❛ 37 . 1 ❜
U N P L A N N E D
treinta y siete, primera parte.
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❛ 𝓛a niñita del tutú ❜
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❝ Si he aprendido algo, es que si no pierdo mi miedo a perder, nunca ganaré. ❞
ㅡCorazón de piedra, Beret
25 DE FEBRERO, 2019
22:17 pm.
❪ ❛ JEON JEONGGUK ❜ ❫
▬▬ HAYE CAMINÓ con pasos agigantados a lo largo del pasillo que se extendía hasta el baño de chicas, yo tuve que ingeniármelas para discretamente correr detrás de ella porque no era idiota, ella estaba huyendo de mí, lo noté, pero no sabía exactamente por qué, creí que estábamos bien. O al menos mejor que hace unas horas.
Creí que podía estar siendo un poco paranoico al respecto, pero entendí que no cuando llamé su nombre por lo bajo y ella me ignoró deliberadamente. Algo sí había pasado. Y ella estaba muy cabreada.
—Oye...oye, espera —murmuré, alcanzando su mano para poder detenerla. Los chicos estaban aquí también, no podía llamar su atención pero Haye no me estaba ayudando mucho—. ¿Estás bien...? ¿Qué fue lo que pasó?
Sinceramente estaba confundido por su actitud. ¿Por qué era tan difícil para ella comunicarse conmigo? ¿Era por lo de Sowon? Porque no tenía ni puta idea de que más podía ser.
—Tengo que ir al baño —replicó a secas, como si eso fuera todo.
Pero sabía que no era así, algo le estaba molestando, lo noté en el camino al restaurante. Ella incluso trató de evitar venir con nosotros con la excusa de que no se sentía muy bien, Seulgi tuvo que convencerla. ¿Acaso tenía que ver con el comentario de Seulgi sobre oler a mí? ¿La había puesto nerviosa? Ah, mierda, odiaba esto.
—¿Qué fue lo que hice ahora? —pregunté, sintiéndome un poco aturdido—. ¿Puedes decírmelo? Porque estoy realmente perdido aquí.
Haye soltó un suave suspiro, frunció sus labios y se liberó de mi débil agarre. —¿Qué es lo que estás haciendo, huh? ¿Qué es lo que pretendes en realidad? ¿Acaso...sólo buscas rebelarte en contra de tu abuelo o...?
—¿Qué? —inquirí, aún más confundido, ¿pero de qué estaba hablando?
—¿No planeabas decirme que para asumir el cargo de tu abuelo tenías que casarte? —cuestionó entre dientes, tratando de no alzar la voz, ella tenía una dura expresión en su rostro ahora—. ¿No pensaste que sería importante mencionar el insignificante detalle de que quieren que te comprometas con Sowon?
Carajo. Seulgi se lo había mencionado. ¿Por qué, maldita sea, tenía que decírselo? Haye no necesitaba saber nada de esa mierda, era innecesario, ni siquiera era tema, ese compromiso jamás ocurriría.
—Por supuesto que no ibas a hacerlo —acusó, con una falsa sonrisa esbozándose en sus labios, su mentón tembló de manera inconsciente a pesar de eso—. Tú...ni siquiera voy a molestarme, sólo estás jugando conmigo.
Haye trató de seguir su camino, pero volví a detenerla, tirando de su muñeca y jalándola hacia mí. Cualquier persona podía pasar y vernos, pero no me importó.
—Olvídalo, ¿sí? —se zafó de mi apretón—. Olvida todo esto. Se acabó.
—¿No piensas siquiera escucharme? —presioné, acorralándola entre mi cuerpo y la pared detrás de ella. Esto era ridículo—. Tienes razón de estar molesta, debí mencionártelo, es sólo...que no creí que fuera importante.
Haye me miró perpleja, boquiabierta, como si lo que acababa de decirle fuera lo más indignante y despreciable que había escuchado en toda su vida. Tenía que aprender a ser más jodidamente específico.
—¿No creíste que fuera importante? ¿Me estás tomando el pelo? —desafió, incrédula—. Estamos hablando de un compromiso, Jeongguk ¿cómo diablos es que eso no es importante?
Me había expresado mal. Todo lo hacía mal, maldita sea. Quería estar en paz. No quería más problemas con Haye, no quería rumores ni malentendidos interviniendo con lo muestro. Quería que volviéramos a estar como antes de que todas estas cosas pasaran. Primero Yeosang, luego Sowon...ahora esto.
—No me refiero a eso. Lo que quiero decir es que...no es importante porque eso no va a pasar —aclaré—. No sé que fue lo que escuchaste, pero es una tontería, es ridículo, nunca accedería a eso —mi abuelo podía usar sus influencias, podía amenazarme, tratar de manipularme, pero mi respuesta seguiría siendo no—. ¿Tú...de verdad piensas que lo haría?
Incluso la vez que se lo mencioné a Seulgi lo hice porque la sola idea me resultó risible. Sí, mi abuelo quería que me comprometiera con Sowon, pero no iba a darle en el maldito gusto. No importaba lo mucho que me presionara, no iba a ceder.
—Nunca me habría acercado a ti si estuviese dispuesto a obedecer a mi abuelo en algo como eso.
Tenía veintiún años, por Dios, no estaba en mis planes ni el casarme ni el tener hijos, mucho menos con Sowon. No me importaban sus tradiciones ni sus exigencias, esta era mi vida, yo tomaba mis decisiones, no mi abuelo, no nadie más, yo.
—No querías ser su sucesor, pero él halló la forma de convencerte —señaló Haye—. Apuesto que volverá a hacerlo, así que...ahorrémonos todo esto, ¿sí?
De ninguna jodida manera.
—No quiero seguir —decidió, y mi corazón dejó de latir. Mierda, no, no, no.
—No digas eso. Por favor, Haye, no es...
—Hablo en serio, no quiero, yo...ya he oído esta historia antes, créeme, la conozco muy bien, y tal vez no sepa cómo funciona todo este mundo tuyo, pero si sé cómo termina para mí.
—¿No escuchaste nada de lo que dije antes? Haye, eres tú, te quiero a ti.
—¿Y tú no escuchaste lo que yo te dije? —ella trató de sonar decidida, pero las lágrimas no derramadas acumulándose en sus ojos la delataron, eso era lo que necesitaba saber—. No quiero seguir con esto.
No, no iba a apartarme. No por esto. Las cosas no se veían bien, eso lo sabía. Haye no la estaba pasando nada bien porque no confiaba en mí, no con el corazón, incluso si yo le pertenecía, eso no era algo que ella pudiese creer así como así, mucho menos con todo este drama, y no ayudaba en lo absoluto que no dejara de cometer error tras error, pero la quería, y la única cosa que sí sabía sobre mi futuro, era que quería que ella formara parte de él, solo ella.
—Lo consideraría si fuera lo que en realidad quieres, pero sé que no es así.
Ella quería terminar con esto antes de involucrarse aún más, antes de que fuera demasiado tarde, pero ya lo era, al menos para mí ya no había vuelta atrás. Quería a esta chica. Por mucho tiempo no me atreví a querer nada ni a nadie, pero la quería a ella. Sólo necesitaba que creyera eso. Si tan sólo existiera una maldita forma de hacerle ver que era ella todo lo que quería, entonces dejaría de poner en duda mis sentimientos. Y lo que estaba dispuesto a hacer para defendernos.
—¿Piensas que quiero sentir esto por alguien que no es para mí? —cuestionó, dolida—. Pues no. Y tú lo prometiste.
Acusó, encogiéndose en su lugar en el momento que una señora pasó cerca de nosotros. Este era el peor lugar para hablar sobre algo así de importante.
—Dijiste que te alejarías si te lo pedía —me recordó antiguas declaraciones, pero yo supe que no quería decir nada de eso por la forma en la que su voz se quebró. Sus ahora vidriosos ojos me miraron y quise tanto poder estrecharla entre mis brazos. Esto era absurdo. ¿No le dije justo esta tarde que no quería perderla? ¿Que estar junto a ella era todo lo que quería? ¿Eran las malintencionadas palabras de otras personas tan poderosas? Mi pecho dolía por todo esto—. Ahora...te lo estoy pidiendo.
Eso ya no importaba. Muchas cosas habían cambiado desde ese día. Las cosas entre nosotros eran diferentes ahora. No dejaría que Haye hiciera esto. Sólo necesitaba una manera de demostrarle que hablaba en serio. Completamente en serio. Entonces, tal vez aceptaría el hecho de que era mía. O más exactamente, que yo era suyo.
Así que sacudí mi cabeza, rechazando rotundamente su petición, no iba a alejarme.
—Eso fue antes. Todo cambió, Haye, no puedes pedirme ahora que...
—¿Se puede saber qué demonios se traen ustedes dos, huh? —escuché peligrosamente cerca la voz de Yoongi e instintivamente me alejé de Haye, quien alzó su alarmado rostro en la dirección de donde provenía la voz.
Si supieras, pensé.
—Nada —replicó Haye sin más, mordisqueando su labio inferior en lo que sentía la intensa mirada de Yoongi sobre nosotros, él tenía una expresión ceñuda que reflejaba su confusión y las conclusiones que estaba sacando en su cabeza—. Yo...uhm, regresaré con Seulgi.
Por supuesto que ella aprovecharía el momento para escapar, no traté de detenerla porque no era lo más adecuado por hacer considerando la situación. Nuestra conversación no había acabado aún, pero este no era el lugar.
Yoongi se mantuvo en silencio hasta que Haye desapareció por el pasillo, entonces con un simple movimiento de cabeza me indicó que lo siguiera hasta el baño de hombres que se encontraba a tan sólo unos metros. Obedecí porque sabía que estaba a punto de ser regañado y no quería empeorarlo.
—¿Qué carajos estás haciendo con Haye? —fue directo al grano, hablando severamente—. Por favor, por favor, dime que no estás tonteando con ella.
—No lo estoy —garanticé—. No es eso. Ella...en verdad me gusta.
Yoongi lució verdaderamente aliviado de oír mi respuesta. O bueno, de oír la primera parte, porque la parte de "en verdad me gusta" provocó que todo su rostro se desfigurara. Claramente no le hizo nada de gracia. Pero había terminado, no iba a disculparme por lo que sentía por ella ni una maldita vez más
—¿Por qué? —preguntó frontalmente—. ¿Por qué tiene que ser justamente ella, huh?
Bueno, podía darle una eterna lista enumerando todas las razones por las cuales sentía todo por ella, pero eso era algo que debía discutir con Haye antes que con cualquier otra persona. Además, no soportaría ser juzgado también por eso, así que fui breve.
—No es como que lo haya planeado, ¿vale? —suspiré, abatido—. Traté de ignorar lo que sentía para no causar problemas, pero...quiero estar con ella. No es como antes, yo de verdad, de verdad quiero estar con ella.
Estaba demente. ¿En qué momento había pasado de ser incapaz de comprometerme, a estar aquí, comiéndome la cabeza por temer que una chica pudiese patear mi trasero? Esa inocente e inofensiva mujer me tenía envuelto en su pequeño dedo y ella no tenía ni idea.
¿Cómo carajos había pasado?
No tenía sentido.
Era irracional, pero cierto. No era sencillo asumir la verdad, tampoco lo era admitir lo que en realidad sentía por ella porque era patético. No te enamorabas en dos semanas. Pero había hecho justamente eso. Me había enamorado de esa dulce y encantadora chica.Y ya ni siquiera me importaba si alguien se enteraba. De hecho, quería que todos se enteraran.
Esperaba que Yoongi me sermoneara, tal vez lo merecía un poco, pero no lo hizo. Él se limitó a escucharme con atención, entonces la cabreada e indignada mirada en sus ojos se suavizó un poco y lo oí exhalar progresivamente.
—¿Y qué es lo que ella quiere?
Ahora mismo, me quería lejos, pero no tenía tiempo para entrar en detalles. Era complicado. Todo había sido provocado por una cadena de malos entendidos.
—No se veía nada feliz hace un rato —mencionó.
—Lo sé, yo...es todo muy jodido. Ella piensa que aún siento algo por Sowon.
—¿Y lo haces? —puso en duda—. Dime la verdad.
Ni siquiera podía recordar por qué fue que sentí cosas por Sowon alguna vez. No podía recordar por qué razón me aferré tanto a ella. En mi cabeza, ella era la persona que alguna vez amé, pero después de dos semanas con Haye, ahora ni siquiera estaba seguro de eso.
Nunca fui yo mismo cuando salía con Sowon. Creía que compartíamos un vínculo especial, pero sólo era una chico de diecisiete años que creía estar enamorado. Idealicé a Sowon desde un principio, ahora no estaba seguro de si me gustaba ella o la idea que tenía sobre ella. Era hermosa por fuera, eso me llevó a creer que sería igual de hermosa por dentro. Me equivoqué, muchas veces me equivoqué con ella. Fingía ser alguien más para resultarle interesante, para permanecer a su lado, siempre debía esforzarme tanto con ella, era diferente ahora, con Haye no tenía que fingir. No lo veía en ese entonces, pero mi relación con Sowon era mucho más física que emocional. Podíamos pasar horas besándonos y tocándonos, pero no podíamos pasar ni media hora tratando de entablar una conversación real. Con Haye era distinto. Quería tenerla cerca todo el tiempo, sus besos me embriagaban, su sabor era adictivo, podía pasarme la vida besándola, pero también podía pasarme la vida escuchándola hablar. Con ella podía recostarme en un sofá y charlar sin parar de cualquier banalidad y no me aburriría, por el contrario, me deleitaría con cada historia. Incluso la primera noche que nos vimos fue así. Me divertía a su lado, disfrutaba cada segundo que pasaba con ella. Y aunque éramos muy distintos y nuestras personalidades eran totalmente opuestas, teníamos muchas cosas en común. Cuando sólo éramos nosotros dos todo era tan...perfecto. Sentía que nos complementábamos, nunca había sentido nada similar. Tal vez porque nunca me di la oportunidad. Tal vez porque no era el momento indicado. O tal vez simplemente porque así debía ser.
No creía en las coincidencias. Cuando miraba hacia atrás, recordando el momento exacto en el que vi a Haye por primera vez, pensar en todo lo que ocurrió antes de eso, en todo lo que me llevó a estar ahí el día de su llegada, las decisiones, todo...se sentía como el destino para mí.
—¿Aún sientes algo por ella? —instó.
—No —contesté sin demora, con total honestidad. En verdad no sentía nada—. No siento nada por ella. Es cursi y todo lo que quieras, pero sólo veo a Haye. No me interesa nadie más, no quiero interesarme en nadie más.
Pero tenía un largo historial en arruinar las cosas, no estaba seguro de cómo mierda lo hacía, pero siempre acababa por boicotearme a mí mismo.
—Pero, Hyung...—agregué, sin poder ocultar mi lamentable todo de voz, y es que así me sentía, tan lamentable—. Metí la pata. No quería, pero le hice daño. Y no quiero que esté herida, no lo soporto, de verdad me está matando, yo...ayúdame, por favor.
25 DE FEBRERO, 2019
22:24 pm.
❪ ❛ BAE HAYE ❜ ❫
▬▬ ¿QUÉ DIABLOS estaba haciendo? ¿Terminar con esto? ¿En verdad creía que podía sólo terminar con lo que teníamos? Había actuado precipitadamente, me arrepentí de mis palabras en el momento en que las dije. No se merecía lo que había hecho, ni siquiera le estaba dando una oportunidad. Estaba tan empeñada en protegerme que estaba actuando como una perra. Sentía que estaba a punto de ponerme a llorar como una Magdalena. No quería ser una de esas chicas cuyo mundo dejaba de girar por un chico, pero...agh. Las lágrimas escocían mis ojos y el nudo en mi garganta era sofocante.
Antes, estaba preocupada por salir herida; ahora, sabía que definitivamente iba a salir herida. Había ido muy peligrosamente rápido. ¿Qué había hecho?
Lo peor de todo esto era que ahora debía salir y pretender que todo estaba bien. Tenía que ocultar el hecho de que mi corazón estaba dolorosamente roto.
Maldita sea.
Ya. Muy bien. Tenía que dejar de pensar en eso, al menos por ahora. Me preocuparía por Jeongguk más tarde, debía resolver todo esto en mi cabeza. Mientras, tenía que tragarme mis sentimientos y fingir que nada estaba pasando. ¿Por cuánto tiempo iba a poder pretender? Pues esperaba que por el suficiente.
Mientras hacía mi camino hacia nuestra mesa, pude divisar como Seulgi se encontraba charlando muy animada con un hombre que desde donde me encontraba no pude reconocer. Él se encontraba de espaldas así que no pude ver su rostro hasta que estuve irremediablemente cerca.
—¡Ahí estás! —saludó Seulgi felizmente—. Justo estaba hablando sobre ti.
Dijo al mismo tiempo que el hombre se volteaba en mi dirección, ni siquiera tuve que preguntar quién era, la respuesta se volvió más que clara en el momento que vi su rostro.
Ay, mamá.
—Señor Jeon, le presento a mi queridísima mejor amiga, Haye —me presentó Seulgi, pasando su brazo alrededor de mi hombro con contagiosa alegría—. Haye, te presento al señor Jeon, el padre de Jeongguk.
Fue una buena cosa que Seulgi se sostuviera de mí, porque de otro modo posiblemente me habría ido hacia atrás. ¿Qué era esto? ¿Acaso el universo estaba trabajando en mi contra? Madre mía, es que no estaba preparada mentalmente para conocer el padre de Jeongguk. ¿Cómo diablos era que se hablaba?
—Es un gusto —dijo él, ofreciéndome su mano junto a una cálida sonrisa.
El parecido que tenía con Jeongguk, ese que evidencié en las fotos de hace unos días en el cuarto de su esposa, aún estaba ahí. Él sólo era una versión más adulta de su hijo. Era un tanto impresionante. Ni siquiera parecía un padre. Se veía sumamente joven, era extraño escuchar que alguien se refiriera a él como "señor Jeon" cuando se veía...así. Jeongguk había sido bendecido genéticamente, ese era un hecho.
—Oh, lo mismo digo —acepté su mano, sacudiéndola suavemente mientras trataba de ocultar mi nerviosismo en una amigable sonrisa—. Es un placer.
Me incliné en una sutil reverencia y en ese instante, al verlo de más cerca, me percaté de algo curioso. Apenas lo había notado en las fotografías, pero en persona podía casi afirmarlo, había algo inusualmente familiar en él, como si lo hubiese visto antes, sin embargo, no podía estar segura de en dónde. Aunque, tal vez sólo era el efecto que producía el que se pareciera tanto a Jeongguk.
—He escuchado mucho sobre ti —dijo el padre de Jeongguk, tomándome por sorpresa. Oh-oh.
—Adivinaré —intervino Seulgi—. ¿Jeongguk?
Lo que me faltaba.
A Jeongguk le gustarme tomarme el pelo, siempre decía que le hablaba a su padre sobre mí, pero todo este tiempo creí que bromeaba. ¿Qué era exactamente lo que sabía él?
—Sí, no me sorprende, Jeongguk está un poquito enamorado de Haye —bromeó Seulgi y yo tuve que controlar el fuerte impulso que sentí por darle un manotazo.
No tenía permitido hacer esas bromas frente a él, iba a hacer combustión espontánea si me sentía un poco más apenada. Como que de pronto necesitaba a Jeongguk aquí. Él sabía mucho mejor cómo manejar estas situaciones que yo. Y era bueno distrayendo y cambiando el tema, necesitaba eso.
—Eso explica mucho —concordó el señor padre de Jeongguk, divertido. Ya podía sentir mis mejillas comenzar a calentarse.
Estaba mortificada, ¿qué se suponía debía hacer o decir en momentos como estos? Pues nada, así que sólo permanecí anormalmente quieta en mi lugar y traté de imitar sus sinceras sonrisas, al menos hasta que los ojos del padre de Jeongguk se posaron sobre mí y entonces patéticamente me olvidé de cómo respirar.
—Perdona, pero ¿no nos hemos visto antes? —preguntó imprevistamente, entrecerrando ligeramente sus ojos en mi dirección—. Tu rostro se me hace algo...familiar.
Oh.
¿Cuáles eran las probabilidades?
—En realidad, estaba pensando lo mismo —admití, porque pensé que ser honesta sería mucho mejor que tartamudear alguna estupidez.
—Haye también nació y se crió en Busan —comentó Seulgi—. El mundo es muy pequeño, tal vez se vieron alguna vez.
Eso sería muy poco probable. Me fui de Busan cuando aún era muy joven, estuve en el extranjero desde ese entonces. Posiblemente sólo tenía un rostro muy común.
—Sí, puede ser —él estuvo de acuerdo—. ¿Y dónde está mi hijo?
—En el baño, todos fueron al baño —mencionó Seulgi, sentándose en una de las sillas—. ¿Por qué no se queda a cenar con nosotros?
—Mi queridísimo suegro me está esperando en el auto, ya sabes que no es un hombre muy paciente —contó y la ironía en su tono de voz fue palpable.
—¿Vino con él...a este lugar? —preguntó mi amiga, asombrada—. ¿Y él aceptó?
El padre de Jeongguk sonrió complacido. Oh, vamos. Incluso sonreían de la misma manera.
—Quería que habláramos, accedí con la condición de que yo pudiera escoger el lugar...así que por supuesto que tenía que traerlo a un lugar que odiara.
Seulgi le sonrió de la misma forma y me sorprendí al ver como ambos chocaban sus puños. De acuerdo, ellos sí se llevaban muy bien. Debía de ser agradable.
—Ahora como que necesito verlo comiendo pollo frito, lo estoy visualizando —rió Seulgi.
—Sólo se sentó con esa cara de soy demasiado millonario para esto y observó asqueado todo a su alrededor.
Bueno, al menos no había tenido que presentarme con el abuelo de Jeongguk. Estaba nerviosa, sí, pero el padre de Jeongguk no era para nada intimidante. Gracias a Dios.
—Siempre tiene cara de culo, da miedo —dijo Seulgi, actuando como si un escalofrío le hubiese recorrido el cuerpo—. Lo pienso y se me pone la piel de gallina.
El padre de Jeongguk sonrió abiertamente, muy de acuerdo con mi amiga, pero en cuestión de un segundo su semblante cambió, como si hubiese recordado algo muy importante, entonces abruptamente se volvió hacia mí.
—Ya sé donde nos vimos —señaló con seguridad—. Tu fuiste la niñita que defendió a Jeongguk de esos chicos que lo molestaban en el colegio.
¿Qué?
Mis ojos se alzaron confundidos. ¿Yo? ¿Defender a Jeongguk? Las probabilidades era más que bajas. Tenía que estar confundiéndome con alguien más porque sus palabras no tuvieron mucho sentido para mí.
—¿Haye? —curioseó Seulgi, mirándome—. ¿Está seguro de que era ella?
—Fue hace muchos años —agregó él—. ¿No lo recuerdas? —me preguntó, luciendo un tanto ilusionado, pero la verdad...no.
No conocí a Jeongguk antes de regresar a Corea. Si lo hubiese hecho, lo recordaría. O al menos eso creía.
—Lo siento, no. Tal vez me está confundiendo con alguien más —dije, iba a decepcionarlo, pero no creía ser la persona que él sospechaba.
—Sí, tal vez tienes razón...—aceptó, aunque no muy convencido—. ¿Segura que nunca hiciste un escándalo en el parque para evitar que unos niños siguieran golpeando a...?
Ay, no puede ser.
No. Puede. Ser.
Ni siquiera escuché el resto de la historia, porque esas pocas palabras fueron suficientes para hacer que el recuerdo de ese día llegara a mi memoria. Oh, Por Dios. Estaba anonada. ¿Ese...ese niñito era...Jeongguk?
—¡Ah, sabía que eras tú! —celebró el padre de Jeongguk inmediatamente después de ver la expresión de realización en mi rostro, con infantil júbilo—. La niñita del tutú.
—¿La niñita del tutú? —repitió Seulgi, observándonos con un cómico brillo en sus ojos—. Ya me perdí.
—Entonces, el niño que estaba cubierto de barro...¿era Jeongguk? —le pregunté a su padre, porque aún no podía creerlo.
No era posible que el mundo fuera tan pequeño.
Estaba alucinando.
¿Cómo era posible que su padre fuese capaz de recordarlo y de reconocerme y yo no? Había sido hace muchísimo tiempo, sí, pero nunca siquiera lo consideré. Bueno, en mi defensa, yo no había evolucionado tanto; Jeongguk, por otro lado...era alguien totalmente diferente. El pequeño niño que recordaba era más bajo que yo y también mucho más flacucho. Ahora, él era todo un espécimen.
—¿De qué están hablando? —lloriqueó Seulgi—. Por favor, ilumínenme, quiero saber la historia de la niñita del tutú y el niñito del barro.
Ese era un buen título, uno que resumía y capturaba la esencia de esa vieja historia. Ni siquiera recordaba que ese hecho había ocurrido a decir verdad. En todo este tiempo...nunca creí posible el haber conocido a Jeongguk antes de que Seulgi nos presentara. ¿Cómo era posible que fuese él? No podía convencerme.
—¿Papá? —escuché la voz de Jeongguk nítidamente a mis espaldas, sacándome de mis dispersos pensamientos.
Instintivamente me giré para verlo, por un segundo me olvidé de absolutamente todo, quise acercarme a él y decirle lo que acabábamos de descubrir, pero mantuve a raya mi entusiasmo porque no éramos sólo nosotros. Ay, por favor, ¿Por qué me sentía tan emocionada con todo esto? Tal vez él ni siquiera lo recordaba.
Jeongguk nos miró a todos muy confundido. Yoongi se encontraba justo a su lado y parecía estar igual de perdido. —¿Qué haces aquí? —preguntó, llevando disimuladamente sus ojos hasta a mí.
—Traje a tu abuelo a cenar —contestó su padre—. Me encontré con Seulgi cuando iba saliendo.
—¿A mi abuelo? —Jeongguk se aseguró de haber oído bien—. ¿Lo trajiste a cenar...aquí?
—Espera un momento Jeongguk, las preguntas para después —interrumpió Seulgi—. Aún quiero saber la historia, ¿pueden...no desconcentrarse?
—Mhh, con que una historia, también quiero saber...al menos que sea de drama, entonces ya no quiero más de eso —dijo Yoongi, sentándose a un lado de Seulgi.
—El señor Jeon y Haye acaban de hacer una especie de descubrimiento, y yo tengo muchísima curiosidad.
Jeongguk escuchó hablar a Seulgi y entonces su ceño se frunció más profundamente, tres firmes lineas se marcaron en su frente. No sé qué habrá pasado por su mente, pero se veía un poco inquieto. —¿Un descubrimiento? —repitió Jeongguk.
—¿Te acuerdas de la niñita con el tutú que evitó que te golpearan en el parque cuando tenías unos nueve o diez años? —le preguntó su padre con cierta satisfacción.
Nueve o diez años.
Vaya, sí que había ocurrido hace mucho tiempo.
—¿Es en serio, papá? —Jeongguk puso sus ojos en blanco—. ¿Nunca vas a dejar de recordármelo? Ya te dije que...—Jeongguk comenzó a rezongar, pero rápidamente cerró la boca cuando dentro de su cabeza pareció unir los dos puntos.
Entonces su mirada se deslizó hacia mí, viéndose entre impresionado e impactado. Sí, también me sentía así.
—¿También recuerdas que trataste de volver a encontrarla durante meses, no? —añadió su padre—. Pues, acabo de encontrarla por ti. De nada.
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