Primer Amor (Rin)-1

La vida es impredecible, especialmente cuando se trata del amor. Rin Yanai lo sabía desde que tenía uso de razón. Había nacido bajo el peso de un apellido poderoso, uno que debía llevar con orgullo, o al menos, eso era lo que su padre le repetía constantemente.

"Eres una Yanai, y los Yanai no se doblegan", solía decirle Ryota Yanai, un hombre cuya ambición lo había llevado a la cima del mundo empresarial. Dueño de múltiples inversiones y mercados de renombre, se consideraba un hombre de éxito, no solo por su fortuna, sino porque había asegurado su legado al casarse con la hija de una de las familias más influyentes de Japón. A los ojos del mundo, Ryota lo tenía todo.

Pero lo más valioso de su imperio no era una empresa ni una inversión. Era su hija.
Su única joya.
Su mejor carta.
Y también su mercancía más valiosa.

Desde que era pequeña, Rin supo que su vida nunca le pertenecería. Su educación fue estricta y controlada: tutores privados, clases de etiqueta, lecciones de negocios y reuniones con las élites más poderosas del país. Todo diseñado para convertirla en la esposa perfecta. Su destino estaba sellado mucho antes de que pudiera pronunciar la palabra libertad.

El anuncio de su compromiso llegó sin previo aviso.

—A finales de año, te casarás con Alexei Susuki —le había dicho su padre con la misma frialdad con la que cerraba un trato.

Alexei Susuki era un joven de su edad, hijo de una familia con la que los Yanai buscaban estrechar lazos. Un matrimonio de conveniencia, un acuerdo comercial disfrazado de unión sagrada. Rin no tenía elección. Debía obedecer.

Y obedecer significaba aceptar todas las exigencias de su futuro esposo.

La primera de ellas: asistir a la misma preparatoria que él.

—Quiero que tengamos un amor de preparatoria —le dijo Alexei con una sonrisa que le resultó desagradable.

Como si eso hiciera alguna diferencia. Como si el hecho de verla todos los días en los pasillos de la escuela pudiera fabricar sentimientos que no existían.

.-.-

El primer día de clases fue un desastre. Rin, acostumbrada a la comodidad de sus clases privadas, nunca había estado en un ambiente escolar tradicional. Ser la "chica nueva" en una de las preparatorias más exclusivas del país no era un título que quisiera llevar.

Llegó tarde.

La repreprendieron
Pero no todo fue tan malo pues, gracias a las notas de su examen de admisión la colocaron en el mejor salón de su grado. Lejos de Alexei. Algo que a su prometido no le agradaría para nada, cuando se enterara. Quizás haría un berrinche como ya lo tenía acostumbrado.Pero para ella era mejor así.

"Suerte", susurro.

Al entrar al aula, sintió de inmediato cómo todas las miradas se posaban en ella. Era como si la hubieran colocado en una jaula de cristal, expuesta para el escrutinio de todos sus compañeros. Unos la observaban con simple curiosidad, otros con desdén. Rin bajó un poco la cabeza, incómoda. No le gustaba llamar la atención, mucho menos cuando se sentía como una extraña en un lugar donde todos parecían conocerse.

Y entonces, lo vio.

Entre los estudiantes dispersos por la sala, él estaba allí.

En una de las filas del fondo, recostado contra la ventana, como si el bullicio a su alrededor no existiera.

Cabello plateado, ojos dorados y una presencia que resultaba imposible de ignorar.

No supo cuánto tiempo se quedó viéndolo. Solo recordó la sensación de que algo dentro de ella se tensaba, como un reflejo involuntario.

Le tomó casi una semana saber su nombre, no porque no quisiera, sino porque era demasiado tímida para preguntar y él no era alguien con quien se pudiera hablar fácilmente. Sesshomaru Nagamori. Lo supo el día en que un profesor lo llamó por su apellido y sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

"Nagamori", susurró sin darse cuenta, sintiendo cómo su pecho se oprimía.

Ese apellido lo había escuchado demasiadas veces en casa, siempre acompañado del odio de su padre.

¿Podría ser solo una coincidencia?

Como si hubiera sentido su desconcierto, él alzó la mirada y la atrapó en su campo de visión. La sostuvo un instante que pareció demasiado largo, pero su expresión no mostró ni un atisbo de emoción. Para él, Rin era solo otra cara en la multitud.

Pero para ella, fue distinto.

Había algo en esos ojos dorados que la inquietaba, una sensación extraña que no sabía cómo explicar.

Con el tiempo, entendió que Sesshomaru no era como los demás. No permitía que nadie se acercara a él. Su actitud fría y distante mantenía a raya a cualquiera que intentara iniciar una conversación. No era grosero, pero su mirada y su lenguaje corporal lo decían todo: no le interesaba.

Rin lo entendía. Y aunque quisiera acercarse, sabía que él no lo permitiría.

Con las semanas, logró hacer algunos amigos, un pequeño triunfo dentro de un entorno donde todo le era desconocido. También recibió algunas confesiones de compañeros que la encontraban atractiva. Para cualquier otra chica, aquello podría haber sido motivo de emoción o al menos de incomodidad pasajera, pero para ella significaba algo más peligroso.

Si su prometido llegaba a enterarse, la castigaría sin dudarlo.

Por suerte, bastaba con un rechazo para que la mayoría se alejara sin insistir.

Aun así, su vida en la preparatoria estaba lejos de ser sencilla. El control de su padre se extendía incluso hasta allí. Y su sombra, como siempre, tenía un nombre: Alexei.

Él se encargaba de recordarle que no importaba dónde estuviera o con quién hablara, siempre estaba bajo vigilancia. Siempre le pertenecía.

Y Rin, como siempre, lo soportaba en silencio.

Porque sabía que desobedecer nunca era una opción.

.-.-.

Ese día, al terminar las clases, Alexei la esperó a la salida como de costumbre. Pero esta vez, su mirada era diferente.

—Podemos hacer algo más —le dijo con una sonrisa que le heló la sangre—. Quiero darte un beso.

La sola idea la asustó.

Rin nunca le había permitido tal cercanía, no porque le faltara oportunidad, sino porque algo dentro de ella le decía que no lo quería. Un instinto que gritaba que se alejara.

—No quiero —murmuró, intentando zafarse cuando él tomó su mano con fuerza.

—No te hagas la difícil. Eres mi prometida. Tarde o temprano... —susurró, acercándose demasiado.

El miedo se apoderó de ella. Ese tono, esa mirada, no eran los de alguien que respetara un "no".

Cuando él intentó sujetarla con más fuerza, su instinto reaccionó antes que su mente. Se apartó bruscamente y, sin pensar, echó a correr.

Su corazón latía con fuerza mientras sus pies la llevaban a través de los pasillos, sin dirección clara, solo con el deseo de escapar. Tenía que encontrar un lugar seguro.

Terminó en el aula de ciencias, con la respiración agitada. Sus ojos recorrieron el lugar con desesperación hasta que lo vio.

Sesshomaru Nagamori estaba allí.

A diferencia de ella, él parecía tranquilo, completamente concentrado en un cuaderno abierto frente a él.

Rin no lo pensó demasiado. Con el miedo aún recorriendo su piel, se deslizó bajo la mesa más cercana y se hizo un ovillo, esperando que él no la delatara.

Sesshomaru alzó la vista con una ceja arqueada. Sus ojos dorados la observaron, primero con sorpresa y luego con un atisbo de molestia. No dijo nada.

Y entonces, la puerta del aula se abrió de golpe.

—¡¿Has visto a una chica?! —La voz de Alexei resonó en la habitación, llena de frustración.

Sesshomaru ni siquiera se molestó en levantar la mirada.

—¿De esta estatura? —insistió el otro, haciendo un gesto con la mano.

—No he visto a nadie —respondió Sesshomaru con absoluta indiferencia.

Rin contuvo la respiración debajo de la mesa.

—¡Lárgate! —espetó Sesshomaru de repente, su tono cargado de desdén.

Hubo un silencio tenso.

—¿Cómo te atreves? —soltó Alexei con incredulidad—. ¿Acaso no sabes con quién te estás metiendo?

Sesshomaru levantó la cabeza por primera vez, fijando su mirada en él.

—Tú eres el que no lo sabe.

Alexei entrecerró los ojos, analizándolo. Luego, como si finalmente hubiera atado los cabos, murmuró con una mezcla de reconocimiento y resentimiento:

—Nagamori.

Un apellido que lo decía todo.

—Lo siento —dijo Alexei en un tono más mesurado, aunque la molestia seguía reflejada en su rostro. Sin decir más, se marchó, cerrando la puerta tras de sí.

Rin dejó escapar un suspiro tembloroso. Por poco.

Sesshomaru desvió la vista hacia ella, observándola sin emoción aparente.

—¿Acaso no piensas salir de ahí?

Rin no se movió de inmediato. Sus piernas aún temblaban.

—Gracias —susurró, sintiendo que esas palabras eran lo único que podía decir.

Él no respondió.

—Puedo quedarme un poco más... —murmuró con timidez—. Todavía debe estar afuera... esperándome.

Sesshomaru exhaló un leve suspiro, como si le molestara la idea de tener compañía, pero no hizo ningún comentario.

—No haré ruido —prometió Rin, sentándose en la silla junto a la mesa donde él trabajaba.

Él la miró con aburrimiento antes de encogerse de hombros.

—Haz lo que quieras.

Ese fue el primer acto en el que Sesshomaru Nagamori permitió que Rin Yanai entrara en su mundo.

Y aunque ninguno de los dos lo sabía en ese momento, no sería la última vez.

Continuará...

Tengo que confesar que inicialmente quería escribir solo la continuación del one-shot y concentrarme más en esa parte. Sin embargo, al escribir y querer publicar, pensé que necesitaban la versión de Rin. Por cierto, a aquellos que leyeron el one-shot y me conocen desde hace tiempo, ya saben de cuál historia se trata y saben que la otra es una versión de Sesshomaru, con otro estilo. Mi estilo ha cambiado mucho con el tiempo. ¡Espero que disfruten! 5 🌟y publicamos la siguiente.

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