Día 8: Nashville
Bailo por una pradera llena de mariposas. Todo es maravilloso, ideal, pero...
Un pajarito se mete en mi sueño, graznando, más que piando con gracia. ¿Qué hace ahí? ¿Quién le dio permiso para meterse?
Restriego mis ojos contra la almohada. O Jake ha decidido cambiar el tono de su alarma a la de un cuervo cabreado, o hay uno dentro de la caravana. Crucemos los dedos porque sea la primera opción.
Apago la alarma. Era eso. Voy a matarlo. Si esta es su forma súper original de despertarme el octavo día, más le vale que me deje dormir. Me va a matar a sustos, ya lo veréis. Aunque, claro, mañana escogerá un modo distinto.
Me pongo lo que me preparé ayer por la noche y salgo de la habitación. Pillo a Jake desayunando muy concentrado, tanto que ni es consciente de que estoy ahí hasta que no pongo una mano en su hombro.
—Buenos días, empanado...
—Buenos días, Bel. ¿Has dormido bien?
Me encojo de hombros.
—No dejo de pensar en lo que me contaste ayer y anteayer —confieso.
—Hoy también tengo que contarte algo importante, en cierto modo.
—¿De qué se trata?
—Te lo diré mientras damos un paseo. Ahora desayuna, que se enfría el café.
Le hago caso, sentándome a su lado. Un par de tragos después, vuelvo a hablar:
—¿Dónde estamos hoy?
—En Nashville, Tennessee.
—¿En serio? —Noto como la cara se me ilumina.
—¿Hay algo que no sepa sobre esta ciudad? —Arquea una ceja.
—Estás bromeando, ¿verdad? —Niega suavemente—. ¿Nunca has visto Nashville?
—Es la primera vez que vengo.
—No me refiero a la ciudad, bobo... Hablo de la serie de los inicios de Superman. ¡Basada en esta ciudad!
—Tendrás que matarme. —Sonríe con sorna—. No he visto nada de eso.
—Por supuesto que te mataré —digo, convencida.
Suelta una carcajada. Me termino mi desayuno en silencio. Me muero porque me cuente su historia de hoy. Según avanzan los días, lo que me cuenta es cada vez más serio. Me da miedo y a la vez curiosidad.
Bajamos de la autocaravana. Mientras Jake se dedica a cerrarla, miro alrededor. Es una ciudad muy verde, llena de árboles y parques por todas partes. Será precioso visitarla.
—Entonces... ¿nunca has estado aquí?
—No, pero siempre había querido ir a Tennessee.
—¿Y cómo vas a llevarme a ver cosas si ninguno de los dos hemos estado?
—He mirado en internet y recomiendan muchos sitios interesantes. Como el tiempo es limitado, he seleccionado una ruta por la que pasaremos por sitios importantes y acabaremos en el lugar que quiero que veamos.
—Está bien... ¿Puedes comenzar con la historia? Me tienes intrigada.
—Muy bien, pero ya te digo que esta historia es corta..., al menos más de lo normal.
"Esta historia comenzó hace nueve meses, al comienzo del último año de instituto. Sophie y yo, aunque pueda parecer lo contrario, teníamos una buena relación. Todo iba maravilloso; cada uno tenía sus planes, tanto personales como profesionales.
Un buen día, a finales de septiembre, estábamos juntos en mi casa. Veíamos una peli vieja en mi sofá, ya que ni mis padres ni mi hermana estaban por allí.
Llevábamos como diez minutos, pero pude darme cuenta que Sophie estaba en otra cosa. No dejaba de mandar mensajitos con el móvil, y a cada rato soltaba una risilla. Al principio me dio igual, pero acabó por ponerme de los nervios.
—¿Qué es tan gracioso?
—Nada importante, cariño... —Y me sonrió, como la niña buena que había sido una vez.
Lo dejé estar, hasta que alguien llegó a casa. Era Cece. No iba a prestarle atención, quería estar con mi novia a solas, pero cuando la vi..., casi me da algo.
Traga saliva. Una lágrima se escapa de su ojo izquierdo. Me reprimo para no quitársela.
No puedo recordar cuantos moratones tenía por todo el cuerpo visible. Era septiembre, así que la ropa más invernal aún no había hecho su aparición. Ambos brazos desnudos estaban llenos, no solo de moratones, sino de cardenales por anteriores golpes.
Me olvidé de Sophie, me olvidé de la película, y fui hacia ella. Se echó a llorar como una niña pequeña en mis brazos.
Sophie se fue enseguida para "dejarnos a solas". Estuve presionándola para que me dijera qué había pasado, o para llevarla al hospital, pero no hubo modo. La curé como buenamente pude con lo que había en el baño.
Tenía claro que debía haber sido bullying. Alguien la estaba molestando, eso era seguro. Lo que no imaginaba era que... mi novia lo estaba dirigiendo todo desde mi casa."
Se me forma un nudo horrible en el estómago. Cece no merecía eso, de ninguna de las maneras. Ella era súper alegre y dulce, en ocasiones agresiva, pero triste... Apenas puedo recordar el día que la conocí, cuando pensó que Abby y yo le quitaríamos el almuerzo. Miedosa, tímida... No es para nada la Cece que yo conozco bien.
—Ojalá lo hubiera sabido, Bel, de verdad...
A pesar de que me irrita esta situación, sé que debo estar enfadada con Sophie, no con Jake. Él solo estaba demasiado enamorado para darse cuenta.
Se lo digo mientras dejo que llore en silencio. Por lo visto, le afecta más de lo que parece el tema de su hermana.
Seguimos caminando. Pasamos por delante del Rymal Auditorium, un lugar precioso. Me siento tentada a echar una foto, pero enseguida recuerdo que no tengo móvil. De todos modos, he hecho mil tours virtuales por esta maravillosa ciudad. Creo saber donde me lleva.
Nos quedamos parados frente al parque. Centennial Park de extiende frente a nosotros. La hierba es del verde más brillante y, según avanzamos, distinguimos a lo lejos la mayor atracción de Nashville, sin lugar a dudas: el Partenón.
No conozco bien la historia, ni por qué hay un Partenón en Estados Unidos, pero me parece sumamente bonito, así que lo dejo estar. Es una oportunidad increíble de aprender más sobre algo muy interesante.
—¿Sabías que se empezó a construir en 1897, pero de 1925 a 1931 se reformó de nuevo?
—Siempre aprendo algo nuevo contigo.
—A veces creo que por eso me llevaste a este viaje —bromeo—. Lo único que quieres es que te haga gratis de guía.
Nos reímos juntos mientras entramos. El museo por dentro es todavía más bello por dentro que por fuera. Según vamos pasando por las diferentes salas, me maravillo con algo distinto e igual de hermoso.
—¿Has pensado donde haremos la foto de hoy?
Pego un salto. ¡Lo había olvidado! Eso me pasa por estar concentrada en una ciudad como esta.
—Podríamos... hacerlo en la entrada. Aquí no dejan hacer fotos con flash, así que creo que será mejor no arriesgarnos.
Terminamos de ver el museo entero y salimos. Pillamos a unos mexicanos a punto de irse, que no tienen problema en hacernos una foto con la Polaroid. Enseguida la tengo en mis manos.
No sé que me deparará el destino mañana, pero espero descubrir más sobre lo sucedido con Sophie.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top