El Primo
18 de Julio de 2017
La luz de la ventana hace que despierte de mi sueño. Es raro, siempre dejo las persianas bajadas. Doy media vuelta aún sin abrir los ojos y me recoloco en la cama meditado qué voy a hacer hoy. Podría darme una vuelta por el parque ese que está al lado de urbanización, o tal vez darme una vuelta por las tiendas de la calle principal y después tomarme un café en mi cafetería favorita, o simplemente pasar la mañana entre libros, lo que más me gusta en el mundo. La última idea es la que más me apetece, quiero pasarme la mañana entera metida en una librería, comprar libros, papel, bolígrafos e incluso algún enredo como un marca-páginas con un dibujo en 3D.
Sí, eso suena muy bien... Pero mis pensamientos de deslizar los dedos por un libro recién comprado se desvanecen cuando escucho a un gallo cantar y al abrir mis ojos me doy cuenta de que no estoy en mi habitación. Me levanto mirando alrededor... no había soñado el llegar a un pueblo, esto es real. Esto es muy real. Sango, Inuyasha, el alcalde, Izayoi, Miroku... todos son reales y no son un mal sueño, y mi corazonada se vuelve cierta cuando, al abrir la puerta aparece la madre de Inuyasha.
- ¡Buenos días dormilona! -exclama sonriente
- Buenos días, Izayoi, ¿qué hora es?
- Son las nueve y media - rio- Aquí todos nos despertamos sobre las seis, cielo
Ahora entiendo por qué es "tarde", pero la verdad no me imagino levantándome tan temprano. Antes me levantaba a las siete para ir a estudiar, pero tal vez sea una buena idea levantarme más temprano, total, esta casa es suya y yo estoy aquí, sin hacer nada por ellos... podría ayudar en algo.
- Izayoi, me gustaría hablar de una cosa contigo.
Los ojos de la mujer brillaron.
- Claro, cuéntame.
-Me... me gustaría ayudar en esta casa, de alguna manera... tal vez podría cocinar algo... o no sé, limpiar contigo.
- Serías de ayuda, cariño- me dice- Inuyasha intenta ayudarme en lo que puede, pero se pasa el día en la finca, trabajando, cuando llega casa no le quedan fuerzas para nada.
En la universidad, un compañero mío de último año venía de una familia con fincas, no muy lejos de la ciudad. Él tenía una beca y, todos los fines de semana se iba al campo a ayudar a su padre, el lunes no se enteraba de nada de lo cansado que estaba y yo le pasaba los apuntes. La verdad no sé ni cómo mantenía su nota media... Pero Shippo me dijo que, si no se sacaba el título universitario, lo único que le esperaba en su casa era trabajar de sol a sol, sin ningún tipo de descanso, porque, aunque no recolectara la fruta de temporada tendría que encargarse de regar los cultivos y de muchas cosas más.
Por lo que vi ayer, los terrenos de la familia Taisho tienen tanto animales como plantas, por lo que debe de ser complicado mantener todo.
- ¿Tenéis empleados? - pregunto y tal vez sea una pregunta estúpida pero no creo que esto lo puedan hacer solas dos personas
- Claro, pero la mayoría son de pueblos cercanos.- me contesta- Anda vístete y acércate a la cocina, vamos a desayunar
Asiento y veo como se aleja hasta salir y cerrar la puerta. Me levanto de la cama notando que llevo la misma ropa de ayer, debía de estar tan cansada que ni siquiera me puse el pijama. Camino hasta el baño y ya allí me empiezo a quitar la ropa para entrar en la ducha, me alegro al ver que hay jabón y champú, siempre suelo llevar un pequeño gel en caso de emergencia en la maleta. Dejo que el agua caiga sobre mi cuerpo mientras suspiro e intento recordar todos los detalles de las últimas 24 horas. Empiezo a lavarme el cuerpo mientras pienso en qué hacer para ayudar y qué escribir para hacer el libro que tengo que entregar cuando se acabe el verano.
Cuando decido lavarme el pelo, la puerta de la habitación suena, pero decido ignorarlo mientras tarareo una canción y desenredo mi pelo con las manos, después de aclararlo y cerrar la ducha, cojo una toalla y empiezo a secarme el cuerpo con una toalla para después ponérmela y salir a por mi ropa cuando escucho otra vez tocar a mí puerta.
- ¡Prima! Pensaba que nadie sería capaz de sacarte de la ciudad y...- el hombre que está en el pasillo se calla al verme- ... y parece que nadie es capaz, ¿quién eres tú, pequeña? ¿Eres la chica que se llevó Inuyasha?
Le miro de arriba a abajo, debe de ser tan alto como Inuyasha-kun, tiene los ojos azules y brillantes y el pelo negro y largo. Su piel es morena y no puedo evitar sonrojarme un poco, adoro a los morenos con los ojos claros.
- Kagome Higurashi- le digo- Podrías... ya sabes, ¿esperar a que me vista para tener esta conversación?
El joven se encoje de hombros mientras cierra la puerta por mí, yo hecho el cerrojo y me visto lo más rápido posible. Cuando salgo el desconocido ya no está en el pasillo así que decido ir a la cocina donde me espera Izayoi riéndose a carcajadas sentada al lado del chico de antes que sonríe de lado.
- Buenos días - digo y los dos miran a mi dirección
- Hola, pequeña. Soy Koga Wolf, el primo de Inuyasha.- me siento en una silla mientras continúa.- ¿Eres la chica que se llevó Inuyasha?
- Sí. - le contesto mientras Izayoi me dice que empiece a desayunar.
- Eres más guapa de lo que los rumores del pueblo dicen.- dice apoyándose en la mesa.- Kagome... Higurashi...- murmura mientras mira a la nada, no será que me conoce, ¿verdad?
Decido no mirarle mucho, aunque hay que decir que su presencia llama mi atención, para dedicarme a comer y a preguntarle a Izayoi qué puedo hacer para ayudar. Ella me contesta que lo mejor que puedo hacer es arreglar mi habitación, ya que ni siquiera he sacado la ropa de la maleta. Acepto la tarea y llevo mi taza y mi plato que antes tenía galletas al fregadero cuando Koga se levanta y se acerca a mí
- También podrías hacer una cosa más, pequeña. ¿Por qué no me acompañas a buscar a Inuyasha? Será divertido pasear y mirar en todos los recovecos de la finca.
Su sonrisa brillante de anuncio de dentistas con un toque seductor me hace difícil renegar la proposición.
- Claro.
- Solo te la robaré un rato tía- le dice a Izayoi- pronto te la devolveré.
Ella se ríe de la ocurrencia mientras nosotros nos acercamos a la puerta de la casa. Nada más cerrarla, la sonrisa de Koga se ensancha.
- ¿Qué hace una escritora de libros números uno en un pueblo como este?- lo miro alucinada mientras él se para delante de mí - Tu fama te precede, pequeña... y, hasta en sitios como este la gente te conoce y lee tus libros.
- ¿Y tú los lees? - le pregunto con la mejor sonrisa de lado que tengo.
- Sí, y me encantan, pero no voy a actuar como un adolescente con las hormonas revolucionadas. - confiesa- La verdad, es que me encantaría que me firmaras algún ejemplar pero, ahora mismo estoy más interesado en conocerte que en eso...
No sé qué contestar a eso, por lo que seguimos caminando sin rumbo fijo, pasando entre árboles y paseando con gallinas, pavos y patos hasta encontrarnos con ovejas y al final llegar a unas cuadras con unos caballos preciosos, el que más llama mi atención es una yegua completamente blanca, Koga me acerca una zanahoria y, mientras hablamos de mi último libro y bromeamos pasamos el rato junto al animal.
Koga Wolf ha conseguido caerme bien, demasiado bien, es alguien simpático, alegre y sociable hasta la médula y, sus comentarios cómicos sobre algunos diálogos de mi libro me hacen muy feliz, siempre me ha gustado hablar con mis lectores, siempre, y es algo de lo que no me cansaré nunca.
Mientras voy a buscar más zanahorias y vuelvo cargada con un cubo, en las cuadras resuenan el sonido de unas botas:
- Koga, ya deberías saber que esa yegua es peligrosa, no deberías acercarte a ella... ¿Qué haces aquí, chica de ciudad?
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