La víspera
1 de agosto de 2017
Y tenía razón, quien no arriesga no gana, aunque también puedes acabar en el suelo adolorido después de que Misha te haya tirado mucho más fuerte que la última vez.
Todo pasa demasiado rápido, de repente Misha relincha e intenta tirar a Inuyasha mientras él me dice que me aleje porque la yegua puede darme a mí sin quererlo. Le hago caso y decido mantenerme a raya mientras él a agarra a sus crines e intenta que deje de ponerse en dos patas. En vez de conseguirlo, Misha comienza a pegar coces al aire con sus piernas traseras mientras corre y se mueve con rapidez, finalmente consigue tirar a Inuyasha al suelo antes de salir huyendo.
Cuando creo que está lo suficientemente lejos, me acerco a Inuyasha y me arrodillo a su lado mientras se incorpora.
- ¿Estás bien? ¿Dónde te has golpeado?
Inuyasha se sienta y se soba la barbilla donde tiene un pequeño corte. Después se mira a sí mismo y suspira.
- Se veía venir, esa yegua me odia
- No te odia, simplemente no eres de su agrado.
- ¿Y eso no es lo mismo, chica de ciudad?- suelta irónico y se levanta
Me quedo cerca de él mientras llegan dos jornaleros corriendo, mientras tanto, Misha vuelve a acercarse, esta vez, con toda su atención en Inuyasha, poco a poco camina hacia él y baja la cabeza para apoyarla en su hombro izquierdo y apretarse contra él.
- Esta es la diferencia.
Inuyasha le corresponde la caricia débilmente antes de que los trabajadores lleguen, uno se lleva a la yegua a un ritmo lento, temiendo que se encabrite, mientras que el otro, ayuda a Inuyasha a caminar hasta el porche de atrás de casa.
Corro tras ellos y agradezco al muchacho que se vuelve a trabajar.
- No te preocupes tanto, chica de ciudad, tengo algún arañazo y seguramente me salgan negrales, pero no pasa nada.
- Déjame que te eche Betadine o algo en la herida de la barbilla y en las de los brazos.
Verlo caer la primera vez me impactó, y verlo intentar montarse algunas veces me dio risa pero, esta vez Misha se ha levantado y no ha parado hasta tirarle, aunque luego se ha arrepentido esta semana no le llevaré ninguna zanahoria que le suelo quitar a Izayoi para llevársela.
- Kagome... no pasa nada.
Inuyasha parece poco a poco comprender que tengo nombre y rara vez me llama por él, como en este momento.
Está colocado en la mecedora de dos plazas mirándome de soslayo, con su cara y su cuerpo a la sombra hasta la cintura, con la respiración algo acelerada y los brazos relajados a ambos lados de su cuerpo. Finalmente suspira y se encoge de hombros mientras me mira:
- De acuerdo, desinféctame la herida de la barbilla porque me está ardiendo demasiado, chica de ciudad.
Asiento mientras corro dentro de casa hacia el baño frente a mi cuarto, abro el pequeño armario al lado del espejo y tomo algodón y un poco de Betadine. Vuelvo a salir, esta vez me siento a su lado mientras el coloca su brazo sobre la mecedora.
Me acercó a él y me inclino sobre su cuerpo ayudándome de mis rodillas y toco suavemente su barbilla. Inuyasha no pierde de vista ninguna de mis movimientos, pero yo solo miro el corte poco profundo debajo de su mentón que ensucia su cuello con sangre. Retiro la sangre con un pañuelo y, seguidamente, uso el algodón intentando no apretar demasiado para que le duela lo más mínimo.
Su mandíbula se tensa pero no se queja y me deja hacer, cuando termino acerco mi boca para soplar sobre la zona y aliviar el escozor. La sangre ha parado un poco, y ya solo es cuestión de tiempo que se forme una fina membrana y se vaya curando.
- ¿Mejor?
- Hacía tiempo que no me mimaban tanto.
Río por su comentario e Inuyasha termina por también soltar una carcajada. Cuando dejamos de reírnos ambos soltamos un suspiro y nos miramos sonriendo.
No sé cómo, pero de pronto ambos nos estamos acercando el uno al otro. Fue como si todo estuviera en silencio y solo prestáramos atención al otro. Por inercia, vuelvo a inclinarme sobre él mientras acercamos nuestras caras con lentitud, nuestros alientos chocan cuando el brazo de Inuyasha que reposaba sobre el respaldo de la mecedora asciende por mi espalda en una suave caricia que me anima a terminar con la distancia que nos separa.
Me dejo llevar y mi mano izquierda se apoya en su hombro para tener un punto de apoyo antes de descender a su boca, porque sí, ambos estamos pensando lo mismo, sus ojos dorados y grandes me corroboran sus pensamientos. Nuestros ojos se entrecierran y la distancia entre nosotros desaparece cuando nuestros labios chocan con suavidad, aunque los movemos con vehemencia.
Aprieto su hombro mientras seguimos besándonos, él muerde mi labio inferior y me acerca más a él mientras nos dejamos llevar por el momento. Ahora soy yo quien acerca su labio y noto como sonríe durante el beso. Cuando nos separamos nuestras miradas se encontraron fugazmente mientras intentamos recobrar el aliento, pero no lo conseguimos antes de que Inuyasha me agarre entre sus brazos y su boca busque mi cuello.
Justo en el momento en el que iba a cerrar los ojos escuché la voz de Izayoi y me aparté de él con rapidez. Inuyasha me miró sorprendido, pero, cuando su madre pareció en escena su mirada se volvió burlona antes de saludar a su madre.
- Hijo mío, ¿pero qué te ha pasado? - exclamó la mujer preocupada.
Pero yo no pude prestar atención mientras Inuyasha se lo explicaba, tenía cosas en las que pensar... Nos habíamos besado. Había pasado. Era real.
No me lo puedo creer.
Acabo de besar a Inuyasha.
Creo que Izayoi me pregunta si yo he salido herida, así que salgo de mis pensamientos y, con el corazón a mil le contesto asintiendo con la cabeza. Les aviso de que voy a ir a mi habitación un momento y salgo de allí lo más rápido que puedo, sin parecer que esté huyendo de la escena.
Camino hacia mi cuarto, cierro la puerta y me tumbo en la cama inspirando y espirando para calmar mi respiración y mis pensamientos. Después de unos minutos lo consigo, agarro el móvil, pongo una canción cualquiera y me tumbo en la cama como una adolescente con las hormonas revolucionadas.
Un beso es un beso, ¿verdad?
No tiene por qué significar más que eso. No debería pasar más que eso teniendo en cuenta que a finales de Septiembre me iré de aquí y no volveré.
Suspiro y me levanto. No quiero darle vueltas como una cría a algo que no ha sido para tanto y empiezo a hacer lo que siempre hago cuando estoy algo en las nubes: ponerme a escribir. Me acerco al escritorio, saco el cuaderno y un boli, enciendo el ordenador y empiezo a trabajar.
Pero debo de reconocer que ese chico de pueblo besajodidamente bien.
Hola mis amores, ¿qué tal están? Espero que bien.
Bueno, aquí las cosas empiezan a calentarse y sé que eso les gusta 7u7.
Debo decir que en esta historia he decidido hacerlo todo más despacio para crear una historia más grande, con más capítulos y más construida. Lamento si alguno se disgusta por el ritmo lento de la trama, pero no la voy a cambiar.
Una pista para el próximo capítulo:
"Alcohol", muchas cosas suceden ir estar bajo sus efectos.
Me despido y espero leer sus comentarios, ¡hasta luego!
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