Capítulo uno
Vivencias cada 28 días
Do Kyungsoo & Kwan Yun (Oc)
~When i was your man/Instrumental~
Capítulo único
Quería a alguien tierno, que me hiciera sentir hermosa y segura con lo que estoy pasando y esto definitivamente no lo era.
—En el futuro, ¿podrías al menos avisarme antes de que, literalmente, ponga las manos en tu sangre?—no entendí a lo que se refería hasta que me voltee y vi como dejaba escapar un profundo suspiro, apretados los labios y los ojos con fuerza. Sostenía mi pantalón como si fuera algo radiactivo. Solo estaba manchado de sangre no de uranio.
¿Porque hoy de entre todos los días decidió hacer la colada? ¿Porque encontró mi pantalón escondido en el fondo del armario donde lo puse para que no lo viera?
—Debes de ser más cuidadosa ¿sabes?—me regaño como si él fuera todo un experto en la materia y me miro con una expresión de suficiencia en la cara.
—Pues lo lamento...—bufe sarcástica. "Nadie te mando a meter las manos donde no te llaman" pensé.
Estaba a punto de salir del cuarto de lavandería, pero no podía permitir que las cosas se quedaran así; si yo tuve que soportar su cara de asco, él tenía que soportar lo que yo le iba a decir. Regrese los dos pasos que había dado para salir y mirándolo a la cara le dije:
—No es como si yo lo hiciera apropósito, si fuera por mí yo preferiría no tener que pasar por esto todos los meses...—él lo sabía. Recordé la expresión de falso entendimiento tratando de ocultar su decepción con la que me miro cuando le dije que no quería hijos—Y esto me lo dice la persona que se supone quiere tener hijos conmigo. Si no fuera por esto—los nudillos me dolieron de apretar la mezclilla entre mis manos— yo no podría dártelos. Eres un maldito hipócrita Kyungsoo.
La arranque el pantalón de las manos y me fui. Estúpido, y mil veces estúpido. Le daba asco mi sangre; pues los fluidos que salen de su cuerpo no son precisamente dulce de leche.
Tire con enfado el pantalón al piso, cerrando de un portazo, pegue la espalda a la madera y me deje que la gravedad me llevara al piso. Busque el picaporte a manotazos y puse el cerrojo.
¿Qué culpa tenía el pantalón en todo esto? A gatas lo jale de una pierna y me lo pegue al pecho. Suspire, odiaba todo esto. Yo no quería pasar por esto. Me oville como un gato y me quede dormida en donde estaba.
Tenía la garganta irritada, tal vez por dormir cerca de una corriente de aire. Lo bueno era que el vientre me había dejado de doler. En este momento lo de menos era el dolor de espalda que tenía por dormir en una mala posición.
—Cariño abre. Lo siento—sentí su voz vibrar en mi espalda, como si para hablar lo hiciera con la boca pegada a la madera.
—Lárgate—le grite antes de volver a tratar de dormirme.
Sin embargo no pude; él se quedó allí. Podía escuchar su respiración y los golpecitos que le daba a la madera no me dejaban dormir.
—Maldición Kyungsoo ¿Qué es lo que quieres?—un segundo después de decirlo arrepentí, ya que; me puse en el plan de que ya no me iba a importar. Me voltee para ver de frente la oscura madera de la puerta, como si con eso ya le estuviera dando la cara.
—Lo siento realmente—a diferencia de otras ocasiones su voz sonó sincera—no voy a mentirte, me dolió lo que dijiste. No negare que yo también dije cosas de las que me arrepiento, sé que te lastime. Tienes razón, no puedo pedir algo y luego odiar una parte de lo que lo forma, es incongruente—pegue mi frente a la madera queriendo evitar reírme. Hace solo unos días yo le había explicado el término incongruencia de Rogers, "recordó todo lo que le explique".
"Abre la puerta. Quiero verte, quiero disculparme como se debe y quiero que hablemos de esto. Ya no calles más y dime todo eso que te molesta. No lo sabré si no me lo dices—contuve las lágrimas todo lo que pude. "Estas exagerando las cosas. No seas una llorona" me regañe.
Tarde cerca de cinco minutos en abrir la puerta. Cuando había espacio suficiente para ver hacia fuera me dio miedo el que ya no estuviera allí. No lo culpo, no era como que se quedaría allí hasta que me dignara a salir.
—Bebe—se levantó lo más rápido que pudo y casi tropezando me abrazo.
Cuando sus brazos se apretaron a mí alrededor, sintiéndome segura y acunada por su pecho, le di permiso a las lágrimas de salir.
—Qué te parece si comemos y ya luego hablamos—acuno mi cara entre sus manos y limpio las pocas lagrimas que quedaron en mi cara y no en su camisa.
Él era así, tan cerrado que hasta a él le costaba acceder a sí mismo. Soo podía ser un tonto cuando quería, pero también era un puerto seguro y mi ancla a la cordura para este tipo de momentos.
...
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