Bromas Hirientes
Ya había pasado un mes desde que Burr y Alexander se casaron, después de la boda habían estado viviendo juntos en un pequeño departamento y les iba muy bien. Los dos trabajaban de abogados en el mismo lugar y ganaban un buen dinero, en lo tanto nada les faltaba. Aunque a veces el trabajo los consumía siempre intentaban pasar tiempo de caridad el uno con el otro. El caribeño no podía sentirse más feliz de estar junto a alguien como Aaron Burr a pesar de lo reservado y serio que podía llegar a ser este.
Pero a pesar de tener un lugar decente en donde vivir para Burr y Alexander aquel departamento se les hacía cada vez más pequeño, por lo que comenzaron a ahorrar para poder comprar una casa propia y más espaciosa que ese lugar. Les tomó un lapso de 2 meses tener el dinero suficiente para comprar la casa que querían. Y ahora mismo se encontraban acomodando algunos muebles en su nuevo hogar.
Alexander cargaba una caja grande y tenía planeado dejarla cerca de la sala, ya que ahí colgarían unas cuantas fotos y cuadros para adornar, los cuales estaban dentro de la misma caja que tenía en brazos. A decir verdad, esta pesaba, por lo que al dejarla ya en el suelo estiró un poco sus brazos, intentando hacer desaparecer el leve dolor en estos. Suspiró con cansancio y fue cuando Burr se le acercó, mirándolo con una ceja arqueada.
—¿En serio estás cansado?— Preguntó cruzándose de brazos —No llevamos ni la mitad de la mudanza. No puedo creer que seas tan débil—.
Alexander lo miró indignado.
—¡No soy débil!— Reclamó haciendo un puchero —La caja si estaba algo pesada, es todo— Burr rió.
—Dios, si así te pones con una sola caja no creo que aguantes todo lo que nos falta— Se burló —Es mejor que no hagas nada, tu poca fuerza solo me estorbaría—.
Los ánimos del caribeño decayeron al oír aquello. ¿Realmente era tan debilucho? O sea, su complexión era delgada, pero no creía que tanto como para que no tuviese fuerza. Miró al suelo con tristeza.
—L-lo siento— Dijo casi en un murmuro. Escuchó a Burr reír nuevamente y miró por el rabillo del ojo como se acercaba a él.
El moreno lo tomó del mentón y levantó el mismo mientras sonreía como si nada.
—Oh vamos, no te pongas así. Solo era una broma— Dijo para después darle un rápido beso en los labios —Ahora vamos, aún nos quedan muchas cosas que acomodar aquí— Y sin esperar respuesta fue que se dirigió afuera, donde estaban más cajas y otros muebles.
Al saber que era una broma el morocho se animó un poco, pero también estaba algo extrañado, normalmente Burr no solía decir ese tipo de cosas y sí le había dolido. Lo siguió para ayudarle con las cajas y las demás cosas que faltaban mientras intentaba dejar de pensar en aquella esa situación, pues la mudanza era más importante por ahora. Y además Burr lo había aclarado. No había sido más que una broma... Una algo dolorosa broma.
Ya sé que está cortito, perdón. Pero los demás capítulos ya van a ser más largos, lo prometo.
–UnaPinkyFanAzBv.
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