JunA
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Empezar la vida universitaria no había sido fácil. Kim JunA no era especialmente tímida, nada que se le pareciese. Pero ella se encariñaba fácilmente con las personas, sufriendo cuando tuvo que dejar a todo su grupo de amigas atrás. Solo su preciosa Kristy y Hannah seguían con ella, como siempre, pero el resto de las chicas debían continuar en COEX, separándolas momentáneamente.
Se continuaban viendo, por supuesto, pero no era lo mismo y JunA las extrañaba demasiado.
Había elegido la carrera de Bellas Artes a pesar de estar tentada a seguir a Kristy en Ciencias Políticas, pero se conformó con que su princesa y ella compartieran una gran habitación destinada para tres personas, solo para ellas dos, y que tuvieran horarios similares para poder compartir almuerzos y meriendas. Además, el espacio extra les venía bien cuando alguna de las chicas iba a visitarlas y sino, JunA lo utilizaba para dejar allí los caballetes de pintura y no estorbar a Kristy mientras estudiaba en el escritorio que compartían, salpicando de pintura y acrílicos por todas partes.
JunA había estado de muy buen humor esa semana, contenta con las asignaturas y contenta de tener a Kristy entre sus brazos y en su cama cuando les apeteciese, pero su mundo de paz se derrumbó con Hannah. Ella de verdad adoraba a Hannah, compartieron mesa y chistes durante tres años y eran realmente cercanas. Y de verdad quería verla bien, nada de malos humos y mirada s de cachorro perdido. Pero una cosa era esa, y otra muy distinta, tenerla metida en casa.
— Es provisional, ella de verdad lo necesita. —Le había dicho Kristy.
Pero eso no había tranquilizado ni un poquito. Los mismos tres años que había compartido mesa con Hannah, había estado perdidamente enamorada de Kristy, sin saber cómo acercarse o como llamar la atención hasta solo unos meses atrás, sintiéndose demasiado torpe y temerosa acerca de sus sentimientos cuando la alta estaba alrededor. Le costó demasiado llegar a donde estaba, conseguir que Kristy se fijase en ella, conseguir que la quisiese, y era bastante inevitable que su cerebro no gritase peligro cuando Kristy acariciaba el cabello de Hannah y actuaban con tanta cercanía.
— Pero ellas son amigas de toda la vida, ¿no? —Hacía una semana que Hannah estaba en su habitación, y todo iba bien si ambas estaban solas, pero si Kristy llegaba, la incomodidad se instalaba allí y JunA salía corriendo.
— ¿No lo hace eso peor? —Se lamentó ella, ganándose una ligera risa de MinSookie, la había conocido unas semanas atrás, en uno de esos momentos en que el campus era más grande de lo que recordaba y había terminado perdida, perdiendo una clase y encontrando una amiga.
— Por supuesto que no, si existía algún tipo de tensión entre ellas lo habrían zanjado en la adolescencia, con toda la cosa de las hormonas y eso. —Se burló la mayor, empujando una chocolatina hacía la muchacha llorona—. No nos conocemos mucho, JunA, pero tú no pareces ser así... ¿Dejándote ganar por las inseguridades, alejándote de tus amigas? Eso está mal.
— No es necesario que tú me lo digas también, unnieeee, es suficiente con mi consciencia. —Sookie volvió a reír, viendo con una sonrisa ladeada como la muchacha frente a ella hundía su cabeza en la mesa y todo su cabello se desparramaba alrededor.
— Además, ¿no dijiste que esa chica tenía una novia también? —Sookie le dio suaves palmaditas en la cabeza, tratando de consolarla—. Creo que la inseguridad te está volviendo un poco paranoica, y deberías arreglar eso.
JunA refunfuñó por un rato más, a sabiendas de que su nueva amiga tenía bastante razón en sus consejos. Estaba siendo paranoica y desconsiderada, pero solo quería volver cuanto antes a la normalidad. MinSookie y ella caminaron de vuelta a la residencia estudiantil, las dos compartían edificio, aunque plantas diferentes y la mayor tenía la suerte de que sus compañeras de habitación casi siempre estaban fuera, por lo que tenía bastante paz.
— Supongo que nos veremos mañana, ¿no? —la bajita preguntó, dedicándole una sonrisa a la mucha cha que la había consolado.
— Claro, aunque intenta no buscarme para lloriquear y tráeme algo dulce, ¿quieres?
— ¡JunA!
La nombrada y MinSookie giraron la cabeza en busca de la voz que había gritado. Se trataba de Kristy, por supuesto. Sookie lo supo aun sin conocerla, tan alta y bonita como JunA había asegurado que era, pero con un ceño fruncido y una mirada desconfiada que apuntaba en su dirección. Supuso que la chica que iba detrás, un poco más bajita y con una bolsa de comida para llevar, debía ser Hannah.
— ¿Dónde te habías metido? KaiLi y Yuren están a punto de llegar y...
— He estado con Sookie en la cafetería. Es la estudiante de literatura, ¿recuerdas? —JunA se encogió de hombros, dando un rápido vistazo a su reloj—. No me había dado cuenta de que era tan tarde, de todos modos... Hey, MinSook, estás son mi amiga Hannah y, ya sabes, Kristy.
MinSook rió, una ceja arqueada con diversión. Ella era habitualmente tímida, y si no fuera porque JunA era tan malditamente extrovertida, jamás podría haber entablado con ella una amistad así de rápida, pero la situación era tan cómica que no podía simplemente guardar el comentario dentro de sí.
— Oh, claro que lo sé. —Sookie rió, sus mejillas sonrojadas ante la inquisitaba mirada de Kristy—. Ella se pasa todo el tiempo hablando de ti, ¿sabes?
Kristy no dijo nada, pero su media sonrisa y la escandalosa risotada de Hannah fueron suficiente.
— Esta chica me cae bien. —Murmuró Hannah, tratando de no mostrarse demasiado divertida con la situación.
— Te voy a matar, MinSook. —JunA resopló, mirando a sus amigas—. ¿Dónde está toda la prisa que teníais?
— ¿Te gustaría venir, Sookie? —Kristy ignoró a su novia deliberadamente, aunque se había acercado a ella y con su mano cepillaba el negro cabello de la muchacha, a veces rozando sus dedos con el cuello ajeno.
— Oh, no, creo que voy a rechazar la oferta esta vez, hay un enorme libro de literatura medieval esperando por mí. ¿Tal vez la próxima?
Sorprendentemente, hubo una próxima unos días más tarde. Y aún más sorprendentemente, MinSookie descubrió que las amigas de JunA eran las mismas amigas que compartía su vieja amiga de la infancia, Jin KaiLi.
🍭
La mañana siguiente al encuentro con MinSook, Hannah ya se había ido cuando Kristy y JunA aún seguían preparándose para sus clases. La habitación estaba en completo silencio, JunA se paseaba como un zombie, recogiendo sus cosas de clase y poniéndose la ropa. En días así extrañaba la vieja falda rosa de COEX, aunque los pantalones ajustados negros no estaban nada mal.
— Esa camisa está sucia, Kim. —Kristy estaba parada al lado del escritorio, ya perfectamente arreglada y lista para empezar su día, y desde su lugar señalaba una bonita mancha de pintura en el bajo de la camisa de su novia.
— Maldita sea, voy a llegar tarde.
JunA prácticamente se arranca la camiseta, tirándola por la habitación y apresurándose en buscar otra dentro del armario.
— ¿Cómo de tarde? —Preguntó Kristy en su oído, besando suavemente el hombro desnudo de la bajita, sonriendo en cuanto notó como el cuerpo ajeno se estremecía por el contacto.
— Kristy, no es momento para... —La bajita suspiró, dejando caer su cuello a un lado para darle un mejor acceso en cuanto notó las finas manos ajenas aferrarse a su cintura. La ahora castaña no dudó en clavar sus dientes justo donde una fina vena se marcaba, succionando la piel con lentitud, torturándola—.
— Creo que alguien necesita recordar que Kim JunA ya tiene una novia que la atienda.
La antigua presidenta de COEX sonrió contra el cuello de su chica en cuanto esta soltó un pequeño jadeo excitado, una de sus manos sostenía la estrecha cadera de la muchacha y la otra acariciaba suavemente su plano abdomen. JunA era por lo general bastante dominante y Kristy no se quejaba en lo absoluto, le encantaba dejarse llevar por ella. Pero había ocasiones, como esa, que era aún más delicioso ver como la firme resistencia de la bajita se esfumaba en cuestión de segundos si ella presionaba los puntos exactos.
JunA sabía que a Kristy le había molestado verla junto a MinSook, solo le había faltado gruñir para dejar de ser tan evidente como lo era ya. Su intención no había sido molestarla en absoluto, ella mejor que nadie sabía lo malos que eran los celos y lo dañinos que podían llegar a ser para una relación, pero poco podía hacer cuando la alta la arrinconaba de aquella manera.
— ¿A quién le perteneces?
— A mí misma. —Respondió con toda la firmeza que pudo reunir, aunque sus manos estaban fuertemente apretadas alrededor de la barra del armario. Kristy decidió cambiar la pregunta, girando a JunA para que pudieran verse a los ojos.
— ¿De quién es tu corazón?
— Tuyo, Kristy.
La mayor sonrió con suficiencia, inclinándose para atrapar los labios de su novia en un beso demandante y necesitado que la otra no tardó en corresponder, alzando sus brazos para poder rodear el cuello de la chica. Kristy la mantuvo contra la puerta cerrada del armario, su pierna encajada entre los muslos de la bajita, que la apretaron sin piedad en cuanto su rodilla empezó a presionarse suavemente contra su intimidad. JunA gimoteó casi lastimeramente, haciendo que Kristy se separase de sus labios con una sonrisa divertida.
— Enana del demonio... —Murmuró Kristy, una de sus manos acariciando ligeramente su rostro y después su cabello, disfrutando de la sensación de tener a JunA completamente a su merced, sonrojada y temblorosa ante su contacto—. Mi corazón también es tuyo.
— ¿Tal vez podamos dejar de actuar ahora como quinceañeras? —JunA preguntó, sonriendo levemente e inclinando su rostro hacía la mano de la mayor, buscando obtener más de aquellas caricias.
— Tal vez, si dejas de ser una insegura. —JunA la miró con una ceja arqueada y ella rodó los ojos—. Sí, yo también debería dejar de ser una gruñona, pero tú, enana Kim, en serio...
— Estás siendo gruñona justo ahora, princesa. —Kristy chasqueó la lengua con fingida molestia, dedicándole después una bonita sonrisa a su novia—. ¿Vas a ser buena ahora y terminar con lo que has empezado? ¿O voy a tener que arrastrarte a la fuerza hasta la cama?
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Algunas semanas habían pasado desde aquel incidente, ahora todo parecía volver a la normalidad. Hannah había desaparecido de su habitación, ya que MinSook le fue asignada como nueva compañera de cuarto y eso provocó que la muchacha tuviera a alguien más a quien molestar que no fuera a ellas y a su intimidad.
MinSook se incorporó al grupo casi con tanta facilidad como TaoZi, la pequeña y alocada prima de KaiLi. Y a pesar de que ambas eran muy diferentes al estilo de chicas que acostumbraban a tratar. Pero juntas... Había que armarse de paciencia para soportar toda una tarde de chicas ruidosas y esas dos peleonas.
Aquella era una de esas tardes en las que JunA necesitaba armarse de toda su paciencia, porque incluso Kristy desistía de su imagen "madura" y terminaba volviéndose ruidosa alrededor de las chicas.
— ¡Si rompes eso mi madre va a matarme! —Gritó YuRen en dirección a TaoZi, que en realidad no estaba haciendo nada excepto observar la bonita colección de jarrones de la madre de la chica.
— Oh, estoy segura de que lo hará. —TaoZi rió, su mirada brillando con malicia y diversión. Le gustaba fastidiar a la novia de su prima, aunque en realidad había terminado por acostumbrarse a ella y no le era tan desagradable.
— Metete con una de tu tamaño, mocosa. —ChanMi le dijo, empujándola suavemente para que se apartase de los jarrones—. Escaseamos de lugares para hacer de cuartel general, si rompemos algo no podremos volver aquí.
TaoZi rodó los ojos, pero sabía que ChanMi estaba en lo cierto y no tuvo más remedio que rendirse en su travesura y sonreírle al ceño fruncido de su prima.
— Tú estás especialmente callada hoy, unnie. —KyungRi estaba en la cocina junto a XingLian y JunA, habían sido asignadas para preparar los dulces, y la pequeña de ojos grandes miraba con atención a la más mayor de hoy.
— ¿Mh? —Murmuró con distracción, dedicándoles a las dos una sonrisa ladeada-. Solo no quiero estropear el pastel.
— Tú eres buena, es como hacer figuras de barro en la universidad. —Bromeó XingLian, ganándose un pequeño codazo de parte de KyungRi, pero JunA se rio por el mal chiste.
— Tu teléfono no ha dejado de sonar, y Kristy tampoco deja de mandar miradas extrañas en tu dirección.
— Wow, Sherlock, me estás asustando. —KyungRi fulminó con la mirada a XingLian, pero JunA agradecía el raro sentido del humor de la muchacha.
— Tu teléfono otra vez.
JunA se secó las manos con tranquilidad, esperando que con un poco de suerte la llamada se cortase antes de que pudiese alcanzarlo, pero cuando lo hizo, el tono de Game of Thrones seguía sonando. Ella sopló ante el nombre en la pantalla, por supuesto que iba a ser ella, llevaba insistiendo toda la semana, pero JunA le colgó deliberadamente, guardándose el teléfono en el bolsillo del pantalón.
— ¿Acabas de colgarle a tu madre? Kim JunA, eso...
— Do KyungRi. —Advirtió ella, mandándole una seria y fija mirada—. Aquí no ha sucedido nada, ¿está bien? ¿XingLian?
Ambas muchachas asintieron, no demasiado convencidas ni seguras de lo que acababa de pasar.
— ¿Por qué se están retrasando tanto con un bizcocho, chicas?!
JunA cerró los ojos por un momento, pero en cuanto vio a Kristy junto a ella, no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa.
— Tu sabes que yo trato la masa con delicadeza, bebé. —JunA bromeó, ignorando las risas de las pequeñas por el doble sentido de su comentario.
— ¡Pequeño tapón, cómo se te ocurre decir eso delante de las chicas! —Se quejó la mayor, asomando su cabeza al horno para dar un vistazo al bizcocho.
— No lo sé, tu rubiez se me contagia.
— ¡Yo ya no soy rubia!
Las tres rieron, haciendo que Kristy se cruzase de brazos. Puede que ella fuera castaña ahora, pero a veces no podía evitar molestarla con el típico tópico de niña rubia, aunque su novia fuera más bien todo lo contrario a eso.
— Menos mal, porque no me gustan las rubias en absoluto. —Mintió, enroscando sus dedos en los largos mechones de cabello castaño de Kristy, una vieja costumbre que parecía no querer cambiar.
— En serio, voy a terminar contigo en cuanto lleguemos a casa, Kim JunA. —Amenazó, haciéndola reír.
— Estaré esperando por ello, princesa. —Poniéndose de puntillas, presionó sus labios contra los de Kristy en un corto y delicado beso que callo a la mayor y distrajo por un momento las preocupaciones de la morena.
Puede que el fantasma de su familia la persiguiera tratando de sabotearla de nuevo, pero con las manos de Kristy en sus caderas y sosteniéndose de ella con fuerza, JunA estaba segura de que no podrían derrumbarla esta vez.
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