Primer Amor(Rin)- 3
El tiempo pasó, y aunque Rin y Sesshomaru nunca hablaron abiertamente de lo que significaban el uno para el otro, algo entre ellos comenzó a cambiar. No fue de la noche a la mañana, sino en esos pequeños detalles que solo ellos notaban: la forma en que Sesshomaru apartaba ligeramente su silla para que Rin se sentara a su lado en el aula de ciencias, o cómo Rin guardaba silencio cuando él estaba concentrado en sus proyectos, respetando su espacio pero siempre presente. Eran momentos sutiles, casi imperceptibles para los demás, pero que para ellos significaban todo.
Rin comenzó a notar cosas que antes no veía. La manera en que Sesshomaru fruncía ligeramente el ceño cuando estaba pensando, o cómo sus ojos dorados se iluminaban con una chispa de interés cuando ella hablaba de algo que le apasionaba. Él, por su parte, empezó a tolerar su presencia de una manera que no hacía con nadie más. A veces, incluso parecía esperarla, aunque nunca lo admitiría.
Un día, mientras Rin terminaba de copiar unas notas en el aula vacía, Sesshomaru entró sin hacer ruido. Se sentó en su lugar habitual, junto a la ventana, y comenzó a trabajar en un proyecto que llevaba días desarrollando. Rin lo observó de reojo, notando cómo la luz del atardecer se reflejaba en su cabello plateado, dándole un aspecto casi etéreo. Por un momento, se quedó absorta, hasta que él levantó la mirada y la atrapó en su campo de visión.
—¿Qué? —preguntó con su tono habitual, directo pero sin rudeza.
Rin se sonrojó y desvió la mirada.
—Nada, solo... pensé que te quedaba bien la luz —murmuró, sintiendo cómo el calor subía a sus mejillas.
Sesshomaru no respondió, pero Rin notó una ligera curva en sus labios, casi imperceptible, antes de que volviera a concentrarse en su trabajo.
Fue en ese momento cuando Rin comenzó a darse cuenta de que lo que sentía por él no era solo amistad. Era algo más profundo, algo que la hacía querer estar cerca de él, compartir momentos, vivir experiencias nuevas a su lado. Pero también sabía que era peligroso. Él era Sesshomaru Nagamori, el hijo de la persona que su padre más odiaba. Y ella... ella era Rin Yanai, solo una chica... comprometida con alguien a quien no amaba.
Aun así, no podía evitar soñar. Soñar con la posibilidad de que, tal vez, él sintiera lo mismo. Soñar con que, tal vez, podrían ser algo más.
Fue entonces cuando escuchó a unas compañeras hablar sobre el festival de verano. Sus voces estaban llenas de emoción, describiendo las luces, los juegos, los dulces y, sobre todo, los fuegos artificiales que iluminarían el cielo como estrellas fugaces. Rin no pudo evitar imaginar cómo sería asistir con Sesshomaru. Caminar entre la multitud, compartir un algodón de azúcar, mirar juntos el cielo mientras las explosiones de colores los envolvían. La idea la llenó de una emoción que no había sentido en mucho tiempo.
Pero Sesshomaru no era fácil de convencer. Él era reservado, distante, y los lugares concurridos no eran lo suyo. Aun así, Rin estaba decidida. Quería compartir esa experiencia con él, quería verlo sonreír, aunque fuera solo una vez, en medio de la magia del festival.
—Sesshomaru, vamos al festival de verano —le dijo un día, mientras caminaban por el pasillo vacío de la escuela después de clases.
Él ni siquiera volteó a verla.
—No.
Su respuesta fue seca, directa, como siempre. Pero Rin no se dio por vencida. Conocía esa parte de él, la que se negaba a hacer cosas que lo sacaran de su zona de confort. Sin embargo, también sabía que, en el fondo, había algo en él que la escuchaba, que la entendía.
—Sé que no te gusta ir a lugares concurridos, pero... dame el gusto, solo esta vez —suplicó, con una leve sonrisa que iluminó su rostro.
Sesshomaru se detuvo. La miró con esa expresión que parecía decir: "¿Acaso esta niña no se da cuenta de que la complazco en todo?". Y Rin supo que estaba a punto de ceder. Aun así, para asegurarse, hizo un pequeño puchero, jugando con su expresión para convencerlo.
El suspiro de resignación de Sesshomaru fue la confirmación que necesitaba.
—¿Cuándo es? —preguntó, fingiendo desinterés.
—En una semana —respondió Rin, conteniendo la emoción en su voz.
—Bien, ese día te recogeré en el parque a las 5:00 —dijo, y sin agregar más, se marchó.
El corazón de Rin latió con fuerza. Por primera vez, Sesshomaru aceptaba algo que ella quería sin más resistencia. Y eso significaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.
La noche del festival cayó como un manto de terciopelo estrellado, envolviendo la ciudad en una atmósfera mágica. Las calles estaban llenas de vida: risas de niños, el sonido de los tambores tradicionales, el aroma dulce de los dulces yakisoba y taiyaki flotando en el aire. Las luces de los farolillos colgaban como estrellas terrestres, iluminando los puestos de comida y los juegos. Pero para Rin, todo eso se desvanecía ante la presencia de Sesshomaru.
Él estaba allí, con su cabello plateado brillando bajo las luces del festival, su mirada dorada observando todo con esa calma característica. Llevaba un yukata sencillo pero elegante, de un azul profundo que contrastaba con el rosa pálido del de Rin. No podía dejar de mirarlo. Cada gesto, cada movimiento, parecía estar grabado en su memoria. Él, que siempre parecía tan distante, estaba allí. Con ella. Y eso lo significaba todo.
—En quince minutos comenzarán los fuegos artificiales —escuchó decir a alguien a lo lejos.
Rin sintió un tirón suave en su mano. Sesshomaru, sin decir nada, entrelazó sus dedos con los de ella y la guió entre la multitud. Su tacto era cálido, firme, como si no quisiera soltarla. Rin no preguntó a dónde la llevaba. Confiaba en él.
Y entonces, lo vio.
La rueda de la fortuna se alzaba imponente frente a ellos, iluminada por cientos de luces de colores que parpadeaban al ritmo de la música. Era majestuosa, como un gigante gentil que los invitaba a subir.
—Quiero que los veas desde lo más alto —murmuró Sesshomaru en voz baja, su tono serio pero lleno de una ternura que solo ella podía percibir.
El corazón de Rin latió con fuerza. Subieron juntos a la cabina, y en cuanto las luces del festival quedaron por debajo de ellos, Rin se dio cuenta de lo hermoso que era todo desde allí. Pero nada podía ser más hermoso que el hecho de que él estuviera a su lado.
La rueda giraba lentamente, dejándolos suspendidos en el aire, en un instante que parecía solo suyo. El mundo exterior desapareció. Solo existían ellos dos, en esa burbuja de tranquilidad y complicidad.
Entonces, la primera luz iluminó el cielo.
Un estallido de colores dorados y carmesí reflejó en los ojos de Sesshomaru, y por un momento, Rin vio algo en su mirada que la dejó sin aliento. Era como si, detrás de esa fachada impasible, hubiera un océano de emociones que solo ella podía entender.
Y en ese momento, rompió el silencio.
—Rin, ¿te gustaría ser mi novia? —preguntó, su voz suave pero firme, como si hubiera estado esperando el momento perfecto para decirlo.
El pecho de Rin se llenó de una calidez indescriptible. Había esperado tanto este momento, lo había soñado tantas veces... y ahora que estaba allí, se quedó sin palabras. Pero lo miró a los ojos, y en su mirada vio algo que la hizo sentirse segura. Él realmente la amaba.
—Sesshomaru, yo... —las palabras se atoraron en su garganta por un segundo, pero en cuanto vio la ansiedad oculta en su mirada, sonrió—. Sí. Quiero ser tu novia.
Antes de que pudiera reaccionar, él la envolvió en un abrazo. Un abrazo cálido, fuerte, como si con él pudiera detener el tiempo. Rin sintió cómo su corazón latía al unísono con el de él, como si finalmente hubieran encontrado un ritmo que los unía.
Y luego...
La besó.
Fue un beso tranquilo, delicado, pero al mismo tiempo lleno de emociones. El tipo de beso que marcaba el inicio de algo eterno. Rin cerró los ojos, sintiendo cómo el mundo a su alrededor desaparecía. Solo existían ellos dos, en ese instante perfecto.
La rueda de la fortuna siguió girando lentamente, los fuegos artificiales estallaban en lo alto, pero nada de eso importaba. En ese momento, solo existían ellos dos. Y en el corazón de Rin, supo que esto... era el comienzo de algo que prometía ser para siempre.
Continuara...
Hola ya cumplimos la meta ,así que les dejo lo prometido . El siguiente capitulo saldrá con 15 estrellas maso menos lo digo ,por si me demoro .Ya que no voy a estar tan conectada estos días.
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