Capítulo Siete.
A primera hora de la mañana el de piel amarilla se despertó incomodo por la humedad entre sus piernas y mientras entraba al baño para darse una ducha fue que recordó lo de la tarde anterior, colocándose sus pantalones tirados en el suelo con prisa lleno de vergüenza sintiendo otro Aroma en su casa, el de Tierra mojada y Té negro. Cauteloso se asomó a la sala viendo al Alfa dormir incómodo en el sofá con el control de la televisión sobre su pecho aunque esta estaba apagada probablemente por el temporizador de inactividad, su sola presencia cercana alteraba sus hormonas con la necesidad de aparearse para detener su Celo pero tampoco iba a echarlo por el miedo de que algún desconocido intentara colarse, de no haber salido a perseguir a ese gato casi arrollado que al final se escapó no hubiese ocurrido nada.
Suspiró profundamente frotándose el rostro maldiciendo su existencia hasta que se decidió a tomar un vasito con yogurt frutado del refrigerador antes de regresarse a su habitación por sus supresores, mientras no hubiese Aroma podrían convivir sin problema bajo el mismo techo. ¿No?
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El azabache se enterró bajo los cojines del sofá, debido al Omega presente su propio Celo se había adelantado para sincronizarse con el otro, todo en su cuerpo le decía que era la oportunidad perfecta para tener cachorros pero comenzaba a hacerse la idea de que tal vez se castraría así mismo para no cometer una estupidez. Volvió a quejarse en tono de berrinche con su voz siendo opacada por el cojín que presionó contra su rostro unos minutos, el tono de mensaje atrajo su atención y quiso lanzarlo por la ventana cuando vio el nombre de su jefe en la pantalla, hoy era Martes de entrenamiento a los nuevos cadetes Alfa.
-..¿Estás bien?.. -El menor de mirada culpable se asomó por el pequeño espacio de la puerta entre abierta de su habitación, claramente se había dado cuenta de la nueva situación problemática, de hecho en ese mismo momento sus piernas estaban goteando un poco a pesar de tenerlas fuertemente juntas-.
-Hoy tenía trabajo... pero no importa, después de todo.. mi deber de Alfa es cuidarte como si fuese en la organización.. -Rusia suspiró mirándolo de soslayo, su expresión algo cansada y sonrojado hicieron latir su corazón con fuerza, apenas lo estaba tratando en situaciones para nada favorables pero.. solo con su mirada esmeralda ya lo traía de rodillas-.
-Puedes darte las duchas que quieras en el baño principal y tomar lo que gustes de la cocina, lamento hacerte pasar por esto luego de lo que hiciste por mi... -Su voz se hizo más suave y levantó su mirada del suelo para toparse con la del más alto, sus seguras pero estresadas orbes lavanda le provocaron un repelús intenso que no tenía que ver con su condición actual, su respiración se agitó volviendo al calor en todo su cuerpo por lo que se apresuró a la puerta oyendo un bufido bajo del otro lado-.
Los estragos el Celo hicieron temblar su cuerpo y agudizar su olfato, además de su suéter que ya había pedido el Aroma ajeno, sintió que la toalla de mano que había recogido en la mañana tenía la marca del mayor así que dominado por una actitud Omega la tomó de donde estaba y fue a costarse en su cama otra vez, frotando la tela por su rostro impregnándose también del Aroma mientras jadeaba. Su cuerpo caliente y cansado le exigía que dejase de pensar y abriera la puerta pero... tenía miedo.
A pesar de sentirse protegido por Rusia y saber que era una buena persona por soportar aquello sin supresores siendo apenas conocidos decía mucho de él, pero lo llenaba de terror la idea de una marca. La última vez que tuvo cerca los dientes de un Alfa durante el Celo fue cuando su propio padre lo atacó en un cúmulo de furia al enterarse de que no era un Alfa de casta pura como todos en su familia, su mordida buscando matarlo fue tan fuerte que dañó las glándulas de feromonas ubicadas en su hombro izquierdo y su Aroma se volvió un caos desde ese momento.. hasta el final de sus días probablemente. Se le hizo un nudo en la garganta y sollozó cubriendo con una de sus palmas aquella cicatriz bajo la tela de su pijama, el olor a tristeza comenzó a llenar la casa alertando al eslavo que rápidamente se levantó y decidió abrir la puerta de golpe pensando que algo malo estaba sucediendo, pero cuando lo vio acurrucado sobre las sábanas arrugabas con el rostro lloroso abrazando la toalla pequeña que había mordido la noche anterior bajó la guardia sintiéndose confundido.
-...........Estoy bien.. pero, ¿Puedes.. -Hizo una seña abriendo despacio su pequeño puño delicado, logrando de que el contrario entendiera a qué se refería exactamente, quería que soltara sus feromonas de confort-.
El de piel roja se relajó al ver que estaba seguro e hizo lo pedido, no pudo apartar su mirada del cuerpo ajeno y se recostó en la pared suspirando un momento hasta que Alemania pareció quedar soñoliento, entonces salió de la habitación juntando la puerta dirigiéndose de nueva cuenta al sofá con la idea de dormir un poco también para no sentirse tan pesado y frustrado por el estrés que conllevaba retener sus impulsos de Alfa con tal tormentosa tentación de por medio, alguien tendría que darle un maldito trofeo si conseguía salir con vida de esa casa algo fría..... tal vez podría obsequiarle algún adorno colorido para la sala, una Matrioshka resaltaría perfectamente. En medio de sus pensamientos notó que además de adornos, no había ninguna foto familiar en algún lugar visible mientras que él en casa tenía una pared llena de fotografías de distintos tipos que habían ido colocando sus padres desde antes de tenerlos incluso, tal vez el alemán no tenía una familia o simplemente se habían dividido por algún motivo.
Y tal vez... no sería una mala idea llevarlo a conocer a su familia algún día, su corazón latió otra vez y en medio de escenarios posibles donde se llevaban todos bien, finalmente se quedó dormido.
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