El Cielo
Sintió una extraña sensación de vértigo, como si de repente se hubiera vuelto un proyectil y fuera lanzado con fuerza a algún lado. Una vez que vio aquel portal abrirse delante de sus ojos supo que ya no había marcha atrás. Amy había sujetado su mano fuertemente en un intento de mantenerse a su lado, pero una vez dentro fueron llevados por un remolino de colores diversos para ser separados con brusquedad a la nada. Un espacio vacío negro era lo único que sus ojos podían distinguir. Todos se alejaron sin poderlo evitar, únicamente para ser absorbidos por la oscuridad. Intentó gritar, sin embargo no se escuchaba nada, no estaba seguro si era él o simplemente en la nada los sonidos eran carentes de existencia. Para cuando pensó que estaría condenado aquel purgatorio sintió como caía sobre sus espaldas en algo suave. Silver sentía su cabeza darle vueltas, pues aquel momento, que realmente no sabía cuánto había sido, fue como estar en el espacio sin gravedad alguna, sin un arriba u abajo.
–Parece que no soy el único por aquí– escuchó decir a alguien a la distancia, obligándose así tomar asiento y poner una manos sobre su cabeza en un intento de acomodar sus ideas.
–¿Dónde estamos?– esa voz él la conocía. Era Blaze.
Silver se levantó un poco torpe y vio lo que parecía una enorme pradera con pasto amarillento y seco. Sentía el aire acariciar las débiles plantas para que se movieran de un lado a otro como si de una leve caricia se tratase. Se puso sobre una rodilla y tocó con sus manos una de las espigas que llegaban por arriba de su tobillo, la cual se quebró al acto. Elevó su mirada y vio un cielo gris y nublado, como si pronto fuera a llover intensamente.
–¡Silver!– escuchó decir a la felina, haciéndolo sonreír. Ella estaba bien. –¿Estás bien?
–Sí, no te preocupes– asintió él con la cabeza para caminar hacia ella –¿Dónde estamos?
–Me parece que esto es el cielo... creo– dudo el erizo azul quien se unía a ellos –Es muy hermoso para ser el inframundo o bien, los espíritus diabólicos necesitan una clase de decoración demoniaca– sonrió divertido.
–¡Esto es serio!- regañó la felina.
–No hay mucho que hacer, será mejor buscar a los demás- dijo el erizo plateado viendo las interminables llanuras.
El erizo azul vio aquel radar que Tails le había dado y únicamente notó la presencia de ellos tres, no había nadie más, ni Shadow, ni Rouge, ni esa molesta eriza rosa. ¿Sería posible que se separaran al entrar al portal?
–Me parece que somos los únicos aquí– dijo Sonic viendo en diferentes direcciones.
–Eso no es bueno– dijo Silver, revisando por igual aquel radar –Espero que Amy se encuentre bien.
–Todos sabemos qué hacer. Si se encuentra por aquí irá al portal de regreso a casa- explicó la felina con frialdad –Por el momento tenemos cosas que hacer.
–¿Siempre eres así de fría con tus amigos?– preguntó el erizo azul arqueando una ceja.
–Siempre me concentro en mi objetivo.
–Bien, andando– comando el erizo plateado empezando a caminar.
–¿Exactamente a dónde vamos?– preguntó Sonic para seguirlo –Pareciera que estuviéramos en medio de la nada.
–Bien, por el momento caminaremos para ir al portal, tal vez nos reunamos con los demás, en eso, podremos buscar señas de alguien más por aquí.
–Me parece bien– apoyó la felina. Blaze abrió nuevamente aquella mochila y vio a las esmeraldas titilar un poco más, parecía que el lugar les daba energía extra –Silver, mira...
–¿Uh?– se acercó a ella y vio a las esmeraldas de colores brillar con un poco más de intensidad –Parece que esto podría funcionar– le sonrió.
Blaze le sonrió por igual, viéndolo fijamente a los ojos. Silver siempre había estado a su lado, desde que la nombraron guardiana de aquellas invaluables gemas. Silver había jurado proteger a las esmeraldas sin importar el precio.
Su mirada fría se suavizó perdiéndose un momento en la de él, a lo cual él sonrió dulcemente fijando sus pupilas en las ámbar de ellas.
–Silver– susurró con timidez -Yo...
–¡Miren allá!– gritó el erizo azul para señalar lo que parecían pilares de mármol gigantes; captando la atención de los dos –Algo me dice que lo que estemos buscando puede estar en ese lugar.
–Blaze, dame las esmeraldas– ordenó el erizo plateado.
–¿Eh?– exclamó desconcertada.
-Iré a allá para ver si está lo que buscamos.
–¿Y cómo sabrás si...
–Simple– interrumpió –Si brillan con más fuerza es porque estamos en buen camino.
–Pero...
–¿Confías en mí?– le preguntó Silver con una sonrisa.
Un sonroje indeseado bañó sus mejillas y asintió tímidamente con la cabeza sin poder sostenerle la mirada. Blaze tomó aquella mochila en sus manos estirando sus brazos lentamente. Ella jamás entregaría a nadie sus esmeraldas, excepto a Silver. El erizo plateado estiró sus brazos para tomar aquella mochila sin poder evitar tocar con la punta de sus dedos las manos de ella. Ambos se vieron al instante al sentir una corriente eléctrica rozar su piel. No dijeron nada en lo absoluto, únicamente se vieron intensamente a los ojos.
–¿Vas a ir?– cuestionó el erizo azul arqueando una ceja al ver una pausa en la entrega de las esmeraldas.
–¡Ah!, sí– respondió rápidamente tomando aquella mochila con cierta brusquedad –Regresaré pronto.
–¿Eh?, ¡Espera! Tú no...– pero el erizo azul calló al verlo elevarse en el cielo y volar hacia las distantes ruinas. –Pero cómo...
–Es un telépata– interrumpió la felina al erizo azul –Eso es parte de sus poderes.
–¿Un telépata?– repitió mientras miraba al erizo surcar los cielos –Hmph, telépata o no, está equivocado si cree que me quedaré aquí sin hacer nada.
–Sólo quiere asegurarse que no haya peligro.
–¿Bromeas?, Eso le quita la diversión. Andando– dijo para dar el primer paso y correr hacia el lugar, hasta que vio que la felina tenía toda la intención de ir con él por igual. Tendría que caminar.
Suspiró frustrado, pero Tails le había advertido de no separarse; además si la llegaba a perder de vista y le pasaba algo tendría problemas. Sonic caminó junto con ella mientras miraba aquellos pilares tan altos como edificios acercarse según como avanzaban. La vio de reojo y le parecía fascinante como podía cambiar su actitud una vez que estaba lejos del erizo plateado. Se miraba tan seria e inmutable que casi daba miedo.
–Y dime...– habló el erizo azul para hacer conversación; la felina por su parte únicamente lo vio de reojo sin parecer tener muchos ánimos de armar ningún tipo de plática –¿Desde cuando te gusta el erizo plateado?
–¿Qué?– preguntó sorprendida, cambiando aquel semblante frío e indiferente por uno sorpresivo. –No... no sé de qué hablas– respondió desviando la mirada.
–¿Eh?- exclamó alzando una ceja –Yo sólo digo. Eres bastante obvia si me lo preguntas, pero por lo que se ve él no lo sabe ¿O sí?
–¡No, claro que no!– aclaró con rapidez. Sonic sonrió satisfecho ante su revelación. La felina se mordió el labio inferior ante su apresurada y no pensada confesión.
–¿Por qué no se lo has dicho?
–Ese no es asunto tuyo– respondió molesta para acelerar el paso y dejarlo atrás. No hablaría de sus sentimientos o la falta de ellos con un extraño.
–Sabes, eso de que a nosotros nos gusta arriesgarnos y ser los primeros en hablar es mentira, a veces...
–¡No pienso hablar de eso contigo!– reclamó molesta viéndolo iracunda –Además... él ya está apartado– murmuró desviando la mirada.
–¿Apartado?– repitió el erizo azul parpadeando un par de veces –¿A qué te refieres?
–Es una regla entre mujeres, no lo entenderías.
–Pruébame
–Hay alguien más que está interesada en él– musitó por lo bajo –Por consiguiente está fuera de discusión... él jamás se enterara de lo que siento y yo jamás se lo diré.
–¿Quién es ella?
–Amy.
–¿La odiosa eriza rosa?– preguntó con desagrado –Él jamás le haría... ¿Eh?, ¿Qué es eso?–cambió bruscamente el tema.
-¿Qué cosa?
Blaze caminó hacía lo que parecía una bola de algodón que yacía en el suelo. Se acercó poco a poco para notar que lo que fuera eso estaba respirando –¿Qué es eso?– Vio a una criatura de color blanco con un par de alas pequeñas amarillas. Sus extremidades y la punta de su cabello tenían un opaco color azul cielo. Se miraba enfermó y adormitado. Parecía un pequeño ángel.
–Es un chao– aclaró Sonic al ver a la criatura respirar con cierta dificultad.
–Hay que llevarlo también– dijo la felina tomando en brazos a la desahuciada criatura. –Por cierto, respecto a lo que te dije hace un momento...
–¿Uh?
–Dices algo...– habló para levantar una mano y hacerla arder en llamas –Y te carbonizo– amenazó con una mirada inexpresiva y fría.
–Eh... no te preocupes, soy más rápidos con los pies que con la lengua– sonrió nervioso.
–Por tu bien espero tengas razón. Andando.
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Llegó a lo que le pareció en un momento una ciudad griega hecha del más brillante mármol, pero, al igual que el resto de la zona, parecía desierta. Silver caminó con lentitud por el lugar, pues no sabía qué podría encontrarse; si el erizo azul estaba en lo correcto y estaban en el cielo no habría mucho de qué preocuparse, o eso pensaba él. Silver sintió un luz brillante resplandecer en sus manos y notó que aquella mochila en donde llevaba las esmeraldas había empezado a brillar. Estaba cerca, aunque no sabía exactamente de qué.
–Todo estará bien– escuchó una dulce voz a la distancia.
Caminó con sigilo por las estructuras de mármol y según como caminaba vio lo que en primera vista se le asimiló un altar. Construido a base de ocho pilares de mármol colocados en forma circular y por techo tenía una cúpula con un traga luz en su centro. Aquella estructura, con plantas que se enredaba en sus pilares, se miraba desgastada y deteriorada. Según como caminaba distinguió a alguien sentado de rodillas en medio de aquel lugar. Silver se acercó un poco más para ver mejor hasta que un paso en falso hizo que el crujir de una rama delatara su presencia. Aquel ser se volteó para verlo con una expresión de sorpresa y por un momento no se dijeron nada.
–Lo...lo siento– se disculpó el erizo, sin obtener respuesta de aquella chica.
Ella se volteó para nuevamente fijar su vista en su regazo y darle la espalda. Un brillo dorado iluminó aquel pequeño altar, un brillo que parecía ser ella la causante. Las Sol Emeralds brillaron con intensidad como antes al ser iluminadas levemente por aquel resplandor. Silver vio algo volar débilmente, le dio la impresión a una paloma hasta que notó que era una criatura extraña con una aureola en su cabeza. Parecía un pequeño ángel.
–No te preocupes por mí, estoy bien– la escuchó decir al ver al pequeño volar. Ella tenía que ser el espíritu del sol, pero antes de poder preguntarle algo ella cayó al suelo.
–¡Cuidado!– gritó alarmado para correr hacia ella. La vio semiconsciente en el suelo y la tomó en sus brazos para levantarla –¿Estás bien?– preguntó afligido.
–...Silver the hedgehog– musitó con una sonrisa para luego cerrar los ojos.
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Llegaron a lo que parecía una pequeña ciudad. La brisa del aire parecía ser lo único que habitaba ahí. Blaze buscó a Silver con la mirada hasta que sintió aquel chao moverse en sus brazos y hacer un sonido parecido al de su nombre. Blaze movió su cabeza a diferentes lados en busca de lo que podía haber alarmado al pequeño ángel hasta que logró distinguir al erizo plateado de rodillas en un pequeño altar.
–Creo que quiere que vayamos hacia esa dirección– habló el erizo azul.
Blaze asintió y corrió hacia ese lugar junto con Sonic para encontrarse con Silver en el suelo sosteniendo a una chica de ropas extrañas.
Su pelaje era de un gris claro y poseía un flequillo que tapaba parcialmente su ojo derecho; dos mechones largos de cabello, casi tan largos como su cuerpo, yacían de lado a lado sobre aquel suelo blanco. Poseía una gargantilla con un dije de sol un tanto opaco, que hacía juego con broche en medio del pecho con la forma del sol por igual. Vestía un vestido blanco sin hombros que parecía abrirse en dos justo debajo del pecho y terminaba casi a sus pies. Aquella fina tela rasgada tenía bordados azul cielo en aquel vestido y guantes, recordándole al chao que tenía en sus brazos y se movía inquieto; debajo del vestido que parecía abrirse en dos, enseñaba un pequeño vestido blanco por arriba de las rodillas y unas botas blancas adornadas con un pequeño sol de lado a lado. El pequeño chao se soltó de su agarre tomando vuelo hacia ella hablándole con desesperación. Sin respuesta. Blaze caminó hacia ella y vio como un par de alas yacían sobre su espalda como la de aquella criatura.
–El espíritu del cielo– dijo Sonic asombrado.
–¿Qué sucedió?– preguntó la felina.
–No lo sé, creo que quedó exhausta después de dar parte de su energía a una pequeña criatura como esta– dijo al ver un pequeño ser moviendo inútilmente la mano de aquella chica para hacerla reaccionar.
–¡Tengo una idea!– gritó el erizo azul corriendo hacia ella, y así, sacar una de las esmeraldas caos que llevaba consigo.
–¿Qué piensas hacer?– cuestionó Silver.
–Si esto no la ayuda, nuestro mundo está condenado– respondió el erizo azul preocupado –"Por favor funciona"
Colocó la esmeralda cerca de su pecho haciéndola brillar levemente. Todos quedaron en silencio esperando por alguna reacción, hasta que después de unos minutos de silencio ella pareció abrir los ojos. Sus ojos eran azules como el cielo y su mirada era inocente y curiosa. Fijó su vista en el erizo azul quien le sonrió al notar su mejoría.
–Sonic the hedgehog– habló ella.
–¿Cómo sabes mi nombre? – preguntó el erizo azul extrañado. Ella le sonrió para así colocarse de pie con algo de esfuerzo ayudada por Silver.
–Sé muchas cosas... eres un gran héroe– respondió sin más.
–¿Cuál es tú nombre?– preguntó la felina. Aquella chica de ojos azules la vio apaciblemente para así, del suelo, levantar al chao que había estado clamando por ella sosteniéndolo en brazos.
–Mi nombre es Dawn, y soy el espíritu del sol.
–Te hemos estado buscando– habló Silver –¿Puedes ayudarnos?
–¿Ayudarlos con qué?– preguntó la espíritu curiosa.
–Con esto– respondió para abrir aquella mochila de gemas opacas.
–Las Sol Emeralds– musitó con tristeza –¿Ellas también?
–¿También?– repitió la felina.
–No hay nada que pueda hacer– habló tristemente –Sin la Piedra Solar es imposible arreglar las Sol Emeralds, esa es su fuente de energía, y la mía no es suficiente ni para mantener este lugar.
–¿De qué hablas?– preguntó el erizo plateado.
–Este lugar estaba llenó de Chaos y vida– recordó con una sonrisa –El césped era verde como las esmeraldas y el sol brillaba en lo más alto. Todo era maravilloso... pero...– calló con una expresión de tristeza –Alguien irrumpió en el cielo- habló con pesar.
–Eggman– murmuró el erizo azul.
–Así es. Él trajo a sus robots y empezaron a atacarnos. Intente detenerlos, pero eran demasiados y luego se fueron. Fue extraño... hasta que el sol desapareció y las nubes grises invadieron el cielo, entonces lo supe...
–Se habían llevado la Piedra Solar– completó Silver.
–Sí, sin eso, únicamente mi energía podía mantener este lugar a flote, pero se necesita demasiada para mantener el equilibrio en su mundo y el mío.
–Por eso ocurrió el extraño fenómeno del sol.
–Así es, ya no tenía energía– afirmó con tristeza –Si no encuentro la Piedra Solar su mundo y el mío estarán condenados.
–Bueno, hemos venido a ayudarte.
–¿Ayudarme?, ¿Cómo?– le preguntó Dawn intrigada al erizo azul.
–Con éstas– dijo para sacar las siete esmeraldas caos. –Sé que no tendrán el mismo poder de la Piedra Solar, pero es posible que nos den tiempo.
–Mmm... es posible– repitió la chica de ojos azules al verlas de cerca –Pero no será mucho. Son esmeraldas del caos después de todo, y su fuente de vida no es de lo que se alimenta mi plano.
–Si encontramos la Piedra Solar ¿las Sol Emeralds regresaran a la normalidad?- preguntó la felina
–Sí, sólo eso las arreglara.
–¡Entonces ya sabemos que hacer!– exclamó Sonic con emoción.
–Pero pensé que le habían robado la piedra a ese tal Eggman– señaló Silver –¿Cómo sabremos quién la tiene?
–Ese es un buen punto.
Dawn mantuvo su vista en aquellos seres y luego vio al chao que yacía en sus brazos con un color opaco. Ellos eran su única esperanza para poder encontrar la Piedra Solar. Sus poderes ya no eran suficientes para buscar en el mundo mortal y mantener con vida a sus adorados chaos. Suspiró con tristeza y cerró sus ojos para nuevamente brillar como el sol. Aquel pequeño chao le sonrió complacido y voló de sus brazos. Vio a Sonic, Silver y Blaze verla con asombró y les sonrió dulcemente. Con una mano, Dawn se quitó aquella gargantilla con el dije del sol adjunto a ésta para así nuevamente cerrar sus ojos y hacer que su puño con el medallón brillara fuertemente. Aquel collar, antes opaco, ahora brillaba como una pequeña linterna.
–Toma esto– entregó al erizo azul –Esto los ayudara a encontrar la piedra.
–¿Qué hiciste?– preguntó Silver.
–Le di un poco de mis poderes. Si están cercan brillara como el sol mismo y ahí lo sabrán.
–Gracias– le sonrió el erizo azul.
–Son mi última esperanza. Las esmeraldas caos me ayudaran a mantener el orden un poco más.
–No te preocupes Dawn– le sonrió el erizo azul para guiñarle un ojo –Encontraremos tu piedra y la traeremos de vuelta.
–Gracias- le sonrió.
–Muy bien, es hora de regresar.
Dawn los vio caminar hacia el portal para regresar a su plano y suspiró angustiada. Si ellos no lograban encontrar su piedra, ella y todo lo que habitaba en el plano de los cielos moriría.
–Son mi única esperanza...
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