Veintiuno

-Vamos, niña. Era una broma. ¿Cuánto tiempo estarás enojada conmigo?

De los labios de Devoción no salió palabra alguna. Esta seguía con la vista fija en su libro, el cual sostenía con fuerza entre sus manos, frunciendo levemente el ceño. Dando a entender que su presencia le molestaba.

Al comprender que ella no respondería su interrogante, Vesania empezó a caminar en dirección opuesta, no sin antes afirmar con mucha seguridad:

-Volverás. 

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