04.- Lucius Malfoy

Si había algo que lamentaba Lucius Malfoy de haber cambiado de bando era el alojamiento. Cierto que le habían dado un buen cuarto, pero era uno para plebeyos. Como todos los Malfoy, Lucius había sido criado con la idea de que él solo merecía lo mejor de lo mejor.

Lucius extrañaba su mansión pero ahora mismo estaba invadida de mortífagos más el mestizo de baja cuna de Riddle. Oh, vaya que fue incomodo cuando averiguo que lo que le había dicho Potter era cierto y que Voldemort era en realidad un mestizo y no solo cualquier mestizo sino uno rechazado por su propio padre. Si, era un muggle, pero era un muggle rico que no había reconocido a su único hijo y para Lucius, eso era el equivalente de un bastardo.

Lo siguiente que hizo Lucius fue escabullirse durante un descanso entre misiones, ir a Gringotts, vaciar sus bóvedas, divorciarse y darle suficiente oro a Narcissa (que lo había acompañado al banco) y le dijo a la mujer que tomara a Draco si él quería, y huyeran juntos. Gracias a la marca, Lucius no era capaz de irse sin ponerlos en peligro.

Afortunadamente, Draco y Narcissa habían huido antes del marcaje de los nuevos reclutas y cuando Voldemort se dio cuenta del engaño de Lucius, este ya estaba tras las protecciones de la Orden del Fénix. Lucius sospechaba de las lealtades de Severus Snape y estaba profundamente agradecido de no haberse equivocado. Snape lo sacó a salvo de las filas de los mortífagos y logró que Dumbledore no exigiera más actividad de parte del rubio, excepto algo de oro e información.

Dumbledore aceptó aunque un poco a regañadientes pero con la información proporcionada, la Orden logró darle algunos buenos golpes a los planes de Voldemort y la guerra, luego de aquel encuentro donde Potter había sobrevivido a la maldición asesina una vez más, había llegado a un impase y ambos bandos estaban replegados.

Lucius mientras tanto, había usado este tiempo para trazar su vida luego de la guerra. El contrato matrimonial con Narcissa ya se había cumplido en su cabalidad y aunque ambos se habían amado, no era el tipo de amor que buscaban en una pareja. Eran mejores amigos y aunque concibieron a su hijo, nunca hubo intenciones de tener otro. Ambos habían sido criados para siempre obedecer las órdenes de sus mayores, pero ambos padres de ambos lados ya habían perecido.

Si se habían mantenido juntos hasta esta fecha fue porque ambos querían ofrecerle a Draco un frente unido pero la guerra les ofreció un buen pretexto para divorciarse, uno que no haría que Draco se preguntara porque sus dos padres no volverían a casarse. Era difícil volver a la vida anterior luego de una guerra y siempre podían ser mejores amigos y su hijo ya era un adulto. Pronto Draco formaría su propia familia y el matrimonio fallido de sus padres no estaría en la vanguardia de su mente.

Estaba trazando algunos planes de negocios en, quién lo diría, un cuaderno muggle, cuando unos toquidos lo sacaron de su ensimismamiento.

—Adelante—Dijo el mago rubio pero mientras él esperaba a alguien como Snape e incluso Sirius Black, no esperaba, ni por todo el oro de Gringotts a un tímido Harry Potter, pero ahí estaba.

Aunque seguía siendo un flacucho joven, ya no era el niño de cuerpo esquelético y lentes torcidos que él había conocido en su segundo año. Ahora era un joven estilizado y sin esos horrendos lentes, ciertamente su cara había ganado atractivo. A veces se preguntaba cómo se vería desnudo pero eso era un pensamiento lógico. Con su nuevo estatus de divorciado, Lucius se vio finalmente libre de observar a los hombres a su alrededor como era su preferencia.

Le gustaba ver los entrenamientos. Todos pensaban que el rubio estaba evaluando las técnicas de duelo y combate pero en realidad estaba verificando "el ganado" y algunos magos estaban muy bien debajo de las túnicas. Kingsley Shacklebolt era una presa que al rubio le gustaría atraer a su cama. Bill Weasley era otro, aunque tuviera desprecio por la familia, no era ciego y Bill era un verdadero semental. Luego reconsidero su posición respecto a los Weasley y agrego a su lista de potenciales a Charlie Weasley.

Severus Snape era otro. Como mortífagos, sus entrenamientos se basaban solo en magia pero la Orden creía en entrenar también el cuerpo y Severus tenía un buen cuerpo debajo de esas túnicas clericales. Su cara ciertamente no era el clásico atractivo pero eran como los brazos de Charlie, esas cicatrices eran interesantes en aquel pelirrojo y la nariz aguileña tenía su atractivo en Severus, la voz solo redondeaba el paquete.

Además, ellos dos eran amigos antes de los mortífagos, así que ciertamente un poco de "rascarse la comezón" a veces, era bienvenido. En su larga relación de amistad se habían rascado mutuamente la comezón alrededor de unas 7 veces, algunas dentro del matrimonio y otro par en este exilio.

Ellos dos sabían que nunca serían más allá de amigos, quizás si se casaran serían compatibles pero nunca sería esa pasión desbordante y además, el rubio tenía esta faceta de experimentación. Encontrar una pareja receptiva a sus deseos, que estuviera dispuesta a jugar, sería difícil en un mundo donde la educación sangrepura era restrictiva en lo que se podía y no se podía hacer en la cama.

Ese era el único punto donde Lucius envidiaba a jóvenes como Potter, que crecieron del lado muggle y que no tendrían tantos reparos en experimentar en el colchón.

Concentrándose en el presente, Lucius se dio cuenta de que Potter llevaba sentado en la silla frente a su escritorio de trabajo, algunos minutos en silencio. Lucius se retiró los lentes y dejo de escribir en el cuaderno para darle atención al joven.

Espero y Harry, viendo que el rubio mago había terminado de escribir, finalmente habló—Señor Malfoy, me gustaría hacerle una consulta sobre maldiciones—Bueno, ciertamente Lucius no esperaba eso.

—¿Maldiciones en general o maldiciones con fines específicos? —Pregunto el mago.

Harry miró a todos lados y se dio cuenta de que esta habitación había pertenecido al Lord del castillo. Era el doble que cualquiera de los otros cuartos y tenía un despacho privado que era donde estaban. Al lado se veía una puerta que seguramente conducía a los cuartos privados. En este despacho se observaba un par de libreros infinitos, una chimenea, el librero, las sillas y una pequeña sala de té. Una vez que termino de calmarse observado el entorno, Harry finalmente habló.

—¿Hay alguna diferencia especifica? —Lucius enarco una ceja—Quiero decir, es evidente cual es la diferencia principal pero me pregunto sobre la dificultad de lanzar una respecto a otra. Digamos, ¿En efecto general requiere más magia? ¿Es algo como un ritual? Si es para un fin especifico, ¿Se lanza solo contra un individuo? ¿Se ancla a un objeto? ¿El efecto dura menos o más? —.

Ciertamente Lucius no esperaba ese tipo de preguntas. La gran mayoría de magos solo aprendía las maldiciones y no se preguntaba la duración o el alcance, incluso el costo de poder lo pasaban por alto.

Decidiendo que podía responder algunas de estas preguntas, Lucius paso a una explicación somera sobre las maldiciones, el costo de lanzarlas para el mago que las hacía, como algunas requerían elementos rituales y en función de todas estas cosas, es que perduraban sus efectos, los efectos específicos y sus posibles contra-maldiciones.

Aunque Harry había venido aquí luego de la cena (ya que Malfoy siempre cenaba en sus habitaciones), ciertamente estaba encontrando fascinante como algo tan simple como una maldición podía tener tantas variables, desde concebirlas, lanzarlas hasta tratar de erradicarlas. Con razón Bill siempre había dicho que no se aburría en su trabajo. Cada maldición era como algún tipo de trabajo casi alquímico y romper una maldición requería múltiples conceptos mágicos.

Lucius por su parte, estaba fascinado de que alguien tan joven estuviera interesado en las maldiciones. No se hacía cuentos de que Potter fue hasta él sin un fin especifico pero su interés en su plática era genuino.

—Por mucho que este tema te sea fascinante, Potter, sé que no viniste aquí sin un motivo, así que estoy dispuesto a escuchar por que necesitas esta información. Solo se me ocurren dos cosas, la primera es que tú mismo o alguien cercano a ti este bajo los efectos de una maldición, o la segunda opción, es que creas que se puede crear una maldición para acabar con el Señor Oscuro—.

Harry parpadeó porque era la primera opción, pero jamás considero que se pudiera fabricar una maldición y mucho menos una especifica contra Voldemort. Pero eso último tenía potencial. Le daría una checada luego a esa idea, lo primero era averiguar si todos estos deseos, estos sueños y su constante necesidad de polla estos dos últimos días, no eran efecto de una maldición. Una hecha sobre él para convertirlo en alguien sediento de sexo y que hiciera que las personas a su alrededor se comportaran como animales en celo cuando escogía una "victima".

Así que Harry explicó lo que le había pasado, sus dos noches de follar épicamente con Sirius y con Remus, no sin antes sacarle un juramento a Lucius de que no rebelaría nada de la información. Lucius estaba anonadado. No porque no pudiera compaginar la idea de Potter teniendo sexo, sino que este joven ni siquiera era consciente de la normalidad que significaba todo esto.

No era una maldición, ni una poción o siquiera un hechizo de lujuria: SE LLAMABA ADOLESCENCIA.

Lucius quería reír tan mal que finalmente no pudo contenerse y estallo en carcajadas tales que Harry se calló ante la ruptura de la fría mascara sangrepura de Lucius Malfoy quién estaba algo rojo por la risa, mientras golpeaba la mesa con su puño en un intento de parar.

Finalmente Lucius logró reinar sobre si y se recompuso lo mejor que pudo. Se reviso a sí mismo y cuando creyó que podía hablar sin volver a reírse, empezó—Señor Potter... Harry, ¿Me permites llamarte por tu nombre? —Harry asintió, sin saber cómo proceder ante algo tan... humano como la risa en Lucius Malfoy—Bien, Harry, lo que tú estás sufriendo se llama adolescencia...—.

—Pero ya tengo 18...—Empezó Harry pero Lucius intervino.

—La adolescencia es más que la edad, Harry. Le di esta misma plática a Draco, así que quiero que escuches atentamente. Todos somos diferentes. Algunas personas son más precoces que otras y tienen estos cambios mucho antes que otros de su misma edad. Algunas brujas empiezan su periodo incluso antes de entrar a Hogwarts mientras que otras ya están en un Quinto a Sexto Año cuando finalmente llega la flor roja a sus vidas—.

—¿Y los chicos? No tenemos la "flor roja"—Preguntó Harry, ahora completamente ruborizado. Esto no se parecía a la plática que le había dado Sirius o Remus cuando cumplió los 14. Había sido incomodo pero solo se redujo a no meter el pene en un vagina sin antes usar un hechizo protector y usar condón si era con una muggle o un muggle.

—Los chicos tienen su parte con el vello corporal y facial, los cambios de voz, los sueños húmedos y las ganas de agarrarse el pene hasta casi dejarlo en carne viva...—.

—Espere un momento, Señor Malfoy...—.

—Llámame Lucius, no me gusta ser informal sin que la otra parte también lo sea—.

—De acuerdo, Lucius. Espera ahí un momento, ¿Qué son los sueños húmedos? Y ¿Me estás diciendo que estas ganas de follar constantes son cosas de adolescentes? —Harry no podía creer esto. Así que todo esto era una adolescencia tardía.

—Básicamente, sí. La mayoría de los adolescentes quieren meter su pene donde se deje. Algunos persiguen brujas activamente, otros se voltean hacia sus compañeros de cuarto y se chupan sus pollas o incluso se las meten entre ellos. Algunos luego de eso persiguen brujas y otros siguen persiguiendo magos. Eso pasa también con las brujas, algunas se meten mano en sus vaginas y continúan buscando esa bruja especial, mientras otras voltean ahora hacia los magos. Todo es parte de la experiencia adolescente. Y algunos tienen sueños donde tienen actividades sexuales y durante el sueño tienen orgasmos que tienen consecuencias en lo físico—.

—Esos serían los sueños húmedos, ¿correcto? —.

—Sí, porque uno amanece o con la polla blanda y habiendo chorreado esperma o con las bragas húmedas en el caso de las brujas. Algunos adolescentes creen que esos sueños son malos, mientras otros los disfrutan pero eso ya depende de las creencias personales y la educación que hayan recibido. Draco siempre tuvo una educación liberal respecto al cuerpo humano y las cosas de alcoba, ya que tanto Narcissa como yo, no queríamos que creciera con la rigidez de los sangrepura, al menos en ese aspecto—.

Harry pensó en eso. Eso quería decir que Draco había tenido una educación sobre sus cambios físicos que no tenía la rigidez de los sangrepura, así que se le animo a considerar su sexualidad y los cambios hormonales como algo normal y natural. Lo que se traducía en que Lucius y Narcissa habían recibido lo contrario, una educación castrante donde esos cambios no debían ser vistos como algo positivo. Eso explicaba la rigidez de los sangrepura que conocía como Neville y otros tan libres Luna. La abuela de Neville podría estar con la luz pero era una sangrepura de costumbres y Xenophilius era el equivalente mágico de un hippie.

—Ok, ok, eso explica mis ganas de follar con cualquier hombre que me parezca atractivo—Lucius le instó a continuar—Creo que soy gay y estoy bien con eso, pero eso no explica por qué Sirius o Remus accedieron a acostarse conmigo—.

—Estamos encerrados y podríamos morir en cualquier momento—Contestó Lucius con simpleza.

—¿Qué? —.

—Piénsalo un momento, ¿Quieres, Harry? La guerra nos afecta a ambos bandos. Mientras estaba con los mortífagos no era inusual escuchar gemidos de placer en los cuarteles o en mi mansión. Todos sabíamos que en cualquier momento, un hechizo mal dirigido, una poción o el mismo Señor Oscuro, podían cortar nuestra vida, así que el placer sexual es algo que no nos negábamos. Se que incluso el Señor Oscuro tomo algunos mortífagos y a Bellatrix para calentar su cama—.

—¡Que asco! No lo del sexo, sino la idea de que Voldemort tenga sexo. Es algo mitad serpiente. ¿Acaso tiene dos penes como las serpientes comunes? Porque solo alguien con un gusto muy particular podría querer que le metieran esos dos penes—.

Lucius rió entre dientes. Este chico aún era muy inocente del mundo—Diste en el clavo. Los mortífagos que llamaba a su cama tienen un gusto particular: les gustan los magos poderosos. No importan si son brujas o magos, todas esas personas se sienten atraídas sexualmente por el poder. Incluso algunos han manifestado querer meterse en tus pantalones, Harry—.

—¡Más asco! —Lucius ahora estaba riendo abiertamente, aunque no como la risa descontrolada del principio.

—Lo que intento decir es que aún como adultos y aun pudiendo controlar nuestras "necesidades", muchos queremos dar rienda suelta a esos deseos, sobre todo si no sabes si al día siguiente vas a seguir respirando. No tiene sentido evitar esos deseos y si alguien nos ofrece ese consuelo, seríamos estúpidos de negárnoslo—.

—¿Así que no hay nada de malo en que haya follado con Sirius y Remus? —Harry estaba un poco más tranquilo ahora. No era un bicho raro, solo era un adolescente hormonal y algo había leído sobre "angustia adolescente" y de pronto, su depresión constante tuvo sentido. ¡Sus hormonas finalmente lo habían alcanzado!

—Eso depende, ¿Estas enamorado de alguno de los dos? ¿Ellos de ti? ¿Intentaron comportarse como una pareja luego del encuentro? Si no paso nada de eso y no sientes amor por ninguno, solo fueron dos personas, bueno, tres personas rascándose la "comezón" y nada más. No le des más vueltas y tómalo como una experiencia de las muchas que tendrás. Mientras los involucrados estén de acuerdo, no hay casi nada ilegal en ambos mundos, tanto el muggle como el mágico—.

Harry respiro tranquilo y luego sintió como su polla respingaba. Ciertamente no había observado bien a Lucius Malfoy, pero quitando lo de que antes estaba en el otro bando y había hecho algunas cosas terribles, era un mago atractivo. Era alto, tenía esa sonrisa torcida que también tenía Snape pero Lucius era guapo de una forma tradicional. Recordaba a esas descripciones de príncipes encantadores, pero con cabello largo.

Lucius recientemente se había integrado al entrenamiento físico y Harry observó que el mago había estado muy bien en el duelo de espadas, y reveló que había practicado esgrima toda su vida, ya que su padre consideraba ese deporte lo suficientemente refinado aunque fuera muggle.

Tenía un cuerpo atlético y flexibilidad. Se preguntaba si Lucius aceptaría... bueno, lo peor que podía pasar es que le dijera que no y ahora tenía el pretexto de las hormonas.

—¿Me follarías? —Dijo Harry en un impulso. Lucius enarco una ceja, intrigado por la propuesta. Sin embargo, Harry malinterpreto el gesto y se levantó abruptamente—Lo siento, fue una idea estúpida. Disculpa—Y corrió hasta la puerta solo para encontrarla perfectamente cerrada. Sacó su varita pero la puerta no se abría.

—No esperabas que mis barreras se eliminaran con un simple Alohomora, ¿Verdad, Harry? —Dijo Lucius, levantándose de su silla y dirigiéndose hacia el joven. Harry sentía que estaba siendo acorralado como un animal.

—N-No—Harry estaba muy nervioso. El hecho de que el hombre ahora estaba de su lado, no quería decir que no fuera peligroso. Harry había bajado tontamente su guardia y se encontró contra la puerta, mientras Lucius estaba sobre de él, impidiéndole moverse.

El rubio mago acerco su boca hasta la oreja del joven y susurró—Ciertamente tu propuesta es interesante, ¿Qué te gustaría que te hiciera? —.

—N-No lo sé. Y-Yo... fue cosa de i-impulso, ahh—Jadeó Harry cuando el mago tomó el lóbulo de su oreja y lo mordisqueo con cuidado. La caricia hizo que su polla diera un respingo y sus pantalones empezaron a abultarse.

Lucius deslizó su boca hacia el cuello y empezó a besar con cuidado ciertos puntos, incluyendo la unión del cuello y los hombros, arrancando jadeos muy bonitos del joven. Harry tenía un lunarcito adorable justo en la parte de atrás de su cuello. Luego, una mano exploradora fue deslizada subrepticiamente dentro de los pantalones del chico y Lucius pudo sentir que Harry ya estaba erecto.

Era refrescante sentirse deseado por este mago. Indiferentemente a que podía tener a cualquier mago que deseara, este joven había elegido hasta ahora, solo a magos que le llevaran al menos 20 años. tomando en cuenta su vida en constante peligro, era evidente que aunque por fin le había llegado la adolescencia a su cuerpo, su mente era la de alguien mayor, alguien cansado, que quiere a alguien que sepa que hacer... y Lucius se consideraba un buen maestro y sabía mucho de muchas cosas.

Con cuidado, empezó a tocar a Harry en su sensible miembro mientras movía su boca hacia la boca del joven. Harry se dejó hacer. Lo que le estaba haciendo Lucius a su cuerpo se sentía increíble. Él nunca hubiera variado la intensidad de sus caricias cuando se masturbaba. Era como había dicho el rubio, se la jalaba hasta casi pelarla, pero esto era muy distinto. La mano era diestra y aquellos labios sabían enardecerlo.

Su cuerpo ya estaba en llamas, mancho sus pantalones y la mano del rubio con bastante semen. Lucius sacó su mano y separando sus labios del joven, empezó a lamer la corrida, haciendo que Harry jadeara por lo sensual que era ver aquella lengua limpiando su semilla.

Lucius arrastro al joven mago hasta el escritorio y lo sentó encima luego de esfumar las cosas en las que había estado trabajando. Ahora la superficie estaba libre de objetos y Harry estaba frente a frente con el mago oscuro.

Evanesco—Dijo Lucius con un sencillo movimiento de varita y la ropa de Harry fue quitada. A estas alturas, Harry ya no se ruborizaba, sino que estaba expectante—Lubricus—Este otro hechizo aparentemente era el que había usado Remus la noche anterior—Finite Incantatem—Y se fue el glamour que Harry tenía sobre el chupetón que le había dado Remus—Me gusta más ver a mi amante sin ningún adorno—Dijo Lucius y dejó la varita a un lado.

Luego, Lucius lo tendió sobre el escritorio y empezó a tocarlo y besarlo por todos lados. Harry estaba jadeando y retorciéndose a cada caricia que le era proporcionada. Cuando esa pecaminosa boca trago su miembro, Harry estaba apretando tanto los puños que creyó clavarse sus propias uñas, pero no era el caso.

Lucius dejó aquel delicioso miembro apenas a un segundo de estallar, no quería que el primer orgasmo que le diera al joven fuera con una mamada, quería enterrar su miembro en ese culo como durazno.

Levantó a Harry y se sentó en aquella silla. Luego se sacó su miembro que ya estaba muy duro y goteando presemen. El mago se palmeo las piernas y Harry entendió, se subió a la silla sobre el mago, de forma que su trasero quedo justo sobre su pene erecto y con cuidado, Lucius se deslizo dentro de aquel estrecho canal.

—Joder, joder, joder—Harry no esperaba que esta posición fuera tan buena. Todavía no se movía y ya estaba sintiendo placer.

—Esa es la idea—Dijo Lucius, con la voz ronca de deseo. Atrás habían quedado los modales sangrepura y aunque todavía vestido, Lucius se veía sonrojado y algo sudoroso. Al parecer, no solo Harry estaba gozando esto. Con firmeza, Lucius se retiró para luego estrellarse contra Harry y hacerlo saltar sobre sus piernas.

Harry se aferró al respaldo de la silla mientras Lucius aferraba las caderas del joven. Ambos cooperaron para encontrarse, Harry subía y bajaba por aquel falo y Lucius empujaba sus caderas para aumentar el impulso.

Pronto encontraron su ritmo y ambos jadeaban, gruñían, Lucius incluso chupaba los rozados pezones de Harry, haciéndolo gritar. Era una suerte que sus barreras incluyeran hechizos de silencio o todo el castillo ya estaría en la puerta, exigiendo que se callaran.

La semilla de ambos se derramó, la de Harry mancho a ambos en el proceso pero al siempre compuesto Lucius no parecía importarle. Sin salirse del chico, con un movimiento de la varita que alcanzó del escritorio, se desnudó a sí mismo y luego llevó cargando a su joven amante hasta el cuarto. Su pene seguía enterrado en Harry, quien encontraba esta posición algo incomoda, pero pronto paso la incomodidad cuando vio que ahora estaban en la otra habitación.

Los cuartos privados del rubio eran ciertamente como un hotel de lujo de estilo antiguo, incluso la cama tenía 4 pilares y las paredes tenían una especie de tela como terciopelo en vez del papel tapiz esperado.

Harry supo que era terciopelo aquella tela porque Lucius había soltado su varita en el piso y lo puso contra la pared. Su pene había vuelto a la vida y ahora estaba empujándolo dentro y fuera, mientras Harry era sostenido en sus brazos, usando la pared para evitar la fatiga y aquel pene estaba escarbando en su interior con pericia.

—¡Más! ¡Dame más, Lucius! —El rubio mago aceleró sus movimientos e hizo gritar de nueva cuenta al joven mago, que estaba en los últimos estertores de su orgasmo antes de que él alcanzara uno nuevo.

Ahora si deslizó su pene ya flácido del cálido interior pero no bajo al joven. Simplemente cambio la posición y ahora lo estaba cargando al estilo princesa. Harry estaba más ruborizado por esto que por el hecho de que ya había sido jodido dos veces por este mago.

Mientras era cargado, Harry tomó nota del tatuaje maldito, la marca tenebrosa y aunque sabía lo que era, no podía dejar de admirar lo hermoso del trabajo, tanto del tatuaje como de la magia imbuida.

Una vez en la cama, Lucius lo tendió ahí y luego se acostó a su lado. Ambos sin decirse nada, pero dándose caricias suaves. Lucius se preguntaba si a Harry le gustaría ser atado y Harry se preguntaba si Lucius le dejaría tocar su marca.

—Harry, quisiera intentar algo, pero puedes negarte—.

—¿Uhm? ¿Qué sería eso? —.

—¿Me dejarías atarte? Solo serían las manos. Me gustaría follarte con las manos atadas—Harry pensó que este era un gran salto de fe. Ciertamente, tan solo meses atrás, este hombre lo hubiera matado pero algo le hizo cambiar de bando. Le había dicho a Dumbledore que era porque Voldemort era un mestizo, pero eso no explicaba lo de su divorcio o que hiciera que Draco huyera al continente. Esas más bien parecían las acciones de un padre y marido preocupado.

Harry decidió que podía hacer caso de lo que le había dicho Lucius, podía morir mañana, así que si esto era un estratagema para llevarlo ante Voldemort, al menos lo iba a disfrutar.

—Si me dejas tocar tu marca—Lucius sonrió ladinamente y ofreció su brazo izquierdo al joven que se deleitó tocando y besando aquel tatuaje. Luego empezó a sisear algo (Dumbledore no sabía que aún hablaba pársel, ya que el anciano mago insistió en que había perdido la habilidad) y Lucius sintió un inmenso placer recorrerlo directo de su marca hasta sus bolas.

La marca se retorcía pero no en el mal sentido. En vez de darle dolor, la marca estaba proporcionándole placer a cada nervio de su cuerpo. Lo que fuera que le estaba siseando Harry al tatuaje, había cambiado el objetivo de la marca. Cuando Harry terminó de tocar, Lucius acababa de vaciarse y dejar manchado todo alrededor de su ingle.

—Lo que sea que hayas hecho, estuvo increíble—Dijo Lucius, ahora jadeando por la intensidad del orgasmo. Su tatuaje ahora tenía colores en vez del verde enfermizo original. Era como un verde brillante con la calavera aun en él, pero la calavera parecía más a esos tatuajes muggles que a la marca tenebrosa. La serpiente ahora tenía un color verde vibrante, parecido a los ojos de su joven amante.

Lucius besó entonces al joven, quién ya estaba dejándose hacer por el mago mayor. Entre besos y caricias, Harry observó que Lucius alcanzó algunas cosas de su buro y vio que eran mascadas. Ato dos de ellas a los pilares y luego ato cada una de sus muñecas a un pilar.

Su pene dio un respingo de interés y Lucius procedió a acomodarse entre las piernas del joven, sentado a horcajadas y con su miembro completamente erecto de nueva cuenta. Lucius se deslizo dentro y empezó un fuerte vaivén, haciendo que Harry cruzara sus piernas detrás de su espalda.

Harry se sentía fuera de control y a la vez cuidado. Él no estaba participando pero igual estaba disfrutándolo. Aquel pene golpeaba en el lugar correcto cada vez y ninguno de los magos estaba conteniendo sus gritos o gemidos.

Lucius entonces puso su cuerpo sobre el joven, de forma que cambio el ángulo de penetración. Harry sintió aún más profundamente aquel pene y el mago mayor le dijo—¿Te gusta así? ¿Te gusta cómo te folló, pequeña zorra? Mira cómo me comes la polla. Tu culo ciertamente está ansioso por ella—.

Toda aquella charla sucia hizo que Harry estuviera a punto de correrse, pero Lucius apretó sus bolas hacia abajo, retrasando el orgasmo. Luego las soltó y continúo empujándose cada vez más fuerte. Cuando veía que Harry estaba por correrse, volvía a jalar sus bolas. Hizo esto un par de veces antes de dejar que la naturaleza siguiera su curso y ambos se corrieron al mismo tiempo, gritando cosas ininteligibles.

Una vez que ambos se desplomaron, Lucius soltó las muñecas de Harry y el joven puso un dedo sobre sus labios, pidiendo un beso sin decir palabras. Lucius complació la orden y luego de algunos besos, ambos se durmieron abrazados.

Volvieron a follar 3 veces antes del desayuno, sobre la alfombra, la cama de nuevo y contra la ventana. Lucius le dio algunas pociones contra el dolor y otra para quitarse el chupetón. Harry agradeció el detalle y se despidió del rubio con un beso húmedo y sensual. Lucius solo sonrió luego del beso y le dio una nalgada en aquel culo hermoso.

Harry saltó pero solo le dio una sonrisa al rubio antes de desaparecer hacia la cocina. Solo fue hasta que Harry se fue que Lucius reparo en un detalle, normalmente él solo aguantaba dos rondas, ¿De dónde le salió toda esa energía para haber follado tantas veces? Eso no ocurría desde su adolescencia. Sin embargo, ese detalle se fue hasta el fondo de su mente y continuó su vida sin darse cuenta de que la magia había actuado una vez más, aunque no era una maldición como había pensado Harry.

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