Capítulo 8

Los labios de Ally eran suaves contra los míos, pero algo en ese beso, a pesar de que el contacto no era desagradable, no se sentía del todo bien. Parecía ser... incorrecto. Tal vez fuera que me encontraba más concentrado en cuál sería la reacción de Sam. O puede que fuera el que yo no era así normalmente, que había actuado por impulso y ahora mi conciencia me estaba molestando.

No sabía nada. Mi propia actitud me confundía.

¿Por qué había besado a Ally? ¿Acaso quería hacer sentir mal a Sam?

No. Mi intención no era herir a Sam, pero... ¿entonces cuál era?

Tras unos pocos segundos transcurridos, me despegué de Ally y elevé los párpados solo para encontrarla observándome con sus ojos abiertos como platos y el rostro lívido por la sorpresa.

Con un poco de indecisión, giré mi rostro y encontré a Sam y Logan de pie en medio del aula. Sus ojos estaban rojos e hinchados, como si hubiera estado llorando antes de entrar. Algo dentro de mi pecho se retorció. Desvié la mirada hasta los ojos de Logan, quien me observaba desolado.

Agh, me sentía horrible.

—Ally... —El susurro roto de Logan me hizo sentir peor.

Ella me miró con dolor en sus ojos y negó casi de manera imperceptible. Al principio no entendí su gesto, pero entonces tomó mi mano y, alzando la barbilla, clavó su mirada en Logan.

—¿Qué pasó?

Al escuchar su voz desprovista de emoción, Logan la contempló unos segundos antes de desviar su mirada a Sam y negar con la cabeza.

Vi cómo le apretó la mano y besó su mejilla antes de salir del salón sin decir otra palabra. Miré a Ally, quien parecía que iba a llorar, y después a Sam, quien me miraba con algo parecido a la tristeza. ¿Decepción, tal vez?

Suspiré molesto conmigo mismo. Parecía que nada de lo que hacía me salía bien.

Sam se sentó en uno de los asientos delanteros y yo me puse de pie con la intención de acercarme y hablar. Quería aclarar esto con ella.

—Por favor, señor Ferrati, tomé asiento. La clase acaba de iniciar.

Ni siquiera me di cuenta del momento en que entró la profesora de Biología. Mascullando entre dientes, me volví a sentar junto a Ally y esperé que la clase pasara rápido.

Tenía que hablar con Sam lo antes posible.

***

SAMANTHA

Lo primero que hice al llegar a la escuela, fue buscar a Logan.

—Necesitamos hablar —dije una vez que lo encontré en su casillero. Por un instante, su movimiento cesó. Cerró la puerta y, luciendo una pequeña sonrisa en el rostro, se encontró con mis ojos.

—Menos mal que fuiste tú la primera en decirlo y no yo. —Pareció divertido al decir esto. Sonreí.

Yo era consciente de que ambos queríamos a otras personas pero que no estábamos con ellos por... Pues, por tontos. No había otra razón más que esa si debía ser sincera.

—Supongo que ya te imaginas de lo que quiero hablar —adiviné enarcando una ceja. Su carcajada no se hizo esperar.

—Sí, creo que la cosa de «no eres tú, soy yo» es la razón principal por la que me abordaste. ¿O me equivoco?

Se cruzó de brazos y yo sacudí mi cabeza divertida.

—No, tienes toda la razón. Ambos sabíamos que esto acabaría rápido, ¿no es así? —cuestioné. Me observó en silencio por algunos segundos antes de venir y rodearme con sus brazos.

Yo no era una chica muy afectuosa a decir verdad por lo que su abrazo me tomó por sorpresa, tanto así que no le correspondí de inmediato. De hecho no lo correspondí en absoluto y él tuvo que apartarse luciendo un poco incómodo.

—¿Puedo preguntar qué fue lo que te hizo reaccionar? —curioseó.

Recordé el día anterior al escuchar su pregunta. Las fotos que había visto en el álbum de Dean; su cabeza y rostro sin ningún tipo de vello, su pálida piel. Las ojeras bajos sus ojos y la delgadez de sus mejillas. Su pequeño rostro de niño sufriendo... pero siempre sonriendo.

Creo que eso fue lo que me hizo reaccionar. Su sonrisa.

Verlo postrado en una cama, luciendo más enfermo y cansado que cualquier otra persona que hubiera conocido, soportando dolores que ningún niño debería soportar y aun así sonriendo; iluminando los días de las personas como hacía con los míos.

Sabía que me había comportado como una completa perra con él mientras trataba de proteger a mi corazón, mientras trataba de no enamorarme, pero... ¡Por Dios! ¿Cómo no iba a enamorarme de una persona tan maravillosa?

Era algo estúpido pensar que podía evitarlo.

Mis ojos se rasaron y parpadeé para contener las lágrimas. Yo no era tan sentimental en un día normal, pero no sabía qué era lo que me pasaba esos últimos días. Parecía que una mosca pasaba volando y me ponía llorar.

—Ayer fui a la casa de Dean, y... no sé. Me enteré de algunas cosas. —Me encogí de hombros para restarle importancia y desvié mi atención a mis pies.

—Oh —fue todo lo que dijo. Lo miré confundida y él sonrió un poco—. Sé de lo que hablas, Sam. Todas las chicas de aquí están medio locas por él por lo mismo. Creo que lo admiran más que nada por soportar tanto siendo tan pequeño. Demonios, hasta yo debo admitir que lo admiro.

Reí al escucharlo. Logan adoptó un semblante serio y me miró fijamente a los ojos.

—¿Qué pasa?

—No tengas miedo, Sam. Él es la última persona que sería capaz de lastimarte —indicó. La seguridad con la que dijo esto me hizo pensar que tenía toda la razón e hizo a mis ojos llenarse de lágrimas una vez más.

—Lo sé.

Con una sonrisa temblorosa traté de agradecerle por esos días que me brindó su apoyo y comprensión. Ambos pasábamos por situaciones similares y la verdad era que, más que novios, fuimos amigos y consejeros.

—Ahora vayamos a clase. Se hace tarde.

—Está bien.

Logan tomó mi mano y entonces nos encaminamos a la primera clase.

Me encontraba pensando en lo que podría decirle a Dean, cuando entramos al aula y lo vimos besar a Ally. Juro que en ese momento pude escuchar cómo mi corazón se rompía dentro de mi pecho. Pero suponía que era mi culpa después de todo.

¿Era así como Dean se había sentido cuando me vio besando a Logan? Entonces tenía todo el derecho de odiarme. Creo que hasta yo me odiaría.

Después de un instante que se me antojó eterno, se separaron y Dean me observó luciendo un semblante lleno de arrepentimiento.

Solté una corta risa sin humor. Suponía que después de todo Logan no tenía tanta razón. Dean había tratado de hacerme sentir mal a propósito, de darme una cucharada de mi propia medicina. Lo peor de todo era que lo había conseguido, había logrado que me doliera, pero no lo culpaba; me lo merecía.

—Ally —escuché llamar a Logan dolido.

Ese chico estaba más que loco por ella, y sabía que ella también lo estaba por él, pero al parecer también quería lastimarlo. Ally. La chica más dulce que me había tocado conocer.

¡Es que acaso el mundo se estaba volviendo loco?

—¿Qué pasó? —respondió ella cortante.

Sentí como Logan se tensaba a mi lado y apretaba mi mano un poco más. Se acercó a besar mi mejilla y susurró un «lo siento» antes de salir del aula y dejarme en medio de una incómoda situación. Miré a Dean tratando de ocultar el dolor en mis ojos, pero estoy casi segura de que fallé.

La profesora entró y me senté en el primer asiento que encontré vacío, no me importaba que estuviera hasta adelante; lo que menos quería en ese momento era estar cerca de Dean.

***

—¡Sam! —escuché que gritaron. Giré mi rostro en la dirección que provenía la voz, pero no encontré a nadie, así que seguí caminando.

Ese día sería el primero que regresaría sola a casa. Se había hecho una costumbre durante los meses pasados que Dean me acompañara y, después, que Logan me llevara. Lo bueno de esto era que ahora podría pensar con claridad sin la presencia de ninguno de los dos.

—¡Sam! —llamaron de nuevo. Iba a girar una vez más, pero en eso Dean me tomó del brazo. Sonreí.

¿Por qué sonreía? Se suponía que estuviera molesta o dolida, pero... en verdad me alegraba que me hablara.

—Hola, Dean —dije un poco demasiado entusiasta. Sus ojos se abrieron con sorpresa y luego frunció el ceño confundido.

¿Qué esperaba, que me enojara con él?

—Hola. —Metió las manos en los bolsillos de sus vaqueros y se balanceó sobre sus talones—. Eh... ¿ya te ibas?

—Ah sí. Las clases ya acabaron —contesté sarcástica. Él rio.

—Cierto. Y... Uh, ¿Logan te llevará?

Sacudí mi cabeza en una negativa.

—No, él y yo terminamos así que hoy me iré yo sola. —Traté de sonreír pero salió más como una mueca. Dean me observó sorprendido.

—¿Terminaron?

—Sip.

—Wow.

—¿Qué?

—No, nada. Solo pensé que... —Se quedó en silencio un momento pensando—. Nada, olvídalo. Oye, ¿quieres acompañarme al hospital? Tengo que ir a hacerme una revisión semestral y pues...

Me quedé callada un momento procesando su petición.

—Sí, está bien, supongo. Solo deja le aviso a mi mamá.

Media hora después nos encontrábamos en el hospital. Mi mamá tenía el turno de noche por lo que era poco probable que la encontrara por ahí.

—¡Dean! Mírate, estás enorme —dijo una dulce y efusiva voz. Ambos giramos para encontrar la fuente de esta y nos encontramos con una señora mayor, de unos sesenta años mirando a Dean con adoración.

—Hola, Maggy.

Tenía grandes mejillas rechonchas y una cálida sonrisa que te inspiraba confianza. De inmediato me cayó bien. Parecía una abuelita. No me habría sorprendido si hubiera sacado una bandeja de galletas recién horneadas para ofrecernos.

—¿Vienes a revisión? —cuestionó ella. Dean asintió—. Entonces vamos por acá. Maggy empezó a caminar por el pasillo y Dean giró a verme.

—Puedes esperarme o acompañarme. Como tú quieras.

—Aquí te espero —dije con una ligera sonrisa. Él asintió y siguió a la enfermera hasta el final del pasillo.

Alrededor de cuarenta minutos después, me fui a buscar el baño. En un principio había pensado que no tardaría tanto, ¡pero ahora ya no aguantaba! Después de salir lavé mis manos y arreglé un poco mi desastroso cabello. Volví al lugar donde había estado esperando antes, pero me detuve al ver a Dean sentado. La sonrisa que llevaba se me borró al ver sus hombros hundidos y su cara enterrada entre sus manos.

Un extraño pánico comenzó a abrirse paso en mi interior. ¿Qué estaba mal? Me acerque con rapidez y coloqué una mano sobre su hombro.

—¿Dean, qué pasó? —Él elevó su cabeza al escucharme y me brindó una sonrisa; una que no llegó a sus ojos.

—Nada, solo estoy cansado. ¿Nos vamos ya? —preguntó. Dudé. Sabía que algo estaba ocultándome, pero no lo presioné por información.

—Claro.

Salimos del hospital y Dean inició una conversación en el camino a mi casa. Sabía que buscaba distraerme y yo lo dejé pasar, sin embargo sabía que algo no estaba bien.

E iba averiguar lo que era.

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