Sesenta y dos
-Espera, esto no debería ser así, ¡lo sabes!-El miedo rompió su voz por primera vez.-Ni siquiera lo estás haciendo bien, al final uno siempre muere. ¡¿Dónde está el placer en la carencia de aquel eslabón que te estas salteando?!
-Quieres que te mate.- Asumió Devoción por la pequeña abertura de la cripta. Hasta el último momento Vesania lograba sorprenderla más.
-No puedes dejar la historia inconclusa. ¡Solo termina lo que acabas de empezar, idiota! –Gritó su "amigo" a todo pulmón, el desasosiego siendo más que obvio en su persona.- ¡O sácame de aquí!
-¿Sientes temor Vesania?
-Tú me obedeces, siempre fue y será así. ¡Hazlo!
-No, ya no. Tenías mi corazón, pero lo corrompiste. Enloqueciste y en el camino hacia el infierno me hiciste una compañera de tu viaje. Una vez dijiste que el hecho de matarme sería un favor. Y tenías razón, en su momento creí que lo seria. Sacaste provecho de mis noches depresivas para obtener un beneficio propio. Ahora, ¿a quién le parece la idea de morir atractiva? Siempre protagonice el rol de sumisa. Las cosas podrían variar un poco, ¿qué te parece?
Que empiece el juego...cariño.
FIN
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