Rechazo, celos y dolor.
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Con los ojos muy abiertos por la amenaza,sintió su sangre hervir.
¡Suéltame! -grito Aome.
-¿Te estoy lastimando?
-¡Ese no es el punto!
-Ese es precisamente el punto.
Contradijo Sesshomaru.
-. Siento herir tu orgullo, pero es mejor esto a que haya
daños más duraderos.
-Si me estás amenazando con violencia...
-Ningún hombre que se precia de serlo en verdad necesita lastimar a una mujer para hacerla entender
razones. Tengo que sujetarte para que me escuches porque tú quieres evadir la realidad -afirmó con
sequedad-. Mientras seas mi esposa, te comportarás como espero que mi esposa se comporte y nuestras
diferencias no son motivo de debate público. ¿Lo entiendes?
-¡Te odio!
--tembló de rabia y tristeza.
-Eso no fue lo que te pregunté.
-Bestia.
-Una bestia ya te habría cortado la lengua y te hubiera atado al pie de la cama - Pero qué vida tan aburrida llevaría una bestia con una Aome sumisa. Creo que entiendes muy
bien que no debes repetir esos errores.
Hubo un brillo de diversión
en sus ojos.
-Me pregunto de dónde sacaste esa idea.
-No funcionó, ¿verdad? -sonrió, de pronto.
-Y no es muy cómodo evadir a alguien durante el día y luego
acostarse con él por la noche. Creo que ahora ya ves el punto de la relación que intenté establecer contigo, ahora que ya te aclaré que no me puedes avergonzar hasta el punto que tenga que enviarte a casa.
¿Acaso eso era lo que ella estuvo haciendo?
-No quieres una relación, quieres una compañera de cama .
Condenó.
-Si eso es cierto, entonces debo seguir buscando --. Hasta ahora me
he acostado con una mártir y me he despertado ante un silencio enfurruñado. . . para no mencionar el acto de desaparición de la esposa.
Sesshomaru la colocó con cuidado sobre él.
En ese momento, Polly emitió un gemido de incredulidad.
-Pero vivo con la esperanza de que la sacrificada se convierta en compañera.
sonrió.
-Quiero levantarme -repitió, temblorosa.
-Miéntete a ti misma, aziz, pero nunca me mientas a mí -susurró con voz ronca y suave.
-Hablo en serio.
Sesshomaru invirtió sus posiciones, la miró con intensidad y le acarició el cabello.
-Tu obstinación puede estar a la par de la mía, pero no tu resistencia. Ni tus poderes de negación. ¿En
dónde estarías, aziz, a no ser porque yo te aviento en la cama?
la sátira fue letal.
La hirió como nunca antes. Aome no podía defender su susceptibilidad ante la brutalidad de Sesshomaru.
-¡Maldito! -murmuró.
-Aunque me aburre la adulación, me disgusta sobremanera oír un lenguaje así en los labios de mi esposa .
Sesshomaru la miró con increíble frialdad.
¡Mentiroso! ¿Te aburrió Sara, acaso? Aome quedó torturada por el recuerdo del hombre que habló de su primera esposa con reverencia, casi; del hombre que cambió de entorno para no recordar nada que lo
hiciera sufrir. Sara lo afectó mucho. Sara le dio todo lo que un príncipe árabe podría esperar de una
esposa. . . en público y en privado. Su amor fue aceptable. Su amor fue correspondido. Aome fue invadida
por dolorosos celos.
-No recibirás adoración de mi parte.
-Sin embargo, hay otras cosas que sí recibiré -sesshomaru la soltó y le sonrió sin humor.
--Ya está, Aome. Por una vez te he dado lo que dices querer: tu propia compañía y una cama vacía. Pero me pregunto por qué te falta el brillo de una mujer que recibe lo que desea su corazón.
Aome palideció aún más, y su pulso se aceleró. El deseo de su corazón... ¡Dios, ayúdame!, suplicó. En ese preciso instante de rechazo y de celos,
lo vio. Advirtió lo que luchó por ver y por no ver, al mismo tiempo. No era sólo ese cuerpo musculoso y
bronceado lo que la excitaba tanto. No, era mucho más. Ese cerebro tan brillante, esa energía vital, ese
humor tan inesperado. . . Habría podido proseguir sin terminar nunca, como una conversa que adora a su
ídolo. Lo amaba, a pesar de ser una locura. La lógica nada tenía que ver con ello. El amor no es algo que se
pueda controlar ni evadir; decidió Aome con un mareo.
-Pídemelo, reconoce que me deseas y volveré a la cama.
Entristecida, miró a Sesshomaru. ¿Por qué tiene que ser a ti?, pensó. Un hombre sin vergüenza que ya era muy consciente del poder físico que ejercía sobre ella. Reconoció el cambio en él: la conciencia abierta de su magnetismo sexual. Habría podido jurar que no siempre fue Sesshomaru consciente de ello. Pero debió estarlo.
¿Qué no era la ceguera el peor de los defectos de ella? ¿Y qué no era la percepción el mejor de los talentos
de Sesshomaru? ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que se diera cuenta de que no sólo lo deseaba?
-Puede que no sea hoy, puede que no sea mañana, pero tarde o temprano lo reconocerás .
Sonrió, seguro de sí.
-Espero que tengas la paciencia de Job.
-su comentario irritado fue hecho por la costumbre, pero Aome estaba muy deprimida.
Ni siquiera el deseo hacía que Sesshomaru perdiera el control de sí. Estaba libre de cualquier apego emocional.
Y eso no ayudó a Aome puesto que, en medio de la discusión, descubrió que ya no quería seguir peleando con Sesshomaru. Aunque deseaba aún menos que éste se percatara de lo que en realidad sentía por él.
Y sus ojos se llenaron dede amargas lágrimas y dolor.
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