VI | "Roja" |

| Canción Multimedia: Monster - Imagine Dragons |

Érase una vez, en un hermoso pueblito con crepúsculos arrebolados...

—¡Aburrido! —gritó el aprendiz de narrador —¿Podemos iniciar con algo que no incluya "Érase una vez"? —su maestro, el antiguo narrador asintió, cumpliéndole el capricho a su joven pupilo.

"Antes de que los caminos pavimentados existiesen, en el momento en el que no existía la tecnología..."

—¡Aburrido! —volvió a gritar el aprendiz.

—Bien, comienza tú el cuento. Vamos quiero ver cómo lo haces, bodoque —declaró molesto el viejo maestro. El joven asintió con satisfacción, era la primera vez que el anciano le dejaría contar un cuento.

—Bien empezaré...

Muchas veces nos han contado la clásica historia de Caperucita Roja, una niña común y corriente que fue devorada por un lobo cuando ella desobedeció a su madre. Lo que nunca sabe es que esa versión es para niños, sin mencionar que es demasiado aburrida y sosa para mi gusto.

—¡Aprendiz! —lo reprendió el maestro.

—¡Está bien, está bien! Déjame proseguir que si no nos eliminan del concurso.

—¿Cuál concurso? —declaró el anciano.

—En el que estamos participando, recuerda que nos juzga el Dios Feo.

—Hefesto, cierto —dijo el maestro tocándose la barbilla —Prosigue, que bastantes normas ya hemos quebrantado al hablar. —su aprendiz asintió gustoso.

"Por eso hoy, queridos niños y niñas, expectantes de la mejor literatura en esta plataforma, les contaremos una versión un tanto distinta, un día en el que Roja dejó de ser tan niña...

El amanecer entraba por la pequeña ventana ubicada a un lado de su cama, el sol penetraba con bastante intensidad por el cristal, iluminaba la instancia poco a poco, dejando ver que la anterior noche, la joven postrada en la cama, se había deshecho de toda prenda y se había acostado desnuda, después de una increíble fiesta en su pequeño pueblo.

Roja, como le decían sus más cercanas personas, se encontraba tapada hasta el nacimiento del busto, con sus manos por encima de la cabeza, en una extraña posición.

Un golpe, Roja empezaba a despertarse, dos golpes aquella mujer empezaba a abrir los ojos, los cuales eran lastimados por el malvado sol, tres golpes, la voz de su madre se hizo presente, retumbando en toda la habitación.

—¡Hija, ya despierta! —declaró su madre, desde afuera de la habitación, respetando el espacio de su hija —¡Baja a desayunar que hoy tienes que ver a tu abuela!

Roja, de mala gana lanzó una almohada hacia la puerta, el adjetivo "cruda" se quedaba corto a como se sentía.

—¡Niña, no me hagas entrar y echarte un balde de agua fría en tu cabeza! —replicó su madre, al no tener otra contestación más que el golpe sordo de la almohada.

—¡Ya te oí! —dijo la mujer que hacía un esfuerzo sobrehumano para cubrirse la cabeza.

—No le grites a tu madre, niña malcriada —para su mamá, ella seguía siendo su dulce niñita. Aun sabiendo que tenía una vida muy fiestera y bastante diversa. Te espero para desayunar, apúrate.

Aquella chica tuvo que quitarse de encima las cobijas, pero una corriente fría recorrió su cuerpo. Eran las consecuencias de dormir semidesnuda.

—Ya no vuelvo a hacer eso —dijo mientras se frotaba los ojos —. Odio mucho la resaca.

En un esfuerzo sobrehumano, se incorporó de un abdominal y se quedó mirando un zapato.

¡Sí un zapato!

Bueno, mejor dicho, uno de sus tacones.

Bien sigamos con esto. Roja se paró de su cama y fue directamente a su tocador. Se pudo observar en el espejo.

Roja tenía ya veinte años, físicamente había alcanzado la etapa de la perfección. Tenía las curvas exactamente en el lugar que ella quería y no le hacía falta a el ejercicio, o al menos como a las demás mujeres de su edad.

Se podían observar sus labios carnosos un poco inflamados de los intercambios que había sufrido en la fiesta de anoche.

Ella era demasiado guapa, su nariz pequeña y fina contrastaba con sus enormes ojos verdes. Pero ahora el maquillaje estaba corrido y tenía que limpiarse el rostro.

Abrió la llave y dejó que fluyera aquel líquido vital. Tomó un poco entre sus manos y se lo echó en toda la cara; estaba demasiado fría, lo que provocaba que sus poros se abrieran y se le bajara un poco la cruda.

Tomó las toallitas para retirarse el exceso de pintura. Pasando y retirando la pintura debajo de su ojo, volvió a elevar su cara y vio esos hermosos ojos que volvían y conquistaba a cualquier hombre que ella quisiese.

—Bien, ahora tengo que bajar a desayunar —dijo mientras tomaba la bata de baño y se cubría con ella —. Quizás mamá me haga su "revividor", aunque también me va a dar "chilaquiles".

Roja tomó una liga y amarró su cabello mientras abría la puerta y salía a tomar el desayuno.

—¿A qué hora llegaste, Roja? —preguntó su madre.

La señora Buza era una señora chapada a la antigua, una persona con un pensamiento cerrado y que piensa que las mujeres deben quedarse en su casa y no salir de fiesta cada fin de semana. Roja odiaba ese pensamiento de su madre, y desde su infancia, ella dijo que quería convertirse en todo aquello que su madre odiaba.

Era una pequeña rebelde.

Bueno, volviendo a la descripción de la adorable señora Buza, ella era una señora alta, que tenía unos bucles hasta la mitad de su espalda, con un cuello que usaba para observar a sus vecinos, y no, no se parecía a tía Petunia de Harry Potter. Vestida con un pantalón de mezclilla y una blusa con pequeños toques blancos con amarillo.

—Llegué a las dos, mamá —dijo Roja, mientras tomaba asiento en la mesa y bebía la aspirina que le había dejado. Su madre le dio una mirada de mala gana —¿Qué? Mínimo llegué a casa... casi no iba a llegar... —dijo, esto último, diciéndolo por debajo

—Tienes que quitarse esa mala costumbre —dijo su madre mientras le servía chilaqules —Tienes que tener más cuidado, recuerda que vivimos a fueras de la ciudad y el bosque puede ser muy peligroso por las noches.

—No te preocupes por eso, ma; un pana me trajo a casa

—¿Un pana?

—Sí, un chico venezolano. Muy guapo la verdad, aunque él no sabe que muchas de las palabras que se usan allá, aquí son muy raras.

—¿Dónde lo conociste?

—En la fiesta de anoche —dijo Rojita mientras introducía su desayuno a la boca, era un ardor muy delicioso. Su madre la vio con una mala cara —¿Qué? Tengo suerte con casi todos los chicos que conozco en fiestas.

—No me refiero a eso...

—Yo tampoco, madre.

—No me digas madre —la señalizó de mala gana —Sé que te sabes defender bien por tus clases de box, pero no creo que sea bueno que andes en la calle tan noche. Al menos avisa que te irás a fiestas en las noches.

—Siempre te aviso mamá, y más cuando me quedo con alguna amiga.

—Come niña malcriada, que tienes un día atareado —Roja se quejó ante ese comentario. —Quedaste de visitar a tu abuela y llevarle algunas cosas, recuerda que...

—Se le rompió una pierna mientras subía las escaleras —se sabía de memoria el discurso de su madre, su abuela tenía la pierna enyesada desde hace tres meses —Y prometí ir a visitarla todos los fines de semana.

—¡Niña lista! Ahora, comete tus chilaquiles que se van a enfriar, terminas y te vas a bañar mientras yo hago la canasta para tu abuela.

Roja era de las personas que se tomaba las visitas a su familia muy enserio. Ya que siempre usaba su vieja caperuza, aquella capa de viaje roja que le confeccionó su abuela en su infancia.

Al momento de llegar su adolescencia, ella sufrió un accidente y su vieja capa fue destrozada. De ahí su madre se encargó de hacerle una nueva capa, y así obtuvo su nueva capa. Una hermosa capa de seda de color rojo brillante, que la cubría de pies a cabeza y que podía taparse la cabeza.

Se sentía fabulosa y una diva muy grande.

Roja terminó su desayuno muy rápido, y aunque le seguía doliendo la cabeza, ya se sentía muchísimo mejor. Así que fue directa a su baño a darse una ducha.

Mientras Roja tomaba su baño, la señora Buza preparó la comida para su propia madre, y sé que en estos momentos te preguntarás ¿por qué ella va a ver a su madre si tanto la ama? Pues simple, ella era demasiado perezosa y necesita que su hija se active un poco más.  

Solo un poco más, tenía que dejar aquella vida que llevaba desde la muerte de su padre. La pobre Roja no podía seguir saliendo los fines de semana, no claro que no, descuidó completamente los estudios y tenía que hacer, cueste lo que cueste, que ella volviera a la Universidad.

Por eso el día de hoy la asustaría con un pintoresco disfraz de lobo que se encontró en la venta de garaje de su vecina. Y con vecina me refiero a la persona más cercana en cinco kilómetros.

—Sigo diciendo ¿por qué la gente se muda tan lejos, maestro? —preguntó el joven aprendiz —¿Tan difícil es la vida en la ciudad?

—Sigue con la historia, bodoque —respondió el anciano —Te he respondido esa pregunta un millón de veces.

—Cierto... —dijo el joven mientras se rascaba la barbilla —¡Bien, continuemos con el épico-mágico cuento de nuestra querida Roja!

—¡¿Hija?! —alzó la voz la señora Buza, esperando que su hija siguiera en el baño. Había terminado de preparar la comida para su madre hace unos cuantos segundos. Como no recibió respuesta de su hija, puso en marcha el plan.

   La señora de cuello alto, subió a su habitación y se encerró. Esperando a que su hija saliera y se pusiera en camino.

   Por otro lado, Roja estaba secándose el cuerpo con la toalla, aquella ducha le había quedado como anillo al dedo. Se sentía más fresca y renovada, lista para patear y levantar algunos traseros, y quizás, si corría con suerte tener suerte con alguno.

  Aquel sol que había perturbado el sueño de nuestra querida protagonista se había ido y ahora unas hermosas pero tormentosas nubes habían guardado celosamente a su querido astro, evitando así un daño para todos. Lo cual puso muy contenta a Roja.

   Se colocó unos jeans altos, acompañada de una blusa sencilla de color blanco, su par de tenis blancos con negro y para rematar, algo que siempre la caracterizaba, su caperuza roja.

   Fue nuevamente al espejo y se cepilló los dientes, aplicó un poco de maquillaje para ocultar las ojeras que le provocaban las fiestas y se pintó los labios de un rojo apagado. Se sentía linda y preparada para su viaje.

   Bajó las escaleras tan rápido como pudo.

—¡Ya estoy lista! —el dolor de cabeza ya había mermado lo suficiente como para que ella pudiese producir un grito de tal magnitud —¡¿Mamá, dónde estás?! —preguntó al no encontrar a su madre en la cocina.

   Caminó en toda la casa hasta que llegó a la sala, en donde se encontraba la canasta con la comida que le llevaría a su abuela encima de una mesita. Todo eso, junto a una nota.

"Surgió una emergencia, tuve que salir rápido. Te dejo la canasta para tu abuela, toma el camino principal, y por lo que más quieras ¡no tomes el camino por el bosque! Es peligroso. Te quiere, mamá".

   Roja terminó de leer la nota, dejándola encima de la mesita con un movimiento de hombros.

—¿En serio tenías que irte en tu día libre, madre? —preguntó al aire, cansada de que siempre su madre le dejara todos los encargos a ella. Otra motivación más para dejar la Universidad —. Bien, iré a con la abuela, tal vez ella sí quiera escucharme.

   Dicho eso, tomó sus llaves, teléfono, audifonos y la canasta, y colocándose la capucha roja cerró la puerta.

   Colocó el auricular izquierdo sobre el mismo oído y dejó que la música se produjera en modo aleatorio. Se fue caminando con la canasta en mano hasta el camino principal, sin saber que un antiguo amigo la observaba de lejos, con ojos de deseo.

—Está para comerse a mordiscos a esa chamaca —dijo Bigby, el gran y malo lobo feroz, terror de animalitos y de ancianitas, creador del temido masiosare en México y acreedor al enemigo público número uno por tres años consecutivos y el pelo de lomito más sedoso por casi cinco años, según la revista "BBW" —. Y va sola, y lo mejor aún, con su anciana abuela. —dijo mientras en su puño se veía un objeto extraño —. Te vas a arrepentir de todo lo que me has hecho.

   Dicho esto, Bigby se inyectó algo en su brazo, lo que provocó que poco a poco obtuviese una forma humana. Una con la que conquistaría y haría creer a Roja todo lo que él mencionara.

    "Monster de Imagine Dragons" sonaba en los auriculares de Roja.

—I'm only a man with a chamber who's got me, —cantaba en su mente, mientras tarareaba la canción. —I'm taking a stand to escape what's inside me.

   Bigby se encontraba en la esquina principal, se había colocado un saco azul con unos vaqueros desgastados. Ropa que le había robado a un pobre diablo que intentó asesinarlo.

Roja giró a la derecha y copa un Bigby totalmente distinto, tanto que le robó la atención y se quitó un auricular, dejando libre su oído derecho.

—Las estrellas que forjaron nuestros caminos no ardían, porque sabían que llegaría,os a encontrarnos algún día —dijo nuestro falso galán, con una sonrisa perfecta mientras le tendía la mano a nuestra querida protagonista —Y afortunadamente este día ha llegado, ¡oh mi astro blanco! ¿Dónde estuviste toda mi vida, dónde estuviste cuando yo necesitaba a alguien a quien amar y forjar un sendero que recorreríamos juntos hasta la decadencia del polvo estelar?

—En una galaxia muy, muy lejana en la cual los astros brillan con una luz condicional bajo un hoyo de oscuridad  —dijo de manera sarcástica Roja, odiaba que la gente se presentara así, pero estaba de buen humor, quería divertirse con aquel fanfarrón —¿Y tú mi fuego de Ingus, dónde estuvo mi hermoso caballero de frondosa cabellera? —dijo mientras Bigby sonreía, él creía que su plan estaba funcionando.

—Buscando a mi hermoso sol blanco, pero veo que aquel astro se ha convertido en uno rojo, en uno que poco a poco va deleitando con sus últimos rayos —dijo mientras besaba la mano de Roja —No debería de hablar con desconocidos, mi enseña blanca.

—No eres un desconocido —dijo Roja, inteligentemente sabía quién era él —. Eres el lobo feroz, el temible Bigby —ella hizo una pausa en la que barrió su cuerpo con la mirada —Aunque así no pareces tan amenazante, pareces más un pequeño lobito inocente que no sabe que es lastimar a la gente.

   Diablos, pensó nuestro lobo feroz. Esta niña era demasiado inteligente y sabía que no podía salirse con la suya.

—Inteligente niña, ¿A dónde te diriges? Quizás podría ayudarte y me darías algo de comer.

—A casa de mi abuela, llevo comida para ella —dijo mientras meneaba la canasta —. Vive en la colonia Roma.

—Dame algo de comida y yo, gustoso té daré información valiosa

   Roja confió en darle una manzana al lobo, el cual le proporcionó una información valiosa.

—Sigue aquel sendero, aquel sendero forjado por el mismísimo forjador del tridente, rayo y cadena de los antiguos, sigue aquel sendero hasta tocar con los túneles antiguos de la línea 16 y sigue de largo por trece estaciones, de ahí observarás la estación y colonia que buscas, pero sin embargo, ten cuidado que si te desvías del sendero, llegarás a toparte con colonias que puedas odiar, llámese Tepito o Ecatepec, e inclusive Indios Verdes.

—¡Muchas gracias, Bigby! —dijo Roja, la cual siguió el camino indicado por el lobo feroz.

   Lo que ella no sabía es que la había mandado por el metro, las estaciones más horribles de toda la ciudad. Sabía que tardaría bastante en llegar, así que pidió un confiable Uber.

   Media hora más tarde, Bigby había llegado a la casa de la anciana Buza, y sí, su Uber le había cobrado un ojo de la car y parte de un riñón. Pero eso es poco importante para el manjar que se comería en unos minutos.

   Entró lentamente a la casa, tomó un hermoso cojín tejido a mano y silenciosamente lo colocó sobre su rostro, evitando así que la señora respirara, llegándole así la muerte; hasta luego abuela Buza, que la fuerza la acompañe.

   Cuestión que el gran lobo feroz, se colocó el traje de dormir de la anciana y se colocó la suficiente ropa sobre la pierna para que pareciese que la tenía enyesada.

Por otra parte, Roja de acercaba a la casa de su abuela, desconociendo que está ya no estaba entre el mundo de los vivos.

—Nunca más le haré caso a Bigby —dijo de mala gana nuestra protagonista. Su viaje había sido de lo peor, y era cierto, el metro a esas horas era un infierno total —. Pero al menos ya estoy en casa de abue.

   Se quitó la capucha y tocó la puerta

—¿Abuela? Soy yo Roja —dijo mientras sus nudillos entraban en contacto con la madera. Y al no encontrar respuesta de su abuela, dijo —. Voy a pasar, mamá dijo que te trajera comida.

   Un pequeño paréntesis que se me olvidó decir, la mamá se quedó esperando disfrazada en la vía principal a su hija, vestida de aquel lobo no-tan-feroz. Nunca llegó su hija, así que supuso que había tomado otro camino. Ya la regañaría a llegar a casa, si es que regresaba.

   Volviendo con nuestra agradable historia, Roja entró a la casa de su querida abuela. Pero lo que no esperaba es que Bigby había comenzado con su transformación de lobo una vez más.

—¡Estoy aquí, hijita! —dijo el lobo haciendo su mejor acento femenino. El cual era pésimo, pero Roja estaba tan fastidiada del viaje que no oyó el mal acento del villano de esta historia.

—¡Abuela! —dijo Rojita al entrar a la habitación —¿Cómo estás, ya mejor de tu pie? —asintió la pobre señora lobo. —. Mamá te envió comida, sigue pensando que deberías quedarte en cama, viendo la "Rosa de Guadalupe" o algún otro programa.

—Sí hijita, inician hasta la noche, mientras veo al "Pedrito Fernández" en sus telenovelas —nuestra protagonista rió por el comentario del lobo.

—Oye abuela, que ojos más grande tienes —dijo Roja al momento de dejar la canasta en la cómoda del cuarto. La transformación del lobo había iniciado

—Son para verte mejor —dijo Bigby mientras se cubría con la sabana el rostro. De pronto las orejas le empezaron a cambiar.

—Y que grandes orejas tienes...

—Son para... para oírte mejor, sí, mi cirujano creyó que necesitaría un transplante de cocléa, es un nuevo tratamiento.

—Ahh... y oye abuela, por qué tu boca es demasiado grande...

   Al darse cuenta que el lobo estaba transformándose. Roja tomó la lámpara de noche de su abuela y le dio un golpe seco en su cabeza.

—¡Es para comerte mejor, estas que te caes de buena Roja! —dijo Bigby antes de ser impactado por la lámpara.

  Moja corrió lejos de lobo, pero no pudo ser más rápido que él. La había sujetado y colocado contra su voluntad contra la pared.

—No debiste confiar en mí —dijo el lobo en su oído —Ahora serás mi cena, pero antes... divirtámonos un poco.

—¡Auxilio! —exclamó nuestra protagonista.

   Por otro lado, para la buena fortuna de Roja, un antiguo héroe de guerra que actualmente empleaba como leñador, oyó el grito de aquella joven. Así que fue rápidamente hacia la casa.

   Pateó la puerta y pudo ver cómo el lobo había desprendido la caperuza a la pobre Roja, ella gemía de desesperación y su llanto no cesaba. Encendió la cierra que él tenía y con un hábil tajo, cortó la cola del Lobo Feroz, lo que provocó que soltara a Roja.

—¡Prepárate bestia fétida, tu momento ha llegado! —dijo valientemente mientras observaba la cara de Roja.

   Hicieron un intercambio un tanto cómico. Hasta que el leñador le dio un tajo justo en el mesogastrío, provocándole una herida que lo mató de inmediato. Bigby había muerto y había salvado a la chica.

—¿Está bien, linda? —dijo el leñador bajando su sierra.

—Si, sí eso creo —dijo tartamudeado nuestra protagonista.

—Bueno, parece que tengo que ayudarla a incorporarse —le tendió la mano y la incorporó. Observó esos ojos y dijo —Las estrellas que forjaron nuestros caminos no ardían, porque sabía que llegaríamos a encontrarnos.

—Por favor, esa frase ya la oí dos veces, sea más original.—dijo mientras se volvía a colocar la caperuza.

—Disculpe usted. Soy malo para esto. —Roja le dedicó  una sonrisa, nunca había conocido a un leñador.

   Y desde ese día, a Roja no volvió a confiar en la gente tan fácilmente, compuso su camino y volvió a la escuela,madeja do a un lado las fiestas y salidas cada fin de semana para concentrarse en los estudios. Porque no quería que se repitiese lo que ocurrió con el pobre Bigby.

—Fin —dijo el aprendiz.

—¿Eso es todo?

—Sip.

—¿Y qué ocurrió con el leñador?

—Fue friendzoneado. —el maestro le dedicó una mirada de las suyas, de esas que no aceptaban la versión de su estudiante —¿Qué? Mi versión de caperucita es más real y entretiene al público.

—Sabes que, discutiremos esto en otra ocasión, recoge tus cosas que ya es tarde —su asistente asintió y se fueron, adiós narradores, que la fuerza los acompañe. Dejándonos así con una historia alternativa y moderna de lo que fue Caperucita roja.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top