Capítulo 32: Uno de los dos

El albino recosto su cabeza sobre el pecho del italiano, el cual depósito un beso sobre su cabellera platinada mientras que daba caricias en su espalda desnuda y sus brazos.

— ¿Hasta cuando te quedas? — pregunto el albino.

— Aun no lo sé. Mis asuntos en Sicilia han quedado en manos de Emily — respondió Emiliano.

El albino se incorporó al oir el nombre de una mujer, apartándose del italiano. Aquello hizo confundir al italiano, pero luego, una sonrisa divertida se dibujó en su rostro.

Emiliano volvio a enrollar sus brazos en el abdomen algo relleno de su amante. Depósito un camino de besos desde sus hombros hasta su cuello.

— Emily Russo — susurro Emiliano antes de dejar una leve mordida en el hombro de su pareja, provocando sacar de este un pequeño gemido — Ella es mi hermana, mi príncipe celoso — Emiliano sonrió al ver el leve sonrojo en las mejillas de su pareja.

— No estoy celoso — el italiano soltó una leve risa. Gael lo empujó y se puso de pie para irse hacia el baño.

Emiliano sonrió y se levantó de la cama. Estaba dispuesto a unirse a su pareja en el baño pero algo dentro de esa habitación captó su atención.

Se acercó hacia el mueble de pino en la habitacion y tomó entre sus manos la foto con marco plateado. Al ver la foto, un sentimiento de celos apareció en su pecho.

— ¿Tienes hambre? — Gael asomó su cabeza por la puerta del baño y suspiró cuando Emiliano se dio la vuelta con la foto en manos.

— ¿Quién es él? — preguntó Emiliano mirando fijamente al Albino.

— Mi antigua pareja — Emiliano apretó su mandíbula al escuchar la respuesta de su pareja.

— ¿Piensas en él? — Gael frunció el ceño, desconcertado.

— ¿Qué? — el albino estaba desconcertado.

— ¿Piensas en él cuando estás conmigo? —  comenzó a cuestionar el italiano— ¿Piensas en él cuando te beso? — Emiliano dio un paso hacia el albino, esperando una respuesta.

Gael retrocedió cuando el italiano tiro la foto a la cama y lo miro, sintiendo la tensión en el ambiente. Trató de encontrar las palabras adecuadas para explicarse.

— ¿Piensas en él cuando dejó mis marcas en tu cuerpo? — pregunto con voz ronca, incapaz de ocultar los celos que tenía.

Gael se quedó en silencio por un momento. Sinceramente no había tenido tiempo de pensar en Roan, no desde que había conocido a ese alfa gruñon, por alguna razón que aún desconocía aquel alfa se ha había adueñado de su mente y pensamientos. Gael debía admitir que la persona que venía a su mente no era Roan, era Emiliano.

— ¿Piensas en él cuando gritas mi nombre?

El albino salió de sus pensamientos. Emiliano solo nego lentamente cuando ambos se quedaron en silencio. El italiano comenzo a vestirse rápidamente, y cuando ya tenía los pantalones puestos agarro su camisa y fue hacia la puerta. Pero antes de que pudiera girar la perilla, unos brazos se enrollaron en su torso.

— No, no pienso en él — respondió honestamente el albino apoyándo su cabeza en la espalda del alfa — Eres tú quien ocupa mis pensamientos cuando estamos juntos. Eres tú a quien beso y a quien necesito. No hay nadie más.

Emiliano se quedó en silencio por un momento, llevo una de sus manos hacia las suaves manos de su pareja.

— Cuando siento tu toque, solo pienso en ti. Tú eres quien ha dejado una huella indeleble en mi cuerpo y podría decirse que también en mi corazón. No hay espacio para nadie más, al menos no desde que te conoci.

Emiliano se apartó del albino y se dio la vuelta, mirándolo. Gael tomó su rostro entre sus manos y dejó un pequeño beso en sus labios.

— Nunca grito su nombre, tampoco pienso en él cuando me haces gritar tu nombre. Solo grito el tuyo. Eres tú quien me consume por completo, quien me lleva al límite del placer.

La mirada de Emiliano se suavizó ante las palabras de Gael.

— ¿Entonces te gusto? —  inquirió sosteniendo la cadera del albino.

— Aun no lo se — Emiliano estaba apuntó de replicar pero Gael nego — Dejame terminar. Aun no se si me gustas o si solo siento atracción por tí. No te voy a mentir, amo cada instante que pasó contigo. Pero aún no estoy seguro de lo que siento por ti.
— Emiliano acarició suavemente la mejilla de Gael.

Ambos se quedaron en silencio. Perdiéndose en la mirada del otro.

— ¿Podrias... darme una oportunidad? — pregunto el italiano temeroso.

Gael se quedó en silencio. Sus sentimientos aún no estaban claros. Quería darle una oportunidad a Emiliano, pero tenía miedo de no ser suficiente y de cometer el error que cometió la primera vez. Había estado en una "relación" con Roan durante tres años. Y solo había pasado casi un año después de que terminaron.

¿Estaba bien abrir su corazón?

Después de todas las cosas que Roan le había dicho, y como se las había dicho, no iba a negar que fue como un puñal en su corazón. Sobretodo cuando menciono que era una vergüenza para su madre.

Sintió una leve caricia en su rostro, caricia que lo saco de sus pensamientos. Miro al hombre frente a él y Emiliano le dio una pequeña sonrisa, antes de dejar un beso en su frente.

— No te preocupes. Me precipite — se disculpó el italiano y dejó un corto beso en sus labios. — Siento haber sido celoso. Es que no lo pude evitar, el simple hecho de pensar que amas a alguien más.... — Emiliano se quedó en silencio y Gael sonrió.

Si abriría su corazón. Esta vez iría con cuidado. Conocería a la persona que tenía a su lado y eso le tomaba una eternidad, al final, se aseguraría de que valiera la pena.

— Creo que debere acostumbrarme a esta parte tuya, si algún día quiero ser tu pareja — aquellas palabras hicieron sonreír al italiano.

— ¿Eso significa....? — Gael asintió.

— Si, Emiliano Russo, te daré una oportunidad — aseguró.

Fue un momento a otro cuando el italiano lo levanto en el aire y lo dio vueltas, haciendo que el albino Riera feliz y avergonzado por la repentina acción del italiano.

— ¡Estas loco! — grito divertido — ¡Bajame! — Emiliano sonrió y lo depósito lentamente en el suelo.

— Me has hecho el hombre más feliz en el mundo. — Gael envolvió sus manos alrededor del cuello del Italiano. — Gracias.

— En donde la cagues Emiliano Russo, juro que te arrepentirás de haberme conocido — amenazó y Emiliano asintió rápidamente.

— Prometo jamás arruinar la oportunidad que me diste — Gael sonrió.

— ¿Lo prometes?

— Lo prometo.

Jamás había sentido tanto miedo en su vida como lo estaba sintiendo en ese momento. Estaba dando vueltas fuera de la habitación, mientras escuchaba el ruido dentro de la habitación. Arwen llevaba dentro de la habitación al menos más de una hora. Temía por su omega, la sangre en las sábanas cuando habían despertado.

— Mi niño — Aleksander se giro a ver a su madre, la cual se acercó a él preocupada. — ¿Como esta? ¿Que ha dicho? — pregunto la dama negra.

— Arwen aún no ha salido. Estoy preocupado, madre. Tengo miedo de que algo malo le suceda a él o a nuestro bebé. — el albino abrazo a su madre.

Alice se sorprendió un poco ante el acto de su hijo. Dentro de todos sus hijos, Aleksander era el menos demostrativo, incluso, la había sorprendido cuando le acababa de confesar que tenía miedo.

Aleksander, incluso siendo el menor, había ocupado el papel de hermano mayor. A ella, en algunas ocasiones le causaba gracia como regañaba a Gael, y a Kaiden por discutir por idioteces frente a Alyra. La joven niña incluso, cuando Aleksander no veía, se mentía en discusiones sin sentido con Gael o Kaiden, solo para que ellos le dieran la razón, lo que era aún más chistoso.

Ella acarició el cabello corto y platinado de su hijo con dulzura. Las caricias de su madre, calmaron un poco el corazón desesperado del joven heredero.

— Él estará bien. — susurro la mujer — Puede ser un omega, pero es fuerte. Se ha enfrentado a sus miedos, a decidido estar a tu lado y volverse el omega luna de esta manada. Él es fuerte, y tu bebé también. -—  lo consolo suavemente.

El ruido de la puerta los hizo separarse. Ambos se acercaron rápidamente a la bruja, ansiosos y preocupados, sobretodo al ver que Zinnia salió detrás de ella con una palangana de agua teñida de rojo.

— ¿Como esta él? ¿Como esta mi bebé? — pregunto el alfa a la bruja.

— No les mentire. El parto es muy riesgoso, y su enfermedad se ha intensificado. — confeso. — Tuvo un riesgo de aborto, ya es el cuarto en el mes. Jamás habia visto un caso como este, además de bruja soy partera y ningún omega que he atendido ha tenido riegos de aborto teniendo ocho meses de embarazo, sobretodo teniendo en cuenta que no es normal. — Alice se sostuvo del brazo de su hijo, en un intento de calmarlo, pero también de calmarse a ella.

— ¿Que debemos hacer? — Alice pregunto.

— Absoluto reposo, ya he sido clara con él. Necesito que permanezca en cama hasta el día del parto, de lo contrario...— la bruja guardo silencio.

— ¿De lo contrario que, Arwen? — inquirió el alfa

— Moriran.

Aleksander retrocedió pero rápidamente fue sostenido por su madre, miro a la mujer con los ojos cristalizados.

— Ve con él. Ve con tu esposo — el alfa asintió antes de alejarse de su madre y adentrarse a la habitación.

Jayden esta recostado en la cama perdido en sus pensamientos pero con una mano sobre su abultado vientre. Aleksander cerro la puerta de la habitación y se acercó a su omega a medida que se sacaba los zapatos y la ropa, quedando solamente vestido con unos pantalones negros pegados a su cuerpo.

Aleksander se metió en la cama, y puso una mano sobre el vientre de su omega. Jayden salió de sus pensamientos y miro a su esposo.

— ¿Te lo ha dicho? — pregunto en un susurro el omega y Aleksander asintió.

— Las sirvientas pueden traer la cena aquí, en la habitación. Si quieres, podemos ordenar que traigan una cama a la habitación para nuestra princesa. Zinnia estará a tu lado, te ayudará en lo que necesites y yo, puedo traer el trabajo aquí, estar a tu lado, al lado de nuestro bebé y nuestra hija, protegiéndolos, cuidandolos. — Jayden nego ante las palabras del alfa.

— Cambiarías muchas cosas por mí. Tienes que trabajar, eres el futuro señor de la Organización, tienes que tener reuniones, cenas con otros miembros importantes, operativos incluso viajes. — Aleksander nego y puso sus manos sobre el rostro suave de su omega.

— Aun así, ¿Que clase de líder soy, sino me preocupó por mi omega y cachorro? — Jayden abrazo a su esposo y Aleksander sonrió — Todo está bien, amica mea.

Aleksander acomodo a su esposo en su pecho, mientras acariciaba su cabello castaño rizado. Jayden se relajo al sentir las caricias de su esposo. Le gustaba cuando el alfa intentaba consolarlo acariciando su cabello o en algunas ocasiones cuando estaba muy alterado, lo calmaba liberando sus feromonas.

La pareja miro hacia la puerta al oir el ruido de esta abrirse. Jayden sonrió al ver a la niña de cabello castaño acercarse dando pasos algo torpes. Cassandra trepó la cama de sus padres con un tazón de madera en manos, Aleksander no sabía cómo su hija podía subirse a la cama sin tirar el tazón.

— Mama, papa — Cassandra se puso en medio de sus padres, los cuales se separaron y sonrieron al ver a la niña

— Pequeña — Aleksander acarició el cabello de la niña, la cual sonrió. — ¿Que tienes ahí, cariño?

— Fruta, mamá — respondió la niña y le tendió el tazón de frutas a Jayden, el cual aceptó gustoso.

— Gracias mi niña. — Cassy sonrió y dejó un beso en la mejilla de su madre.

Aleksander hizo una mueca, fingiendo sentirse ofendido.

— No es justo — se quejó el alfa y Jayden lo miro — Ella te da toda la fruta a tí y un beso, y a mi nada. Estoy sufriendo una injusticia — el omega soltó una risa ante la queja de su esposo.

Cassy agarro una frutilla y se la puso a su padre en la boca, como si intentara callar sus quejas. Jayden soltó una risa al ver como su esposo entre cerro sus ojos.

— Perfecto. Mi propia hija no me soporta. — cassy sonrió, como si entendiera las palabras de su padre.

Aleksander también sonrió, antes de comenzar a hacerle cosquillas a la niña, la cual soltaba sonoras carcajadas.

Jayden sonrió al ver a su familia. El ver a las dos personas más importantes de su vida divertirse, era un hermoso recuerdo que jamás olvidaría. Y tal vez, sería un recuerdo que permanecería en su mente hasta que muera.


—Por favor — suplico la joven y Ares nego.

— Mocosa, he dicho que no. — la albina hizo un mohin con los labios y Ares suspiro —Bien, tu ganas. sostendre a ese bicho de ocho patas — Alyra sonrio feliz y se acerco al alfa, la joven agarro una de las manos de Ares y dejo la araña sobre ella.

El alfa hizo una pequeña mueca de desagrado al sentir aquel bicho en su mano, pero todo desagrado se esfumo cuando levanto su mirada y se encontro con una muy sonriente albina.

La bella y deslumbrante sonrisa de Alyra era hermosa, ante sus ojos, ella era unica, excepcional. Desde que habia probado los labios de la albina por primera vez, habia sentido algo que jamas espero volver a sentir ; Amor.

Para cualquiera podria parecer ridiculo, pero luego de haber perdido a casi toda su familia, jamas se habia vuelto a abrir o siquiera se habia atrevido a sentir un poco de cariño hacia alguien, o eso creyo hasta cierta señorita cayo en sus brazos una tarde.

Ella habia despertado un torbellino de emociones dentro de su corazon, habia puesto su mundo de cabeza en tan solo un instante, y de alguna manera se habia vuelto adicto a ella. No lo iba a negar, cada vez que la veia, cada que la escuchaba hablar de sus libros favoritos o incluso de sus extraños insectos, el la escuchaba encantado, pues, amaba cuando ese brillo especial aparecia en los ojos azules de la albina, o cuando sonreia de una forma tan radiante que hipnotizaba a caulquiera.

Queria tocarla, pero creia que algo tan hermoso como ella debia ser tratado con la delicadeza de una rosa, tan suave como una pluma.  El queria tocarla, queria tocar sus mejillas, sus manos, su cabello. No solo sus pechos o su trasero, eso seria muy atrevido de su parte, y ella no merecia eso. Pero no iba anegar que moria por volver a probar los labios de la albina. Queria darle suaves besos en esa pequeña y tentadora boca, no solo devorar sus labios hasta que le quedaran hinchados. Queria verla, aunque no fuese en su cama, aunque ella no estuviera desnuda. Y todo eso era tan extraño, porque de solo pensarlo o decirlo se sentia como un completo idiota, pero un idiota enamorado de una joven tan... magnifica.

— Ares —el alfa salio de sus pensamientos y miro a la jovenn, ella tenia una sonrisa dibujada en sus labios. — ¿Estas bien? Te quedaste en silencio por un momento — ella pregunto curiosa y se acerco a el poniendo su mano sobre su frente — Estas rojo, pero no tienes fiebre ¿Esta bien?

—Creo...que sufro del corazon — Ella fruncio el ceño al oirlo.

—¿Del corazon?— inquirio y el asintio. — ¿Porque?

— Porque estoy enamorado de ti, Alyra Romanov.

Ella se sorprendio ante las palaras del castaño, ¿como podia alguien enamorarse de ella? Ella tan simple, tan extraña, nadie podia siquiera mirarla, porque decian que estaba loca por hablar con los insectos y decir incoherencias.

— Estas borracho. — el joven río.

— Tal vez, pero estoy borracho de amor. Eres la mujer más hermosa que he conocido en mi vida, ¿sabias?

— Idiota. — Ares sonrió y tomó las manos de Alyra, ella lo miro algo nerviosa sorprendida por el acto repentino del alfa.

— ¿Has oído eso de que, "los niños y los borrachos siempre dicen la verdad"? — ella asintió — Bueno, pues yo soy un niño borracho. Así que soy doblemente honesto, eres muy hermosa.

Ella sonrió divertida al oir las palabras del alfa, ni siquiera sus hermanos que habían intentando conquistar a miles de omega se habian atrevido a tanto como lo había hecho Ares. 

Una sonrisa comenzo a dibujarse en la comisura de los labios de Ares. Era un gesto que a la albina le gustaba, pues, marcaba un adorable hoyuelo en la mejilla del alfa. Ambos se quedaron quietos, sin soltar las manos del otro, se quedaron así, enganchados, contemplandose el uno al otro.

— ¿Puedo pedirte algo? — Ares asintió. — Pero tienes que saber que hay una condición

— ¿Cual? — inquirió curioso.

— Tienes que decir que sí, sin importar lo que sea, sin siquiera saber lo que te preguntare o pediré. — Ares sonrió divertido.

— Hagamos esto más interesante. Contaré hasta cinco, tú preguntas rápido y yo aceptó.

— Bien, cuenta.

— Va. Uno

Fuiste mi primero beso.

— Dos.

Mi primer amor.

— Tres.

Gracias por entrar en mi vida, pero el destino nos jugo una mala pasada.

— Cuatro.

Ares, lo siento.

— Cinco.

— ¿Puedo ser tu novia?

— Si.

Ares abrió sus ojos con sorpresa al caer en cuenta de las pregunta de la joven y su respuesta.

— ¿Tu...? ¿Yo? — ella asintió ante su pregunta sin terminar y el río, feliz. La sostuvo entre sus brazos y la dio vueltas, Alyra soltó risas estrepitosas ante la acción espontánea del alfa.

— ¡Ares, bájame! —exigió entre risas la platinada, que parecía disfrutar cada segundo del juego.

El alfa, con una sonrisa amplia en su rostro, asintió rápidamente y la depositó suavemente en el suelo, prolongando el momento lo máximo que pudo.

—Yo... ¡Estoy feliz! —gritó emocionado mientras el brillo en sus ojos no dejaba de crecer—. ¡Soy el novio de Alyra Romanov! —Ella negó con diversión, incrédula ante su alardeo.

El viento susurraba caricias juguetonas en sus cabellos, mientras las risas sinceras bailaban en el aire. En ese preciso instante, todo parecía perfecto, como si un lienzo de alegría se hubiera pintado en los corazones de ambos.

Él la beso, la beso como deseaba hacerlo desde hace tiempo, con ganas, con pasion, con dulzura pero también con amor. Cuando se separaron al quedarse sin aliento, él depósito su mano sobre la mejilla de su luna y dio leves caricias, viendo como aquel brillo que tanto amaba aparecía.

— ¿Te cuento un secreto, mi luna? — le pregunta feliz.

— ¿Tengo que fingir que me importa? — bromea la albina y Ares sonrió antes de dejar un beso en la frente de la joven.

— Si — respondió con una sonrisa boba en sus labios y ella asintió, también sonriente.

— Dime.

— Estoy no sólo enamorado de tí, sino también fascinado — admitió — En serio, eres una chica bellísima, interesante, extraña, excepcional y única. — Ares sonríe  de lado y añade — Eres demasiado fascinante para mí y eso solo significa que uno de los dos terminara con el corazón roto.

Era un amor prohibido ambos lo sabían, pero por un instante aquel momento fue tan fugaz como eterno. Sus vidas jamás volverían a ser las mismas después de eso.

Él solo quería amarla, y ella dejó que lo hiciera.

Pero incluso las historias más bonitas de amor, jamás terminan como uno espera.

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