Bienvenida
¿Nerviosa? ¿Yo? Para nada, ni que fuese a ver a mi novio después de dos meses...
Para que mentir si me tiembla hasta el dedo gordo del pie, no se como me mantengo en pie, esperando a que mis maletas salgan, giro mi cabeza me quedo mirando fijamente un banco. Yo este banco lo conozco.
Sonrío al vernos a Carlos y a mi sentados en ese banco. Nuestra primera conversación no fue para tirar cohetes la verdad, pero no la cambio por nada.
Una sirena me saca de mis pensamientos, las maletas ya salen. Me acerco a la cinta y espero a que salga, por suerte salen de las primeras, no como la anterior vez que estuve aquí.
Arrastro mis dos maletas hasta la salida donde Carlos me espera, está sonriendo a la pantalla del móvil y mientras me acerco suelta alguna risa. Me acerco por detrás intentando hacer el menor ruido posible, el ni se inmuta. Cuando justo estoy detrás de él le tapó los ojos.
Yo: ¿Quién soy?
Carlos: No se, dejame adivinar... ¿Mí pequeña mariquita?
Le destapó los ojos y el se gira, bloquea su móvil y se lo guarda en el bolsillo del pantalón para después posar sus manos en mis mejillas y besarme. Había echado tanto de menos sus besos... Al separarnos sonrío para después abrazarlo con fuerza.
Yo: No sabes cuánto te he echado de menos gato tonto.
Carlos: No sabes las ganas que tenía de verte bichito.
Vuelve a cerrar sus brazos alrededor mío y yo apoyo mi cabeza en su pecho, el cual esta un pelín mas abultado que dos meses atrás. Al separarnos apoyo mis manos en su pecho.
Yo: Estás más fuerte.
Carlos: He estado yendo al gimnasio estos dos meses. Mira que brazo se me está quedando.
Saca bola con su brazo derecho y yo me hago la sorprendida, tiene un buen bíceps pero en mi profesión se ven brazos más musculosos. Paso mi mano por su brazo, acariciando su blanca piel con la yema de mis dedos. Con el mínimo roce su piel se pone de gallina.
Carlos: ¿Nos vamos peque?
Asiento comienzo a arrastrar una de mis maletas, mientras él lleva la otra.
Yo: ¿Con quien hablabas por el móvil? Se te veía feliz.
Carlos: Estaba hablando con mis fans, mas majos ellos.
Yo: ¿Que tal se lleva lo de tener fans? Debe ser duro que te persigan a todos lados.
Carlos: No nos persiguen, la gran mayoría. Son un amor, les debo todo, sin ellos no podría estar donde estoy ahora.
Los ojos de Carlos brillan al hablar de sus fans, se nota desde lejos que es feliz y le hacen feliz.
Yo: Se nota que te hacen feliz.
Carlos: Y tanto que me hacen feliz, son lo que mas quiero en este mundo.
Sonrío inconscientemente, verle tan feliz me hace feliz a mí.
Yo: Espero que no les importe que les robe a su ídolo a ratitos.
Carlos: Lo comprenderán ya verás.
Seguimos caminando por la acera hasta un coche negro, paramos en frente de él y Carlos desbloquea las puertas.
Yo: Así que este es tu coche...
Carlos: Sep.
Coge mi maleta y se dirige hacia el maletero. No resisto la tentación de escribirle algo en la ventana del coche y es que no pueden estar mas llenas de polvo las ventanas. Al lado de la frase dibujo un corazón.
"Limpia el coche que no encoge" ❤
Abro la puerta del copiloto y me siento, me abrocho el cinturón y espero a que Carlos entre. Tarda a penas cinco segundos en estar dentro del coche. En diez minutos estamos delante de la que supongo que será su casa, bueno nuestra casa ahora. Aparca y bajamos para coger las maletas, cada uno coge una y con cuidado de que no lo reconozcan entramos dentro del patio.
Llamamos al ascensor y subimos hasta el tercer piso, salimos al rellano y los dirigimos hacia la puerta de nuestra casa. Antes de abrir del todo la puerta una bola de pelo gris sale corriendo a nuestro encuentro, se sienta delante nuestro y se queda mirando fijamente a su dueño.
Carlos: Ayy mi Kei mi Kei.
Yo: Sigo pensando que Quién era un nombre más original...
Carlos coge al gato en brazos y me lo acerca, yo le acaricio el hocico suavemente haciendo que cierre sus preciosos ojos verdes. Se deshace de los brazos de Carlos y de un salto Salta a los míos, le sigo acariciando detrás de las orejas, haciendo que emita un suave ronroneo.
Carlos: Le caes bien. Anda entra, no nos vayamos a quedar a vivir en la puerta.
Aún con el gato en brazos entro dentro de su piso. Kei sigue ronroneando entre mis brazos, así que no paro de acariciarlo. Carlos arrastra las dos maletas hasta el salón.
Carlos: Bueno, bienvenida a mi dulce morada.
Yo: Me encanta. Es muy grande.
Carlos: He pensado que quizás quisieras una habitación para ti sola, para que tengas más privacidad y esas cosas.
Yo: De momento me quedo con una habitación para mi sola, pero a lo mejor a la larga duermo contigo.
Carlos: Entonces acompañame mi lady.
Acariciando al gato sigo a Carlos a lo largo de un pasillo, abre una puerta y ante mis ojos aparece un habitación blanca con una cama de matrimonio con las sábanas en rojo y blanco, un escritorio de madera pintada de blanco y unas cortinas con detalles en rojo.
Carlos: ¿Te gusta?
Yo: Me encanta.
Carlos: Si la quieres decorar a tu gusto tienes mi permiso, ahora es tu habitación.
Yo: Gracias por acogerme.
Dejo al gato en el suelo y me pongo de puntillas para poder estar a su altura, rodeo su cuello con mis brazos y junto sus labios con los míos. El acepta el beso gustosamente y posa sus manos en mi cintura, acercándome más a él. Separo nuestros labios lo justo para poder recuperar el aire que me falta y vuelvo a atacar sus labios, esta vez con más fuerza.
La temperatura va subiendo poco a poco entre los dos, sabemos cómo va a terminar esto y ninguno quiere impedirlo.
Sus manos pasan de estar en mi cintura a posarse en mi culo, hace fuerza hacia arriba obligandome a enredar mis piernas en su cintura. Pellizco su labio inferior con mis dientes y él en respuesta gime en mi boca.
Noto como camina y me sienta en el escritorio de la habitación. Suelto mis piernas de su cintura y me apoyo en la pared. Carlos abre ligeramente mis piernas y se cuela entre ellas para después atacar mi cuello con sus labios. Nada más rozar sus labios esa zona, un suspiro se escapa de los míos.
Sigue besando y succionando mi cuello mientras mis manos acarician su torso por debajo de su camisa, se nota que ha estado yendo al gimnasio estos dos últimos meses. Saco las manos de debajo de la camisa y poco a poco le voy desabrochando los botones, para luego quitarsela. Él hace lo mismo con mi camiseta, separa por un momento sus labios de mi cuello y me la quita.
Abrazo con mis piernas la cintura atrayéndolo más a mí, él vuele a cargarme encima suyo y me recuesta en la cama, se sube encima de mi cintura y empieza a dejar un camino de húmedos besos desde mi clavícula hasta mis labios.
Dirijo mis manos hacia su prominente erección. Mientras una de ellas acaricia la erección por encima del pantalón la otra desabrocha la bragueta. Mis manos se cuelan por la parte trasera de su pantalón y aprietan levemente su culo.
Carlos desabrocha mis vaqueros y los baja lentamente hasta dejarlos a la altura de mis tobillos, con dos patadas consigo sacarlos de mis piernas. Desabrocho su cinturón y le quito sus pantalones, lanzándolos bien lejos de la cama.
Con un movimiento de cadera consigo que Carlos se quede debajo y yo me siento encima de su cintura, beso sus labios mientras muevo mi cadera lentamente, rozando su erección.
Carlos: Jo-der...
Sus manos acarician toda mi espalda hasta el cierre de mi sujetador, con habilidad lo desabrocha y lo aparta de mi cuerpo, dejando libre uno de mis tatuajes.
"Love me"
Carlos: No sabía que tuvieses un tatuaje.
Con sus labios empieza a perfilar mi tatuaje, situado en la parte baja del pecho.
Yo: Tengo otro más, a ver si lo descubres.
Beso sus labios y vuelvo a tumbarme en la cama con él encima. Separa nuestros labios y observa cada parte de mi cuerpo, buscando el tatuaje que le falta. Me río al ver su desesperación al no encontrar el tatuaje.
Yo: ¿Te ayudo?
Asiente desesperado y yo me bajo un poco el tanga, lo suficiente para que se vea un poco el tatuaje. Sorprendido vuelve a besar mis labios con fuerza arrancándome un gemido.
Lentamente baja la última prenda que cubre mi cuerpo y sonríe al ver mi tatuaje.
"Are you ready?"
Carlos: Eres jodidamente sexy.
Como respuesta bajo sus calzoncillos, liberando a su amiguito. El rasga el envoltorio del preservativo y hábilmente se lo coloca.
Y es en ese momento, en el que somos una sola persona cuando me doy cuenta de que realmente quiero a este chico español que se sentó a mi lado en el aeropuerto, con el que he estado hablando por más de tres meses y al que le daría mi vida si hiciese falta.
Y grito, grito como si me fuera la vida en ello, los oídos me zumban y mis piernas tiemblan. Carlos apoya su cabeza en mi pecho, agotado. Sale de mi lentamente y se quita el preservativo, se levanta de la cama y lo tira en la basura del baño para después volver a acostarse a mi lado. Abraza mi cintura y me pega más a él, aún con la respiración entrecortada besa mi pelo y acaricia suavemente mi espalda.
Mis ojos se cierran solos, pero antes de caer en los brazos de Morfeo hablo.
Yo: Te quiero gatito, gracias por aparecer en mi vida.
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