Parte única

Kim JongDeok tiene 21 años, Kim JongDeok sale con una chica menor que él; Kim JungAh de 17 años. Kim JongDeok además de universitario ejemplar, empleado de una cafetería los fines de semana y novio de ensueño, es niñero a tiempo parcial de su ruidoso, insolente y bastante ocurrente hermano menor; Kim JongDae.

—¿Puedo cenar helado?

—No, JongDae— respondió el mayor con seriedad sin despegar la mirada del grueso libro de texto.

—¿Puedo comer en mi habitación? — la vocecilla del menor se escuchaba cada vez más cerca del estudio donde JongDeok se encontraba estudiando.

—JongDae, no— negó con la cabeza suavemente —Recuerda las hormigas.

Los pasos se escucharon tan cerca que ya anunciaban la llegada de JongDae al lado de su hermano mayor —¿Puedo ver una película...— guardo silencio un momento y segundos después retomó su diálogo —...de terror?

—JongDae— llamó el más grande desviando la mirada hasta su pequeño hermano de tan solo ocho años de edad —Las pesadillas, JongDae, las pesadillas.

El más joven frunció el entrecejo y abultó sus labios llenando las mejillas de puro aire —¡Aaaahh! ¡¿Por queeeeeé?! — Arrastró cada vocal de cada palabra —Algún día yo seré el mayor y no te dejaré ver a JungAh.

JongDeok abrió los ojos enormemente y trató de suprimir la carcajada que amenazaba con escapar desde lo más profundo de su garganta. Tenía siempre presente que no debía retar a su hermano menor o no se acabaría las bromas infantiles que le gastaría más tarde —No puedes ser tan cruel, JongDae.

—Entonces...— el más joven se balanceó sobre sus pies de manera juguetona —¿Puedo cenar helado en mi habitación mientras veo una película de terror?

El más alto cerró el libro y se levantó de la silla donde estaba sentado. La diferencia de alturas era bastante notoria, JongDae le llegaba apenas un par de centímetros por arriba del ombligo, cruzó los brazos sobre su pecho y observó a su pequeño hermano con diversión —Mis papas salieron de viaje, DinoDae ¿A quién dejaron a cargo?

—A ti...— respondió en voz baja y con la cabeza gacha.

—¿Y a quien debes obedecer, DinoDae? — JongDeok levantó una de las cejas y esperó una respuesta satisfactoria.

JongDae refunfuño entre dientes mientras jugaba con la punta de la suela de su tenis.

—No escucho bien, DinoDae— insistió el más alto con una sonrisa divertida.

—A ti— respondió el menor de mala gana. Su mal humor duró apenas un par de segundos más antes de resoplar resignado, sacudió la cabeza con brusquedad haciendo que sus lacios cabellos negros flotaran en el aire durante milésimas de segundos. Levantó el rostro hacia su hermano mayor y le dedicó una alargada sonrisa —¿Puedo comer helado?

—Ah...— JongDeok puso los ojos en blanco y rompió la postura autoritaria que había tratado de mantener —Escucha, la familia de JungAh asistirá a una fiesta esta noche, sus padres me han pedido que cuide de JongIn por esta noche, cuando llegue puedes comer lo que quieras, hasta entonces, deja en paz ese bote de helado.

La sonrisa del más joven se engrandeció hasta que sus dientes fueron mostrados en una extraña mueca de felicidad —¿JongIn va a venir? — preguntó con un tono de voz más meloso que de costumbre.

El mayor asintió con la cabeza varias veces —Así que mejor recoge tu cuarto porque se quedará contigo.

—¡Yaaaaa voooooy! — JongDae salió corriendo del estudio con los brazos extendidos a los costados como si fueran las alas de un avión. Tenía que tener una habitación presentable para el niño que lo iría a visitar.

Cuando el más joven llegó a su pieza, cerró la puerta detrás de sí y comenzó a juntar los juguetes regados del suelo entre sus brazos para luego depositarlos dentro del cofre que se encontraba a los pies de su cama. Entre figuras de acción, autos de carrera miniatura, muñecos de felpa y bloques leggo, el baúl blanco con adornos azul celeste quedó hasta el tope. JongDae limpiaba ahora el escritorio donde tenía regados los cuadernos de la escuela, sus libros de texto y los varios colores y pincelines que solía utilizar para la realización de sus deberes.

No entendía la exacta razón por la que deseaba tener una buena impresión en JongIn, desconocía el porqué de su necesidad por empatizar con el más pequeño. Mientras acomodaba los cojines sobre la cama la sonrisa jamás abandonó su rostro, le emocionaba poder encontrarse con el infante apenas un par de años más joven. Conocía a JongIn porque en varias ocasiones JongDeok y JungAh los habían juntado a jugar para aminorar el ruido que cada uno hacía por su cuenta, pero descubrieron que era una terrible idea pues el humor bobo de JongDae lograba sacar las más escandalosas risas infantiles del ingenuo JongIn, quien a pesar de no entender del todo las referencias hechas por JongDae, sus expresiones y tonos de voz al relatar lo hacían reír con fuerzas.

Cuando el cuarto de JongDae estuvo más o menos ordenado, dejó la limpieza de lado y bajó las escaleras con prisa para esperar en el living por la llegada de su pequeño camarada. Disfrutaba en demasía de la compañía del niño de castaño cabello, creía que JongIn lograba comprender muy bien sus ideas, sentía casi fantástica la alegría que lo invadía cuando de interactuar con el menor se trataba. JongDae había encendido la televisión y moviendo los pies con impaciencia, apenas prestaba atención a los dibujos animados frente a él, tenía la mente ocupada en las muchas actividades que podía realizar con JongIn.

Y tan ensimismado se encontraba en sus propios pensamientos que no logró escuchar el timbre de la puerta que anunciaba la llegada de la ansiada persona a la residencia. Para su suerte, los oídos bien entrenados del mayor de los Kim pudieron captar el sonido del timbre.

—¡JongDae! — lo llamó JongDeok en voz alta, caminando con pies torpes hasta la entrada de la casa, parecía ser que no era la única persona ansiosa por encontrarse con quien del otro lado de la puerta se encontraba.

JongDeok giró la perilla de la puerta después de haber visto por la mirilla. Con una posición firme, una sonrisa resplandeciente y los nervios de la primera vez surgiendo, saludó a la joven chica de lacio y castaño cabello que portaba un elegante vestido de coctel.

—Hola...— pronunció JongDeok con voz suave y mirada ensoñadora.

—¡Llegó JongIn! — la vocecilla de JongDae se escuchó desde la lejanía y fue haciéndose más fuerte hasta que el menor casi tira a su hermano mayor por la euforia que sus movimientos desprendían.

—JongDae— JongDeok llamó la atención de su hermano por aquella imprudente acción. Pero el más joven nada escuchaba pues se encontraba ya muy ocupado rodeando el cuerpo del niño en un efusivo abrazo de oso.

—JongInnie— habló JongDae en un tono agudo, con la alargada sonrisa adornando su rostro.

—JungDhaeee— habló el más chico dejando caer la pequeña mochila que llevaba en manos.

—JongDae, Innie, JongDae— el escolar corrigió la pronunciación de su nombre, separándose apenas un par de centímetros para poder ver de frente al pequeño que tenía fuertemente aferrado a sí.

—JungDhae— sonrió el menor mostrando el hueco donde se suponía irían los incisivos centrales superiores.

JongDae comprendió entonces porque de pronto el menor había dejado de pronunciar correctamente su nombre, soltó una risa al ver la enorme sonrisa falta de dientes de JongIn —¡Ven, vamos a jugar!

Y de un brusco movimiento, JongDae tomó la mano de JongIn y lo hizo entrar a la casa a toda velocidad, los pequeños desaparecieron por las escaleras para dejar que la pareja pudiera despedirse apropiadamente, JungAh dejó un montón de indicaciones a su novio para el buen cuidado de JongIn y le agradeció el favor de cuidar a su hermano menor.

Mientras tanto en la habitación de JongDae se estaba llevando a cabo la construcción más emblemática del siglo, un edificio de bloques leggo que sería la residencia del par de muñecos de felpa del par. El dinosaurio T-Rex y el Oso grizzly.

JongDae y JongIn permanecieron jugando con los muñecos de felpa durante largas horas en las que la imaginación infantil les permitió crear un sinfín de aventuras en las que el aburrimiento no se dio cabida. Hasta que finalmente su imaginación comenzaba a dar de sí y la curiosidad se habría paso en sus mentes.

JongIn seguía controlando los diminutos brazos de su oso grizzly para que lanzara bloques contra el T-Rex pues la temática actual que jugaban le exigía al oso salvar su hogar de las afiladas y poco eficientes garras del dinosaurio. JongDae esquivaba el plástico lanzado con habilidad hasta que dejó su posición defensiva y comenzó una táctica ofensiva, chocando la gran cabeza de su dinosaurio contra el cuerpo del oso. Una lucha cuerpo a cuerpo entre animales de felpa se dio hasta que entre tantos movimientos, los filosos dientes del dinosaurio atraparon el hocico del oso.

JongIn comenzó a reír en voz baja, se escuchaba el siseo escapar desde su ausencia dental —Ssson como JungAh-noona y JongDeok-hyung.

JongDae observó a los muñecos y se dio cuenta de que sus juguetes parecían estar besándose. Una tímida sonrisa se dibujó en sus labios e inmediatamente después dejó su T-Rex de lado, tragó saliva con nerviosismo y observó al menor frente a él. Sus nulos conocimientos sobre los sentimientos propios lo hacían entrar en conflicto frente a la reacción de su cuerpo cuando de JongIn se trataba, desde aquel fugaz y apretado abrazo, su corazón no había dejado de latir con fuerza, se sentía inexplicablemente feliz, el rubor de sus mejillas era perceptible por la alta temperatura que sus mofletes emanaban. No entendía, no sabía. Pero quería siempre estar cerca de JongIn, tan cerca como pudiera, tan cerca para poder asimilar la calidez de la risa ajena, para rozar la tersa piel color caramelo, para deslumbrarse con el risueño fulgor de su mirada, no entendía nada de eso, pero lo sentía.

—¿JungDhae? — JongIn se percató del silencio que reinó la habitación y le preocupó que su amigo favorito no pronunciara ni una sola palabra en tantos segundos.

El silencio perduro, sin embargo, el ruido de su corazón se seguía escuchando. Los inexpertos labios de JongDae se posaron con cuidado sobre los núbiles pétalos de JongIn. El menor se quedó estático, tratando de asimilar el revolotear que surgía en la boca de su estómago, intentando darle un significado al cosquilleo que recorría su piel. Los ojos fuertemente cerrados de JongDae le confirieron seguridad en sus acciones y permaneció presionando sus labios contra los opuestos.

No podía controlar el temblor de su cuerpo, la sensación era tan gratificante, tan extraña y divertida. Cuando se separaron, la boca de JongIn se abrió de la impresión y pestañeando un par de veces trató de decir algo al respecto pero aún no podía comprender del todo lo que acaba de pasar.

—Como JungAh y JongDeok— sonrió el mayor tratando de inventar una excusa a su impulsiva acción.

JongIn seguía sin palabras —¿También seré tu novia algún día?

JongDae sonrió con ganas y asintió con la cabeza repetidas veces, había encontrado la razón de todo su sentir, a pesar de la poca cognición que poseía en ese momento la esperanza de un futuro al lado de su persona favorita le daba confianza. 

🐻🐊🐻🐊

16 años después... (¿?)

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