como si intentara romperle el pecho desde adentro.

Su lobo se retorcía bajo su piel, inquieto, rascando con desesperación, exigiendo lo que le pertenecía.

Su pareja.

La necesidad de estar con él se volvía abrumadora. El instinto le exigía que buscara refugio, que se dejara mimar, que fuera cubierto, calmado, rodeado de quien debía hacerle sentir en casa.

Pero no había aroma.

No había nada que lo guiara.

Salió del aula tambaleándose, sin saber exactamente a dónde iba. Se dejó llevar, confiando ciegamente en su lobo.

Pero su lobo estaba confundido.

Torpe. Inexperto. Y hambriento.

No podia resistir su lobo rasguñaba en su interior.

El sudor se escurría por su frente sin parar.

Avanzaba por la escuela sin rumbo solo su lobo lo sabía al igual que su instinto.

Pero al verlo, retrocedió.

El pequeño hermano menor se Jimin estaba sentado en el centro salón riendo y jugando.

Retrocedió de inmediato, dolido consigo mismo.

Su lobo seguía equivocándose.

Su cuerpo respondía al omega equivocado, al predestinado que no quería aceptar.

Porque no era su elección.

Pero no podía encontrar a Jimin.

No había rastro de él. No tenía aroma, no tenía presencia para su lobo, que gritaba frustrado en su interior por no poder reconocerlo.

Su estúpido lobo seguía confundiéndose.

Torpe, inexperto, descontrolado.

Se había dejado llevar por el aroma del omega, por ese rastro de moras y vainilla, dulce y envolvente que le quemaba las entrañas... pero no era el correcto.

No era el que su corazón buscaba. Por más que lo intentara, por más que rogara en silencio que el instinto lo guiara hasta Jimin, no había ningún rastro.

Ninguna pista.

Ningún susurro de su aroma.

Nada.

Jimin, como siempre, era un misterio para los sentidos de Yoongi.

Y eso lo desesperaba.

Se maldijo en silencio por haber terminado ahí.

Por haber creído, aunque fuera por un segundo, que llegaría a su novio.

Cuando por fin se giró para irse, derrotado, sintió que el aroma de Jungkook se hacía más fuerte.

Demasiado fuerte.

Demasiado cerca.

Ya no era solo dulce. Se volvió más espeso, más concentrado. Un disparo directo a los sentidos.

El omega lo había liberado a propósito.

Una nube aromática lo envolvió, seductora, arrogante, provocativa.

Y antes de que pudiera evitarlo, unos brazos lo rodearon con fuerza por la espalda.

—Estás buscándome, ¿verdad? —susurró Jungkook, con esa seguridad y arrogancia que poseía —. Quieres tenerme cerca. Tu lobo me llama, Yoongi... Tu quieres estar conmigo.

La voz del omega vibró contra su espalda, y su aroma se pegó a su piel como fuego. Yoongi sintió que todo su cuerpo reaccionaba, cada músculo tensándose, cada latido acelerándose. La piel se le erizó. Su lobo rugió ante la calidez que lo abrazaba.

Era tan fácil caer.

Jungkook lo sabía.

Por eso liberaba tanto aroma, tan descaradamente, llenando el pasillo con esa mezcla de feromonas que embriagaba.

Su voz era un ronroneo sumiso contra la piel sudorosa del alfa, y su cuerpo se moldeaba al de él como si pertenecieran juntos.

Su lobo quiso de corresponder, pero en cambio lo alejó.

Con fuerza.

Jungkook apenas retrocedió un par de pasos antes de tropezar, pero no llegó a caer: alguien más lo sostuvo por detrás.

No lo miró. Solo se soltó y corrió de vuelta a su predestinado.

—Yoongi —dijo, su voz más suave cada vez más sumisa —, estás mal. Estás enfermo. Déjame ayudarte.

Se aferró a su espalda, como si su toque pudiera calmarlo, como si sus brazos pudieran contener la tormenta que rugía en el interior del alfa.

Su aroma, ahora incluso más fuerte, envolvía al alfa como una red.

Estaba en celo. Jungkook lo sabía. Podía olerlo. Sentirlo. El momento era perfecto.

El lobo de Jungkook, joven y testarudo, le suplicaba que reclamara lo que creía suyo.

Yoongi intentó apartarlo otra vez, pero su cuerpo flaqueó. El lobo estaba al mando. Débil. Confundido. Sediento de algo que no podía encontrar, conformándose solo con el aroma de este omega.

Jungkook lo sostuvo antes de que se desplomara, y al mirarlo a los ojos, vio la verdad. Pupilas dilatadas. Ojeras rojas. La piel brillante de sudor. El temblor apenas perceptible en sus labios,, lo miró con ternura fingida, con ojos brillantes de deseo posesivo.

—Mírame —murmuró Jungkook—. Yo sí estoy aquí, yo sí te quiero.

Y antes de que Yoongi pudiera decir algo, sintió las manos del omega en su rostro.

Ardientes. Decididas. Y luego, su boca sobre la suya.

Sus labios se estamparon contra los de él sin permiso, sin cuidado, sin piedad.

Era un beso desesperado. Impetuoso. Necesitado. Como si pudiera obligarlo a elegirlo solo con eso.

Un beso robado.

Intenso.

Imprudente.

Jungkook lo besó sin permiso. Con la necesidad de alguien que ya no quería esperar.

Yoongi se quedó inmóvil, incapaz de reaccionar.

Su lobo respondió al beso. Lo deseaba. Lo devoraba. Rugió de placer y rabia al mismo tiempo.

Porque sí, el beso lo encendía, lo llenaba, su instinto lo reclamaba, pero los labios del omega se sentía fríos, ásperos, secos.

No eran lo que quería. No era él.

No era Jimin.

Pero no había forma de encontrarlo.

Jimin no tenía aroma que lo guiara. No tenía huellas que pudiera seguir. Su lobo, por mucho que lo deseara, no sabía cómo llegar a él.

Y mientras tanto, Jungkook estaba ahí.

Real. Presente. Caliente. Dispuesto.

Con el aroma de su predestinado.

Y eso, en medio de su confusión, lo destrozaba.

Fue como si el tiempo se detuviera.

Y justo en ese momento, una figura apareció como un vendaval de furia.

Namjoon.

Vio el beso. Lo vio todo.

Sus ojos no reflejaban celos, ni sorpresa. Era algo más profundo. Más oscuro.

Dolor.

Furia contenida. Decepción.

Cuando vio a Jungkook, con las manos en el rostro de Yoongi, besándolo... algo en su interior se rompió.

No lo pensó. No lo dudó.

Se acercó de un solo paso y jaló al omega hacia atrás con fuerza.

Lo tomó del brazo y lo empujó detrás de él, como si su espalda pudiera protegerlo, como si su cuerpo pudiera borrar lo que acababa de ver, como si quisiera esconderlo del mundo, y de sus propios errores.

Y luego lo dejó ahí.

Jungkook tropezó hacia atrás por el impulso, cubriéndose el pecho, y se quedó quieto, con los ojos muy abiertos.

—Namjoon... —susurró, pero no hubo tiempo para más.

Dio un solo paso hacia Yoongi y sin decir palabra, sin emitir un sonido, un gruñido o una advertencia, lanzó el primer golpe.

El puño conectó seco, brutal.

Directo a la mejilla del alfa peligris.

Yoongi ni siquiera se inmutó. No alzó los brazos. No esquivó.

El segundo golpe le hizo crujir la mandíbula.

El tercero le partió el labio y el alma.

Namjoon no necesitaba palabras. Su mirada decía todo: furia, decepción, traición.

Cada golpe era un reclamo, un castigo, una sentencia.

Un "¿cómo pudiste?"

Un "Te lo advertí".

Un "Jimin confía en ti".

Cada exhalación era el rugido silencioso de su lobo herido.

Yoongi lo aceptaba. Cada impacto, cada sacudida. Como si estuviera de acuerdo, como si entendiera que merecía cada uno de ellos.

Porque lo merecía.

Jungkook volvió a interponerse.

—¡Namjoon, no! ¡Para, por favor! ¡No lo lastimes más!

Empujó su pecho, deteniéndolo como podía.

Namjoon respiraba con fuerza, la mandíbula tensa, la mirada cargada de odio.

Lo miró un segundo. Luego bajó la vista, su agarre firme, dominante.

Sin una palabra más, lo tomó del brazo con autoridad.

—Vámonos.

Y lo jaló con él.

Sin darle opción.

Sin volverse a mirar a Yoongi.

El pasillo quedó en silencio.

Yoongi cayó de rodillas, sangrando, con el aroma de Jungkook pegado a su piel como una maldición.

Sin aroma de Jimin que lo guiara.

Y el vacío insoportable donde debería estar un aroma que no existía.

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