trece
-¡Vamos! ¡Golpéame!-Exigió Devoción en un arrebate de angustia. Las lágrimas se acumulaban en sus ojos, nublando su vista, amenazando con escaparse en cualquier momento de sus cuencas.- ¡No tengo miedo! ¡Golpéame! ¡Necesito sentir algo! ¡Cualquier cosa!
Por primera vez, el joven la miro con pavor. Estaba impresionado. Esto lo había tomado por sorpresa.
Preocuparse por alguien no era parte de su naturaleza. Oh, ¡cuan cómico resulto ser el destino!
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