Día 9: Springfield

Me despierto sudando como un cerdo. El verano cada vez se nota más, y solo estamos en julio. No quiero imaginarme cómo será agosto.

En esta ocasión, no parece que Jake me haya preparado algo para despertarme, así que salgo de la cama y me dirijo al baño. Me doy una ducha rápida, eliminando el calor de mi cuerpo. Que sí, que la sensación durará unos minutos, pero algo es algo.

Entro en el salón. Mi desayuno está sobre la mesa, junto a una nota pegada a la lámpara:

Estoy fuera, en las pistas. Desayuna y únete a .

No entiendo muy bien a qué me tengo que unir, pero le hago caso. Desayuno todo lo rápido que puedo y salgo de la que está siendo mi casa durante estos días. Una mirada me basta para entender a qué se refiere.

Ha aparcado junto a unas pistas de baloncesto callejeras. Miro el reloj, son las nueve y media de la mañana; pero ya hay gente echándose un partido. Me apoyo en las vallas para ver mejor. Enseguida distingo a Jake en una de ellas, metiendo una canasta. No está con los demás, sino solo, haciendo tiros.

Me aproximo a él, ignorando las miradas que me echan varios jugadores que ahí se encuentran. Cerdos...

—¿No podías pasar ni quince días sin entrar a una pista de baloncesto? —Cruzo mis brazos, en tono amistoso.

Se da la vuelta con una sonrisa. Bota con maestría y da un salto, tirando el balón. Este entra perfecta, sin rozar la canasta. Va hacia la pelota y me la pasa.

—¿Dónde estamos? —Vuelvo a preguntar.

—En Springfield.

Miro a mi alrededor, alzando ambas cejas.

—¿Y por qué no hay nadie aquí que sea amarillo?

—Que graciosa eres... —Menea la cabeza—. Anda, juguemos un poco.

Observo mi vestuario: camiseta, falda vaquera y sandalias. ¿Cómo pretende que juegue así?

—No puedo con estas ropas.

—Da igual, Bel. Venga, haz una jugada para entrar.

—¿Con falda y sandalias?

—Eres una genia del baloncesto, entre otras cosas, puedes hacer una jugada.

Resoplo. Ni me molesto en mencionar que llevo años sin jugar en serio, porque me sacaría otra excusa del estilo de la anterior.

Empiezo a botar la pelota. Jake finge que me defiende, aunque en realidad está jugando conmigo. Solo quiere divertirse un poco a mi costa. Paso por el lado izquierdo, aun sabiendo que soy diestra, giro sobre mi propio pie y tiro desde mi posición, con Jake sujetándome de broma. La canasta entra limpia y sonrío.

—Tan buena como siempre, Bel...

Miro hacia arriba. Estamos muy cerca el uno del otro. En exceso, para mi gusto. Pero mi corazón no piensa igual, puesto que empieza a latir con demasiado entusiasmo.

—Tienes que contarme la historia de hoy —murmuro.

Ha sonado tan desganado que ni yo misma me haría caso.

—Claro. —Se separa de mí al fin—. Sentémonos aquí.

—¿En el suelo? —Arrugo la nariz.

—Vamos, Bel, no es para tanto.

Nos sentamos uno junto al otro y espero con impaciencia que comience a hablar.

"Esta historia comenzó en algún momento entre la vuelta de Sophie y nuestra ruptura, pero no tengo muy claro cuando fue.

Lo que recuerdo fue que estaba haciendo los deberes rápidamente para llegar al entrenamiento de baloncesto. En ese momento, Cece entró en mi habitación sin llamar. Estaba muy seria.

—¿Podemos hablar? —dijo sin abandonar el tono.

—Habla . Tengo que acabar esto.

—Bel está preocupada por ti.

—¿Por qué dices eso?

—Tiene la ligera sospecha de que le estás poniendo los cuernos.

Dejé el lápiz de golpe y giré mi silla para contemplar a mi hermana melliza. Estaba asombrado porque hubiera llegado a esa conclusión.

—¿Y de dónde saca semejante estupidez?

—Según ella, hay muchas noches que te vas con tus amigos en lugar de estar con ella. Eso no le parece mal, pero es que más de una vez has llegado a su casa a medianoche y te has puesto a besarla como si te sintieras culpable.

—Ed vino el otro día a hablar de lo mismo —informé—. No me pasa nada, solo estoy muy liado con los últimos exámenes y con la sorpresa que vamos a hacerle en la final de baloncesto.

—Si es que llegáis.

—Lo haremos, Sis... ¿Ella sabe que venías a hablar conmigo?

—No te preocupes, no quiero que sepa que yo también lo pensaba.

—Bien, porque no quiero que se te escape nada sobre la sorpresa.

Cece se fue más contenta. Sin embargo, yo no dejé de pensar ni un momento en toda aquella mentira que se estaba formando frente a . Era como una bola de nieve: cuanto más rueda, más grande y gorda se hace y más difícil es de controlar."

Suspiro. No dejo de pensar en algo. Todo el mundo habló con Jake sobre su infidelidad, pero nadie me dijo nada. A pesar de eso, todos me tranquilizaron para que no me preocupara, cuando ellos mismos estaban preocupados.

—¿Quieres ver algo en especial de Springfield? —pregunta, viendo que no quiero hablar sobre su historia.

—Estaría bien. Nunca he estado aquí más de unos minutos...

—¿Te pillaba de camino a un destino?

—Exacto. Esta fue una parada rápida, no vi nada.

Sonríe. Me levanta de suelo y empezamos a caminar juntos. Entramos en el Forest Park y lo atravesamos. Ahora mismo no está tan verde como se ve en fotografías, pero debe de deberse al verano. En otra época del año, esto se encontraría en todo su esplendor.

Por fin, Jake llega a donde él pretendía. Un letrero nos anuncia la llegada. No puedo evitar arquear una ceja.

—Hoy es tu día de baloncesto, ¿verdad?

El Basketball Hall of Fame se alza ante nosotros. La construcción es alargada y no muy alta.

—Vi las pistas y decidí enlazar con esto —explica mientras nos dirigimos a la entrada.

Nos cruzamos con un joven afroamericano, así que lo paro y le pido que nos haga una foto junto a la gran pelota de metal que está fuera del edificio. Con mucho gusto lo hace, y enseguida tenemos un recuerdo de la inmensa construcción.

Entramos. La inscripción "La cuna del baloncesto" reza en varias paredes. Varios forofos de este deporte observan todo a su alrededor. Botas, balones, estatuas de famosos jugadores como Michael Jordan... Incluso una explicación de cada una de las reglas del juego, como si fuéramos principiantes.

Este lugar me transporta a un mundo en el que mi única preocupación era entrenar a un equipo de baloncesto. No como ahora, que debo estar pendiente de la historia sobre el engaño de mi ex.

Echo fotos con el móvil de Jake mientras nos recorremos esta especie de museo. Tardamos casi toda la mañana en verlo todo y, a pesar de que hemos visto museos preciosos, me quedo con este por ser tan especial.

—¿Bel? —Jake llama mi atención.

—¿Sí? —Muevo la cabeza, librándome de los pensamientos.

—¿Cómo va todo?

—¿A qué te refieres?

—Sé que ahora mismo estarás muy confusa acerca de las historias que te cuento, pero me gustaría saber si tienes algo en claro.

—Lo único que sé con absoluta seguridad es que mentiste a todo el mundo, no solo a mí. Y todo para proteger una relación que, por lo que he podido ver, no salió de un beso.

—Dentro de poco lo entenderás todo. Solo tienes que ser paciente.

No me queda otra que serlo.

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