Día 4: Houston
Un día de estos voy a matar a Jake por abrir la ventana cada vez que se levanta. Respeto que le guste levantarse temprano, por lo que sea que tenga que preparar, pero despertarme a mí en su lugar...
Me pongo unos shorts azules y mi camiseta favorita. Sabiendo que ya son las diez y media, no tengo mucho tiempo antes de que Jake se desespere. Me peino rápidamente y salgo de mi habitación.
—Buenos días. —Mi voz suena alegre, a pesar de que aún tengo sueño.
—Buenos días. —Su tono es más seco, pero en el fondo lo entiendo—. ¿Puedes desayunar rápido? Lo que tengo que contarte hoy es largo y quiero que salgamos ya.
—Claro, pero no te estreses... ¿Dónde estamos, por cierto?
—En Houston, Texas.
—Oh, que rústico todo.
Me mira con impaciencia, así que sigo desayunando. El chico está nervioso hoy.
—Bueno, ¿qué te toca contarme hoy? —digo mientras él cierra con llave la autocaravana.
—Mi primera cita con Sophie.
Reconozcámoslo. Ambas nos hemos puesto nerviosas con este tema.
Odio estar de acuerdo contigo... pero sí.
—Bien, pues empieza cuando quieras. Estoy ansiosa. —Pongo mi mejor sonrisa. Él me devuelve una sonrisa tímida.
"Esta historia comienza hace dos años y medio. Estábamos en segundo, a seis meses de convertirnos en júnior. Durante ese tiempo anterior, ella y yo nos habíamos hecho muy amigos, pero no faltaba el que decía que deberíamos ser pareja, como Ed, por ejemplo.
La verdad es que a mí ya me gustaba ella. No me parecía nada a como es ahora, pero ahora que lo sé, me ocultaba más de lo que pensaba.
Yo desde siempre he sido un total inexperto con las mujeres. Lo soy ahora mismo y lo era aún más cuando tenía dos años y medio menos. Por lo que aproveché que mi melliza es una chica para que me diera consejos.
Ella no parecía muy feliz de ayudarme, tú y yo sabemos que esa maldita rubia debía estar comenzando con su época de bullying hacia mi hermana. Y nadie se daba cuenta de eso. De todas maneras, ella me ayudó cuanto pudo, teniendo en cuenta que ni siquiera habíamos cumplido todavía los dieciséis. Éramos unos críos.
Al fin llegó el día en el que habíamos quedado. Fuimos al cine a ver una película que me recomendó Emily. Sí, por aquel entonces ya eran amigas.
Fui allí con la intención de pasar una buena tarde con ella y así fue. Emily acertó de lleno con la película, que no era la típica peli ñoña de chicas, sino que tenía mucho humor. Salimos riéndonos a carcajadas.
Como ya debes de saber, entre el cine de la ciudad y los barrios hay un parque bastante grande, así que caminamos por él durante varias horas, riéndonos de todo un poco y conociéndonos mejor.
Sé que rompieron y todo eso, pero... la verdad es que tenían muy buena complicidad, y eso me da muchos celos...
El amor es así, mi pequeña Bel...
Casi en los límites del parque, nos sentamos en un banco y la miré a los ojos. Me moría de ganas de decirle todo lo que sentía por ella.
—Soph... —susurré, con un poco de miedo.
—¿Sí? —Ella me miraba con una sonrisa radiante, como haciéndome ver que ella no tenía miedo.
—Me gustas. Bastante, la verdad. —Su sonrisa se ensanchó—. ¿Te gustaría ser mi novia?
—¿No somos un poco pequeños para tener novia? —Debió de ver la cara de idiota que se me quedó, porque soltó una carcajada—. Era broma, Jake. Sí quiero ser tu novia.
Tú fuiste mi primer beso, así que ya supondrás que no hubo beso ni entonces ni en los siguientes años..."
—Pero sí que la besaste cuando estaba contigo.
Me cruzo de brazos. Él asiente, bajando la mirada.
—Te lo contaré todo, pero poco a poco. Ciudad a ciudad, Bel. Quiero que lo sepas todo.
A partir de ahí seguimos caminando en silencio.
—¿Te parece si vamos al museo de Bellas Artes? —El silencio se rompe con su sonrisa.
—¿Hay que pagar?
—No, señora tacaña. No se te vaya a agotar la cartera.
Le saco la lengua y nos dirigimos hacia el edificio. Ya por fuera parece imponente, por dentro debe de ser impresionante.
Recorro los pasillos en busca de algunos de los cuadros que me he informado que están en el museo. Les Orangers, The Gust of Wind... Todo aquí es precioso, está muy bien montado este lugar.
—Perdona, me están llamando.
Jake se aleja de mí. Me da un poco de miedo, porque si se enteran de que estamos juntos, nos harán volver. Y yo quiero estar aquí hasta acabar la quincena y saber si debería volver con él.
Con intento de sigilo, finjo que miro un cuadro y agudizo el oído para escuchar al menos su parte de la conversación.
—No, tío... Las cosas no van tan rápido. ¿De verdad te creías que en cuatro días iba a dejar de estar enfadada conmigo? No, es simplemente que hasta que no le cuente todo lo que pasó... Todo lo que ha pasado es tanto mi culpa como de Sophie, y tengo que arreglarlo solo. Me da igual, sé que al final de este mes estaremos juntos. Ella dejará de odiarme para entonces.
¿Perdón? ¿De dónde ha sacado tanta seguridad en sí mismo que yo quiero un poco? Debe de tener muy pensado todo lo que me va a decir si está seguro de que volveré con él. ¿Qué se habrá creído?
—Hola, ¿qué cuadro ves? —Se acerca a mí guardando su móvil. Otra cosa injusta: el mío está encerrado en un cajón sin batería y él usa el suyo cuando le place.
—Woman in a Purple Coat.
—¿Por qué pareces tan seca?
Me giro hacia él. Lo cierto es que tenía pensado no decírselo, pero me está enfadando.
—¿Por qué estás tan seguro de que al final de esta quincena volveremos juntos? —Pongo los brazos en jarras.
Al principio parece sorprendido, pero acaba asintiendo.
—¿Estabas escuchándome?
—Es de mala educación contestar una pregunta con otra pregunta.
—Como ya te he dicho, aún no te lo he contado todo, Bel... Tienes que ser paciente y al final lo entenderás todo. ¿Estás enfadada?
¿Estoy enfadada? No, Jacob, solo me molesta que me creas un objeto que puede ser manipulado tan fácilmente... Pero NO estoy molesta... Para nada.
—Tú sabrás. Anda, démosle a alguien la foto para que nos la echen.
Me cruzo de brazos mientras nos la echan. La mujer me pregunta si quiere que repitamos, por la cara seria que llevo, pero yo considero que es mejor así. Así me siento hoy con Jake. Enfadada y molesta.
No tiene derecho a pensar eso antes de que termine de contar la historia. Aunque la verdad es que me muero por saber qué tiene este hombre que decir al respecto.
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