Capítulo 40
La temporada de lluvias había iniciado, y la comunidad Chahiwa se mantenía con su ajetreada vida.
Eleonora se encontraba en mejores condiciones, y ya realizaba actividades en la granja, cuidando de los animales.
Mientras ella alimentaba las gallinas, Ishku se aproxima.
—Iré a ver las trampas que he dejado. Necesito que me acompañes.
—Termino esto y te acompaño.
—Vamos ahora, antes que regrese mi madre. —Dice Ishku tomando de su mano y arrojando el resto de alimento al interior del gallinero.
—¿Por qué? ¿Te ha regañado tu madre? —pregunta mientras caminaba apresuradamente al ser llevada.
—Se ha vuelto entrometida. Apresúrate.
Ambos corren hasta llegar al caballo color café manchado, para montarlo y salir a todo galope.
Al llegar al interior de la selva, Ishku baja del caballo y ayuda a Eleonora, para luego buscar entre la hierba una jaula que contenía en su interior una liebre, a lo que él la saca por la piel de su cuello, mientras el animal daba patadas, tomado su cuchillo para darle muerte.
—No la mates —dice Eleonora.
—¿Por qué no?
—Podríamos tener un criadero de liebres, así ya no tendrías que colocar trampas.
—Pero estos animales se reproducen rápido, no es difícil cazarlos, así se ahorra el trabajo de mantenerlas y alimentarlas.
—Estoy segura de que no sería difícil tenerlas, además que solo comen las cáscaras de las frutas o vegetales.
Ishku mira el rostro de Eleonora que deseaba tener al animal.
—Está bien. Pero, no te encariñes con él, no es una mascota —lo vuelve a dejar en el interior de la jaula y lo acomoda en la silla del caballo.
Mientras seguían caminando por la selva y buscando las trampas que se habían dejado cambiándose por nuevas, Ishku aprovecha de hablar en privado con Eleonora.
—Los Chahiwas me han pedido que te presente a la aldea, para que seas uno de nosotros. Pienso hacerlo esta noche.
Aquello sorprende a Eleonora.
—Pensé que no deseabas que fuera parte de ustedes.
—Nunca he dicho que no lo quiera, es solo que antes no era el momento.
—¿Y ahora sí?. Escuché a tu madre decir que deberías regresarme con mi familia.
—Eso no lo haré.
—¿Por qué te sigues negando?
Ishku se gira para ver de frente a Eleonora.
—Porque ellos te alejaron de mí, he impidieron vernos cuando debías de regresar. Tu padre siempre tuvo intenciones de separarnos, por eso, yo jamás te dejaré con ellos.
—¿Solo quieres vengarte?
—No es por ellos, es por mí —Ishku da un suspiro para contener su angustia —Yo deseaba que regresaras, pero supuse que tenías algún pretendiente en España, porque así todos me lo decían aquí.
—Pero, eso era mentira.
—¿Cómo podía probar lo contrario? Tenía esperanzas cada vez que recibía tus tiernas cartas, las que se volvían frías con el pasar de los meses, pero, aun así, te espere, y te espere desesperadamente cuando nos atacaron... necesitaba de ti y tenía esperanzas de que volvieras, pero no llegaste.
—Ishku —dice Eleonora, tomando una de sus mejillas, ya que él tenía los ojos rojos, derramando una lágrima.
—... y ahora que estás aquí, no quiero que te vuelvas a ir, no quiero dejarte ir... ya nunca más, aunque no me quieras...
—Pero si te quiero, siempre lo he hecho, a pesar de tu indiferencia inicial.
—Te ruego que me perdones, porque jamás ha sido mi intención el lastimarte. Actúe así, porque temía volver a salir herido.
—Ya lo sé, y te perdono, porque te amo.
Aquello corto de manera inmediata la tristeza de Ishku, tomando el rostro de Eleonora entre sus grandes manos para acercarla y besarla, sumergiéndose en esos cálidos labios que por tanto había deseado besar.
Aquel ansiado beso era placentero y completamente estimulante, los que les robaba el aire, gimiendo ante la desesperación por continuar en aquel beso que se volvía cada vez más apasionado.
Ishku la toma entre sus brazos y la levanta, para que estén a su misma altura, lo que Eleonora lo abraza por las caderas con sus piernas, mientras continuaba lamiendo aquellos gruesos labios, saboreando la dicha que era estar nuevamente con el hombre que amaba en tan ansiado reencuentro.
—Eleonora. ¡Ah! Mi tierna Eleonora.
Él le había apoyado sobre el tronco de un árbol y le acariciaba la espalda y la cintura, sin dejar de besarla, hasta que sus labios comenzaron a doler, separándose para volver a mirarse, con ojos que brillaban de felicidad.
—Al fin has llegado a mí —sonríe Eleonora.
—Y tú a mí. Mi Eleonora, mi amor.
Los jóvenes continuaron compartiendo tiernas caricias y dulces besos, hasta que estas subieron de intensidad, probando el autocontrol de ambos para detenerse, decidiendo regresar a la aldea.
Durante la noche, Ishku había informado a la comunidad sobre la decisión de que Eleonora fuera parte de los Chahiwas, celebrándose un ritual, el mismo que realizaban cuando un joven al cumplir 16 años se consideraba un adulto con opinión en la aldea.
El jefe de la tribu pregunta a Eleonora sobre su libre decisión de ser una de ellos y seguir las reglas y costumbres de la comunidad, a lo que responde de manera afirmativa, siendo ungida y bebiendo el «Azi», un licor a base de leche.
Luego del ritual, se realiza una celebración, con sonido de tambores y bailes alrededor de la hoguera central, donde varios se acercaron para saludarla de manera afectuosa. Eleonora siempre creyó que esas mujeres le miraban con recelo, pero ahora entendía, que solo eran sus costumbres al ser ella una forastera, y que ahora le recibían alegres por aumentar el número de la tribu.
Si bien, varios le recibieron de manera afectuosa, algunos se abstuvieron de demostrar aquella efusividad, siendo mayoritariamente las jóvenes que tenían interés en Ishku, y dentro de ellas, Sanina, quien fruncía los labios al verla bailar, a lo que Eleonora no podía evitar de realizarle muecas burlonas cuando nadie le veía, logrando que la joven se marche enfadada de regreso a casa.
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