¿Por qué ahora, joder? (1)
15 de Agosto de 2017
- Vamos chica de ciudad, es hora de levantarse.
Refunfuño mientras muevo las piernas para quitarme de encima la fina sábana con la que he dormido toda la noche. Me niego a abrir los ojos mientras me revuelco en la cama intentando buscar la postura adecuada para seguir con mi sueño. Pero entonces, la alarma del móvil de despierta por completo y maldigo al chico de pueblo, al fresquito de la madrugada y a la horrible música de mi despertador. ¿Es que no la había cambiado? ¿Por qué no se ha guardado? Son las cinco y media del mañana, solo quiero dormir, no puedo ni con mi alma.
Frunzo el ceño más mientras me levanto de la cama soñolienta, me estiro y me dirijo directa al baño. Necesito una ducha. Esta noche ha sido extraña, ha hecho muchísimo calor, pero aun así, la madrugada ha tenido tiempo para enfriar el ambiente y conseguir que pasara algo de frío. Ahora me siento sudada y la verdad, creo que una ducha me ayudará a despertarme. Me desvisto, apoyo la toalla junto a la bañera, abro la llave del agua y me meto antes de agarrar la cortina y ponerla.
Cuando salgo de la habitación ya vestida, Izayoi ya me ha preparado el desayuno y la escucho tararear en la sala de estar. Le había dicho que no hacía falta que no hiciera, pero algunas veces continuaba haciéndolo alegando que le gustaba tener pequeños detalles con los demás.
Encontrarme a Inuyasha con sus camisas de cuadros ya era una costumbre, pero hoy llevaba las mangas remangadas y las venas de sus brazos se apreciaban en nada que tensara el brazo para alzar la taza de café. Una cosa que me pareció graciosa en su momento fue que su madre echaba toneladas de azúcar al café, mientras su hijo lo tomaba sin azúcar. Cuando termina de beber su taza de un trago, me guiña el ojo antes salir de la cocina hacia el patio trasero.
- ¿Hoy toca domar a Misha, cierto? – preguntó Izayoi a lo que yo asentí con la cabeza mientras me acercaba al fregadero a lavar el plato del desayuno. – Tened cuidado, si ves que está muy nerviosa obliga a mi hijo a alejarse, es demasiado cabezota.
No pude evitar reírme de eso. Luego me acordé de que la última vez que Inuyasha domó a Misha casi nos pilla su madre besándonos y preferí no alargar más la charla y salir por la puerta hacia el establo. Cuando llego, saludo a la yegua y la acaricio mientras espero a Inuyasha.
Esto es nuevo del chico de pueblo, normalmente está aquí antes, preparando a Misha. De pronto alguien sale de otro establo y se escucha a otro caballo relinchar. Es enorme, negro, su pelaje brilla muchísimo, tiene las crines cortas y su cola termina con puntas grisáceas y marrones... es muy bonito. Tras él se esconde Inuyasha, que me mira con una sonrisa pícara.
- He pensado que podíamos hacer algo distinto hoy. – dice acercándose a mí sin soltar al caballo.
- ¿Qué tienes en mente, chico de pueblo? – pregunto mientras me cruzo de brazos
- Bueno, necesito que Misha aprenda a dejarse guiar y he pensado que podríamos intentarlo con otro caballo. Si Relámpago lidera la caminata, Misha lo seguirá, suele funcionar así.
- ¿Porque es macho?
- No exactamente, porque es mayor y en una ruta los caballos suelen seguirse los unos a los otros, por eso los mejores jinetes van delante.
Asiento tras la explicación y le echo un vistazo a Misha que parece cómoda con la presencia del otro caballo, supongo que no es la primera vez que se ven y tienen cierta confianza. Estoy apoyada en la puerta de Misha, mirándola, cuando noto que el brazo de Inuyasha se encuentra a centímetros de mí, agarrando las riendas y aferrado al portón de Misha. Miro hacia arriba buscando sus ojos dorados cuando me doy cuenta de que se acaba de poner el sombrero, su ala no me deja ver nada que no sea la cara de Inuyasha. Intento girarme hacia el lado opuesto a su brazo pero coloca el otro.
- Cuando te dije que me podías hacer un chupetón, hablaba de hacerme sólo un chupetón. – Dijo desabrochándose el primer y el segundo botón de su camisa a cuadros, dejando entrever los tres chupetones que había terminado haciéndole.
- Nunca me dijiste que parara, chico de pueblo.
Inuyasha se alejó lentamente y me tendió las riendas de Relámpago mientras entraba a por la yegua para colocarle la montura.
- Lo que tengo pensado hoy, es que cabalgues, chica de pueblo.
Cuando Misha está totalmente equipada, Inuyasha se vuelve a acercar a mí, que no me he movido ni un milímetro mientras le veía trabajar y solo me he dedicado a darle mimos al precioso caballo negro, y me quita las riendas de la mano para dejarlas en el suelo. Da un pequeño tirón de ellas, haciendo entender al caballo que debe quedarse quieto, cosa que parece captar y me señala con la cabeza a Misha para que me acerque a ella.
- Normalmente se monta por la izquierda. Podríamos enseñarla por la derecha, pero vamos a empezar con lo simple.
- ¿Cómo me subo? – pregunto mirándola... nunca me había parecido tan alta.
- Es muy simple, debes poner el pie izquierdo en el estribo, agarrarte de la silla, y darte impulso para subir y pasar la pierna derecha por encima hasta el otro estribo.
Mis ojos se fijan en el estribo que me llega al pecho.
- Está muy alto, no llego. – confieso mirándole
Esto en las películas parecía más fácil, pero no creo que sea capaz de subirme.
- Bueno, inténtalo, si no funciona te ayudo a subir.
Suspiro y sigo los pasos que me ha marcado, en teoría es simple, pero hay que tener fuerza para llegar a subirse solo con una pierna. Misha se mueve un poco lo que me pone algo nerviosa.
- Intenta no pensar en nada, los animales huelen el miedo. Si Misha te note nerviosa, ella también lo va a estar.
Asiento y me agarro a la silla con las dos manos, comienzo a subir el pie al estribo, que me queda muy alto, pero lo consigo, pero lo de dar el impulso es imposible.
- No sirvo para esto. – comento en cuanto Inuyasha me agarra para ayudarme a bajar el pie.
- Vamos a intentarlo de otra manera, apoya el pie derecho en mis manos, te doy impulso y pones el derecho en el estribo y subes.
Consigo subir arriba y el chico de pueblo me explica cómo se manejan las riendas mientras se sube en Relámpago de un salto. Cuando ambos estamos subidos, encamina la marcha hacia fuera del establo y yo le sigo. Misha se comporta estupendamente, Inuyasha tenía razón en eso de que se deja guiar, es incluso complicado hacerla entender que se puede poner al lado del otro caballo, en lugar de en fila india.
Cuando ya llevamos un rato paseando Inuyasha se coloca a mi lado y me dice:
- Sabes, en la próxima época de cría podríamos cruzarlos, dejar que Relámpago monte a Misha
- Me da a mí que no, Misha está muy bien sola, es muy joven.
- Con tres años los caballos ya son adultos.
- No me convence, Inuyasha.
Este se rió y comenzó a correr, Misha quiso seguirlo y acabamos corriendo los dos por la finca hasta llegar a las cercanías del establo. Al llegar, Inuyasha desmontó sin problemas y se dispuso a quitarle la montura. Yo tenía un problema.
- Inuyasha...- lo llamé- ¿cómo se baja uno de aquí?
- Quitas la pierna derecha y bajas por el lado izquierdo deslizándote. Nada de movimientos bruscos.
Misha se quedó quieta, quite el pie y traté de bajarme pegada a la montura y cuando toqué el suelo sonreí para mí misma. Le quité la montura a Misha justo como le había visto hacer a Inuyasha y luego la dejé en su sitio con un poquito más de heno.
Esa tarde, Inuyasha y yo nos sentamos en el sofá como siempre. Izayoi estaba viendo su novela favorita y su hijo luchaba por no quedarse dormido. De vez en cuando, movía las piernas a posta para que no cediera a dormirse, su madre nos estaba hablando a ambos sobre nuestra mañana cuando eran los minutos de los anuncios. En una de esas, Inuyasha subió su mano hacia mi muslo y frenó su movimiento mientras ponía su cabeza en mi regazo.
- Deja de moverte...- susurró.
Cuando acabó la telenovela, Izayoi le pidió a su hijo que fuera a por la compra que había encargado en la tienda del pueblo. Yo me ofrecí a acompañarle porque así podíamos ir un rato al Quinto Pino y estar con Sango y Miroku.
El camino fue tranquilo, el pueblo se había estado vaciando desde que acabaron las fiestas y quedaba más o menos la población que yo me encontré el primer día que llegué aquí. Cuando llegamos al Quinto Pino después de dejar las cosas en el coche de Inuyasha, nos tomamos algo con Sango mientras Miroku despachaba a sus feligreses. Después de un rato nos fuimos, Sango decidió quedarse hasta que se cerrara.
Caminamos hasta el coche en un silencio cómodo, hasta que escuché cómo me llamaban. Al principio no supe si era realmente por mí o si me lo estaba imaginando, pero Inuyasha también pareció escucharlo. Entonces empecé a ver flashes y cámaras y personas que se aglomeraban a mi alrededor en esa calle tan tranquila y vacía.
- ¿Kagome Higurashi? ¿A qué se debe que haya escogido este lugar para pasar sus días de descanso?
- ¿Nos encontramos ante una nueva etapa de su vida?
- ¿Para cuándo está planeada la continuación de su famosa saga?
Necesitaba que pararan de acribillarme a preguntas, traté de alejarlos, pero no me hicieron caso. Inuyasha consiguió llevarme hasta el coche y espantarlos mientras corría a casa. Mientras salíamos de allí, trato de cubrirme con su brazo porque intentaban sacar fotos y grabarme a toda costa. Finalmente, su mano se poso en mi rodilla, tratando de brindarme apoyo.
- ¿Has publicado algo de que estás aquí? ¿Te has hecho fotos estas fiestas? – me preguntó cuando los perdimos de vista
- Ni una, me he preocupado de pasar lo más desapercibida posible. – contesté con los ojos fijos en el camino.
Inuyasha pareció pensarlo.
- Koga nunca te haría esto, ni Miroku, ni Sango... pero alguien ha tenido que avisar a la prensa.
Se le notaba tenso, apretaba el volante mientras buscaba al culpable de que esos periodistas estuvieran esperándome.
- ¿Cómo es en la ciudad? – preguntó cuando salimos del coche y caminábamos hasta la puerta de casa.
- ¿Qué?
- ¿En la ciudad es peor que aquí? Se te han acercado sin ninguna vergüenza y te han preguntado un montón de cosas en segundos... ¿es así en la capital?
Su mano buscó la mía y la apretó antes de que contestara que sí, que era así e incluso peor y no solo para mí, sino para cualquiera que estuviera alrededor. Su brazo pasó por mis hombros y me apegó a él en un abrazo pequeño, me sorprendí pero le correspondí al abrazo. Una hora después, cuando Sango y Miroku también estaban en casa, los paparazis se encontraban aglomerados en la entrada de la finca, pero no podía ver nada gracias al gran portón y al muro que la cercaba.
Esto no me puede estar pasando.
Vaalee. Antes que nada, lamento tardar tanto,
pero tengo que prepararme para un examen de ingreso a la uni y no tengo casi ni tiempo de hacer nada.
He tenido unos días libres y me he dedicado a escribir el capítulo, que he dividido en dos. La semana que viene tendréis la segunda parte publicada.
Gracias por aguantarme, os estaré leyendo.
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