Capítulo tres
Vivencias cada 28 días
Kim Minseok & Oc
~Rhythm After Summer~
Capítulo único
Moverme en el reducido espacio que tengo entre Sehun y Baekhyun y el asiento de adelante de la camioneta es casi una tarea titánica. A eso solo se le suma que es la tercera vez que siento vibrar mi celular en mi bolsillo y sigo tratando de sacarlo sin despertar a Baekhyun dormido en mi hombro.
—Hola—balbucean al otro lado de la línea, aunque no necesito mucho para reconocer quien era.
—Hola—digo con un hilo de voz, tratando de ahora no desertar a dos personas.
—Seokkie puedes pasar a comprar algo por mí...—y su voz se corta por el sonido de un claxon.
—Claro, solo que llegara como en una hora—pego aún más el celular a mi oreja como si eso ayudara a que escuchara mejor.
—Podrías por favor comprar algunas toallas. Es que estoy en casa y no me siento con ganas de salir así...—lo pregunto con una inusual voz de bebé.
¿Toallas? ¿Para qué? No es como que no tuviéramos en casa...
—Compresas Minseok-ah—casi es como si pudiera ver mi expresión de pasmo—Bueno si quieres...tampoco es que...
Rio y pienso en la primera vez que me pare en una farmacia para buscar las dichosas toallas. El pasillo era casi atemorizante, rodeándote de todos esos anaqueles llenos de suaves empaques de colores pasteles.
Trato de recordar como luce el empaque que guarda en el último cajón del closet y me doy por vencido al ver que la mitad de las bolsas son de color rosa y morado. La otra mitad es verde y me hace pensar en si el color tendrá alguna importancia.
No hay nadie cerca. La farmacia está vacía –con excepción de la dependienta de edad mayor– pero aun con eso me tomo la precaución de ver a ambos lados antes de aferrarme a los que están más cerca de mis manos. Los presiono con fuerza contra mi pecho y vuelvo asomarme a ver si hay algunos ojos curiosos espiando.
Leo las etiquetas casi con miedo, casi como si fuera a leer la forma en la que iba a morir.
¿Por qué hay tantos tipos? ¿No todas las compresas hacen lo mismo?—pienso y una mueca de horror me deforma el rostro cuando reconozco que en la mano izquierda tengo una caja de tampones. Los regreso al estante casi como si fueran un aparato de tortura.
Salí de la farmacia con cuatro paquetes sin saber que tenia de diferencia uno entre otro, con pastillas para los cólicos, parches calientes y un paquete de dulces.
—Sí, ¿Cuáles?—respondo sin ninguna duda, creo que a este punto ya no hay vergüenza en absoluto.
—Nocturnas sin alas—susurra—son las de...
—Lo sé—sonrió con algo de complicidad, sabiéndome un experto.
—Enserio gracias; cuídate de camino a casa. Te amo.
—Te amo también—.
...
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