CAPÍTULO 53


Siempre me pasaban cosas muy random en mi vida y muy divertidas, era algo único. Cada vez que me levantaba sabía que podría pasar cualquier cosa, así que estaba siempre a la expectativa de que sería, pero claro, nada me hubiera podido preparar para algo como aquello y es que, si me hubieran dicho hace años atrás que le pediría matrimonio en una pista de aterrizaje a mi crush, jamás lo hubiera creído, ni por un momento, pero si en vez de eso me dicen, que le pediría matrimonio a mi crush en una pista de aterrizaje y justo en ese momento escucharía mi nombre por los parlantes del lugar, donde prácticamente estaban diciendo que estaba a punto de perder un vuelo tan importante como era ese, sin dudarlo lo hubiera creído...así de simple, porque mi vida era lo más random posible y jamás cambiaria.

Noah no tuvo tiempo de decir nada, literalmente en cuanto escuché que mi avión estaba por despegar, me levanté y salí corriendo para poder llegar a tiempo, ni siquiera me volteé a verlo una vez más, aunque quería hacerlo, pero no pude y tenía que llegar a ese avión o podría perder el semestre y la beca.

Admitía que era la pedida de matrimonio más inusual de toda la historia, aparte ni siquiera pude escuchar una respuesta de su parte, en cuanto llegué a Inglaterra no pude encender mi teléfono por los nervios que empezaba a tener. Había la posibilidad de ver una respuesta negativa, aunque era Noah del que hablábamos, claro que le gustaría que alguien como yo fuera su esposa.

¿Por qué no lo querría?

—¡¿Qué mierda, Alison?! —gritó muy alterada Mia. Acababa de contarle todo lo que había sucedido en cuanto nos vimos en la universidad, pues había pasado la noche con uno de sus ligues y no la había visto cuando llegué. Sus ojos parecían que se saldrían en cualquier momento—. ¿Cómo en el mundo le propones matrimonio a alguien y te largas?, ¿Qué mierda?

—Te dije, si no me iba perdería el vuelo y... sabes que no podía, mi carrera está en juego.

Sentí como sus delgadas manos me abrazaban de repente, mientras me apretaba lo mas que podía a ella.

—Estoy tan orgullosa de ti, el escuchar que digas eso es...satisfactorio, habla sobre lo mucho que has cambiado... y ava-avanzado —fruncí mi ceño cuando su voz se quebró a lo último y mi corazón se encogió de ternura. La abracé aun mas fuerte.

—Gracias por no soltarme —susurré—. Por siempre juntas.

—Por siempre —afirmó separándose—. Ahora, encenderás tu maldito teléfono y revisaras si tienes un mensaje de Noah, por el bien de mi salud mental lo harás.

Negué levemente y se lo pasé para que ella lo hiciera, era tanto los nervios que no era capaz de hacerlo, así que impacientemente esperé a que encendiera, cerré fuertemente mis ojos cuando las notificaciones empezaron a llegar, mi corazón latía tan rápido que sentía que me daría un paro y cuando escuché el suspiro de Mia, quise vomitar.

—¿Qué dice? —cuestioné, abriendo nuevamente mis ojos—. ¿Por qué tienes esa cara?, ¿dijo que no?

—Los únicos mensajes que tienes son de Bryant y de tu hermano, pero Noah no ha escrito —mis ánimos cayeron al subsuelo al escucharla y quise llorar.

¿Por qué no lo había hecho aun?, ¿Qué rayos pasaba con Anderson?

—Tengo que hablar con Bryan —susurré, lo había olvidado después de todo y tenía que terminar con los beneficios que estábamos teniendo en nuestra relación de amistad.

—Claro que lo harás, pero después de contestar esta llamada de Noah —puso el teléfono en mi cara mientras daba pequeños saltos en su lugar.

—¡Mierda! —grité, agarrando el teléfono e igual saltando—. ¡No puedo contestar! ¡estoy temblando!

Estaba tan emocionada e histérica.

—¡Claro que sí lo harás!

—¿Pero que le diré?, tengo muchos nerv... —me callé abruptamente cuando sentí un ardor en mi mejilla—. ¿Acabas de golpearme? —cuestioné totalmente incrédula.

—Acabas de calmarte, Alison —objetó con una sonrisa—. A veces es necesario para situaciones como esta.

No dije nada, pero mi mirada si que lo había hecho y en ella decía claramente "venganza"

Cuando miré el teléfono en mi mano, quise tirarlo muy lejos de mí y de paso correr a esconderme en alguna cueva donde no me encontrara nadie, había contestado la llamada y ya llevaba varios segundos en ella.

Definitivamente una de las peores vergüenzas de mi vida.

—Eh... ¿hola?

—Alison —escuchar su voz fue lo mejor de mi día sin duda—. No tengo mucho tiempo, estoy en medio del entrenamiento, pero necesitaba llamarte y preguntarte si tú quieres ...

—Sí —dije de inmediato con una sonrisa en mi cara—. Claro que sí, Noah.

En la línea se creó un silencio incomodo.

—¿Eh sí? —preguntó algo confundido, lo que me hizo confundir a mi—. Entonces puedes venir a mi partido del viernes.

—¿Qué? parti... —agarré la mano de Mia y me golpeé con ella. Era una total estúpida—. Claro el partido, sí... obvio.

—Perfecto, ya tengo reservados los asientos de los chicos y el de ustedes dos, será fantástico verte ahí.

—Claro —respondí—. Entonces nos vemos el viernes al parecer. Adiós.

Ni siquiera esperé su respuesta, me sentía muy estúpida como para hacerlo.

¿En que mundo vivía?, ¿Cómo podría pensar que Noah Anderson me pediría matrimonio por teléfono?

¡ERA NOAH ANDERSON DEL QUE HABLABA!

El chico mas tierno y amoroso del mundo, el chico que me había pedido ser su novia en la mitad del campo de futbol, ¿Cómo en la vida se me había podido ocurrir que me estaba pidiendo matrimonio?

—¿Qué pasó? —preguntó Mia con su ceño fruncido.

—Soy la persona más estúpida de este planeta, pero no importa porque...significa que soy diferente a todos y cool.

Asintió lentamente.

—Ok, es bueno reconocerlo, pero sigo sin entender.

—Pensé que Noah me pediría matrimonio, así que me adelanté y dije sí, pero lo que quería era invitarme al partido del viernes... a las dos.

Sus labios se apretaron y volteó su rostro rápidamente.

—Es un privilegio convivir con la persona más estúpida de este planeta —golpeé su brazo en forma de reproche—. ¿Qué?, solo digo lo que dijiste, ¿Cómo pensabas que ese hombre te pediría matrimonio por teléfono?, si fuera así mientras te lo diría en el cielo estarían las putas palabras.

Inconscientemente miré al cielo mientras recibía un golpe en la cabeza.

—¡Mia! —me quejé. 

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