Capítulo 15. Celo compartido

Estaba clara la respuesta en su cabeza, no podía mantenerse más tiempo alejado del amor de su vida, por lo que no tardó en concluir que lo correcto en este momento era ir con su Alfa. Él amaba a Bon, y estaba más que seguro que Bon lo amaba a él, eso era lo único que necesitaba, ya no había espacio para más dudas, le daba igual si esos pensamientos salían de él por culpa del celo, en su interior sabía que, si salía con una marca de enlace por esta decisión, ya no tendría excusa para no estar con su destinado y podría empezar su vida junto a su Alfa, su cachorro y los muchos otros cachorros que tendrían en el futuro.

Volvió su vista al otro omega que seguía intentando convencerlo, junto al pequeño que aún tenía en brazos mirándolo con sus lindos ojitos rojizos a los que no se podía resistir, y en un movimiento tomó aire, dejó al cachorro en el suelo, agarró un abrigo que tenía colgado en el perchero junto a la puerta y les dijo a los presentes:

– Está bien, iré, mi Alfa me necesita.

Félix suspiró aliviado, Fede cambió su semblante a uno más aliviado y el pequeño Connor no evitó dar saltitos de alegría, abrazando también las piernas del omega.

– Gracias, profesor, de verdad se lo agradezco de corazón – le dijo el pelirrosa, parecía que iba a llorar, pero no, él era demasiado diva y tenía una reputación que mantener, así que se secó los indicios de lágrimas y recupero la compostura, aclarándose la garganta –. Muy bien, hay que irnos rápido, así que todos al auto. ¡Muévanse, muévanse!

Fede su subió rápidamente al auto seguido por Félix, Bonnie estaba a punto de subir cuanto sintió un tirón en su abrigo. Al girarse vio que era Connor que intentaba llamar su atención, por lo que se paró al instante.

– Profe Bonnie – llamó el cachorro mientras Bonnie se inclinaba para poder oírlo mejor.

– ¿Qué pasa, pequeño? – dijo con dulzura el omega.

– Si vas a ayudar a mi papi con su celo, eso significa que oficialmente vas a ser mi mami, ¿verdad? – Bonnie se sonrojó ante aquellas palabras, pero a sabiendas de lo listo que era el cachorro, no le sorprendía que entendiera lo que implicaba que un alfa y un omega pasaran sus celos juntos, así que le sonrió y mientras acariciaba su cabeza le dijo:

– ¿De verdad quieres que sea tu mami? – preguntó aún con una gran sonrisa de esperanza, y el brillo que resplandecía en la mirada del pequeño le infló el corazón de ternura.

– ¡Sí, quiero que seas mi mami!

– Entonces a partir de ahora seré tu mami – el niño sólo atinó a lanzarse a abrazar a su nueva mami y él le devolvió el abrazo gustoso para proceder a cargarlo y llevarlo al auto, envolviendo al pequeño en sus dulces feromonas reclamándolo como su cachorro.

Mientras Félix y Fede veían todo desde la ventana del auto sonriendo, pues ahora su pequeño amo tendría esa figura materna que siempre deseó con todo su pequeño corazón.

A pesar de la gran felicidad que inundaba a Bonnie, su instinto aún no estaba del todo calmado, ¿qué pasaría con la verdadera madre de Connor? ¿A Bon le molestaría si su cachorro lo reconociera como su nueva madre? No podía evitar sentirse algo inseguro, pero su omega interno estaba demasiado feliz con la idea de por fin tener a su propio cachorro, aunque no fuera biológico.

– Mami – escuchó como el pequeño peliturquesa a su lado lo volvía a llamar, sin duda le gustaba mucho más aquella palabra que "profe Bonnie" –. ¿Podrás ayudar a papi a que se sienta mejor?

– Lo intentaré, pequeño – con una sonrisa calmada le acarició una de sus mejillas con ternura, haciendo sonreír a Connor –. Pero me tienes que prometer que te portarás bien con Félix y Fede mientras estoy con tu papá y que no entrarás en el cuarto, ¿vale?

– ¡Sí, lo prometo! – le mostró su pequeño meñique para formalizar su promesa, derritiendo de amor al pelimorado que copió su gesto.

– Aaah, sin duda prefiero trabajar de niñero con el pequeño amo que con el mayor, ¿no crees, amor? – susurró Félix en el asiento de adelante enternecido con aquella escena entre madre e hijo.

– Si eso significa que yo tendré que cuidarlo mientras tú duermes tus ocho horas de belleza, entonces sí, cielo – rió el más alto sin despegar sus ojos de la carretera –. Menos mal que las paredes son gruesas y estaremos bien alejados de la habitación del señor.

(...)

Tras una motivadora charla con Félix y ser suministrado con todo lo imprescindible para no morir en la primera hora dentro del territorio del Alfa, Bonnie se encontraba frente a la puerta de la habitación del peliturquesa, mentalizándose para lo que se le venía encima.

– Muy bien, Bonnie, puedes hacer esto, no es la primera vez que estas con un Alfa, además Félix te dio todo lo necesario – se animaba a sí mismo mientras veía los condones y el lubricante en sus manos, junto a unas botellas de agua y algo de comida –. Además, no debes preocuparte por el ruido, Connor esta con Fede en la casa del árbol del jardín, así que todo estará bien.

El omega respiró profundo y tocó la puerta, pero no escuchó respuesta. ¿Acaso habría salido a alguna parte? Lo dudaba, los Alfas en celo no suelen abandonar su territorio, por lo que le preocupaba que estuviera demasiado cansado incluso como para dar señales de vida. Con la mano temblorosa, giró el pomo de la puerta abriendo esta lentamente, solo para verse envuelto en un ambiente sobrecargado de feromonas con olor a pino y menta que lo marearon por unos segundos. Siempre creyó que el aroma de Bon era embriagador y realmente adictivo, pero estaba seguro que ahora mismo perdería la cabeza si siguiera aspirando ese exquisito aroma.

Se adentró a la oscura habitación, apenas unos pocos rayos de luz de la luna iluminaban el desordenado cuarto lleno de prendas esparcidas en el suelo y el gran montón en lo que suponía que era la cama de Bon. Hipnotizado por el olor, dejó todo lo que llevaba en la mesita de noche y se empezó a subir al intento de nido del alfa, deleitándose con las feromonas que emanaban de este, incluso podía percibir algo de su propio olor, viendo que también había prendas suyas que dejaba como recambio en la mansión las veces que se quedaba a dormir.

Se sentía tan acogedor que no evitó tumbarse sobre las almohadas, ronroneando mientras se restregaba en el aroma de su pareja, ahí notó que su celo volvía a despertar y sus mejillas se enrojecían, pero no podía evitarlo, su omega interno estaba en el cielo.

Entonces escuchó una puerta abrirse, espantándose en el instante en que un gruñido amenazante iba dirigido hacia él, haciendo que se levantara ligeramente pero aún sin salir de la cama.

– ¡¿Quién está ahí?! ¡Sal de mi nido! – el Alfa había salido del baño privado que estaba unido a su cuarto, se había intentado dar otra ducha helada con la esperanza de disminuir su temperatura corporal -sin éxito nuevamente-, pero esta vez percibía que había un intruso en su terreno, pero no veía quién era.

– S-Soy yo, Bon... – la suave y dulce voz del pequeño omega espabiló la poca cordura que le quedaba al Alfa, su razón había vuelto por un instante y se acercó a la cama con gran velocidad, importándole poco que no llevaba nada que lo cubriera.

– ¡¿Bonnie?! – dijo sorprendido, olfateando el ambiente para confirmar su identidad, calmándose casi del inmediato al percibir su delicioso aroma a moras –. ¿En serio eres tú o ya estoy alucinando y le estoy hablando a una almohada? – extendió su mano tratando de tocar al omega, siendo atrapada por las manitas del contrario.

– Sí, estoy aquí para ayudarte, mi Alfa – Bonnie sonrió poniendo la cálida mano de Bon en su sonrojada mejilla, sin evitar hundirse en ésta cerrando los ojos.

– P-Pero ¿cómo has llegado hasta aquí?

– Félix vino a buscarme, me dijo que tu celo estaba siendo muy doloroso y yo no podría quedarme con los brazos cruzados en especial por que... mi celo también estaba siendo muy doloroso y además ya no... – se quedó callado por un momento, soltando su agarre en la mano del Alfa, solo para ser sujetado ahora por las dos mejillas, llegando a ver un brillo especial en los ojos esmeraldas del contrario.

– ¿Ya no qué, conejito? – le insistió Bon, impaciente.

– Y-Ya no puedo pasar un minuto más lejos de ti, Bon, necesito que me hagas tu omega – dijo finalmente con un tono de súplica, su corazón iba a estallar de la emoción que le recorría al ser por fin sincero con sus deseos hacia el Alfa, quien se quedó sin palabras.

– ¿Estás seguro de que es lo que quieres?

– Completamente, quiero ser tu omega para siempre.

Bon no evitó sonreír relamiéndose sus labios, eso era todo lo que quería escuchar. Se separó ligeramente del contrario para encender una pequeña luz, pues no quería estar sin ver a su hermoso conejito toda la noche. Cuando por fin pudieron verse el uno al otro, no se contuvieron los sonrojos.

El Alfa estaba deleitado con aquel bonito camisón que apenas cubría el espléndido cuerpecito de Bonnie, junto a la sencilla lencería que traía debajo lo hacía babear, además de ver en su mirada rojiza que no era el único con una gran vista. El omega no podía apartar la mirada, aunque quisiera, estaba hipnotizado con su musculoso cuerpo, además de su tremendo dote que le hizo mojarse más de lo que ya estaba.

No perdieron más el tiempo y Bon se abalanzó al contrario, rodeando su pequeña cintura y atrapando su boca en un feroz beso con lengua, escuchando el suspiro de alivio y placer que salió de la garganta del más bajo. Ambos se fundieron entre sí junto a todas las prendas del nido, combinando sus feromonas en un cóctel afrodisiaco que mandó al carajo todo rastro de raciocinio, dejando salir a sus lobos internos. Los sonidos de besos húmedos llenaban el silencio de la habitación cerrada con llave, y Bon se cernía más sobre Bonnie, arrebatándole la respiración.

– Aah~... – Bonnie suspiró con el pecho agitado y las mejillas más rojas que unas fresas, mirando su pareja con ojos aguados –. B-Bon, déjame respirar, por favor...

– Lo siento – murmuró con voz ronca el peliturquesa, apretando ligeramente la cadera del otro, sus ojos nublados por el placer–, es que ya no puedo contenerme más, solo quiero hacerte mío de una buena vez.

El omega se estremeció ante aquella frase, resquicios de su pasado azotaron su mente como una pesadilla y cerró los ojos con fuerza, temblando bajo el agarre del moreno.

– ¿Qué pasa, Bonnie? ¿D-Dije algo malo?

– N-No... – susurró abrazando al contrario, intentando calmarse con su olor, pues sabía que solo era su miedo por culpa de aquellos que se aprovecharon de él, pero sabía que Bon no sería como ellos –. S-Sólo... Sé gentil, por favor...

Las pupilas de Bon se dilataron al sentir la incomodidad de su pareja, pero no iba a dejar que su omega se sintiera mal en su primer celo juntos, por lo que lo tomó del mentón con delicadeza y volvió a besarlo, relajándolo por un momento. Lentamente fue acostándolo sobre el nido, con sus cabellos esparciéndose sobre las almohadas y su pecho ronroneando ante sus caricias, eso sí que le gustaba.

– ¿Te gusta así, omega~? – susurró en la oreja del pelimorado, bajando por su lindo cuello dejando pequeños besos y lamidas, además de algún que otro chupetón.

– A-Aah... A-Alfa... – gemía con la vista clavada en el techo, a pesar de su miedo inicial estaba empezando a relajarse ante las atenciones del contrario, dejando más vía libre para recibir más besitos.

Bon bajo más hasta bajar al pecho de Bonnie, encontrándose con aquellos botoncitos rosados e hinchados que estaban cubiertos por la suave seda de la que estaba hecho ese lindo camisón. A pesar de su impaciencia por poseer de una vez a su omega, decidió jugar un poco con él para relajarlo un poco más.

– ¿Sabes? Te ves realmente lindo hoy, esto te queda muy bien – halagó el alfa pasando su dedo por el pecho del contrario, rodeando sus pezones por encima de la tela, haciéndolo estremecer ligeramente.

– ¿T-Tú crees? Usualmente no llevo cosas como esta, pero Félix insistió en que debía comprarlo – dijo algo avergonzado desviando la vista, pero una mano en su mejilla le hizo volver a conectar sus orbes con los fijos esmeraldas del Alfa.

– Claro que sí, te hace ver aún más hermoso – sonrió complacido al hacer sonrojar a su omega, mientras pensaba en darle un aumento a su fiel mayordomo, al mismo tiempo que bajaba su mano por su cuello hasta el tirante izquierda de la prenda –. Pero por desgracia... debemos quitártelo~...

– Je je je... Está bien, adelante – se sentía seguro bajo la mirada del contrario, levantando sus brazos sobre su cabeza –. Quítamelo, Bon~...

Lentamente se dejó desnudar por las manos expertas del moreno, quien igualmente daba pequeños besos en cada espacio de su piel a la vista, escuchando las risitas del omega. Quería ser cuidadoso, aunque su lobo interno rugía por hundirse de una vez en el estrecho interior del más pequeño, pero no quería que se asustase y lo odiase por ser solo un Alfa que lo usa para su propio placer.

Bon contemplo el hermoso y desnudo cuerpo de su omega y ni lento ni perezoso empezó a pasar sus manos por esa delicada figura, su suave pecho adornado por ese par de botones rosas que se veían bien estimulados, su vientre plano el cual no pudo evitar imaginárselo abultado, su pequeña y fina cintura, sus anchas caderas, perfectas para dar a luz a sus bebés, y ese lindo y firme trasero que lo volvía loco. Bon estaba en el cielo tocando hasta donde podía.

Bonnie no se estaba quedando atrás, también disfrutaba de sus vistas, acariciaba todo lo que podía de Bon, en especial esos firmes, pero suaves pectorales y esos bíceps que quiso tocar desde la primera vez que lo vio. Tampoco evitó repasar su deliciosa tableta de chocolate, excitándose ante los pequeños espasmos de sus músculos tensados y las leves gotas de agua que hacían brillar su piel de caramelo. Sin duda el Alfa más apuesto con el que había estad, y no pensaba dejarlo ir jamás.

– Dime que traes condones – recordó Bon a último momento, susurrando en el oído del de abajo.

– Por suerte para ti, Félix piensa en todo – murmuró Bonnie señalando la bolsa en la mesilla, donde estaban los condones y el lubricante.

– Le tengo que dar un aumento – el Alfa se levantó por un momento para tomar un preservativo y rápidamente ponérselo, bajo la mirada ansiosa de su omega.

Aunque en este momento su alfa interno le gritaba que tenía que embarazar a Bonnie, en ese momento quizás no lo era lo más prudente. A lo mejor deberían casarse primero...

– Lamento no enfocarme en los preliminares ahora mismo, pero en serio necesito esto... – dijo sonrojado abriendo las piernas temblorosas del contrario, quien se dejó hacer –. ¿Estás listo, conejito? – le preguntó al omega, Bonnie asintió sonriendo abrazando su cuello acariciando su nuca, dándole una agradable sensación al peliturquesa que se agachó para darle un beso apasionado. Bon bajaba una mano hacia la entrada de Bonnie, notando lo mojado que estaba, así que no consideró la necesidad de usar el lubricante con sabor a moras, al menos de momento. Jugó un poco con la entrada de su conejito, deleitándose con los suaves y pequeños gemidos que soltaba durante su lucha de lenguas, beso tras beso. Sus manos temblaban agarrando algunos cabellos de su nuca, pero eso no lo detuvo, más bien lo incitaba a seguir.

Tras prepararlo con tres de sus dedos, se separó ligeramente para alinear su gran miembro con la entrada del omega, pero se detuvo un segundo para verlo, como pidiendo permiso para seguir. Bonnie sólo le asintió con la cabeza y una nerviosa sonrisa, su expresión era de vergüenza, pero al mismo tiempo de deseo, e incluso se aventuró a llevar su propia manita hacia su miembro para ayudarlo a introducirlo.

Una gran descarga eléctrica atravesó su espalda al sentir cómo Bon entró de una sola vez con gran facilidad, gracias a toda la lubricación natural que Bonnie producía, haciendo que sus ojos rodaran hacia atrás con gran placer, con sus mejillas rojas como tomates.

– ¡Aaah! – gimió con gran sorpresa, notando el incesante palpitar en su entrada ante la intromisión –. Aah... M-Muy grande... – dijo el conejito, sin duda podía asegurar que Bon era el alfa más dotado con el que había estado hasta ahora.

– ¿E-Estás bien? – dijo el alfa algo preocupado ante su reacción, esperaba no haber sido muy brusco, aunque su juicio se iba nublando por la gran sensación de placer al sentirse rodeado de las calientes paredes del omega, parecía que estaba hecho solo para él.

– S-Sí, s-solo dame un momento – el Alfa obedeció y mientras su conejito se acostumbraba a su miembro, empezó a llenar de besitos su lindo rostro para distraerlo un poco, mientras Bonnie soltaba suaves risas por los mimos de su pareja.

Luego de un rato Bonnie logró acostumbrarse al tamaño del miembro de su alfa, así que suspiró y le dijo:

– C-Creo que puedes moverte ya...

– ¿Seguro? – preguntó el moreno, tomando las manos del pelimorado.

– S-Sí... Hazme ver las estrellas, Boh~ – aquel apodo casi logra que Bon perdiera totalmente la cabeza, pero no tardó en comenzar a moverse lento, soltando pequeños gruñidos tras las embestidas, sintiendo por fin esa liberación en su entrepierna, soltando más feromonas que excitaban al omega.

El miembro se abría paso cada vez más en su estrecha entrada, pasando por todos los puntos específicos que desconectaban cada vez más a Bonnie del mundo real, perdiéndolo en los cielos del máximo placer, olvidando todos sus miedos y entregándose en pleno cuerpo y alma a aquel Alfa que le había demostrado con creces que no todos los Alfas eran unos egoístas en su celo. Apretó las manos del mayor con cada embestida, sus piernas se agarraban fuertemente a la cintura del contrario y sus ojos estaban cerrados con fuerza, mientras unas lágrimas escapaban de estos. Su pecho estallaba de euforia con cada penetraba, su omega interno aullaba de felicidad al sentirse llenado en plenitud, su razón abandonando su mente siendo dominada por la excitación y el placer.

– ¡Aaah! ¡Ah! ¡Más, Alfa, más~! – su voz perdía fuerza con cada gemido y jadeo, pero su deseo por ser complacido lo estaba consumiendo, abrazando con todas sus fuerzas al robusto cuerpo encima suyo –. ¡Aah! ¡Boh~!

– Omega... Mi omega... – gruñía Bon por lo bajo, aspirando su cuello y dejando algunas lamidas a lo largo de este.

Ambos ya habían sucumbido a sus instintos, sus lobos internos se regocijaban en sus cuerpos, ambos perdidos en una neblina de lujuria, feromonas e instinto. Siguieron así un buen rato, entre gruñidos, gemidos y algunos gritos, hasta que ambos ya sabían lo que se avecinaba, se sentían cerca del clímax y solo significaba una cosa.

– ¡Aaah! A-Alfa, por favor... márcame... – el omega abrió sus ojos para ver a su destinado, expuso su cuello al Alfa como señal de sumisión y el Alfa, al ver tal acción, se relamió los labios besando su cuello, haciéndolo chillar de impaciencia –. Alfa, hazme tuyo...

– Te haré mío... Serás mío y llevarás mis cachorros... – murmuró Bon contra su piel sonrojada, preparándose para marcar a aquel con quien pensaba pasar el resto de su vida.

– ¡Sí! ¡Alfa, por favor~!

Fue lo último que alcanzó a decir Bonnie antes de sentir tres cosas; la primera, la mordida hecha al costado de su cuello, justo en la unión entre su hombro y cuello, dejando una visible marca de los dientes del Alfa, reclamándolo; la segunda, el más intenso orgasmo que alguna vez sintió, que provocó que su cerebro se sintiera muy agotado de repente y su cuerpo se sacudiera de forma salvaje y su propio miembro marchara su abdomen y el contrario; y la tercera, el nudo de gran tamaño que se estaba empezando a formar justo antes de poder atravesar su entrada.

– Omega, todo mío – dijo el Alfa mientras lamía la recién mordida, arremetiendo contra el pequeño cuerpecito del más bajo al llegar al clímax de su propio orgasmo, junto a su omega que poco a poco perdía la conciencia.

– Só-sólo tuyo... Mi Alfa... – susurró con voz cansada, fue lo último que pudo decir antes de cerrar los ojos dejándose caer en el suave nido que los rodeaba.

(...)

– Lamento haber sido tan brusco, te juro que todo es culpa del celo, conejito – se disculpaba nuevamente el ahora renovado peliturquesa mientras le acercaba una botella de agua fría al pobre pelimorado que recién despertaba de su última ronda, completamente lleno de mordidas, chupetones y algunas marcas rojas en su cadera, cintura y trasero, pero no le dolían.

– No te preocupes, Boh, la verdad es que no me molestó – confesaba apenado tomando un pequeño sorbo de la bebida –. A decir verdad... Lo disfruté mucho, mi celo se ha calmado por completo, jejeje...

– ¿E-En serio? – el Alfa estaba pasmado ante aquella revelación, temía haber asustado a su pequeño omega con sus instintos salvajes y resultó que lo ayudó después de todo.

– Sí... Y ahora no creo poder pasar otro celo solito~ – sonrió acomodándose en su nido, tomando la mano de su Alfa –. Tendrás que hacerte responsable a partir de ahora~.

– No te preocupes, mi querido omega – sonrió lascivamente besando la mano del contrario, en su mirada reflejada la lujuria que aún albergaba en su cuerpo –. Te voy a cuidar muy bien hasta el resto de mi vida~...

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Lamentamos la tardanza, esperamos que este cap compense los meses de pequeño hiatus :"3

No olvidéis pasar igualmente por el perfil de mi bestie y co-autora izabella-sama, pronto saldrá el siguiente capítulo <3

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