Capitulo 20 "¿La Directora?" (Parte 2)
Esta mañana me prometí que sería una chica totalmente normal y hasta ahora todo iba más o menos bien; asistí a clases, forme equipo, me hice de una amiga, la invité a mi casa y tomé una clase sin visiones o desmayos.
Pero ahora me encontraba en los pasillos en camino a la dirección para tomar el té con la directora, algo obviamente normal.
Y sé que de una u otra forma esto es culpa de Leo, desde que me topé con él, me causa problemas inclusive cuando no está conmigo. Me reprimí al ansiar saber qué era lo que estaba haciendo ese chico en estos momentos, negué rápidamente esperando que con el movimiento de mi cabeza las ganas de volver a ver al rubio se fueran, pero no todo es así de fácil.
Al llegar a la recepción la secretaria Cecil me sonrió.
—Buen día señorita Delacour
—Buen día Cecil, la directora me...
—Sí, así es, ella está esperándote adentro
La miré un poco sospechosa pero abrí la puerta de la dirección sin saber que esperar ¿Tomar el té? Eso es de las cosas más raras que he escuchado y aunque no he ido a muchas escuelas, aun así sé que eso no es común entre institutos.
La luz me cegó por un momento y cuando todo se aclaró logré apreciar un par de tazas en una pequeña mesa que antes no estaba aquí.
La Directora dejó la taza en su plato correspondiente y me miró.
—Pero que sorpresa Iridia —su entusiasmo era innecesario pues fue ella la que me habló para que viniera.
—¿Se le ofrece algo? —dije claramente molesta.
—Tomar el té contigo, ven siéntate y acompáñame
—No, gracias —me recargué en un pie con las manos cruzadas—, ¿qué acaso no estoy en problemas?
—Pero por supuesto que no ¿Qué no puedo tomar el té con una de mis alumnas favoritas?
—Bueno no es una práctica común de usted
—¿Y tú como lo sabes? Es la primera vez que asistes a una escuela, a esta escuela
—Sí, pero no es algo que los alumnos dicen que usted hace
—Pero puedo ser diferente con unos cuantos sin que los otros se den cuenta, forman parte de una selección especial de alumnos de todos los grados —la directora dió un sorbo a su taza mientras me indicaba que me sentara y lo hice—, en todas las escuelas siempre hay unos cuantos jóvenes que sobresalen del resto, está más que claro que tú formas parte de ellos
—¿Sobresalen? En qué aspecto
—Conocimientos y habilidades, tú y yo sabemos que la clase que acabas de salir ya la conocías, no era necesario que estuvieras en ese lugar
—Pero estábamos en equipo, alguien dependía de mí —mi molestia creció al saber que ahora Jabel tendría que hacer el trabajo de dos.
—Tu compañero se las arreglará fácilmente
—¿Y si no?
—Iridia, no era un examen, era una simple actividad —dió otro sorbo a su té.
—¿Usted como sabe que no es importante?
—Soy la directora —tomó la taza vacía que estaba frente a mí y sirvió un poco de té—, por lo tanto no debes de preocuparte de estar en este lugar, no te meterás en problemas si solo vienes a tomar el té conmigo
Me acercó la taza y la tomé entre mis manos, era cálida y con elegante diseño; noté un ligero olor a frutos rojos mientras la acercaba a mis labios, hasta ahora nada extraño había en ella.
—Soy la única en ese grupo de... ¿Cómo los llamó?
—Élites —asentí y ella prosiguió—, son un grupo reducido pero importante, la mayoría ha ido a concursos estatales de conocimientos y eventos deportivos, han representado a la escuela en múltiples ocasiones, además de ser de gran ayuda para los demás alumnos; ya que sirven como ejemplo y los ayudan en sus tareas más difíciles —me ofreció unas galletas que yo simplemente rechace—, algunas veces los invito a tomar el té como a ti
¿Qué acaso esto es un tipo de iniciación? Ir a tomar el té con la directora para formar parte de un grupo élite de alumnos.
—¿Y si no quiero formar parte de ese grupo?
—Pues no es que quieras, ¿Sabes? No solo te beneficias tú sino también a toda la escuela, mientras más alumnos élites se tengan en una escuela, esa escuela tiene más oportunidades de estar en los primeros lugares del ranking estatal, incluso hasta mundial de educación —di otro sorbo de té analizando lo importante que es eso—, por lo tanto los alumnos que salgan de tan prestigiosa escuela, tienen más oportunidad de quedar en una universidad importante con beca y otros beneficios de estudio, por eso, no es que quieras, es que es necesario
—Si comprendo eso —mi mirada se posó en la taza, sabía que si podía contribuir a esta escuela podría ayudar a Jabel en su futuro, inclusive a mi propio futuro—, ¿podría saber quiénes son?
La directora me miró por encima de su taza
—Temo decirte que no puedo revelar nombres, es parte de la exclusividad —puso un poco de azúcar a su té mientras yo tomaba el mío—, solo puedo decirte que por ahora solo hay unas gemelas pelirrojas de primero, un chico de tu grado pelirrojo-vino, un chico de grado superior castaño y...
—Y Leo...
La directora me miró entrecerrando los ojos.
—Así es —ya lo sospechaba, por muy estúpido que me parezca Leo, se nota que es un chico listo—, hablando de tu amigo
—Él no es mi amigo
—Pues no lo parecía el día de ayer
—Pensé que ese tema ya estaba resuelto
—Pues no —la severidad por fin salió, me di cuenta que se contenía desde que entré al despacho—, las razones que me dieron ambos no me convencieron, tu dijiste una cosa y él otra
—¿Qué fue lo que él dijo?
—Creí que ya lo sabias —la curiosidad embargo sus ojos—, ¿qué tanto es lo que sabes?
La miré fijamente y sabía que tenía que pensar bien lo que iba a decir.
—¿Sobre qué?
—Lo que sucedió en el baño el día de ayer
—Pues lo que sé, fue lo que paso, nada fuera de lo normal
—Acabas de reafirmar que lo que sucedió en el baño fue cierto, ¿Sabes? Eso dice mucho de ti y no necesariamente cosas buenas
No lo había pensado de ese modo, sabía que las cosas que dije no son ciertas pero prefería esa versión a la verdadera.
—Si —me mantuve firme—, solo nos divertimos un poco en el baño de la escuela...
—Totalmente inaceptable...
—Lo sé y lo lamento muchísimo, pero...
—...supuse que eras una chica de buena familia...
—Mi familia no está en discusión...
—...toda esa educación de años, totalmente desperdiciados...
—No es justo lo que está diciendo...
—...todas esas esperanzas puestas en ti...
—Solo fue un error...
—...tus padres deberían de estar totalmente decepcionados de ti
—¡No! —Las lágrimas amenazan en salir—, no permitiré que ofenda la memoria de mis padres, no tiene el derecho
—Oh, claro que la tengo... —la directora se puso de pie—. Conocí a tus padres y sé lo mucho que lucharon por ti, para que tuvieras una buena educación, para que seas una dama, para que no te metieras en tonterías como la de ayer —caminó alrededor de su silla—, por supuesto que tengo el derecho de poder opinar lo que estás haciendo bien o mal, y por mis años de amistad con ellos puedo decir con seguridad que si aún vivieran estarían muy decepcionados de ti
Las lágrimas ya corrían por mis mejillas porque es verdad, mis padres estarían muy molestos conmigo.
—Lo sé, sé que estarían muy enfadados si lo que dije fuera verdad
—¿Y lo es?
Cerré la boca al darme de lo que estuve a punto de decir, por poco y niego mis declaraciones del día de ayer.
—Cla-claro que...
—Recuerda que la memoria de tus padres está en juego
Eso no es justo.
—Pe-pero... —su mirada severa me impedía la firmeza de mi voz y convicción—. Si, lo que dije el día de ayer fue verdad
—¡Mientes!
—No, claro que no
—No puedo creer que te dejaras seducir por un Florit, Talisha. —La directora se calló repentinamente, respiró muy profundo y se volvió a sentar frente a mí—. No puedo creer que te dejaras manipular por un chico como Leo y sobre todo por mentirme
Limpié mis lágrimas.
—Yo nunca le mentí señora Wilson, todo lo que sucedió fue verdad
—Sabes que yo soy la directora ¿No? —Yo solo asentí—, entonces sabrás las consecuencias de mentirle a tal autoridad
Miré mi taza pensando si debería confiar en la directora
—Pues lo que sucedió...
Ambas giramos rápidamente tras el estruendo de la puerta contra la pared.
—¡Basta... ¡ella no hizo nada!
Un Leo con ambas manos extendidas y la cabeza baja había irrumpido el despacho de la directora. Mi sorpresa fue tan grande que me dí cuenta que estaba a punto de confesar todo, mis ojos como platos y mi corazón exaltado por lo repentino de todo, agradecía que me interrumpiera en ese preciso momento.
Cecil la secretaria se encontraba detrás de Leo con una expresión totalmente confundida y asustada, pobre, no tenía idea de las locuras que podía cometer ese chico.
Estaba a nada de romper a reír si no fuera por la mala energía que liberaba la directora frente a mí. Al mirarla mientras observaba a Leo podía jurar que no faltaba mucho para que lanzara fuego por su boca.
—Cecil, ¿Puedes cerrar la puerta la próxima vez? —la voz de la directora se mezclaba entre la molestia y el nerviosismo.
—Pe-pero estaba cerrada señora —la directora le hizo un ademan para dejarnos solos y Cecil lo hizo.
—¡Vamos! Ya pueden reírse... —pero nadie lo hizo, Leo se movía hasta estar a mis espaldas—. ¿A poco no fue gracioso? —Lo miré y negué con la cabeza—, de haber sabido que me tocaría un púbico difícil hubiera traído la carga pesada —me guiñó el ojo.
—Señorito Florit, ¿Qué está haciendo aquí?
—Vine por esa torpe, ¿Cómo es posible que se allá confundido? Se supone que es hora de los clubs no la hora de tomar el té —dijo al momento que él terminaba de beber mi taza.
—Pensé que estabas ocupado en otro lado
—Sí, pero a menos que quieras que Iridia se enteré de lo que sucedió, tendrás que dejarla ir
—Sera mejor que nos dejes solas Leo, estábamos a mitad de una plática interesante
Cada vez entendía menos a lo que se referían.
—Me imagino, sobre todo porque preparaste el té
—Ya sé sobre los alumnos élite —le dije a Leo
—¿En serio? —el rubio miraba a la directora falsamente sorprendido—, ¿Estas segura que lo sabes todo?
—Basta Leo... —la directora estaba cada vez más molesta.
—¿Segura que te lo dijo todo? ¿Lo que hacen y lo que no?
—Leo no querrás que te sancione ¿O sí?
—¿De que hablan? —dije
—Iridia es mejor que te retires —dijo Susan.
Leo se dispuso a tomarme de los hombros al momento en el que me levantaba, fue entonces que me di cuenta que la directora se empeñaba en saber qué era lo que verdaderamente había pasado en el baño, porque sabía que la versión que le dimos no era de verdad, sabía que mentíamos, sabía que ocultábamos y sospechaba lo que había pasado.
Me giré rápidamente para estar frente a frente con ella.
—¿Usted sabe lo que nos sucede?
Los ojos de la directora brillaron.
—¿Saber sobre qué?
—Sobre lo que nos pasa
—Iridia, lo que nos pasa es amor —el suspiro de Leo fue claramente exagerado—, aunque lo que tu sientes por mí es simple lujuria, sobre todo por la forma en la que te me lanzaste
—Basta Leo, ella podría saber lo que...
Leo puso su mano sobre mi boca.
—Ya te lo dije gatita, no nos pasa nada —la severidad de la mirada de Leo penetro mis huesos y decidí guardar silencio.
—Si tú quieres saber qué es lo que te pasa, a mí también me gustaría saber qué fue lo que paso en el baño
—Ya te dije lo que pasó —Leo seguía firme delante de mí.
Ella podía tener respuestas de todo lo que me sucedía, por fin, alguien que podía sacarme de tantas dudas.
—Ella se refiere a la verdad...
—Guarda silencio Iridia... —Leo me tomó del brazo fuertemente—, tenemos que irnos, ella no sabe nada
—Sí que sabe —trataba de zafarme del agarre de Leo, pero él era demasiado fuerte—, sino no estaría hablado de ti y de...
Se detuvo.
—¿Hablo de mí? —Leo no se deba la vuelta, se mantenía a espaldas totalmente tenso.
—Sí, pero no sol...
—¿¡Hablaste de mí, maldita barracuda!? —el rubio giró bruscamente lleno de rabia.
—¡Leo!...-. Grité totalmente indignada por lo grosero que fue con la directora.
—¡¿Fuiste capaz de hablar de mi frente a ella?! —Leo me ignoró completamente mientras que se recargaba en la pequeña mesa de té.
—¿Y qué si lo hiciera? ¿Y qué si no quiero guardar silencio?
Leo comenzó a reír causándome un mal presentimiento.
—Ni se te ocurra... —con un movimiento de brazos tiro todo el juego de té, solté un grito por el fuerte ruido que causo.
—Basta Leo, es la directora, se meceré tu respeto
El rubio me miro y después soltó una carcajada.
—¡Oh! Claro que tienes razón —miró directamente a Susan—, la respetable directora tendrá que mantener su respetable boca cerrada
—No lo sé Leo —la directora se levantó para mantenerse a la misma altura del rubio—, creo que ya estoy cansada de eso, de ocultar ciertas cosas a Iridia, ella también tiene derecho a saber
¿Saber qué? Comencé acercarme poco a poco.
—No... —Leo se mantenía firme aun con la mirada de piedra de la directora—. Yo creo que lo mejor es mantenerla fuera y que tú tendrás que mantenerte callada
—Es que he estado ya cansada de guardar secretos, ¿Tu no?
Secretos... secretos
—¿Secretos? —Tomé el brazo del rubio—. ¿Qué secretos, Leo? —La mandíbula del chico se tensó mientras soltaba un suspiro molesto, la directora soltó una sonrisa sínica.
—Ninguno... —él volteó a verme.
—¡¿Cómo que ninguno?! Ella acaba de decir que me ocultas algo, que tienes secretos que me confieren, ¡Tengo derecho a saberlos!
—No, no lo tienes —Leo volteó su cuerpo hacia la directora y sacó algo de su bolsillo—, y creo que es momento de irnos... —los ojos de la directora se abrieron como platos llenos de preocupación—, ¿verdad directora?
—Pe-pero... —me acerqué demasiado tarde para ver lo que Leo tenía entre sus manos.
—Sí —la directora se sentó en la silla de té que ahora estaba mojada por el desastre que había hecho Leo—, señorita Delacour, es mejor que se retire de inmediato, no querrá ir tarde a su primer día en el club
—No, es-pere... yo, qui-quiero saber, deja-me, pasar... ¡Leo! —pero él ya me arrastraba hacia la salida.
—Ya déjalo —la voz del chico era como cuando por fin ganas en un juego después de estar siempre perdiendo.
Lo último que vi, fue a Susan recargando su cabeza sobre sus manos antes de que las puertas del despacho se cerraran.
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