Nos vamos a casa de Sango

13 de Agosto de 2017

Las fiestas acabaron y la calma volvió al pueblo. La mayoría de familias que llenaron el pueblo durante los primeros días de agosto volvieron a su rutina o se fueron de vacaciones a otro sitio. Mientras que, los que se quedaron con la idea de pasar el resto del verano aquí y los que ya son parte de la población el resto del año se asan de calor en este mes veraniego. Aunque la temperatura de julio no ha sido demasiado alta, agosto en Toshiko parece querer igualar al infierno.

Kagura y Yura también se han marchado porque la hermana de Miroku ha conseguido trabajo en una ciudad de la costa. Por eso el ojizarco ha vuelto a su horario normal y a veces puede darse el lujo de cerrar antes. Hoy es uno de esos días y Sango nos ha invitado al mesero, a Inuyasha y a mí a cenar en su casa. Por la mañana, el despertador me levanta. Decido ducharme para quitarme el calor cambiarme a una camiseta de tirantes y unos leggins. Aunque debería descansar más, esas noches de agosto las estoy pasando más despierta que dormida. La razón es que me he descargado una app para leer libros de otros escritores que todavía deben pasar por edición y me estoy encontrando manuscritos demasiado interesantes.

Colocando un poco la habitación, salgo directa a la cocina para desayunar. Allí, Izayoi me dice buenos días y lo que hay para desayunar. Cuando termino, le agradezco y le explico que planeo quedarme esta mañana en mi cuarto para trabajar en el libro. La señora Taisho me da ánimos y me sonríe. Así que, vuelvo tras mis pasos y entro de nuevo para esta vez sentarme en el escritorio.

Antes de que llegue la hora de comer, me voy una vuelta hasta el establo para ver a Misha. La yegua se acerca para que la acaricie y yo no dudo en mimarla mientras la hablo con dulzura y mis manos se enredan en su pelo. La comida está deliciosa, como siempre. Inuyasha llega antes de que yo vuelva de las cuadras y ya está duchado cuando me lo encuentro poniendo la mesa. Él me sonríe y nos damos los buenos días antes de empezar a comer junto a Izayoi.

Esta vez se ha superado. El gazpacho y la ensalada de frutas son muy refrescantes para este día tan caluroso. Cuando acabamos, Inuyasha y yo nos quedamos un rato en el salón, ambos nos sentamos en el mismo sofá y puedo notar que Taisho está un poco más cerca de lo habitual de mí. Aunque se ha duchado, se le nota cansado. Esta vez ha decidido tumbarse en el sofá dejando sus piernas en el apoya brazos, por lo que solo su cuerpo de rodillas a cabeza ocupan espacio en el sofá. Sus brazos le sirven de cojín mientras mueve sus manos masajeándose la cabeza, lo que logra que su antebrazo me roce. Su cabeza está justo al lado de mi muslo, y no me molesta demasiado la idea de continuar así toda la tarde, aunque esta vez será menos que normalmente.

- ¿A dónde vas, chica de ciudad? – pregunta moviendo la cabeza al ya no notar mi presión.

- Voy a seguir trabajando. Avísame cuando nos vayamos a casa de Sango.

Él asiente con la cabeza y continúa viendo la tele mientras yo me dirijo a mi escritorio y continúo lo de esta mañana. Bostezo de nuevo y me froto los ojos. Abro el cuaderno, saco el móvil y empiezo a hacer varias anotaciones en mis escritos mientras el sueño parece querer apropiarse de mí y la cama parece reclamarme. Hago una pequeña llamada a Jak.

Estoy un poco sorprendida cuando comenta que mi libro tiene muchísimas posibilidades de acabar publicado antes de Navidad, que quieres aprovechar el Black Friday. Dejo de tomar notas cuando la llamada se transforma en un monólogo de él contándome todo lo que ha hecho esta última semana referente al libro. Lo narra como si fuera una novela de suspense... realmente Jak serviría para escritor, aunque prefiere trabajar en la editorial. Agradezco que no nombre el tema fiestas, en las que no trabajé casi nada, o el tema Inuyasha, porque parece su tema de conversación favorito a la hora de chincharme.

No sé cuándo comienzo a garabatear en l hoja del cuaderno con el monólogo de Jak de fondo. Mi mente se centra en crear líneas infinitas que parecen no acabar nunca, que giran y crean figuras y pasan mil veces por el espacio de la hoja de papel. Mi amigo hace un comentario diciendo que está algo liado y así acaba la llamada, con mi cabeza apoyada en la mesa y los ojos entrecerrados. Una pequeña brisa algo más fresca de lo normal inunda la habitación, la llena. Pero yo termino cerrando los ojos y escuchando mi respiración.

Ahora que lo pienso, Inuyasha y yo no hemos hablado demasiado desde las fiestas. No es que nos estemos evitando, pero sí que es cierto que no hemos estado a solas en demasiados momentos. Su actitud conmigo sigue siendo la misma, burlón y altanero, pero en el buen sentido. Así que se corroboran las palabras de Sango: Inuyasha no es lo que aparenta. Aún si nada se ha vuelto incómodo entre nosotros, no puedo evitar sentirme nerviosa cuando pienso en él o lo tengo delante. Me he dado cuenta de que, cada vez que lo veo, ahora me cercioro en verlo detenidamente, centímetro a centímetro.

Y es que es indudable que Inuyasha Taisho es guapísimo.

Mi sueño se vuelve lúcido aunque sigo dormida, es como que me doy cuenta de lo que sucede a mi alrededor pero no estoy lo suficientemente despierta para reaccionar a ello, ni siquiera tengo abiertos los ojos. Me siento muy tranquila cuando estoy en esta fase del sueño, me gusta porque sucede justo antes de levantarse, es como la última dosis de descanso antes de comenzar tu rutina. Pero yo no estoy en una cama, esto sentada en una silla y mi cabeza parece estar recostada sobre mis brazos cruzados.

Siento una presión sobre mi nuca. Es leve, no es como si se me hubiera caído algo justo ahí. Un escalofrío me recorre la columna y hace que quiera removerme en mi sitio. Lo hago levemente pero aún no me levanto. Vuelvo a notar esa sensación ahora con algo húmedo. Mi ceño se frunce mientras aprieto mis ojos, ¿qué será? La sensación continúa y me recorre la nuca a un ritmo lento y pausado. Cuando dejo de notar la presión, intento abrir mis ojos lentamente. Tardo en hacerlo, pero cuando lo consigo. Antes de girar el cuello escucho una voz:

- Si vas a trabajar tanto, deberías descansar. Vamos a cenar, chica de ciudad.

Asiento para dar a entender que pillo el mensaje y mi mano derecha se acerca a mi cuello para tantear el terreno. No noto nada, ninguna marca o picadura, por lo que lo dejo pasar.

El aire que toda la tarde ha estado refrescando la habitación me envuelve y me hace estremecer. Parece que la temperatura ha bajado demasiado. Por eso al acercarme al armario, decido usar unos pantalones que Sango me prestó junto con una camiseta de mi banda favorita. Ordeno un poco el escritorio, acaricio con cuidado el cuaderno y después busco mi móvil para reencontrarme con Inuyasha en el salón. Nos despedimos de su madre antes de salir por la puerta.

Como ya es costumbre para mí, me dirijo a su coche, pero entonces me frena agarrando mi mano.

- Vamos a ir andando, chica de ciudad. – me explica con una sonrisa de lado.

Yo asiento y le sigo por el camino de tierra para salir de la finca y continuar el trayecto hasta el pueblo. Mi mano siguió presa en la suya hasta que me soltó para cerrar el portón del terreno. Mi mirada se fijó en el cielo, sin ninguna nube de contaminación que impidiera apreciar las estrellas que empezaban a hacerse cada vez más visibles... era precioso. La última hora de sol nos acompañó por el camino. Mientras caminábamos me fijé que Inuyasha llevaba unas calzonas y una camiseta grisácea. ¿Tal vez el gris es su color favorito?

- ¿Sigues trabajando en tu libro? – preguntó sacando tema de conversación y mirándome de soslayo.

- Sí, todavía no le he terminado. Debería de salir a principios de noviembre, pero claro, nunca se sabe.

- O sea, que escribes un libro que no sabes si se publicará.

- No del todo, mi editor me ha dado el visto bueno, así que se publicará. Pero la última palabra siempre la tiene la editorial.

Él asintió y me guio por otro camino de tierra paralelo al pueblo que no conocía, al torcer en la segunda salida acabamos en la calle de Sango y pronto llegamos a su casa. Inuyasha me hizo un ademán con la mano para que fuera yo quien tocara la puerta, tras esto, se hizo a un lado para que yo entrara primero.

- ¡Qué bien que ya estéis aquí! Miroku todavía no ha llegado, así que sois los encargados de ayudarme. – comentó mi amiga tras cerrar la puerta.

Inuyasha se acercó a la mesa para colocar los cubiertos y platos que ya estaban sobre ella mientras Sango me daba un abrazo. Me tiró de la muñeca para meterme en la cocina y luego frenó en seco.

- ¿Esos son mis pantalones? Espera, sube conmigo y te presto dos pares para que tengas algo más. – dijo de repente haciendo que subiéramos las escaleras.

Cuando llegamos a su cuarto, cerró la puerta y me obligó a sentarme en su tocador.

- Vamos a ver, Kagome Higurashi, ¿qué es eso que tienes en el cuello?

Entonces lo veo y los colores se me suben a las mejillas. Inuyasha ha sido el que me ha despertado tocando mi cuello. ¿Acaso me ha besado ahí? Tiene que haberlo hecho porque hay una marquita morada muy similar a la que tenía en el pecho. Respiro hondo y me tranquilizo.

- Me quedé dormida en el escritorio, creo que aprovechó para hacerme esto.

La morena me sonríe pícara.

- Parece algo que Inuyasha Taisho haría.

Me encojo de hombros y ambas bajamos, Sango se dirige a la cocina y yo al salón, pero antes de cruzar el umbral, el timbre suena y me acerco a abrir.

- ¡Voy! ¿Quién es?

- Miroku, abre, cielo.

El chico de ojos azules me sonríe y me da un corto abrazo, todos nos hemos vuelto algo fríos por la ola de calor. Avanza hacia el salón conmigo y acabamos sentados esperando a Sango. Me acerco a la silla al lado de Miroku pero Inuyasha tira levemente de mi codo para hacerme retroceder y sentarme con él, cosa de la que su amigo no parece enterarse.

- ¿Entonces va todo bien, Inuyasha? Decían que las vacas este año podrían haber sido más.

- Depende un poco de todo, pero nosotros no nos podemos quejar...- empezó a explicar mientras la morena traía la fuente de la que todos cenaríamos.

La especialidad de Sango eran las carnes, nos había preparado filetes en su salsa junto a dos boles, uno lleno de patatas fritas y el otro con ensalada. La conversación y la cena fluyeron normales con los graciosos comentarios de Miroku y los temas de Sango, quien organizaba más los temas.

Repetí plato, y cuando fui a hincarle el diente, noté la rodilla de Taisho ardiendo contra mi muslo. Empezó a mover lentamente la pierna, frotándose contra la mía mientras seguía la conversación como si nada pasara.

Me quise hacer la valiente y bajé mi mano para tocar su muslo y apretarlo para llamar su atención. Cuando sus ojos dorados se encontraron con los míos le pedí silenciosamente que dejara aquel tonteo. Pero él acabó sonriéndome mientras deslizaba su mano hasta la mía y la agarraba obligándola a quedarse ahí, justo debajo del bolsillo de sus pantalones cortos.

- Sé lo que has hecho.- susurré cuando Sango y Miroku comenzaron a debatir sobre algo.

Su pulgar comenzó a acariciar el dorso de mi mano.

- ¿Qué es lo que he hecho?

- Lo del cuello. – él arqueó una ceja.

- ¿Quieres que nos levantemos y nos vayamos a otro sitio para que me puedas hacer una marca y quedar en paz? – susurró en mi oído.

Me miró desafiante y con una sonrisa divertida, supuso que no me atrevería.

- Lo siento mucho, chicos, pero Inuyasha y yo vamos a ir tirando porque mañana temprano tengo que hacer una video llamada con los de la editorial.

Pero sí que me atreví.


Hola, ¿qué tal están? Lamento la tardanza, no saben cuántas veces he reescrito el capítulo porque no me convencía, pero creo que así está bien. Ya quedan pocos capítulos y me alegro mucho de que les esté gustando tanto.

También tengo que daros una noticia.

¡Esta historia ha sido elegida para los #Wattys2019 ! No saben lo feliz que me siento ahora mismo <3 

Gracias~

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