━━XII: with you until the end
━━CAPÍTULO DOCE━━
【 CONTIGO HASTA EL FINAL】
nota: hice un playlist para este capítulo en especial, espero que queden las canciones o lloro. El link estará en mi tablero o aquí mismo, si no les aparece y lo quieren, no duden en decirme <3 NO SE OLVIDEN DE DEJARME TANTOS COMENTARIOS COMO QUIERAN PQ ESTE CAP LO ES TODO PARA MI, GRACIAS.
Su primera respuesta ante la presencia de Hipo fue inesperada a todo lo que pensó hacer. Se cayó, o al menos, eso hubiese pasado sí Niels no la hubiera alcanzado a sostener por las axilas antes de que eso ocurriera. No supo sí fue la emoción de ver a Hipo en un momento como ese o sí fue la herida abierta que tenía desde su muslo interno hasta la rodilla; quizás fue un poco de ambas. Lo que sí estuvo segura, es que sus piernas habían fallado y no sería capaz de sostenerse en pie por un segundo más. Pese a que, tanto ella y Niels habían tomado el dolor del otro mutuamente para sanarlo, no quería decir que estuviesen bien por completo.
Lo que sea que tuviesen, les ayudaba a sanar las heridas más profundas o aquellas con las que peligrasen más, había deducido mientras estaban encerrados. La herida en su estómago no empeoró y por ello seguía con vida, había sentido como Lord Gray destrozaba sus órganos desde adentro mientras la sangre brotaba sin parar, pero el don que tenían o lo que sea que fuese, había cambiado eso. Estaba viva gracias al poder de los lobos. En otras de sus heridas se alivió el dolor más profundo y se detuvieron las hemorragias, pero sabía que aquello no la curaría del todo, la pierna le seguía punzando con cada movimiento que daba, la sangre había dejado de brotar, pero aun se podía apreciar el corte profundo que le había hecho con la espada, la mezcla entre la carne y la sangre se asomaba entre esa abertura. Tuvo que desviar la vista de su pierna para no desmayarse.
Hipo hizo un ademán de avanzar hacia ella, el semblante en su rostro era una mezcla entre alivio y preocupación.
—Estoy bien —dijo, al sentir su mirada, se mordió el labio para evitar formar la mueca en su rostro. Niels murmuró por lo bajo que no lo estaba y ella le propinó un codazo para que la soltara, una risa burlesca brotó de los labios de su hermano e Hipo los miró a ambos; la confusión gobernaba su rostro—. ¿Ya te había presentado a mi hermano?
Niels ladeó una sonrisa sin mostrar los dientes, después de soltarla.
—No...
—Pues ahora lo he hecho —dijo, sus piernas volvieron a flanquear, pero Hipo fue lo suficientemente rápido para evitar que se fuera al suelo y la tomó de la cintura para ayudarla a salir. Niels les siguió en un paso silencioso—. Él es mi hermano Niels... Erwan o como gustes llamarlo. Parece que presentar nuestra familia de manera imprevista ya es costumbre, auch. —La primera pisada que dio con el pie de la herida la hizo casi caer al suelo, Hipo aferró su agarre y la hizo pasar su mano sobre su hombro para que tuviera por donde apoyarse—. Está bien, sí duele —dijo cuando sintió la mirada del ojigris clavarse en su rostro.
—¿Qué es lo que ha pasado? —No pudo evitar preguntar el vikingo, más luego negó y cambió la conversación—. Olvídalo, necesitamos limpiar esas heridas, ¡mamá!
La vista de Sigrid se alzó de inmediato para buscar a Valka en ese terreno vacío, al hacerlo tan rápido el ardor abrasador de las cortadas que tenía cerca de la clavícula y el cuello la hizo gesticular una nueva mueca, Hipo no dejó pasar aquello en alto, pero evitó preguntar, no ahorita, no hasta que descansara y solo sí ella deseaba hacerlo. Había sido una suerte encontrarla, llevaba dos días buscándola desde que recibió la noticia de Astrid. Partió con su madre tan pronto como pudo, aún se sorprendía por haber recorrido casi todo el mundo en tan poco tiempo, había ido a islas del norte, donde se situaban tribus vikingas peligrosas como los Skuhrafni sin encontrar rastro alguno, las ondas de Chimuelo no percibieron señal alguna de ella. Después viajaron cerca de los pueblos pegados a Fair y Kain sin éxito alguno hasta que decidieron viajar al sur, la mayoría de los pueblos vikingos al sur estaban deshabitados, víctimas de enfrentamientos, saqueos y demás. Tras varias preguntas que le hizo su madre, recordó que tiempo atrás habían mencionado que Terk era una de las ciudades abandonadas años atrás. Valía el riesgo intentar buscarla ahí y cuando dos soldados con el uniforme de Kain el confirmaron aquello, el corazón se le llenó de alivio.
Chimuelo no tardó en avanzar detrás de ellos cuando salieron del lugar donde estuvieron cautivos. El Furia Nocturna dio unos saltitos intentando acercarse a Sigrid, pero Hipo lo calmó diciéndole que pronto podría abrazarla. En su lugar, el dragón alfa siguió a Niels al no reconocerlo, no pudo evitar olfatearlo y mirarlo con sus ojos curiosos, hecho que el hermano no dio por sentado y se giró para verlo. Las heridas de él no eran tan profundas como la de Sigrid, excepto por aquella que reposaba en su pecho, debía tener tiempo desde que se la hicieron ya que no se mostraba la carne como en la herida de Sigrid, tenía un par de cortes que no era tan profundos, pero su ropa estaba manchada de sangre, mucha, al igual que sus manos. ¿Qué habría pasado ahí?
—¡Oh, Sigrid! ¿Qué ha pasado? —La voz de Valka se hizo escuchar antes de que su figura descendiera de Brincanubes, no dudó en bajarse y acercarse hasta los hermanos—. ¿Están los dos bien?
—Lo estaremos —afirmó Niels, se detuvieron en una de las cabañas deshabitadas de la aldea vikinga e hicieron sentar a Sigrid en un banquito que encontraron. Con suerte la madera no se veía tan desgastada, así que no habían tantas probabilidades de que se partiese en dos—. Gracias por venir —añadió, sintiéndose un poco extraño al no conocer a esas personas, pero por las visiones de Sigrid, sabía que eran importantes.
—No podemos marcharnos sin atender esas heridas primero —comentó Valka tras inspeccionar los cortes profundos en el estómago y muslo de Sigrid, así mismo, se encaminó para revisar el pecho de Niels y negó con la cabeza—. Además necesitan comer.
Fue como si el sol saliera cuando Valka pronunció aquellas palabras, ante la simple mención de comida el estómago les rugió, pidiendo fervientemente alimento para no caer desmayados. Chimuelo se acercó hasta ellos y les dio la mitad del pescado que había ingerido horas atrás, pero tras agradecerle, negaron y dejaron que se lo comiera de vuelta. Sigrid se aseguró de decirle tantas cosas lindas como se le ocurría mientras sentía su cuerpo contraerse por el dolor. Hipo les pasó un par de frutas en lo que atendían sus heridas y Valka aprovechó para sacar lo que había llevado consigo, venían preparados porque en situaciones como esa, no sabrían que habrían de necesitar.
Cuando Sigrid dio la primera mordida a su manzana fue como si hubiese comido la cosa más rica, saboreó por completo lo dulce del fruto y poco a poco sintió como su estómago se comenzó a llenar. No le dio vergüenza cuando Hipo se acercó y comenzó a limpiar la sangre de su piel, no toda, pero sí la de las heridas importantes que necesitaban desinfectar. Con un paño que había humedecido, limpió con delicadeza la zona del cuello, vislumbró pequeños rasguños y el corte grande de su clavícula, aquel le dejaría una buena cicatriz y no había nada para evitarlo.
—Dime sí te duele y me detendré —murmuró Hipo lo bastante concentrado, ahora limpiando las palmas de sus manos, pudo ver la marca de las uñas y supo que habían sido de ella. Las tomó entre sus propias manos brindando calor, después de que Sigrid hubiese dado el último mordisco a la manzana y se quedó así unos segundos, inclinado ante ella, las manos las alzó a sus labios para besarlas y cerró los ojos—. Llevaba dos días enteros buscándote... P-pensé que no sería capaz de encontrarte, ha sido el dolor más profundo que he sentido. Puedo soportar todo, Synn, pero no soy tan fuerte para soportar perderte y cuanto te he visto... Sé tus temores y sé que no te gusta vestir con tan pocas prendas, te voy a conseguir...
—Hipo —habló, su voz sonó diferente, un poco calmada—. Ahorita mismo solo quiero abrazarte hasta que se me caigan los brazos.
Una pequeña risa ronca escapó de los labios del berkiano tras escucharla, pero se alzó lo suficiente para abrazarla, su frente cayó en el hombro de ella y no dijo nada. Solo la abrazó tanto que su unión permitió escuchar el latido del corazón del otro, el suyo había estado lo bastante frenético desde que la había encontrado, ahora lentamente se iba calmando.
—Debo seguir limpiando esas heridas —murmuró al cabo de un rato, le hubiese gustado pasar toda una vida así, abrazado a ella, pero no sería posible sí las heridas se le infectasen—. Hay más frutas en la bolsa que trae Chimuelo.
No dijo nada más y se centró en las heridas que había querido evitar, el pecho le latió con fuerza al ver el corte del vestido en su estómago y como estaba impregnado completamente de sangre, tuvo que cortar la tela al centro que se había pegado a su piel por la sangre y vio un círculo con sangre seca, aquello requeriría más que vendas y agua. Acercó otro de los bancos y la ayudó a recostarse, necesitaba atender la herida y no podría sí estaba sentada, su madre le pasó un par de ungüentos que usaban en Berk para tratar heridas y la pasó por esa zona después de haberla limpiado lo suficiente, un ardor intenso cubrió el cuerpo de Sigrid al sentir la pomada expandirse. Fue una mezcla entre alivio y ardor, sintió su piel recién cortada abrirse y arder como nunca antes.
—Duele... —bisbiseó con dificultad, Hipo tuvo que sujetarla de los hombros para que no se levantarla al verla retorcerse—. No voy a... No voy a soportar más. —Ella volvió a hacer uso de toda su fuerza para incorporarse, aunque sabía que no debía hacerlo, Hipo redobló su fuerza y al verla intentar de nuevo, no hizo otra cosa más que estampar sus labios en ella.
El beso fue distinto a todas esas ocasiones en las que se besaban el uno al otro, esta vez fue completamente voraz, lleno de necesidad, mezclado de algo que no supo reconocer. El cuerpo de Sigrid se relajó, pero no había nada relajante en ese beso, su cuerpo les exigía más de lo que daban. La mano de Hipo que anteriormente sujetaba su hombro, se deslizó hasta acariciar la piel suave de su muslo derecho, su palma se abrió y cerró proporcionando caricias que hicieron estallar su corazón y que su pierna respondiera a su tacto. En lugar de detener su beso, Hipo hizo todo lo contrario al profundizarlo, una oleada eléctrica recorrió su cuerpo y luego, pudo reconocer lo otro como... ¿Dolor? Vio un hilo dorado que le pedía que le tomara y lo hizo. Escuchó un suspiro aliviado brotar de los labios de Sigrid, que sería el final de tan inesperado beso; pero en lugar de eso, sus labios exigieron tocarse una vez hasta que lentamente se separaron, un rubor recorrió su rostro al recordar que no estaban solos; aun así, unió su frente a la de ella, cuando ingirió su dolor. ¿Qué había pasado?
—No debí haber hecho eso —dijo, tras separarse, el aire apenas entrando en sus pulmones y evitando a toda costa ver más allá de sus narices.
—¿Por qué?
—Estás lastimada, herida y...
—Dame mi daga y ya no lo estaré —respondió y el vikingo la miró con una ceja alzada, una risa corta escapó de los labios de ella, fue como escuchar a las valquirias.
Él sonrió sin mostrar los dientes, más no dijo nada, pensó en ese beso y sabía que ella estaría pensando en eso también. La había besado para evitar que se moviera y se lastimara... No, a quien engañaba, ese beso había surgido de la necesidad de sentirla una vez más, de sentir ese ferviente amor entre la conexión de ambos. Había sido hechizado, en cuerpo y alma. Pero la quería, la quería y esa conexión que sentía al estar con ella, sabía que no la tendría con nadie más. Era ella el anhelo de su vida.
—Me niego en besar a una mujer indefensa —contestó a su comentario, aunque deseara hacer justo lo contrario. No la parte de besar a una mujer indefensa, sino de besarla a ella. La miró por un rato y la ayudó a sentarse al ver que el ungüento ya había secado, el silencio estaba en ellos, pero no incómodo, solo estaba—. Es... —Él volvió a pensar en sus palabras y tomó las manos de ella entre las suyas—. Esto... Esto que siento por ti, ¿se acaba alguna vez? Porque siento que no puedo respirar hasta que no estoy contigo y no... No tengo las fuerzas para separarme de ti una vez más.
—No, no se acaba —murmuró, sus ojos mieles vieron los esmeraldas contrarios.
—¿Cómo...?
—No se acaba, porque yo siento lo mismo y solo ha crecido.
Hipo acarició el dorso de su mano y, sin decir nada, se incorporó.
—Es momento de coser esas heridas —señaló la herida de su estómago y la rajada que cubría su pierna, la piel se le erizó de solo pensarlo, pero asintió.
⚘❀༄
Un suspiro escapó de sus labios al sentir la calidez cubrir su cuerpo cuando Valka le proporcionó algo de ropa que había encontrado en las cabañas abandonas de Terk, se había dado un baño dentro de un arroyo de aguas frías, se forzó a permanecer dentro hasta que su piel ardió por tallarse la sangre de su cuerpo. Sangre suya y sangre ajena. No salió hasta que su piel estuvo lo suficiente roja, hasta que se sintió limpia. La vikinga le proporcionó unos pantalones holgados, que tuvo que ajustarse de la cintura con un pedazo de listón y por encima se colocó una camiseta blanca que le quedaba grande, tuvo que fajarla para generar más peso en su cintura y que el pantalón no se le resbalara. Cuando se calzó las botas que llevaba se puso de camino hacia la cabaña, habían encontrado una lejana al lugar donde estuvieron presos, pero al haber dedicado la tarde a curar y sanar sus heridas, no pudieron marchar y ahora que ya había caído el sol, tampoco sería posible.
Habían encontrado una cabaña que no estaba en tan malas condiciones, el lugar estaba amplio y tenía distintas habitaciones. Los muebles, cubiertos de polvo, aún permanecían en un buen estado y de ese lugar Valka había encontrado la ropa para que tanto ella como Niels pudiesen asearse y quemar la suya.
Las gotas de su cabello mojado resbalaron por su espalda mientras el viento fresco le acariciaba el rostro. La cabaña no estaba lejana de ese arroyo y de cualquier forma, sabía que Brincanubes estaba haciendo rondines para asegurarse que estuviese bien. Al llegar pudo ver la cabaña iluminada y a Erwan sentado frente al comedor, habían limpiado la mayoría de los muebles que ocuparían aunque solo fuesen a quedarse hasta el siguiente día. Se abrazó a sí misma cuando el frío comenzó a calar en su piel y se adentró a la construcción, más el primer paso que dio la hizo retroceder.
—¿Qué pasa? —preguntó Niels desde la entrada, dio un mordisco a lo que parecía ser filete de pescado—. Te va a dar más frío sí sigues afuera, entra.
Ella fingió no escucharlo y se dio media vuelta, sus manos acariciando la tela que cubría sus brazos. Suspiró.
—Pero, en cuanto pase vas a querer cerrar la puerta.
—No podemos dejarla abierta.
—Lo sé... —Las palabras se ahogaron en su boca e inspiró profundo, no podía dejar de pensar en ese lugar y en esa puerta de metal que les había impedido escapar. No quería volverse a sentir de esa manera, la sensación se expandía por su pecho—. No quiero entrar todavía, estoy bien —añadió al ver al ojigris abrir la boca de nuevo.
Pudo sentir un poco de dolor cuando se sentó afuera de la cabaña, no era tan profundo como horas atrás, pues gracias a las vendas que Valka le había colocado después de coser los cortes, la sensación en su cuerpo había cambiado. No era dolor, era algo similar a la sensación de tener cosquillas lo que permanecía alrededor de las heridas. Reprimió el impulso de querer rascar por encima de la venda y mordió su labio inferior.
—No me preguntes sí estoy bien —habló cuando vio a Hipo salir de la cabaña para sentarse a su lado, mordió su labio por vez consecutiva y abrazó sus rodillas—. Perdón.
—No voy a decir nada, si no quieres que lo haga —respondió él, estirando sus piernas al sentarse. La vio morderse el labio por enésima vez y suspiró—. Y sé que no hace falta que pregunte, no estás bien.
—No. —Su labio tembló al responder eso y giró su rostro recargado en las rodillas para ver del otro lado y no a él, no quería que viera sus lágrimas—. N-no puedo dejar de pensar en ello, todas esas cosas que dijo, ¿en verdad el reino está mejor sin mí? Dijo que todas las cosas que hicieron, fue por el bien de Kain y creo... Creo que tenía razón, las personas me odian. —Sorbió su nariz y no dijo nada cuando Hipo estiró su brazo y la acercó hacia él, involuntariamente giró su rostro para verlo. Los labios del vikingo se posaron sobre su sien y el estómago de ella revoloteó al sentir su tacto, quería que pasase una eternidad y él siguiera con ella—. Hubo algo que nunca te dije, querían que me casara, me habían dado un plazo de límite... Creo que por eso Lord Gray me secuestró, al incumplir su advertencia.
Hipo no dijo nada. Al menos no durante un par de minutos, su mano acariciando el hombro de Sigrid mientras pequeñas gotas de su cabello se deslizaban por encima de esta, más no la retiró. Miró el cielo y luego, la miró a ella.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—No quería cargarte con ello, no quería que lo sintieras como una responsabilidad cuando tienes otras... No quería que corrieras peligro.
—¿Cargarme con ello? —Hipo alzó una ceja y el tono de su voz se elevó un poco—. Hace un par de meses hicimos una promesa el uno al otro. —El corazón de Sigrid se encogió al recordar en ello y evitó mirarlo, jugó con sus manos y reprimió el impulso de clavar sus uñas en la palma de estas—. Afrontaríamos cada cosa, juntos. Accedimos a ello, ¿pensabas que no lo iba a hacer? Sigrid, mis deseos personales poco van a importar si un día tú no estás a mí lado, ¿no te importa salir lastimada? —El tono de su voz se suavizó y acercó sus manos para acariciar las contrarias y que la kainiana lo viese—. Yo sé que soportarías todo como siempre has hecho, pero no tiene por qué ser así, ya no estás sola, ya no eres tú dentro de una cueva intentando sobrevivir, porque ya lo hiciste.
Sin previo avisó se incorporó y comenzó a caminar, Sigrid pudo ver como llevaba sus manos a su sien intentando buscar las palabras adecuadas. La voz se le había vuelto ronca, quizás por el frío de la noche, quizás por el enojo o quizás por nada en lo absoluto. Pero ella no dijo nada, el frío le caló en los huesos pero lo disimuló, sintió el aire tenso y juraba que si seguían así, este sería capaz de cortar como el filo de una espada.
—He pasado los días rezando a mis Dioses para encontrarte con vida, en cuanto Astrid arribó a Berk no lo pensé un segundo y me fui en Chimuelo, no hice ningún plan, no pensé en nada, no llevé nada. Lo único que quería era encontrarte, lo demás no me importaba —admitió, el pecho se le comprimió a la kainiana al escuchar como ahora se le rompía la voz—. Solo era yo, con las manos vacías y el corazón en un abismo. —Hipo se miró las manos y un par de lágrimas corrieron por su rostro al sentirlas temblar, Sigrid se incorporó de inmediato y se acercó hasta él para tomarlas entre las suyas—. Sí tú murieras yo perdería la cabeza... No puedo soportar la idea de perderte, Sigrid. Sé que no ha sido culpa tuya, pero no intentes alejarme, no más.
Un par de lágrimas corrieron del rostro de Hipo y Sigrid alzó las manos hasta sus mejillas para retirarlas, tuvo que ponerse ligeramente de puntillas para besar su nariz y murmurar cuanto lo sentía. Las manos de Hipo se cerraron en su espalda y cuando Sigrid se separó un poco, él dejó caer su frente sobre su hombro, mientras las manos de ella se cerraban detrás de su cabello dando caricias a su cabello.
—No me hubiera importado casarme contigo, si eso implicaba mantenerte a salvo —murmuró y las lágrimas corrieron ahora del rostro de Sigrid, más no se apartó.
Estuvieron así hasta que la luna se asomó junto a las estrellas que no se dieron cuenta de la noción del tiempo. El viento helado les obligó a separarse y Sigrid pudo ver los ojos de Hipo ligeramente rojos e hinchados, al igual que los de ella. Sin dejar de verse el uno al otro, Hipo tomó las manos de Sigrid y besó su dorso. Un beso que hizo palpitar su corazón.
—Esta puerta puede ser derribada —aclaró Hipo antes de que atravesaran el umbral al ver como su cuerpo se tensaba, ella asintió y pasó saliva por su garganta, aceptando la mano del berkiano.
Un rubor cubrió las mejillas de Sigrid al ver que Niels seguía despierto, probablemente había escuchado todo. Él los miró atravesar la puerta y alzó una ceja cuando vio sus manos unidas, pudo sentir su mirada interrogatoria y alcanzó a desviarla antes de que dijese algo inapropiado, en su lugar, continuaron su paso hasta una de las habitaciones. El fuego estaba encendido cuando llegaron y Sigrid alcanzó a ver a Chimuelo colgado del techo profundamente dormido, esbozó una sonrisa recordando sus visiones de él estando pequeños y dejó que Hipo la guiara hasta la cama, le habían limpiado el polvo y habían colocado una manta encima.
No dijo nada mientras se sacaba las botas, después de escuchar a Hipo... Había quedado completamente conmocionada y no sabía cómo responder aquello. Ni mil palabras serían la respuesta adecuada para expresar todos sus sentimientos. No podía, no era tan fácil cuando se trataba de palabras. Abrió la boca por un segundo y luego la volvió a cerrar, cuando se hubo sacado las botas las colocó a un lado de la cama y se sentó al borde de esta, el aliento se le fue cuando Hipo llegó hasta ella y comenzó a trenzar su cabello. Poco a poco se fue relajando mientras las manos de él jugaban con su cabello y lo unía siguiendo el procedimiento de las trenzas, sus movimientos tan relajantes la hicieron cerrar los ojos por un par de ocasiones y los abrió cuando sintió la cama hundirse con el peso de él al sentarse detrás de ella, sintió sus labios acariciar su hombro y aquella acción le robó el aliento.
—¿No estás enojado conmigo? —murmuró por lo bajo que pensó que no la escucharía, los labios de Hipo se separaron de su piel y la esperó a que se girase para poder verla—. Dioses, Hipo, deberías estar enojado conmigo.
—Debería —concordó y su mirada le recorrió el cuerpo completo, el rubor cubrió su rostro al recordar que no llevaba corsé—. Oh sí, debería.
Pero lo que hizo fue todo lo contrario a ello. Sus labios se abalanzaron sobre ella en un beso demandante que le sacó un jadeo de su boca y ante la impresión apenas pudo inspirar una pequeña bocanada de aire antes de corresponder. Sus manos se enredaron en su cabellera trenzada y lentamente fueron bajando, no pasaban ni dos segundos de que sus labios dejaban de tocarse cuando nuevamente se volvían a unir. El peso de la cama volvió a crujir cuando él hizo el ademán de acercarse más a ella y su otra mano se cerró en torno a su silueta, sus dedos recorrieron cada parte sensible de su cuerpo arrebatándole un suspiro. Sigrid no se detuvo ni dio muestras de querer que lo hiciera, esa conexión que sentían en esos momentos era distinta a veces anteriores. Cuando sus manos se acariciaban, cuando sus labios se encontraban, cuando él la tocaba... Este era el nuevo hilo que sentía que debía tomar, ese amor... Mentiría si diría que no amaba a Hipo.
⚘❀༄
Al día siguiente estaban lejos, muy lejos de Terk. Iban de regreso a Kain cuando un Terrible Terror arribó a manos de Valka, la nota era de Said y pedía que no llevasen a Sigrid ahí, ni a Berk o a cualquier otro lugar reconocido. Era peligroso. El estómago se le revolvió de solo escuchar las palabras de Valka, sabía que debía regresar eventualmente para enfrentar a esos lores, pero también sabía que no podía ella sola. Con el reino tomado de sus manos, necesitaba encontrar una manera de recuperarlo y evitar que más personas se opusieran a su reinado. Aunque mientras más pensaba en ello, menos se preocupaba. Por primera vez desde mucho tiempo, comenzaba a sentir la sensación de la libertad corriendo en sus venas, la sensación de no tener que dar más de sí para ayudar a personas que no querían su ayuda. Iba a pelear por su derecho al trono, eso sí, pero lo haría por ella y por la memoria de su padre.
Tuvo que despedirse de Niels cuando llegaron casi al norte, Valka lo llevaría de vuelta a Fair para discutir un par de asuntos con los hermanos Kerr y sabiendo que no sería peligroso para él. Las palabras de Lord Gray sobre los espías infiltrados en la isla las tenía presentes a cada segundo, pero esos seguidores de los Lobos Rojos no sabían qué Erwan era su hermano y que había sido raptado junto a Sigrid. Lord Gray murió y jamás supo quien fue la persona que se llevó junto a ella.
Hipo y Sigrid, mientras tanto, habían optado por permanecer tan cercas a Kain como pudiesen. Las islas Airgead eran su mejor opción, nadie la buscaría ahí y el señor de la tribu, Kiran, le había ofrecido su ayuda cuando llegase el momento. Arribaron cercas del medio día y fueron recibidos con buenos platos de comida recién hecha, degustaron tanto como pudieron e inclusive Chimuelo fue bien atendido, le hicieron un collar con ramas y flores que le pusieron y le dieron tanta carne como quisieron... Pero cuando le acercaron un pedazo de pollo, él se rehusó en comerlo y Sigrid supuso que aquello se debería a su cercana amistad con Maléfico. A quien no había visto en mucho tiempo, el corazón se le encogió de solo pensar en él. Cuánto lo extrañaba.
Sintió su cuerpo llenarse cuando comió su tercer plato de sopa, pero juraba no haber probado algo tan delicioso en su vida. Era un caldo de verduras y distintas especias, la mezcla de sabores se convirtió en su deleite y cuando finalizaron, les proporcionaron ropa limpia y una cabaña donde pudiesen descansar. Estaba plena, o al menos, así era como se sentía. Las heridas ya no le dolían tanto, sabía que tardaría un tiempo en superar lo acontecido, pero contaba con que no sería tan difícil sí tenía a Hipo a su lado, para calmar sus pesadillas y decirle que todo estaría bien. Cuando finalmente pudo asearse como era debido, se colocó uno de los vestidos que le prestó una de las muchachas de la tribu, la tela era suave, en un color café claro, casi tirando a beige. No se abrochaba como los otros que tenía, este solo tenía una especie de cinturón que se cerraba por la cintura. El cinturón era de una piel gruesa aterciopelada con un diseño bastante único, que tenía la forma de un oso. Había aprovechado en vestirse cuando Hipo se quedó hablando con Kiran, el líder de la tribu, no supo de qué hablaban cuando terminó de comer, pero tampoco sentía mucha curiosidad. El hombre era lo bastante sabio y siempre tenía las palabras adecuadas para las personas correctas.
La cabaña que les asignaron era lo suficiente espaciosa para que una cama hecha en base de hojas y otros elementos naturales destacara en el centro. Había un pequeño mueble de madera el cual tenía algunos papeles cuya lengua era similar al aotromneach, se distrajo con ellos mientras rascaba la panza de Chimuelo quien ronroneaba a gusto encima de la cama. Al ser hecha en base de hojas y demás, el Furia Nocturna había encontrado el lugar lo bastante cómodo para él y afortunadamente aquello evitaba que se quisiese ir a explorar. Las islas Airgead estaban pegadas a Kain, solo un río los separaba, pero sabía que cada cierto tiempo hacían rondines los guardias. Si Chimuelo se distraía con algo fácilmente lo reconocerían y no quería que pasase algo.
Cada cierto tiempo Sigrid era capaz de escuchar los aullidos de los lobos del lado de Kain, la piel se le erizaba cada que lo hacía, pero en distintos momentos del día había distinguido que algunos se trataban de distintas manadas. Acababa de terminar de aullar una de esas manadas cuando Hipo ingresó a la cabaña, se había quitado la armadura con la que solía viajar y en su lugar llevaba una camisa hecha de una tela gruesa de color gris oscuro, no era tan resistente como una armadura en caso de que ocurriese algo, pero tampoco era tan ligera como para que una daga pudiese atravesarla fácilmente. También se había puesto un cinturón del color de su vestimenta y tenía envainada a Inferno. Al entrar y verlos, fingió sorpresa de encontrarse a Chimuelo ahí.
—Me preguntaba donde estaría —dijo cuando ingresó, Sigrid sonrió y abrazó al dragón nocturno, cuyo ronroneo se escuchaba hasta unos metros fuera de la cabaña—. Hey, amigo. —Hipo se sentó en el extremo contrario donde estaba sentada Sigrid y se inclinó para rascarle bajo la barbilla—. Necesito que me ayudes con algo.
—No nos molestes, Hipo —interrumpió Sigrid con un ligero gruñido, Chimuelo le imitó y miró mal a su amigo. La cabeza de la kainiana descansaba sobre el cuerpo del dragón, pero al ver la mirada insistente del vikingo se incorporó y lo mismo hizo el Furia Nocturna que le lanzó una mala mirada al ojiverde.
—Necesito que te des una vuelta por la isla, pero no te dejes ver, sí ves algo sospechoso no vayas hacia allá, no cruces el río —dijo, el dragón lo miró con las pupilas en línea y después de ello abandonó el lugar, antes de que Hipo pudiera darle las gracias siquiera.
—¿Qué ha pasado? —preguntó ella cuando lo vio fruncir, el semablente de Hipo no estaba para nada tranquilo.
Se sentó bien en su lugar y el berkiano se incorporó para tomar un paño y un recipiente con agua que había sobre el mueble.
—Kiran me ha dicho un par de cosas —admitió, sumergió el paño en el agua y lo exprimió. Dejó el recipiente en su lugar y rodeó la cama para sentarse frente a ella, al ver lo que pretendía asintió e hizo de lado una de las aberturas de la falda para que pudiese retirar los vendajes de su pierna—. Tiberio ha subido al trono como Rey Regente, ayer se presentó en las islas Airgead para hacerles saber, dijo que no pensaba romper los acuerdos de paz por años de tradiciones al compartir tierra —comentó, el frío llenó su corazón, pero no era por las manos de Hipo al retirar la venda de su entrepierna, era por lo que acababa de revelar. Sintió como si la hubiesen lanzado al río más helado—. Lo sé, Kristoff había sido nombrado tu regente. Kiran piensa que tuvo que hacer algo para que no se opusiera a su palabra.
—¿Crees que él esté...? —Las palabras murieron de su boca tan solo las pronunció, su corazón latió con profundidad e Hipo se mantuvo quieto, alzando la vista para mirarla—. No puede, ¿verdad? No sería capaz, solo quiere el poder, pero Kristoff no puede...
—De verdad espero que no. —El ojiverde suspiró y lentamente, pasó el paño húmedo por la zona de la piel cosida, el ungüento había desaparecido y ahora solo la línea rojiza se apreciaba—. Eso no es todo.
—¿Qué tan malo es? Oh no, de verdad espero que no sea sobre alguien de Kain porque no voy a poder con la angustia —admitió, mordiendo sus uñas.
Estaba preocupada por todos, especialmente por su madre. ¿Cómo estaría? Ella había sido la reina antes que ella y sabía que era buena en manejar las difíciles situaciones, pero por esa misma razón se preocupaba. Sería una nueva amenaza para esos lores sí su madre decidía no permanecer callada. Esperaba que no estuviera tan preocupada, como quería decirle que estaba bien, hacerle saber que estaba con viva. Que sus dos hijos estaban bien. El silencio se hizo presente antes de que la mano de Hipo se cerrara en torno a su pierna.
—No es tan malo sí aceptas tomarme como tú compañero de vida —pronunció. Las palabras tardaron en cobrar significado en Sigrid, las interpretó de una y mil maneras posibles, pero todas la guiaban a un mismo resultado.
—¿Casarnos, Hipo? ¿En verdad? —Sintió su pecho arder y su corazón estallar por la velocidad en la que corrían sus latidos, la mano de él sobre su pierna era de poca ayuda en un momento como esos.
—Kiran dice que no podrán oponerse a ti una vez les des lo que tanto piden, ¿quieren un matrimonio? Se lo vamos a dar.
—Pero... ¿Tú? ¿Estás seguro? Sé que esos no han sido tus planes y tampoco los míos...
—Y tendremos tiempo para resolver todo eso, en algún momento de nuestras vidas —interrumpió él para calmarla, separando su mano para ahora tomar las ajenas entre las suyas—. No nos casaríamos, o no realmente. Ambos tenemos distintas religiones, no hay una manera que nos una a ambos en matrimonio por el momento. Pero hay un rito, Kiran dice que lo conoces.
—Llamado de la Luna. —Ella asintió y pasó saliva por su garganta, no habría pensado en eso. De mil posibilidades, jamás pensaría que Hipo vendría a proponerle algo cómo eso—. Es un rito de iniciación.
—Y de compromiso —concordó el vikingo—. Cuando volvamos a Kain no podrán decir palabra en tu contra, nuestros padres nos comprometieron cuando éramos niños y el acuerdo nunca se rompió. Ellos lo saben y tendrán que aceptarlo.
—¿Estás seguro? Es un compromiso —dijo, las emociones eran tantas que tenía que asegurarse de que lo que escuchaba era real. Hipo se levantó de la cama solo para inclinarse ante ella, aún sus manos sujetas—. No lo haré sino quieres.
—Tienes razón al decir que no estás lista, porque yo tampoco lo estoy —respondió, sus labios acariciaron el dorso de las manos de Sigrid—. Y quizás no lo estemos hasta dentro de unos meses más, puede que años incluso, pero yo sé y tengo seguro que te quiero en mi vida. Para bien o para mal, mi vida sería poco sin ti a mi lado. Este rito... Lo tomaré como una promesa. Pero sí tú no quieres, no tenemos porqué hacerlo, encontraremos una nueva solución.
—Si quiero —murmuró tan pronto sus labios se abrieron—. Es solo... Ya sé que lo hemos hablado, pero me da temor por ti. No quisiera que nada te pasara, eres importante, en mi vida. Estoy llena de cicatrices y quizás tú...
—Las cicatrices solo son la prueba de todo por lo que has pasado tú sola, no hay nada de que avergonzarse. —Él soltó sus manos e hizo lo que menos esperó, sus labios bajaron sobre su pierna y sus labios acariciaron la línea formada por el corte con la espada utilizada en su contra.
Aquel acto fue tan íntimo, que algunas lágrimas bajaron de su rostro. No eran las acciones hechas en busca de placer, eran las acciones hechas por alguien que la amaba tal y como era. Sin importar las cicatrices, sin importar las adversidades que los perseguían día y noche. Eran solo ellos, Hipo y Sigrid. Tan distintos como el fuego y el agua. Pero eran ellos y se querían.
En sus desesperación Sigrid no dejó que terminase su fila de besos y lo tomó de las mejillas para besar sus labios, el ojiverde se incorporó de la impresión, pero correspondió a aquello. Cada beso que se daban era distinto y este expresaba todo el amor que se profesaban el uno al otro. Con delicadeza la empujó hasta que terminó recostada sobre la cama, Sigrid pudo ser capaz de escucharlo murmurar un par de cosas en nórdico, pero estaba demasiado distraída como para intentar entenderle. Las manos de él se colaron en su entrepierna, aquella con su larga cicatriz y su palma ascendió y descendió en suaves movimientos que le arrebataron un suspiro. Se besaron hasta que el aire les pidió que se detuvieran, pero aun así, mantuvieron unidas sus frentes y se miraron a los ojos, cuyo color contrastaba el del contrario. Las manos de Sigrid acariciaron su mejilla con dulzura y con la mano libre de él apartó uno de los mechones que cubrían parte de la frente de la kainiana. No dijeron nada. Simplemente se miraron. Y luego, una vez más, se dieron un beso profundo que les trasmitió un sinfín de emociones.
⚘❀༄
Encontraron al Syōle cuando la luna se había puesto en su punto más alto. El frío de la noche acarició sus cuerpos mientras unían sus manos en presencia de Kiran y otras personas de su tribu. Tuvieron que separarse cuando una de las muchachas se acercó hasta ellos y les pidió extender las palmas de sus manos, sostenía una daga cuyo mango era de un color blanquecino que habían tallado para adquirir la silueta de la cabeza de un oso. Ella realizó un corte limpio la palma de sus manos procurando que fuese la contraria, después de ello, les hicieron unirlas y fortalecieron esa unión con un hilo dorado, mientras les hacían repetir un par de palabras.
Eres sangre de mi sangre y huesos de mis huesos.
Te doy mi cuerpo para que los dos seamos uno.
Te doy mi espíritu para que los dos seamos uno.
—El llamado de la Luna no es solo un Rito —expresó el Syōle, cuando hubiesen dicho cada uno el respectivo juramento—. Es una promesa. Su sangre desde este día hasta su último será la misma, el lazo de oro que los une es el símbolo de la protección que se proporcionarán el uno al otro. A partir de este momento, ambos se reconocen como su igual.
El corazón de Sigrid palpitó con fuerza cuando les retiraron el lazo dorado, el ardor en el corte de su mano ahora era inexistente. Podía sentir su sangre caliente fluir a través de su cuerpo, pero también podía sentir la de Hipo. Una pequeña sonrisa curvó sus labios y sus ojos brillaron, lo siguiente que hicieron fue pedirles extender la misma mano donde habían generado su corte. Hipo extendió la izquierda y Sigrid la derecha, con la misma daga, el hombre les trazó una marca en la esquina de su muñeca. Era una runa. La runa Praesidium, la misma que Hipo le había trazado en su espada cuando se la obsequió. Compartieron miradas el uno al otro para evitar sentir el hormigueo y ardor que se extendía por esa zona con el hombre haciéndoles la marca.
—Te ofrezco la protección de mi cuerpo, ahora y siempre —habló Hipo, pasando saliva por su garganta, se giró para quedar frente a Sigrid e hincar la rodilla delante ella. De sus bolsillos extrajo una daga y besó la hoja de esta—. Que en esta noche, los Dioses y las estrellas sean testigos de este juramento. Mi protección, mi compañía, mi pueblo, es tuyo; Mi Reina. Y si alguna vez te fallo, que esta daga atraviese mi corazón.
HOLAAAA
Yo no tengo palabras para describir lo que siento con todo ese cap DIOSMIOOOO.
Unas cosillas, ¿han visto este nuevo Hipo? Su relación ha dejado de ser tierna a ser apasionada tooo, no narré más pq me da miedo su reacción JAJAJA pero ando leyendo muchos libros de fantasía y la inspo no me suelta. Si veo que aprueban este tipo de narración probablemente vuelva a pasar JSSSJSKK DÍGANME LO QUE SINTIERON YO AMO ESTE CAP EN SERIO.
El verso que aparece en cursivas en esta escena final pertenece a Diana Gabaldon en su libro Forastera, amo muchisimo este libro y claro que quería añadir algo de ella aquí. El Syōle es un tipo de curandero en la cultura de las tribus del norte, el cual se encarga de llevar a cabos ritos como este o distintos, este es de mi creación jasjsjs. VOTEN Y DIGANME LO QUE SIENTEEEEEENN.
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